martes, 30 de noviembre de 2021

8 COSAS QUE NECESITAMOS SABER SOBRE LA INMACULADA CONCEPCIÓN

¿A quién se refiere la Inmaculada Concepción?
Hay una idea popular que se refiere a la concepción de Jesús por la Virgen María pero no es a este hecho al que se refiere esta solemnidad, sino a la manera especial en la cual fue concebida María. Esta concepción no fue virginal (es decir, que ella tuvo un padre humano y una madre humana), pero fue especial y única de otra manera…

¿Qué es la Inmaculada Concepción?
La explicación está en el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica: “Para ser la Madre del Salvador, María fue "dotada por Dios con dones a la medida de una misión tan importante". El ángel Gabriel en el momento de la anunciación la saluda como "llena de gracia". En efecto, para poder dar el asentimiento libre de su fe al anuncio de su vocación era preciso que ella estuviese totalmente conducida por la gracia de Dios”

“A lo largo de los siglos, la Iglesia ha tomado conciencia de que María "llena de gracia" por Dios (Lc 1, 28) había sido redimida desde su concepción. Es lo que confiesa el dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado en 1854 por el Papa Pío IX: “... la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda la mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano”

¿Significa esto que María nunca pecó?
Sí. Debido a la forma de redención que se aplicó a María en el momento de su concepción, ella no solo fue protegida del pecado original, sino también del pecado personal. El Nuevo Catecismo lo explica:

“Los Padres de la tradición oriental llaman a la Madre de Dios "la Toda Santa", la celebran "como inmune de toda mancha de pecado y como plasmada y hecha una nueva criatura por el Espíritu Santo". Por la gracia de Dios, María ha permanecido pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida”

¿Significa que María no necesitaba que Jesús muriera por ella en la cruz?
No. Lo que hemos citado es que María fue concebida inmaculadamente como parte de su ser “llena de gracia” y así “redimida desde el momento de su concepción” por “una singular gracia y privilegio de Dios Todopoderoso y por virtud de los méritos de Jesucristo, salvador de la raza humana”. El Catecismo afirma:

“Esta "resplandeciente santidad del todo singular" de la que ella fue "enriquecida desde el primer instante de su concepción", le viene toda entera de Cristo: ella es "redimida de la manera más sublime en atención a los méritos de su Hijo". El Padre la ha "bendecido [...] con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo" más que a ninguna otra persona creada. Él la ha "elegido en él antes de la creación del mundo para ser santa e inmaculada en su presencia, en el amor".

“De la descendencia de Eva, Dios eligió a la Virgen María para ser la Madre de su Hijo. Ella, "llena de gracia", es "el fruto más excelente de la redención"; desde el primer instante de su concepción, fue totalmente preservada de la mancha del pecado original y permaneció pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida”

¿Cómo es entonces ese paralelo entre María y Eva?
Adán y Eva fueron creados inmaculados –sin pecado original o su mancha. Ambos cayeron en desgracia y a través de ellos la humanidad estaba destinada a pecar. Cristo y María fueron también concebidos inmaculados. Ambos permanecieron fieles y a través de ellos la humanidad fue redimida del pecado. Jesús es por tanto el Nuevo Adán y María la Nueva Eva.

¿Era necesario para Dios que María fuera inmaculada en su concepción para que pudiera ser Madre de Jesús?
No. La Iglesia sólo habla de la Inmaculada Concepción como algo que era "apropiado", algo que hizo que hizo de María una "morada apropiada" (es decir, una vivienda adecuada) para el Hijo de Dios, no algo que era necesario. Así, en preparación para definir el dogma, el Papa Pío IX declaró:

“…y por eso afirmaron (los Padres de la Iglesia) que la misma santísima Virgen fue por gracia limpia de toda mancha de pecado y libre de toda mácula de cuerpo, alma y entendimiento, y que siempre estuvo con Dios, y unida con Él con eterna alianza, y que nunca estuvo en las tinieblas, sino en la luz, y, de consiguiente, que fue altísima morada para Cristo, no por disposición corporal, sino por la gracia original”.

