miércoles, 29 de mayo de 2019

SEREMOS SUS TESTIGOS


Comentario Bíblico
De la lectura del VII Domingo de Pascua
Del Evangelio de Lucas 24,46-53

Solamente Lucas es verdaderamente “ascensionista”. Decimos eso porque es Lucas, tanto en el Evangelio como en los Hechos de los Apóstoles, es el único autor que habla o relata este “misterio” cristológico en todo el Nuevo Testamento. Y sin embargo, las diferencias sobre el particular de ciertos aspectos y símbolos en el mismo evangelista sorprenden a quien se detiene un momento a contrastar el final del evangelio (Lc 24,46-53) y el comienzo de los Hechos (1,1-11). En realidad no son opuestos los discursos, pero resalta, en concreto, que la Ascensión se posponga «cuarenta días» en los Hechos de los Apóstoles, mientras que en el Evangelio todo parece suceder en el mismo día de la Pascua.

Esto último es lo más determinante, ya que la Ascensión no implica un grado más o un misterio distinto de la Pascua. Es lo mismo que la Resurrección, si ésta se concibe como la «exaltación» de Jesús a la derecha de Dios. ¿Qué es lo que pretende Lucas? Simplemente establecer un período determinado, simbólico, de cuarenta días (no contables en espacio y en tiempo), en que lo determinante es lo que se refiere a hablarles del Reino de Dios y a prepararlos para la venida del Espíritu Santo. Lo de los cuarenta días es especialmente bíblico: el número recuerda y apunta a los cuarenta años que Israel caminó en el desierto bajo la pedagogía divina de Dios (Dt 8,2-6); los cuarenta días que pasó Moisés en el Monte Sinaí para recibir la Ley de parte de Dios (Ex 24,18); los cuarenta días de Jesús en el desierto antes de su vida pública (Lc 4,1-2).

«Cuarenta» indica el tiempo de la prueba y de la enseñanza necesaria. En la tradición de los rabinos el número «cuarenta» también tenía, en línea con la tradición bíblica, un valor simbólico para indicar un período de aprendizaje completo y normativo. En los Hechos, es un tiempo “pascual” extraordinario para consolidar la fe de los discípulos. Y ese tiempo Pascual extraordinario -nos quiere decir Lucas-, está tocando a su fin y el Resucitado no puede estar llevándolos de la mano como hasta ahora. Deben abrirse al Espíritu, porque les espera una gran tarea en todo el mundo, “hasta los confines de la tierra”.

La pedagogía lucana, para las necesidades de su comunidad, apunta a que la Resurrección de Jesús, al contrario que otras personas, no supone un romper con la tierra, con la historia, con todo lo que ha sido el compromiso de Jesús con los suyos y con todo el mundo. Esa es la razón de que haya prolongado su presencia “especial” durante “cuarenta días” entre los suyos, insistiendo en iluminarlos acerca del Reino de Dios que fue el tema de su mensaje y la causa de su vida hasta la muerte. Pero en todo caso, hay una promesa muy importante: recibirán la fuerza de lo alto, el Espíritu Santo, que les acompañará siempre. Lucas, usa el misterio de las Ascensión para llamar la atención sobre la necesidad de que los discípulos entren en acción. Y deben entrar, porque son enviados por el Resucitado. Ya ha pasado el tiempo de la prueba. Ya han podido experimentar que el Maestro está vivo, aunque haya sido crucificado. Su mensaje del Reino no puede quedar en el olvido. Hasta ahora todo lo ha hecho Jesús y Dios con él; pero ha llegado el momento de una ruptura necesaria para la Iglesia en que tiene que salir de sí misma, de la pasividad gloriosa de la Pascua, para afrontar la tarea de la evangelización.

La “Ascensión”, como se indica en Mc 16,19 (tomado sin duda de la tradición lucana) es ser elevado al cielo y sentarse a la derecha de Dios, es decir, la total exaltación y glorificación de Jesús. Pero eso es lo que sucede, sin duda, en la resurrección. Por lo mismo, no es un misterio soteriológico nuevo con respecto a la humanidad de Jesús, sino una afirmación cristológica que marca el destino final del profeta de Galilea. No obstante, debemos señalar que en el relato de los Hechos viene a significar un momento decisivo que pone fin al período pascual. Es verdad que en los primeros siglos de la Iglesia (quizás hasta el s. V) no se puso mucho énfasis en esta distinción entre Resurrección y Ascensión. Es a partir de ese siglo, con el apoyo de la narración lucana, cuando se hace un uso litúrgico y catequético en clave que llega a ser narración histórica. ¿Por qué? Consideramos que depende mucho de la concepción antropológica de la resurrección. En algunos ámbitos teológicos la resurrección de Jesús se concibió como “una vuelta a la vida”, a esta vida, para que sus discípulos pudieran verificar que había resucitado. Quedaba, el segundo paso: la ruptura con este mundo y con esta historia de una forma definitiva. Apoyándose en la narración de Lucas, se vio en la Ascensión la definitiva “subida”: la exaltación a la gloria de Dios. Pero eso no es muy coherente, ya que la exaltación acontece en la misma resurrección.

Todo lo que se refiere a la Ascensión del Señor se evoca en el relato de los Hechos, que es el más vivo, con un simple verbo en pasiva: «fue elevado», sin decirnos nada en lo que respecta a la clase de prodigio. En Lc 24,31 se dice que «se les hizo invisible». Todo ello apunta a una terminología sagrada de la época, para describir la intervención de Dios por encima de todas las cosas. Ya se ha dicho que la Ascensión no añade nada nuevo con respecto a la Pascua, a la Resurrección. En todo caso, la pedagogía lucana, para las necesidades de su comunidad, apuntan a que la Resurrección de Jesús, al contrario que la de otras personas, no supone un romper con la tierra, con la historia, con todo lo que ha sido el compromiso de Jesús con los suyos y con todo el mundo.

A pesar de que este misterio se comunica por una serie de códigos bíblicos que nos hablan de la presencia misteriosa de Dios (en la nube, como revelación de su gloria, en la que entra Jesús por la Resurrección o la Ascensión), el tiempo Pascual ha sido necesario para que los discípulos rompan con todos los miedos para salir al mundo a evangelizar. Pero en todo caso, hay una promesa muy importante: recibirán la fuerza de lo alto, el Espíritu Santo, que les acompañará siempre.La “Ascensión” era el momento adecuado para “dejar” a la comunidad resucitada ya, y en manos del Espíritu que debe llevarla hasta el final. Por otra parte, en segundo lugar, como muchos autores han puesto de manifiesto, se debe contemplar la respuesta de lo que significan esos “cuarenta días” para subsanar un problema que tuvo la comunidad cristiana primitiva con respecto a la Parusía o la vuelta de Jesús e inaugurar el “final de los tiempos”.

Fuente:

LA ASCENSION QUE SIGNIFICA QUE JESUCRISTO SUBIO A LOS CIELOS

El cielo no es un lugar al que vamos sino una situación en la que seremos transformados si vivimos en el amor y en la gracia de Dios. El cielo de las estrellas y de los viajes espaciales de los astronautas y el cielo de nuestra fe no son idénticos. Por eso cuando rezamos el Credo un domingo tras otro y decimos que Cristo subió a los cielos no queremos decir que El, anticipándose a la ciencia moderna, emprendiera un viaje espacial. En el cielo de la fe no existe el tiempo, la dirección, la distancia ni el espacio. Eso vale para nuestro cielo espacial. El cielo de la fe es Dios mismo de quien las Escrituras dicen: "Habita en una luz inaccesible" (1 Tim 6,16).

Del mismo modo, la subida de Cristo al cielo no es igual a la subida de nuestros cohetes; éstos se trasladan constantemente de un espacio a otro, se encuentran constantemente dentro del tiempo y nunca pueden salir de estas coordenadas por más lejanos que viajen por espacios indefinidos. La subida de Cristo al cielo es también un pasar, pero del tiempo a la eternidad, de lo visible a lo invisible. De la inminencia a la transcendencia, de la opacidad del mundo a la luz divina, de los seres humanos a Dios.

Con su ascensión al cielo Cristo fue por consiguiente entronizado en la esfera divina; penetró en un mundo que escapa a nuestras posibilidades. Nadie sube hasta allí si no ha sido elevado por Dios. El vive ahora con Dios, en la absoluta perfección, presencia, ubicuidad, amor, gloria, luz, felicidad, una vez alcanzada la meta que toda la creación está llamada a lograr. Cuando proclamamos que Cristo subió al cielo pensamos en todo eso. ¿Qué decir entonces de la narración de Lucas al final de su evangelio (24,50-53) y al comienzo de los Hechos de los Apóstoles (1,9-11) donde cuenta con algunos detalles la subida de Cristo a los cielos hasta que una nube lo oculto de los ojos de los espectadores? Si la ascensión de Cristo no significa una subida física al cielo estelar, ¿por qué entonces Lucas la describió así? ¿Qué pretendía decir? Para dar respuesta a esto tenemos que comprender una serie de datos acerca del estilo y género literario de la literatura antigua.

La ascensión, ¿fue visible o invisible?

En primer lugar constatemos el hecho de que es Lucas el único que narra el acontecimiento de la ascensión en términos de una ocultación palpable y de un desaparecer visible de Cristo en el cielo, cuarenta días después de la Resurrección. Marcos sólo dice: «El Señor Jesús, después de hablar con ellos, fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios» (16, 19). Sabemos que el final de Marcos (16, 9-20) es un añadido posterior y que este fragmento depende del relato de Lucas. Mateo no conoce ninguna escena de ocultamiento de Jesús; termina así su evangelio: «Jesús les dijo: se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra... Yo estaré con ustedes todos los días hasta la consumación de los siglos» (28, 18-20). Para Mateo, Jesús ya ascendió al cielo al resucitar. El que dice «todo poder me ha sido dado en el cielo y en la tierra» ya ha sido investido de ese poder; ya está a la derecha de Dios en los cielos. Para Juan la muerte de Jesús significó ya su pasar al Padre (Jn 3, 13): «Dejo el mundo y voy al Padre» (16,28). Cuando dice: «Reciban el Espíritu Santo», según la teología de Juan eso significa que Jesús ya está en el cielo y envía desde allá su Espíritu. Para Pablo la resurrección significaba siempre elevación en poder junto a Dios. Pedro habla también de Jesucristo «que subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios» (1 Pe 3, 22). 1 Tim 3, 16 habla de su exaltación a la gloria.

En todos estos pasajes la ascensión no es un acontecimiento visible para los apóstoles, sino invisible y en conexión inmediata con la resurrección. Esta perspectiva que contemplaba conjuntamente resurrección y ascensión se mantuvo, a pesar del relato de Lucas, hasta el siglo IV, como atestiguan los Padres como Tertuliano, Hipólito, Eusebio, Atanasio, Ambrosio, Jerónimo y otros. San Jerónimo, por ejemplo, predicaba: «el domingo es el día de la resurrección, el día de los cristianos, nuestro día. Por eso se llama el día del Señor, porque en este día Nuestro Señor subió, victorioso, al Padre» De igual manera la liturgia celebró hasta el siglo V como fiesta única la pascua y la ascensión. Sólo a partir de entonces, con la historificación del relato lucano, se desmembró la fiesta de la ascensión en cuanto fiesta propia. El sentido de la ascensión era el mismo que el de la resurrección: Jesús no fue revivificado ni volvió al modelo de vida humana que poseía antes de morir. Fue entronizado en Dios y constituido Señor del mundo y juez universal, viviendo la vida divina en la plenitud de su humanidad.

Y aquí se Impone la pregunta: si la ascensión no es ningún hecho narrable sino una afirmación acerca del nuevo modelo de vivir de Jesús junto a Dios, ¿porqué Lucas la transformó en una narración? Finalmente, ¿estaba él interesado en comunicar sobre todo hechos históricos externos? ¿o es que a través de semejante narración nos quiere transmitir una comprensión más profunda de Jesús y de la continuidad de su obra en la tierra? Creemos que esta última pregunta ha de transformarse en una respuesta.

La ascensión, esquema literario

Veamos en primer lugar los textos. Al final de su evangelio nos cuenta: «Condujo a los discípulos cerca de Betania y alzando las manos, los bendijo. Y sucedió que mientras los bendecía se separó de ellos y era elevado al cielo. Y ellos, después de postrarse ante él volvieron a Jerusalén con gran alegría y estaban continuamente en el templo bendiciendo a Dios» (24, 50-53). En los Hechos se nos cuenta: «Y dicho esto, se elevó mientras ellos miraban y una nube lo ocultó a sus ojos. Y según estaban con los ojos fijos en el cielo mientras él partía, he aquí que se presentaron ante ellos dos varones con vestiduras blancas que les dijeron: Galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este Jesús elevado de entre vosotros al cielo volverá tal como lo habéis visto ir al cielo» (1,9-11).