Fuente:

SAN JOSÉ Y LAS RAZONES DE SU DIVORCIO-segunda parte

José cree que María ha cometido adulterio. Pero él sabe que la Ley manda apedrear a las adúlteras hasta que mueran. Entonces, como es justo, es decir, bondadoso, y no quiere que ella sufra, la abandona, sí, pero en secreto para salvarle la vida. Por lo tanto, según esta teoría, justo significaba bondadoso. Pero también esta hipótesis presenta dificultades. Si José quiere abandonar en secreto a María porque es bueno, no debería llamárselo “justo”, sino “bondadoso”. ¿Por qué entonces Mateo dice que es justo? Ninguna de las dos teorías, pues, explica satisfactoriamente por qué José quiere abandonar a María. Por eso actualmente los biblistas han propuesto una tercera que, aparte de armonizar mejor con el contexto del relato, tiene el mérito de arrojar una nueva luz sobre san José.

José desde siempre conoció el misterio de María. Desde el principio supo que el niño que su esposa llevaba en las entrañas era hijo del Espíritu Santo. Por eso jamás pensó que ella lo hubiera engañado. Esto se deduce del modo como vimos que Mateo comienza su relato. Éste decía: “El nacimiento de Jesucristo fue así: María estaba comprometida con José. Pero antes de que ellos empezaran a vivir juntos ella se encontró encinta por el poder del Espíritu Santo”. O sea que empieza dando tres informaciones: a) que María estaba comprometida con José; b) que no vivían juntos; c) que ella quedó embarazada del Espíritu Santo. Nosotros normalmente suponemos que José sólo conocía dos de estos datos: el primero y el segundo. Pero no el tercero.

¿Y por qué no? ¿Por qué, si Mateo enumera juntos los tres datos, y luego presenta a José analizando este dilema, él va a saber sólo dos de esos datos? Es lógico que, según Mateo, José conociera las tres informaciones. ¿Cómo supo José del embarazo virginal de su mujer? Mateo no lo dice. Pero tampoco dice cómo se enteró María (Lucas es el que cuenta que la anunciación fue por medio de un ángel). Por lo tanto, es posible pensar que para Mateo ambos se enteraron de la misma manera. Resta un último problema. ¿Por qué un ángel le avisa en sueños a José que el hijo que espera María es del Espíritu Santo, si él ya lo sabía? En realidad las palabras del ángel están mal traducidas en las Biblias. En efecto, éstas suelen decir: “José, no tengas miedo en tomar contigo a María, tu esposa, porque lo que ella ha concebido viene del Espíritu Santo. Dará a luz a un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús”.

Pero muchos biblistas afirman que las partículas griegas “gar” y “de”, que aparecen en esta frase, no hay que traducirlas al castellano como “porque” sino como “porque si bien”. De ese modo el mensaje del ángel cambia totalmente, y queda así: “José, no tengas miedo en tomar contigo a María porque, aun si bien lo que ella ha concebido viene del Espíritu Santo, dará a luz a un hijo a quien tú pondrás por nombre Jesús”. Por lo tanto, lo que el ángel le informa a José no es el origen divino del niño (cosa que ya sabía), sino que él debe quedarse con María para ponerle el nombre al niño (cosa que no sabía).

Ahora sí, con esta nueva perspectiva, tratemos de entender el relato de Mateo. José y María, dos jóvenes israelitas de 18 y 13 años respectivamente, estaban comprometidos. Habían concretado la primera fase del matrimonio, es decir, el “quidushín”, y esperaban pronto poder ir a vivir juntos una vez que se cumpliera el plazo estipulado. Pero en el entretiempo María resultó escogida por Dios para ser la madre de su divino Hijo. Enterado José, se encontró frente a un serio problema. Él había elegido a María para sí, para que fuera su esposa, la madre de sus hijos, su compañera. Pero ahora se da cuenta de que Dios también se había fijado en ella, y también Él la había elegido como madre de su Hijo. 