En estos dos relatos se trata realmente de una escena de ascensión visible y de ocultamiento. Escenas de ocultamiento y de ascensión no eran desconocidas en el mundo antiguo greco-romano y judío. Era una forma narrativa de la época para realzar el fin glorioso de un gran hombre. Se describe una escena con espectadores; el personaje famoso dirige sus últimas palabras al pueblo, a sus amigos o discípulos; en ese momento es arrebatado al cielo. El Antiguo Testamento cuenta el arrebato de Elías descrito por su discípulo Eliseo (2 Re 2, 1-18) y hace una breve referencia a la ascensión de Henoc (Gen 5, 24). Es interesante observar cómo el libro eslavo de Henoc, escrito judío del siglo primero después de Cristo, describe la «Ascensión de Henoch»

Los paralelos entre la narración de Lucas y las demás narraciones saltan a la vista. No cabe duda de que el paso de Jesús del tiempo a la eternidad, de los hombres a Dios, está descrito según una historia de ocultamiento, forma literaria conocida y común en la antigüedad. No que Lucas haya imitado una historia de ocultamiento anterior a él. Hizo uso de un esquema y de un modelo narrativo que estaban a su disposición en aquel tiempo. Nosotros hacemos lo mismo cuando en la catequesis empleamos el sicodrama, el teatro o aun el género novelístico para comunicar una verdad revelada y cristiana a nuestros oyentes de hoy. Al hacerlo nos movemos dentro de un esquema propio de cada género sin que con ello perdamos o deformemos la verdad cristiana que pretendemos comunicar o testimoniar. La Biblia está llena de recursos como éste. Nos alargaríamos si quisiéramos presentar más ejemplos. Existe una amplia literatura científica y de divulgación referente a este asunto.

¿Por qué historificó Lucas la verdad de la glorificación de Jesucristo junto a Dios? Analizando su evangelio descubrimos en él no sólo un gran teólogo sino también un escritor refinado que sabe crear la «punta» en una narración y sabe cómo comenzar y concluir de forma perfecta un libro. En ese sentido se entienden las dos narraciones de la ascensión, una al concluir el evangelio y otra abriendo los Hechos de los Apóstoles. En cuanto conclusión del evangelio cobra una gran fuerza de expresión porque utiliza un género que se prestaba exactamente para exaltar el fin glorioso de un gran personaje. Jesús era mucho mayor que todos ellos pues era el mismo Hijo de Dios que retornaba al lugar del que había venido, el cielo. A eso le añade motivos más que destacan quién era Jesús: en el Evangelio lucano Jesús nunca había bendecido a los discípulos; ahora lo hace; nunca había sido adorado por ellos y ahora es adorado por vez primera. Queda así claro que con su subida al cielo la historia de Jesús alcanzó su plena perfección; con la ascensión los discípulos comprenden la dimensión y profundidad del acontecimiento.

Pero, ¿por qué se relata la ascensión dos veces y con formas diversas? En los Hechos, además de los motivos literarios presentes en el evangelio lucano, entran también motivos teológicos. Sabemos que la comunidad primitiva esperaba la venida del Cristo glorioso y el fin del mundo. En la liturgia recitaban con frecuencia la oración «Maranatha», ¡Ven Señor! Pero el fin no llegaba. Cuando Lucas escribió su evangelio y los Hechos, la comunidad y principalmente Lucas, se dan cuenta de ese retraso de la Parusía. Muchos fieles ya habían muerto y Pablo había extendido la misión Mediterráneo adelante. Esto exigía una aclaración teológica: ¿Por qué no ha llegado el fin? Lucas intenta dar una respuesta a esa cuestión angustiosa y frustradora. Ya en su evangelio reelabora los pasajes que hablaban muy directamente de la próxima venida del Señor. Así, cuando el Jesús de Marcos dice ante el Sanedrín: «Veréis al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Poder y venir sobre las nubes del cielo» (14,62), Lucas hace decir a Jesús únicamente: «Desde ahora, el Hijo del Hombre estará a la derecha del poder de Dios» (22,69).

Para Lucas la venida de Cristo y el fin del mundo ya no son inminentes, aprendió la lección de la historia y ve en ello el designio de Dios. El tiempo que ahora se inaugura es el tiempo de la misión, de la Iglesia y de la historia de la Iglesia. Esa constatación, Lucas la pone en el frontispicio de los Hechos y se contiene igualmente en la narración de la ascensión de Jesús al cielo. Cristo no viene como esperaban; se va. Volverá otra vez un día, pero al fin de los tiempos. El tema de Hch 1, 6-11 (la ascensión) es el problema de la parusía. Lucas intenta decir a sus lectores: el hecho de que Jesús haya resucitado no significa que la historia haya llegado a su fin y que la venida de Jesús en gloria sea inminente. Por el contrario, la pascua significa exactamente que Dios crea un espacio y un tiempo para que la Iglesia se desarrolle, partiendo de Jerusalén, Judea y Samaría, hasta los confines de la tierra. Por eso es erróneo quedarse ahí parado y mirar para el cielo. Sólo quien dé testimonio de Jesús ha entendido correctamente la pascua. Jesús vendrá. ¿Cuándo? Eso es asunto reservado a Dios. La tarea de los discípulos está en constituirse ahora en el mundo en cuanto Iglesia» (53-54). En otras palabras eso es lo que Lucas intentó con el relato de la ascensión en los Hechos.

Comparando las dos narraciones, la del evangelio con la de los Hechos, se perciben notables diferencias. Las nubes y los ángeles del relato de Hechos no aparecen en el evangelio. En éste, Jesús se despide con una bendición solemne; en los Hechos ésta falta totalmente. Las palabras de despedida en el evangelio y en Hechos difieren profundamente. Esas diferencias se comprenden porque Lucas no pretendía hacer el relato de un hecho histórico. Quiso enseñar una verdad, como ya dijimos arriba, y a tal fin debían servir los diversos motivos introducidos. La verdad del relato no está en si hubo o no bendición, en si Jesús dijo o no dijo tal frase, si aparecieron o no dos ángeles o si los apóstoles estaban o no estaban en el monte de los Olivos mirando al cielo. Quien busque este tipo de verdad no busca la verdad de la fe, sino únicamente una verdad histórica que hasta un ateo puede constatar. El que quiera saber si la historia de la ascensión de Jesús al cielo es verdadera, y eso es lo que intenta saber nuestra fe, deberá preguntar: ¿Es cierta la interpretación teológica que Lucas da de la historia después de la resurrección? ¿Es verdad que Dios ha dejado un tiempo entre la resurrección y la parusía para la misión y para la Iglesia? ¿Es cierto que la Iglesia en razón de esto no debe sólo mirar hacia el cielo sino también hacia la tierra?

Ahora estamos en mejor situación para responder de lo que estaban los contemporáneos de Lucas, pues tenemos detrás de nosotros una historia de casi dos mil años de cristianismo. Podemos con toda seguridad y toda fe decir: Lucas tenía la verdad. Su narración sobre la ascensión de Jesús a los cielos en Hechos, además de interpretar correctamente la historia de su tiempo, era una profecía para el futuro; y se realizó y todavía se está realizando. Jesucristo penetró en aquella dimensión que ni ojo vio ni oído oyó (cfr 1 Cor 2, 9). El, que durante su vida tuvo poco éxito y murió miserablemente en la cruz, fue constituido por la resurrección en Señor del mundo y de la historia. Sólo es invisible pero no es un ausente. Lucas lo dice en el lenguaje de la época: «se elevó mientras ellos miraban, y una nube lo ocultó a sus ojos» (Hch 1, 9). Esa nube no es un fenómeno meteorológico; es el símbolo de la presencia misteriosa de Dios. Moisés en el Sinaí experimenta la proximidad divina dentro de una nube: «Cuando Moisés subía a la montaña las nubes envolvían toda la montaña; la gloria de Yahvé bajó sobre el monte Sinaí y las nubes lo cubrieron por seis días» (Ex 25, 15). Era la proximidad de Dios. Cuando el arca de la alianza fue entronizada en el templo de Salomón se dice que «una nube llenó la casa de Yavé Los sacerdotes no podían dedicarse al servicio a causa de la nube, pues la gloria de Yahvé llenaba toda la casa» (1 Re 8, 10).

La nube por consiguiente significa que Dios o Jesús esta presente, aunque de forma misteriosa. No se le puede tocar y sin embargo está ahí, a la vez revelado y velado. La Iglesia es su signo-sacramento en el mundo, los sacramentos lo hacen visible bajo la fragilidad material de algunos signos, la Palabra le permite hablar en nuestra lengua invitando a los hombres a una adhesión a su mensaje que, una vez vivido, los llevará hacia aquella dimensión en la que él existe ahora, al cielo.

PAGANINI EL VIOLINISTA DIABÓLICO


El 27 de octubre de 1782 nació en Génova una de las figuras más emblemáticas de la música clásica, se trataba de Niccolo Paganini. Su singular personalidad, su especial talento musical y la leyenda que giró en torno a su figura han sido el origen de, al menos, 30 estudios biográficos. La leyenda empieza a los 5 años, parece ser que en una de las ensoñaciones de su madre aparece el demonio y le comunica que su hijo Niccolo será un famoso violinista, a partir de ese momento su padre le obligó a practicar diariamente al menos 10 horas.

A los 41 años dio un concierto en LA SCALA, que siguió de once más durante las seis semanas siguientes, viajó por gran número de ciudades europeas ofreciendo numerosos conciertos; cuando su fama alcanzó la cima, incrementó sus honorarios en cuatro o cinco veces, lo cual le generó una fama de avaro, que no es del todo exacta, pues en cierta ocasión extendió un cheque a Berlioz, otro músico clásico, a quien acababa de conocer, por valor de veinte mil francos, para ayudarle a salir de su penuria económica.

A pesar de la gran fortuna que consiguió amasar en pocos años, continuó vistiendo con pantalones negros y abrigos largos y deshilachados, lo cual dio origen a un perfil inconfundible. Era tan extraordinaria su habilidad con el violín que corría la leyenda que la había alcanzado por medios no naturales, se rumoreaba que en cierta ocasión había matado a un rival, siendo condenado por ello a presidio y que allí había vendido su alma al diablo a cambio de conseguir estas dotes tan portentosas. Esta leyenda guarda un gran paralelismo con Mefistófeles, uno de los personajes de Fausto, creación del genial Goethe. Otra leyenda afirmaba que hallándose encarcelado, por haber matado a su amante, interpretó bellas composiciones en su celda con tan sólo una cuerda por habérsele roto las tres restantes, complejos fragmentos violinísticos.

A pesar de ser “feo, descuidado y trasudado”, como lo describe uno de los críticos de la época, su fuerte personalidad atrajo a numerosas damas, entre sus amantes figuran Paulina y Elisa, las hermanas del emperador Napoleón Bonaparte, y bailarinas como Antonia Bianchi, que fue madre de su hijo Aquiles. Su dedicación musical llevó siempre pareja su vida pendenciera y alocada y una afición por el juego que rozaba la ludopatía, se cuenta que en varias ocasiones llegó a apostar su preciado violín.

Pocos músicos han causado tanto furor en su vida y han llevado a cabo un dominio de la técnica como lo hizo Paganini, a ello contribuyó enormemente su gran flexibilidad articular, el Dr. Bennati lo atendió durante años e informó de algunos detalles de gran interés: “... su mano tiene una gran elasticidad, al igual que su hombro y su codo...” observó que cuando tocaba su codo cruzaba por encima del otro codo; la flexibilidad de Paganini era tan grande que la uña del dedo pulgar llegaba a tocar el dorso de su mano, esta hiperlaxitud le permitía tocar tres octavas con poco esfuerzo. Se sabe que voluntariamente podía flexionar lateralmente la articulación de sus falanges distales; en varias ocasiones fue preguntado acerca de su mágico secreto, a lo cual el genial compositor siempre respondía que lo revelaría cuando se retirara, desgraciadamente se llevó tan codiciado secreto con él, sin duda sus prodigiosas dotes interpretativas se debieron a un trastorno del tejido conectivo como ahora podemos ver.

Sus contemporáneos lo describen como un ser cadavérico, de ojos negros, piel blanca como la cera, pelo largo y negro, nariz prominente y estatura media; la coloración de la piel adoptaría, algunos años después, un tinte gris plateado, debido al tratamiento mercurial que recibió para la sífilis. Dicho tratamiento también fue el responsable de la pérdida de las piezas dentarias y de las molestias estomacales que acompañaron al compositor a lo largo de sus últimos años. El SÍNDROME DE MARFAN es el trastorno más frecuente del tejido conectivo, caracterizado por una alteración del metabolismo del colágeno, entre sus manifestaciones musculo esqueléticas se encuentran la aracnodactilia, la desproporción esquelética y una elevada estatura. Como ya hemos citado, Paganini era de estatura mediana, en cuanto a la aracnodactilia, en el Museo del Conservatorio de París se guarda un molde de la mano de Paganini, el cual es de forma y dimensiones normales, su dedo índice mide 10.1 cm y su dedo pulgar, en extensión, 6.7 cm. Estos hechos hacen poco probable que el compositor sufriera una enfermedad de MARFAN.

De forma gradual fue perdiendo su voz y permaneció afónico durante los dos últimos años de su vida, entre los diagnósticos diferenciales se barajan la laringitis tuberculosa y la lesión del nervio recurrente secundaria a un aneurisma aórtico; en cualquier caso, falleció en Niza el 27 de mayo de 1840. La fama de endemoniado persiguió a Paganini hasta la muerte, pues el obispo de Niza le negó sepultura eclesiástica, al haberse negado a recibir la Extremaunción los días previos a su fallecimiento por pensar que todavía no había llegado su hora. Su cuerpo fue embalsamado durante dos largos meses y posteriormente, por espacio de un año, fue depositado en el sótano de la casa de su hijo, finalmente fue enterrado en el lazareto de Villefranche, pero aquí no termina la peregrinación, ya que años después sería trasladado a otros cementerios, hasta alcanzar el de Parma, en donde reposa actualmente. El excentricismo de Paganini y su “endiablada” habilidad propiciaron que muriera sin fundar ninguna escuela musical.