¿Cómo competir con Dios por el amor de una muchacha? ¿Podría tener a Dios como contrincante? No. Tampoco podía apropiarse de un hijo que no era suyo, sino que venía del cielo. Hubiera sido una injusticia. Aquí, entonces, se aclara la decisión de José. Como él era justo, no queriendo apoderarse de un hijo que le pertenecía a Dios, y viendo además que Dios había elegido a la misma mujer que él para iniciar el plan de salvación, resuelve dejar a su esposa libre del compromiso que habían contraído, y divorciarse en secreto. Y así lo había decidido, cuando en sueños se le presenta un ángel y le dice que no tenga miedo (es decir, escrúpulos) en tomar a María como esposa (es decir, celebrar el “nissuín”). Porque si bien el hijo que ella espera viene de Dios, él le pondrá el nombre de Jesús cuando nazca.

En otras palabras, Dios le pide a José que se quede junto a María. Porque aun cuando ella ha sido elegida para Dios, él también ha sido elegido; él también forma parte del plan de salvación. ¿Y cuál es su misión en todo esto? Deberá ponerle el nombre al niño, es decir, considerarlo como suyo, asumirlo como propio. Porque al ser él descendiente de la familia del rey David, si lo adoptaba como su hijo podía convertirlo a Jesús en un “descendiente” de David, en un “hijo de David”. E introduciéndolo a Jesús en la genealogía de David, se cumplían las profecías anunciadas sobre Él. Siempre hemos tenido una imagen triste y descolorida de san José. Lo imaginamos como un pobre hombre (cuando no anciano), manso y sufrido, que mes tras mes debió ver crecer el vientre de su amada, mientras por dentro se moría de dolor en silencio.

Desorientado y casi ridículo, luchando entre la confianza y la duda, entre el amor y los celos. Incapaz de comprender el misterio de la encarnación, por eso no se lo contaban. Pero no es ése el san José del evangelio. José nunca tuvo dudas sobre su María. Lo supo todo desde el principio, porque tenía la misma madurez que su esposa. Su única duda fue si Dios lo quería o no al lado de su mujer. Y Dios le hizo saber que sí. Hoy los cristianos hemos encumbrado enormemente a María, pero no así a José. En la Liturgia tenemos muchísimas fiestas de la Virgen, pero sólo dos de san José. Los mismos estudios de Mariología dan la impresión de que ella no hubiera sido casada, que se hubiera santificado fuera del contexto matrimonial y familiar. Incluso nuestras devociones, imágenes y pinturas se centran casi exclusivamente en María, y prescinden de José. Hemos separado lo que Dios ha unido.

Pero María y José amaron a Dios en equipo. Se santificaron juntos. El uno con el otro. El uno gracias al otro. Estuvieron juntos desde el principio. Por eso hoy en día en que tantas familias atraviesan momentos de crisis, que muchos matrimonios hacen agua por todos lados, y que la Iglesia no dispone de modelos conyugales, conviene recordar a José, a quien Dios quiso santificar en familia unido para siempre a María.

Biblista
Ariel Alvarez Valdez

EL ATAQUE A PEARL HARBOR

El ataque del Imperio de Japón sobre la base naval de Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941 fue el detonante de la inclusión de la guerra de Estados Unidos. Japón estaba enfrascado en la segunda guerra sino-japonesa que le enfrentaba a China por las posesiones de Taiwán, Manchuria y Pescadores. Trató de conquistar más territorio Chino e inició en 1937 la invasión del norte y el este de este país. En este contexto Estados Unidos intervino en la contienda realizando un bloqueo de metal y petróleo sobre Japón. Para concluir con este bloqueo EEUU solicitó a Japón el abandono de tierras chinas, algo que se negaba a aceptar, comenzaban las crispaciones entre ambos países. En 1939 el Imperio de Japón había pactado una alianza con Alemania e Italia en el denominado Eje Berlín-Roma-Tokyo. El pacto de paz entre Alemania y la comunista URSS y un posterior pacto entre esta y Japón dio pie al Imperio a atacar de nuevo China y tratar de anexionarse algunos territorios de ultramar de EEUU, Reino Unido y Francia. El ataque de la base naval por parte del Imperio de Japón fue una acción preventiva planeada por el comandante Isoroku Yamamoto. Con el objetivo de evitar una futura intervención de Estados Unidos en los planes de Japón por expandirse en el pacífico, se decidió declararle la guerra.