POR QUÉ PASAR POR DEBAJO DE UNA ESCALERA ES DE MALA SUERTE

Seguramente en más de una ocasión les habrán advertido que pasar por debajo de una escalera es de mala suerte pero, ¿saben por qué o dónde se origina esta creencia? Existen dos posibles orígenes para esta vieja y muy arraigada superstición, una la encontramos en los antiguos egipcios y la otra está relacionada con el cristianismo. Pasar por debajo de una escalera: Antiguo Egipto: contrario a lo que se piensa, en el antiguo Egipto las escaleras eran consideradas de buena suerte, de hecho, según el mito, HORUS ayudó a OSIRIS a escapar de la oscuridad en la que Set la tenía presa utilizando una escalera. Es por esta razón que en las tumbas de los egipcios estaban adornadas con dibujos de escaleras para desear buena suerte a los muertos.

Sin embargo, hay un dato curioso, las tumbas de los faraones eran consideradas sagradas, así que si alguna persona de las castas bajas se atrevía a pasar a través de una entrada triangular, era considerado como un desafío al espacio sagrado. Quizá por ello se comenzó a relacionar las escaleras dibujadas en las tumbas de los faraones como símbolo de mala suerte para aquél que se atreviera a pasar por ellas, en especial los pobladores de las castas bajas, aunque en nada de esto hay certeza.

Pasar por debajo de una escalera: Cristianismo: antes de continuar explorando los orígenes de esta superstición, es importante aclarar que una escalera recargada en una pared forma un triángulo y para el cristianismo el triángulo es la figura con la que se ha simbolizado a la Trinidad, es decir, al espíritu santo, al padre y al hijo. Cuando Jesús murió crucificado, utilizaron una escalera para bajarlo, al recargarla en la cruz se formó un triángulo. Así que dicha escalera fue como un símbolo de traición y muerte a la trinidad.

Con el paso del tiempo la escalera recargada en una pared comenzó a ser vista como un símbolo de mala suerte. De hecho, en el siglo XVII en Inglaterra y en Francia, todos los condenados a muerte eran obligados a pasar por debajo de la escalera que los conduciría al cadalso, mientras que el verdugo (a quien se le conocía también como el novio de la escalera) la rodeaba y si tenía que subir o bajar de ella escupía varias veces como forma de rechazar las maldiciones del condenado.

Y así es como esta creencia ha llegado hasta nuestros días, por ello actualmente es común ver que muchas personas cuando encuentran una escalera recargada en una pared prefieren rodearla a pasar por debajo de ella, pues aún sin saber cuándo o dónde se origina esta superstición, aseguran que esto les traerá mala suerte.

Fuente:

LA BATALLA DE DUNKERQUE

La BATALLA DE DUNKERQUE u OPERACIÓN DINAMO, fue una operación de evacuación de las tropas Aliadas durante la segunda Guerra Mundial. Tuvo lugar en la localidad costera francesa de DUNKERQUE a finales de mayo de 1940 y permitió la evacuación de más de 300.000 soldados británicos, franceses y belgas, el grueso del ejército aliado por aquel entonces. Nos situamos en mayo de 1940, los blindados alemanes a través de las Ardenas ocupan a sus anchas por todo el territorio belga. Su empuje no tiene respuesta en la resistencia aliada. Los mandos británicos en vista de la terrible situación de sus tropas, comienzan a idear planes de evacuación. Desde Londres se da permiso para la evacuación para el día 24 de todas sus tropas desde la localidad francesa de DUNKERQUE, donde se encuentran acantonadas. Pero el día anterior los blindados alemanes llegan a las puertas de la ciudad, al mando de GERD VON RUNDSTEDT.

Y de pronto VON RUNDSTEDT decide detener el avance. Y no solo eso, sino que el mismo HITLER confirman esa decisión al día siguiente. Con todo a su favor, con el grueso de todo el ejército aliado encerrado, el mando alemán decide esperar y no atacar. Son varias las hipótesis que se han barajado ante esta sorprendente decisión, la escasez de suministros y municiones, el echo de esperar a la infantería que se encontraba retrasada en ese momento, que el mismo HITLER no quisiese humillar a los británicos en vistas de un deseado acuerdo de paz con ellos o incluso que el FHURER deseaba que fuese su división favorita, la SS LEIBSTANDARTE ADOLF HITLER, quien tomase la ciudad y se llevase los honores. Sea como fuese, el 26 de mayo dio comienzo a la propiamente dicha OPERACIÓN DINAMO, la evacuación de las tropas aliadas de DUNKERQUE. Desde ese día hasta el 2 de junio, más de 300.000 soldados aliados consiguieron escapar de la ciudad ante el constante fuego alemán de sus baterías y de sus Stukas. El éxito de la operación fue tal que las previsiones del mando británico estaban prevista en evacuar en torno a los 50.000 soldados, seis veces menos de los que fueron en realidad.

De esta forma tan sorprendente, el grueso de los ejércitos aliados del oeste consiguieron escapar de las garras nazis. Sea cual sea la razón por la que HITLER decidió detener el avance, su decisión esta considerada como uno de los mayores errores en la Segunda Guerra Mundial y quien sabe si de haber tenido éxito la toma de DUNKERQUE, la guerra en el bando oeste hubiese dado un vuelco. Puestos a jugar con la historia y siempre viéndolo desde el pasado, el hecho de haber acabado con la mayor parte de las tropas británicas, quizás hubiese podido suponer su claudicación (que en unas de las hipótesis es justo lo que quería HITLER haciendo lo contrario). Y de haber supuesto su final, Alemania se hubiese concentrado al 100% en el frente oriental y quien sabe hasta donde hubieran llegado. Además también hubiese limitado la posterior entrada de la EEUU y por si fuera ya poco, el frente africano habría sido un paseo nazi. Vamos, que con esas premisas, hasta hubiese cambiado el mismo final de la guerra…

martes, 21 de mayo de 2019

AVENGERS ENDGAME EL PROBLEMA DEL FINAL FINAL


Primero lo obvio, los estudios DISNEY-MARVEL lograron una hazaña tremenda con su primer ciclo de películas sobre superhéroes. Como pocas veces, se concatenaron diversos esfuerzos en una ruta cinematográfica que comenzó en 2008 y concluyó este 2019. Once años de construcción de personajes e historias que va a ser muy difícil superar; no sólo por el tremendo gasto de inversión de los 22 filmes (aproximadamente 4.5 mil millones de dólares) sino por el todavía más abultado ingreso en taquilla (más de 22 mil millones de dólares).

Sin embargo, al concluir la última película del ciclo (‘SPIDERMAN LEJOS DE CASA’), la gente de MARVEL se va a enfrentar a un dilema mayúsculo. El nuevo ciclo tendrá que cabalgar sobre dos posibilidades: construir un nuevo universo o llevar a sus héroes sobre las cenizas y ruinas del universo previo. El problema radica en la estructura y la construcción del final de ciclo que hoy llaman "INFINITY SAGA". Al puro estilo de la literatura griega, el ciclo que conduce inexorablemente al titán THANOS estuvo organizado en tres fases, cada una de ellas con historias que intentaban sostener su tiempo y espacio sobre las otras. A lo largo de las tres fases se van consolidando dos ideas generales: La primera, que paulatinamente emergen, por sus fueros o por el destino, los héroes que habrán de parar la amenaza máxima; y, la segunda, que desde el rincón más apartado del tiempo y el espacio se aproxima el desastre inevitable en manos (literalmente) del titán THANOS.

Tragedia y Comedia

La ruta de estas dos ideas es el choque final de esas dos fuerzas. Los estudios y los directores definieron ese desenlace en dos filmes: INFINITY WAR y ENDGAME. Ambos están construidos en tres actos; el primero constituye una tragedia con todos los elementos clásicos y, el segundo, una comedia Deus ex machina. Los actos de la tragedia INFINITY WAR son: Primer acto. Un titán irrefrenable comienza la búsqueda de seis gemas y aniquila a dos poblaciones para obtener dos de ellas. Segundo acto. Los hechos sangrientos de la búsqueda de las gemas alertan a quienes poseen el resto de ellas y ponen todos sus talentos para intentar detenerlo. Tercer acto. El titán consigue su objetivo y se abandona a la realidad que ha sido definida por su voluntad.

Los personajes de INFINITY WAR son héroes trágicos (incluso su antagonista), esclavos de su ética, de su dignidad y de su misión; pero todo cambia en ENDGAME, tanto el filme como sus personajes mutan, se les despoja su heroísmo trágico y gracias a intervenciones 'superiores' o muchas veces azarosas, se da sentido a sus actos y episodios. Los actos de ENDGAME como comedia DEUS EX MACHINA son: Primer acto. Los héroes no aceptan la derrota personal ni la pérdida de sus seres queridos provocadas por el titán; buscan y consiguen venganza. Segundo acto. La venganza aniquila el sentido y la razón de ser de los héroes, su espíritu y misión se convierten en lentos venenos hasta que el azar les devuelve una ventana de esperanza. Tercer acto. Los héroes roban al tiempo las gemas que causaron la primera destrucción y revierten -no sin sacrificios- la derrota y la ausencia.

Primer problema: Dios desde la Máquina

Por supuesto, ENDGAME nunca fue un filme fácil de construir. Pero, para amalgamar todo el universo cinematográfico de MARVEL, los HERMANOS RUSSO echaron mano, no de uno, sino de varios Deus ex machina, que son actos o situaciones inmotivadas que intentan dar lógica a los actos. Por ejemplo, que en la infinitud del cosmos, uno de ellos localice una nave que nunca se supo de dónde venía; que un curioso ratón opere diestramente un equipo altamente avanzado; que el universo permita robos (o préstamos) de viajeros en el tiempo; que una de las heroínas se sincronice automáticamente con su otro yo mediante una especie de wifi sideral; etcétera. El Dios desde la maquina juega un rol absoluto en el filme ENDGAME de la saga y eso es perfecto para regresar el alma a los espectadores tras la tragedia INFINITY WAR (semejante a la 'noble simpleza' en el drama de la ópera Orfeo y Eurídice de Gluck); pero es un problema para la construcción de la saga narrativa que MARVEL promete tras 'SPIDERMAN, LEJOS DE CASA'.

Segundo problema: el final final

Comentabamos que el nuevo ciclo de los estudios MARVEL tendrá que cabalgar sobre dos posibilidades: construir un nuevo universo o llevar a sus héroes sobre las cenizas y ruinas del universo previo. Los avances del nuevo filme aseguran que los productores irán por ambas rutas quizá por la incapacidad de decidir cuál tendrá éxito: habrá un multiverso (es decir, un universo donde todos los tiempos y espacios tienen versiones infinitas de sí mismos) y dicho universo reposa sobre los dólmenes de los héroes del ciclo previo.

Esto parecerá apenas un dilema y no un problema. Y, sin embargo, es justo el problema que tienen muchos productos de entretenimiento: No saben cómo concluir. La famosa serie de animación THE SIMPSON lleva 30 años sin saber cómo dar fin a las peripecias de la familia amarilla; JUEGO DE TRONOS cierra su temporada octava con incesantes actos inmotivados; STAR WARS ha abandonado el contexto político de su primera trilogía y apila historias inconexas sobre las costosas cenizas de sus héroes; THE BIG BANG THEORY optó por el final de bucle cerrado al ya no permitir la integración de nuevos elementos (lo cual, por otra parte, fue el éxito de la triada original); incluso los productores de BREAKING BAD, sin satisfacerse del todo por el spin off del abogado Saul Goodman, anunciaron un filme que seguirá los pasos de uno de los protagonistas tras los eventos de la serie; vaya, incluso HOUSE OF CARDS concedió una larga y dolorosa temporada 'ata-cabos' tras la abrupta salida del protagonista Kevin Spacey

Algo sucede en los productos de entretenimiento del siglo XXI; el éxito los convierte en una saga infinita de recursos poco narrativos, pero el fracaso los deja en historias mutiladas. Quizá valga la pena volver a mirar los orígenes de la construcción de tragedias y comedias, para recordar que la maldición sobre la casa átrida no es eterna; o que incluso Tiresias, el vidente de siete generaciones tebanas, puede morir de senectud en tranquilidad.

El problema es que las historias derivadas del universo MARVEL pueden valerse ahora de cualquier excusa: ¿Qué lógica impide someter al anciano CAPITÁN ROGERS al mismo proceso que rejuveneció a ANT-MAN a mitad del filme? Básicamente construyeron la fuente de la eterna juventud por accidente mientras intentaban viajar en el tiempo. Justo ese es el tipo de Dios desde la maquina que relativiza toda la narrativa y abre la existencia a todo lo imposible. Es claro que, sin reglas, las próximas películas sólo podrán caminar por el curso de la parodia.

Es de sabios cerrar ciclos con elegancia, sin mirar atrás. En la literatura griega, el largo y fecundo ciclo de Micenas concluye con un profundo y doloroso juicio sobre el último de los átridas malditos; sus actos y los de sus ancestros quedan zanjados por la divinidad, el perdón es reparador y sanador; lo roto, roto está pero la aceptación y el perdón son el nuevo camino de un hombre normal. Hay otro caso, el ciclo de Tebas; este concluye con la muerte natural de quien fuera el vidente ciego de la larga estirpe autótrofa; el longevo adivino siempre fue parte de la ciudad y la última de sus guerras le deja indemne pero inútil para su porvenir.