Yamamoto pretendía declarar la guerra a EEUU 30 minutos antes de que se produjera el ataque, para coger a sus tropas por sorpresa. Sin embargo, problemas en la transmisión de los datos desde la embajada estadounidense en Japón hasta los centros en EEUU, propiciaron que la alarma no llegara hasta el despacho del almirante Husband E. Kimmel, que se encontraba al mando de la bahía de Pearl Harbor, hasta una vez sufridos los ataques. Operación Hawaii es el nombre que se le puso al ataque de Pearl Harbor. Se prepararon un total de 6 portaaviones, 480 aeronaves, 360 para llevar a cabo dos oleadas de ataque y un total de 48 para la defensa de los barcos japoneses. Toda la armada del imperio se movió en silencio hasta las cercanías de la bahía de Ohau sin utilizar transmisiones ni comunicaciones por radio. Por otro lado el resto de barcos de la armada japonesa intensificó las transferencias de información por radio para distraer la atención de los centros estadounidenses. El ataque se dividió en dos oleadas, la primera de ellas formada por 183 aeronaves lideradas por el comandante M. Fuchida tenía como objetivos principales los acorazados y los portaaviones que a mitad del siglo XX eran considerados el orgullo de toda armada. La isla Ford y las aeronaves que en ella se encontraban y el aeródromo Wheeler también fueron atacados en esta oleada.

La segunda oleada estaba compuesta por un total de 171 aeronaves, se encargó de rematar lo que la primera oleada no había podido destruir. Los comandantes de la armada imperial propusieron al almirante C. Nagumo al mando de la operación una tercera oleada para dañar todavía más la flota americana. Nagumo se negó debido al tiempo requerido para prepararla y la mejora de las fuerzas antiaéreas americanas que ya se habían puesto en marcha tras la sorpresa del ataque inicial. Esta tercera oleada podría haber causado mayores daños, pues los comandantes abogaban por atacar los depósitos de combustible y los astilleros. El daño infligido por el Imperio de Japón a la armada estadounidense fue principalmente estructural, no se causaron numerosas bajas de soldados y marinos, en total 2.403, pero sí se consiguió el objetivo principal de debilitar enormemente la flota americana. Se hundieron cuatro acorazados y se dañaron otros cuatro.

Por otro lado, tres cruceros, tres destructores un buque escuela y un minador fueron dañados y en algunos casos hundidos. Además de los barcos, la flota de aeronaves americana en el Pacífico también sufrió el ataque, 188 aeronaves resultaron irrecuperables y un total de 159 tuvieron que ser reparados. Las consecuencias del ataque de Japón a Pearl Harbor van más allá de los daños ocasionados en su armada y fuerza aérea. Pearl Harbor supuso la entrada en la segunda guerra mundial de una potencia como Estados Unidos. Hasta la fecha, el país se encontraba dividido sobre la conveniencia o no de la participación americana en el conflicto. Tras el ataque no hubo ninguna duda, todo el país estaba de acuerdo y al día siguiente, el 8 de Diciembre Estados Unidos declara la guerra al Imperio de Japón. Se había despertado al “gigante dormido”. La guerra dió un giro de 180º, pues a partir de ese momento, EEUU comenzó a abastecer enormemente a las tropas aliadas y el envío de refuerzos al frente tanto en el Atlántico como en el Pacífico fue clave para la derrota del Eje Berlín-Roma-Tokyo.

ISAÍAS PERSONAJE DE LA ESPERA POR LA SALVACIÓN

Conviene reflexionar un poco sobre su personalidad. Los textos evangélicos no dicen nada de la personalidad del profeta Isaías, pero le citan. Incluso podemos decir que, a menudo, se le adivina presente en el pensamiento y hasta en las palabras de Cristo. Es el profeta por excelencia del tiempo de la espera; está asombrosamente cercano, es de los nuestros, de hoy. Lo está por su deseo de liberación, su deseo de lo absoluto de Dios; lo es en la lógica bravura de toda su vida que es lucha y combate; lo es hasta en su arte literario, en el que nuestro siglo vuelve a encontrar su gusto por la imagen desnuda pero fuerte hasta la crudeza. Es uno de esos violentos a los que les es prometido por Cristo el Reino.

Todo debe ceder ante este visionario, emocionado por el esplendor futuro del Reino de Dios que se inaugura con la venida de un Príncipe de paz y justicia. Encontramos en Isaías ese poder tranquilo e inquebrantable del que está poseído por el Espíritu que anuncia, sin otra alternativa y como pesándole lo que le dicta el Señor. El profeta apenas es conocido por otra cosa que sus obras, pero éstas son tan características que a través de ellas podemos adivinar y amar su persona. Sorprendente proximidad de esta gran figura del siglo VIII antes de Cristo, que sentimos en medio de nosotros, cotidianamente, dominándonos desde su altura espiritual.

Isaías vivió en una época de esplendor y prosperidad. Rara vez los reinos de Judá y Samaría habían conocido tal optimismo y su posición política les permite ambiciosos sueños. Su religiosidad atribuye a Dios su fortuna política y su religión espera de él nuevos éxitos. En medio de este frágil paraíso, Isaías va a erguirse valerosamente y a cumplir con su misión: mostrar a su pueblo la ruina que le espera por su negligencia. Perteneciente sin duda a la aristocracia de Jerusalén, alimentado por la literatura de sus predecesores, sobre todo Amós y Oseas, Isaías prevé como ellos, inspirado por su Dios, lo que será la historia de su país. Superando la situación presente en la que se entremezclan cobardías y compromisos, ve el castigo futuro que enderezará los caminos tortuosos.

Los comienzos de la obra de Isaías, que originarán la leyenda del buey y del asno del pesebre, marcan su pensamiento y su papel. Yahvé lo es todo para Israel, pero Israel, más estúpido que el buey que conoce a su dueño, ignora a su Dios (Is 1, 2-3). Pero Isaías no se aislará en el papel de predicador moralizante. Y así se convierte para siempre en el gran anunciador de la Parusía, de la venida de Yahvé. Así como Amós se había levantado contra la sed de dominación que avivaba la brillante situación de Judá y Samaría en el siglo VIII, Isaías predice los cataclismos que se desencadenarán en el día de Yahvé (Is 2, 1-17). Ese día será para Israel el día del juicio.

Para Isaías, como más tarde para San Pablo y San Juan, la venida del Señor lleva consigo el triunfo de la justicia. Por otra parte, los capítulos 7 al 11 nos van a describir al Príncipe que gobernará en la paz y la justicia (ls 7, 10-17). Es fundamental familiarizarse con el doble sentido de este texto. A aquel que no entre en la realidad ambivalente que comunica, le será totalmente imposible comprender la Escritura, incluso ciertos pasajes del Evangelio, y vivir plenamente la liturgia. En efecto, en el evangelio del primer domingo de Adviento sobre el fin del mundo y la Parusía, los dos significados del Adviento dejan constancia de ese fenómeno propiamente bíblico en el que una doble realidad se significa por un mismo y único acontecimiento. El reino de Judá va a pasar por la devastación y la ruina.

El nacimiento de Emmanuel, "Dios con nosotros", reconfortará a un reino dividido por el cisma de diez tribus. El anuncio de este nacimiento promete, pues, a los contemporáneos de Isaías y a los oyentes de su oráculo, la supervivencia del reino, a pesar del cisma y la devastación. Príncipe y profeta, ese niño salvará por sí mismo a su país. Pero, por otra parte, la presentación literaria del oráculo y el modo de insistir Isaías en el carácter liberador de este niño, cuyo nacimiento y juventud son dramáticos, hacen presentir que el profeta ve en este niño la salvación del mundo. Isaías subraya en sus ulteriores profecías los rasgos característicos del Mesías. Aquí se contenta con apuntarlos y se reserva para más tarde el tratarlos uno a uno y modelarlos. El profeta describe así a este rey justo: (Is. 11, 1-9).

Ezequías va a subir al trono y este poema se escribe para él. Pero, ¿cómo un hombre frágil puede reunir en sí tan eminentes cualidades? ¿No vislumbra Isaías al Mesías a través de Ezequías? La Iglesia lo entiende así y hace leer este pasaje, sobre la llegada del justo, en los maitines del segundo domingo de Adviento. En el capítulo segundo de su obra, hemos visto a Isaias anunciando una Parusía que a la vez será un juicio. En el capitulo 13, describe la caída de Babilonia tomada por Ciro. Y de nuevo, se nos invita a superar este acontecimiento histórico para ver la venida de Yahvé en su "día". La descripción de los cataclismos que se producirán la tomará Joel y la volveremos a encontrar en el Apocalipsis (Is 13, 9-ll).

Esta venida de Yahvé aplastará a aquel que haya querido igualarse a Dios. El Apocalipsis de Juan tomará parecidas imágenes para describir la derrota del diablo (cap. 14). En los maitines del 4.° domingo de Adviento, volvemos a encontrarle en el momento que describe el advenimiento de Yahvé: "La tierra abrasada se trocará en estanque, y el país árido en manantial de aguas" (35, 7). Se reconoce el tema de la maldición de la creación en el Génesis. Pero vuelve Yahvé que va a reconstruir el mundo. Al mismo tiempo, Isaías profetiza la acción curativa de Jesús que anuncia el Reino: "Los ciegos ven, los cojos andan", signo que Juan Bautista toma de este poema de Isaías (35, 5-6).

Podríamos sintetizar toda la obra del profeta reduciéndola a dos objetivos:

-El primero, llegar a la situación presente, histórica, y remediarla luchando.

-El segundo, describir un futuro mesiánico más lejano, una restauración del mundo.

Así vemos a Isaías como un enviado de su Dios al que ha visto cara a cara. El profeta no cesa de hablar de él en cada línea de su obra. Y, sin embargo, en sus descripciones se distingue por mostrar cómo Yahvé es el Santo y, por lo tanto, el impenetrable, el separado, Aquel que no se deja conocer. O, más bien, se le conoce por sus obras que, ante todo, es la justicia. Para restablecerla, Yahvé interviene continuamente en la marcha del mundo.

UN MOMENTO DE CALMA

Cada día estamos expuestos a una gran cantidad de información, sobreexpuestos a imágenes y publicidad que en su mayoría es engañosa. Nuestros sentidos, todos ellos tratando de ser seducidos para tener la atención completa y la tan preciada llamada a la acción. Desde que despertamos los algoritmos y los mensajes no dejan de enviar sus señales, por todos los medios intentan visibilizarse, audios, textos, imágenes, no hay desperdicio, los productos y servicios son ofrecidos en todas las formas posibles.
 
Miles de estos impactos van acompañando nuestro diario vivir, se normaliza su existencia y su repetición, algunos intentan llegar a nuestro inconsciente para que desde ahí se tome la valiosa decisión por una marca u otra. Cuando nos percatamos de estas prácticas podemos experimentar una sensación de agobio, asfixia y hasta de intoxicación, se trata de un exceso el cual nos aleja de la calma. La valiosa y necesaria calma para pensar, para sentir y sobre todo para encontrar el equilibrio emocional el cual nos llevará a la calma espiritual.
 
Con tantas distracciones las cuales aparecen en nuestra cotidianeidad, a veces es complejo encontrar ese remanso de paz en nuestras vidas, un ejemplo, mientras escribo esta reflexión, busco una melodía que vaya acorde con la tranquilidad de este momento, la selecciono y al momento de darle play, aparece un mensaje de publicidad para que compre o me entere de las bondades de algún producto o solo para que vea “algo” y en ese instante se rompe la armonía que pretendía. A veces encontrar un momento de calma en esta vida puede convertirse en una tarea casi imposible, porque ni apagando la computadora o el teléfono inteligente, se logra con éxito.
 
Algunos consejos para encontrar la calma nos invitan a la concentración, a no distraernos con nada, ¡excelente recomendación! Pero qué difícil puede ser aislarnos en un mundo donde todos estamos conectados. Llamadas telefónicas, mensajes de WhatsApp, notificaciones, agendas saturadas de actividades, la calma parece diluirse en nuestras vidas de una forma casi automática. Buscar la calma se ha convertido en una labor que requiere de un gran esfuerzo, por lo menos en una gran parte de la población mundial.
 
Escribió Pascal: “He descubierto que toda la maldad humana proviene de la incapacidad del ser humano de sentarse en calma en una habitación”. Desde hace algún tiempo se estaba alertando a la humanidad acerca de lo vital que es vivir con serenidad y los efectos negativos de alejarnos de la calma. La calma también aparece cuando estamos con personas con las que nos sentimos vinculados emocionalmente, en sintonía y seguros, pero también cuando realizamos prácticas que nos conectan con nuestro interior. Cada uno encontrará el remanso tan anhelado a su tiempo y a su manera; personalmente, la oración en silencio me lleva a ese encuentro de tranquilidad. Busquemos la sencillez como inspiración y la serenidad como forma de vida. “Guarda, y repósate; no temas, ni se turbe tu corazón”. Isaías 7,4
 

Desde México en su segmento exclusivo “La Sencillez del Amor” Rafael Salomón

MUROÏ EL DEMONIO QUE HACE LLORAR A LA VIRGEN MARÍA

El MUROÏ, originalmente considerado un demonio, integra también la desmejorada raza de vampiros proveniente de lo que actualmente es la República Checa. Su nombre, evocador como casi todos los demonios, significa literalmente «destino», en un sentido más cercano a la fatalidad que a la buena ventura. Se dice que este demonio sólo es capaz de tomar posesión del cadáver corrupto de una persona maligna, particularidad que lo ubica como uno de los réprobos más populares entre políticos y banqueros. Sus primeras leyendas medievales aclaran que el MUROÏ está ferozmente enfrentado contra todos los símbolos de la fe, incluso aquellos que orbitan en la periferia de la ortodoxia, como el GOLEM, según los mitos hebreos, una especie de homúnculo o autómata que puede ser creado por un rabino.

Su nacimiento, de hecho, es precedido por una serie de signos inconfundibles; uno de ellos, que probablemente expresa dolor y ofensa frente a lo abominable de su presencia, consiste en la aparición de lágrimas de sangre en todas las imágenes de la Virgen María cercanas a su cubil. La única forma de que el MUROÏ no articule sus ataques es identificando el cadáver del poseso y removiendo su corazón. Si esta precaución es pasada por alto se debe solicitar la ayuda de un rabino o un sacerdote católico para que se enfrente con el engendro. Esta batalla no se desarrolla en el terreno filosófico, sino directamente a los garrotazos.

Cuando su presencia es denunciada por las imágenes de la Virgen María que lloran sangre, el rostro del MUROÏ adquiere un tinte rojo bastante característico. Su voz desaparece; en cambio, es reemplazada por prolongados llantos que paralizan a los incautos que tienen la mala fortuna de cruzarse con él. Ciertos demonólogos sostienen que su lamento no es escuchado por todos sino únicamente por quienes están destinados a ser sus víctimas. Si bien este demonio-vampiro resiste la luz del sol, el ajo y los crucifijos, durante el día prefiere ocultarse en su ataúd o en cualquier otra guarida que le permita recuperar sus fuerzas. Para descubrir la ubicación precisa de su escondite se debe trasladar una imagen de la Virgen María y aguardar el brote lacrimógeno, cuya frecuencia e intensidad son directamente proporcionales a su cercanía con el réprobo.

Estas precauciones tienen que ver con la idea de que el MUROÏ sólo puede ser vencido dentro de su guarida, durante el día, y siempre bajo el patrocinio de la Virgen María. Una vez extirpado el corazón, se le debe arrancar la piel entre el dedo pulgar y el dedo índice de las manos con unas tijeras de acero. Nadie, hasta ahora, ha logrado interpretar satisfactoriamente la importancia de esta mutilación, aunque algunos eruditos conjeturan que el MUROÏ utiliza la piel interdactilar a modo de megáfono, es decir, para aumentar la intensidad de su llanto y dirigirlo hacia la víctima que previamente ha seleccionado. Todo parece indicar que cuando este sistema falla, el MUROÏ puede morir nuevamente si se lo reduce a cenizas. Su muerte, sin embargo, no trae consuelo a sus víctimas. Quienes han escuchado el llanto de este demonio lo sentirán durante el resto de sus vidas como un zumbido lejano, persistente y aterrador que palpita en lo profundo de los oídos, en cambio, las imágenes de la Virgen María que han llorado sangre para denunciar su aparición continuarán vertiendo lágrimas incesantemente, hasta que sus siluetas sean ya indistinguibles de la costra sanguinolenta que las recubre.

martes, 23 de noviembre de 2021

TRADICIONES Y ORIGEN DE LA CORONA DE ADVIENTO

Los mosaicos del siglo XII de la portada de la Basílica de Santa María in Traste veré de Roma, resumen plásticamente y anticipan, como si se tratase de una profecía, la tradición de la Corona del Adviento, que surgirá en las comunidades cristianas europeas en el norte de Europa en la primera mitad de siglo XIX. El mosaico, en su primera composición de Pietro Cavallini, en el siglo XII, mostraba en un trono a la Virgen con el niño Jesús, rodeada de cuatro muchachas; dos portan lámparas de aceite con la luz encendida, y otras dos, con velo, las llevan con la luz apagada. La escena inicial fue modificada en el proyecto de Carlo Fontana de 1702, que añadieron seis vírgenes más, todas ellas con la luz encendida.

La parábola de las vírgenes prudentes y necias, vislumbrada en el mosaico, es una llamada a esperar vigilante y diligentemente al Señor, que es presentado por la Virgen, como luz nacida de la alto y se ha revestida de la condición humana. La luz hace referencia, en la tradición vetereotestamentaria a la acogida de la revelación divina (Sal 35, 10: «tu luz nos hace ver la luz»), la imagen opuesta representa la obstrucción y el rechazo de la revelación divina.

Para la antigüedad las lámparas de aceite o las velas confeccionadas con la cera de la abeja, no eran simple linternas modernas, sino objetos con un significado religioso. La luz, que porta la lámpara, se identificaba con los conceptos del bien y del mal, el orden y el caos, la búsqueda del conocimiento, la iniciación, la verdad, la vida y la muerte.

El hecho de encender lámparas y luminarias con una finalidad cultual está atestiguado en la historia de las religiones. La luz proveniente de la lámpara ahuyenta los poderes maléficos e inquietantes de las tinieblas. La lámpara es signo de la presencia real de Dios. Así el Corán declara: «Dios es la luz de los cielos y de la tierra. Su luz es como una hornacina en la que hay un pábilo encendido» (Sura 24, 35).

En ocasiones las lámparas, como símbolo de la vida, eran colocadas en las columnas de las necrópolis funerarias y en las tumbas de los difuntos. En la tumba de Tutankhamón, descubierta en 1922 por el inglés Howard Carter, se hallaron lámparas de aceite. La piedad popular cristiana pone la candela, bendecida en el día de la Presentación, entre las manos del fiel, en su lecho de muerte, para que ilumine los últimos pasos de su camino hacia la eternidad.

El hecho de encender las luces tanto de la casa como del templo tenía un valor religioso cultual. La mujer hebrea enciende ritualmente las luces de la fiesta del Sabbath. Entre los griegos y los romanos cuando el portador