Así se cierran los ciclos. Ojalá las series de televisión o sagas cinematográficas de la próxima década tomen en cuenta esta riqueza de la narrativa clásica. O quizá permanezcan en la misma ruta, a la expectativa de las abultadas ganancias. Entonces se habrán perdido la oportunidad de hacer historia, verdaderamente.

Por Felipe Monroy

Fuente:

LOS SECRETOS DE LA TORRE DE LOS INGLESES


Un monumento emblemático de la ciudad: se trata de la Torre Monumental o como se la conoció desde sus orígenes, la Torre de los Ingleses. El cambio de nombre fue después de la guerra de las Islas Malvinas. Este monumento formó parte de los regalos que distintos países le hicieron a la Argentina con motivo del primer centenario de la Revolución de Mayo. La Torre fue un presente de los residentes británicos en el país. Se encuentra emplazada en la actual plaza Fuerza Aérea Argentina (anteriormente a este espacio se lo llamaba Plaza Britannia) y la numeración correcta es Avenida del Libertador 49 y está circunvalada por Libertado, Ramos Mejía y San Martín.

La Torre fue inaugurada el 24 de Mayo de 1916, habiéndose colocado la piedra fundamental en Mayo de 1910. Su construcción se retrasó por el desarrollo de la primer Guerra Mundial. La ubicación fue fijada en el predio donde originalmente se hallaba la Usina de Gas de Retiro y desde la cual se distribuía el combustible para el alumbrado público. El diseño es del arquitecto Poynter, de estilo renacentista y tiene 75,5 metros de altura. Está revestida con una combinación de ladrillos rojos y piedra labrada. La firma que la construyó fue Hopkins y Gardom.

La estructura está emplazada sobre un basamento con cuatro escalinatas a cada lado y vertederos en sus esquinas. En la entrada principal se encuentra una placa de mármol grabada donde puede leerse "Los residentes británicos al Gran Pueblo Argentino Salud, 25 de Mayo de 1910". Y en las restantes caras existen frisos ornamentados con soles y diferentes emblemas del Imperio Británico: La flor del Cardo; La rosa de la Casa Tudor; El dragón rojo de Gales y el Trébol de Irlanda.

También se encuentran los escudos de Argentina y del Reino Unido. Se destacan los emblemas de Inglaterra y de Escocia: un Unicornio y el León Rampante. La Torre tiene a la altura de un sexto piso, todo un balcón perimetral en voladizo al que puede accederse además de la escalera, por un ascensor antiguo, vidriado y enrejado que al ir ascendiendo se puede apreciar al costado del mismo el péndulo del reloj de 4 metros de altura y 100 kilos de peso.

Más arriba está el mecanismo del reloj que posee cuatro cuadrantes realizados en opalina inglesa y las campanas de bronce. La mayor de ellas que pesa 7 toneladas y el carillón que marca los cuartos de hora pesa alrededor de 3000 kilos. Como una curiosidad más, es conveniente puntualizar que la Torre solo tiene de Argentina, arena y agua, ya que los ladrillos y el cemento Portland, como todo el resto de los materiales que la componen fueron traídos de Inglaterra, inclusive los operarios que trabajaron en su construcción también eran ingleses.

La Torre estuvo muchos años cerrada por los destrozos ocasionados por vándalos, con motivo de la Guerra de Malvinas y para lograr su definitiva restauración se debió recurrir a fotografías de la época porque los planos originales estaban en Inglaterra y nuestro país en aquel momento había suspendido sus relaciones diplomáticas con el Reino Unido.

LA BATALLA DE PICHINCHA


La batalla de Pichincha se produjo el 24 de mayo de 1822 entre las fuerzas patriotas comandadas por el general venezolano Antonio José de Sucre y las tropas realistas lideradas por Melchor Aymerich. El conflicto se produjo en las faldas del volcán Pichincha, en Quito, a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar, en la hoy República de Ecuador. Este conflicto finalizó con la victoria de los patriotas sobre las tropas realistas, poniendo fin al colonialismo español en los territorios de la presidencia de Quito, confirmando la liberación de Quito y demás provincias que estaban bajo la administración de la Real Audiencia de esta ciudad.

El ejército patriota estaba integrado por 2.900 hombres, la mayoría grancolombinos (batallones Paya, Magdalena y Yaguachi) y peruanos (batallones Trujillo y Piura). También hubo ingleses y argentinos. Los realistas contaban con 3.000 soldados. La lucha por la independencia de Ecuador se inicia en 1809, cuando se instala la Primera Junta de Gobierno Autónoma de Quito, proclamándose en 1812, junto con las autoridades de la Sierra Norte y Central, en el Estado de Quito, cuyos integrantes fueron reprimidos por las fuerzas coloniales de España.

El 9 de octubre de 1820, la ciudad de Guayaquil declara su independencia del yugo español mediante una revolución liderada por oficiales peruanos y venezolanos, disidentes de las tropas realistas, mientras que los independentistas dirigidos por el Libertador Simón Bolívar, continuaban avanzando por el sur liberando a su paso a diferentes regiones. Sucre había llevado sus tropas desde Guayaquil hasta Quito, con el objetivo de expulsar a los españoles de esta ciudad. Después de muchas penurias llegó a las faldas del volcán Pichincha el 23 de mayo de 1822. Cuando llegó la noche ordenó el ascenso de sus tropas alcanzando una buena altura, pero los españoles los divisaron y subieron al volcán para enfrentarse a ellos.

Cuando todo parecía indicar que la batalla sería para los realistas, entraron en acción el batallón Albión (ingleses) con municiones y refuerzos. Los patriotas volvieron a la carga contra los españoles logrando la victoria a 3.000 metros de altura. La victoria patriota en Pichincha permitió la liberación de Quito. Al día siguiente, 25 de mayo, Sucre entró en Quito, y las tropas españolas se rindieron. El 16 de junio la provincia de Quito fue anexada a Colombia. El 13 de julio de 1822 Guayaquil también formó parte de Colombia. Esta situación se mantuvo hasta 1830, fecha en que se constituyó la República de Ecuador como estado independiente, formado por Quito, Guayaquil y Cuenca.

Fuente:

PARQUE NACIONAL FIORLAND EN NUEVA ZELANDA

LOS PARQUES NACIONALES DEL MUNDO

Es una serie que hemos pensado para usted, para que conozca la herencia natural, que, gracias a decisiones políticas muy acertadas y humanistas, han permitido la preservación de extensos terrenos, que se han convertido hoy por hoy, en auténticos santuarios que emulan sobradamente al paraíso terrenal. Acompañados de las notas de este tema musical, que programamos desde que iniciamos esta sección ecológica…, y, que lleva por nombre, “The Beautiful Planet Earth”…, que en español significa, “El Hermoso Planeta Tierra”…, del autor y compositor griego “Vangelis”, quien alcanzó la fama gracias a que el científico y exobiólogo Carl Sagan, utilizó algunas de sus composiciones para musicalizar la serie “Cosmos” que fue seguida por más de 400 millones de televidentes en todo el mundo, aprendiendo mediante ese programa, cómo se originó la vida, la huella de importantes hombres de ciencia y las maravillas que encierra la creación. Con estas reflexiones nosotros hacemos homenaje de respeto y admiración, por todo lo que Dios ha creado y renovamos nuestro compromiso en defensa de la vida, conscientes, de que hay que proteger con esfuerzo denodado, este planeta que es realmente “Nuestra Casa Común”.  

EL PARQUE NACIONAL FIORLAND

El Parque Nacional Fiordland se encuentra ubicado en la esquina suroeste de la isla Sur en Nueva Zelanda, en la región homónima de Fiorland. Es el más grande de los 14 parques nacionales que existen en Nueva Zelanda, con un área de 12.500 km². El parque es administrado por el Departamento de Conservación de Nueva Zelanda. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1990 y está conformado a su vez por tres Parques Nacionales. En las eras glaciares se formó gran cantidad de fiordos, (el fiordo es una bahía muy profunda), el más famoso y más visitado es el Milford Sound. Otros fiordos notables son el Doubtful Sound y Dusky Sound.

La costa de Fiordland es accidentada, con los fiordos extendiéndose por los valles de los Alpes Meridionales, tales como las montañas Kepler y las montañas Murchison. En la región norte del parque se erigen varios picos entre los cuales algunos superan los 2000 metros de altura. El hielo ha tallado islas, siendo las más importantes las de “Secretario” y “Resolución”. Muchos lagos bordean el parque, siendo los más importantes el Te Anau, el Manapouri, el Monowai, el Hauroko y el Poteriteri.

La cascada Sutherland, al sudoeste de Milford Sound sobre el sendero Milfors, se cuenta entre las de mayor caída en el mundo.La vida salvaje en el parque incluye delfines, focas, pequeños roedores como ratones, ratas y conejos; también cuenta con una gran variedad de pájaros y ciervos. Entre las que se encuentran especies de pájaros y entre ellas está el kakapo, que es el único loro no volador en el mundo. También se encuentra el kiwi, que es nativo de Nueva Zelanda.

El acceso está restringido a la carretera Milford (SH 94), la cual se extiende desde Te Anau, bordeando el parque antes de penetrarlo cerca de los termales del río Eglinton. Desde allí cruza la esquina noroeste del parque, finalizando en Milford Sound. Al sur de Te Anau una pequeña carretera enlaza con Manapouri. Avionetas y Helicópteros prestan servicios de transporte hasta Milford Sound, en donde se cuenta con una pequeña flota de marina.

El parque es un destino popular para escaladores, alpinistas y especialmente para excursionistas que recorren los senderos Milford, Kepler, Hollyford y Routeburn. Este Parque Nacional de Nueva Zelanda, es tan solo uno de los muchos destinos que usted y yo vamos a visitar, gracias a la magia de la radio y de este esfuerzo muy profesional de Anunciar Grupo Multimedio de Comunicación Asociación Civil. Cada uno de estos reductos de vida, son vitales para el planeta.

Reconocemos el esfuerzo de las generaciones que nos precedieron para entregarnos este maravilloso legado, por eso en este espacio “El Show de la Vida”, decidimos viajar por lo ancho y lo largo de este mundo, para conocer el altísimo valor de cada uno de estos hábitats, que son inconmensurables tesoros. Aborde con nosotros la nave de la imaginación, y… ¡sumérjase, en todo un océano de rincones de ensueño, en este, nuestro increíble “Planeta Tierra”!

Desde Costa Rica
Jorge Muñoz Somarribas
Coordinador
ANUNCIAR Contenidos Latinoamerica

EL AMOR DEBE TRANSFORMAR

Comentario Bíblico
De la lectura del VI Domingo de Pascua
Del Evangelio de Juan 14,23-29

El Misterio Pascual nos ha ayudado a recordar y a revivir el gesto de amor más grande que ha visibilizado el compromiso salvífico de Dios con la humanidad. La comunidad cristiana irá adquiriendo una conciencia progresiva de la realidad de esta salvación, para lo cual se hará necesario pasar de la «conciencia formal» del rito mosaico a la «conciencia de la gracia» del amor liberador de Cristo (cf. Hech 15, 1-2. 22-29). La Nueva Jerusalén ya no necesita de un templo material ni de sacrificios expiatorios, sino del testimonio de hombres y mujeres que hagan resplandecer sobre ella la luz de la lámpara del Cordero (cf. Ap 21, 10-14. 22-23), es decir, que Su humanidad asumida por nuestra salvación brille a través de nuestra humanidad reconciliada por la Pascua.

Estamos, de nuevo, en el discurso de despedida de la última cena del Señor con los suyos. Se profundiza en que la palabra de Jesús es la palabra del Padre. Pero se quiere poner de manifiesto que cuando él no esté entre los suyos, esa palabra no se agotará, sino que el Espíritu Santo completará todo aquello que sea necesario para la vida de la comunidad. Según Juan, Jesús se despide en el tono de la fidelidad y con el don de la paz. En todo caso, es patente que esta lectura nos va preparando a la fiesta de Pentecostés.

Esta parte del discurso de despedida está provocada por una pregunta “retórica” de Judas (no el Iscariote) de por qué se revela Jesús a los suyos y no al mundo. El círculo joánico es muy particular en la teología del Nuevo testamento. Esa oposición entre los de Jesús y el mundo viene a ser, a veces, demasiado radical. En realidad, Jesús nunca estableció esa separación tan determinante. No obstante es significativa la fuerza del amor a su palabra, a su mensaje. El mundo, en Juan, es el mundo que no ama. Puede que algunos no estén de acuerdo con esta manera de plantear las cosas. Pero sí es verdad que amar el mensaje, la palabra de Jesús, no queda solamente en una cuestión ideológica.

Sin embargo, debemos hoy hacer una interpretación que debe ir más allá del círculo joánico en que nació este discurso. La propuesta es sencilla: quien ama está cumpliendo la voluntad de Dios, del Padre. Por tanto, quien ama en el mundo, sin ser del “círculo” de Jesús, también estaría integrado en este proceso de transformación “trinitaria” que se nos propone en el discurso joánico. Esta es una de las ventajas de que el Espíritu esté por encima de los círculos, de las instituciones, de las iglesias y de las teologías oficiales. El mundo, es verdad, necesita el amor que Jesús propone para que Dios “haga morada” en él. Y donde hay amor verdadero, allí está Dios, como podrá inferirse de la reflexión que el mismo círculo joánico ofrecerá en 1 Juan 4.

Fuente: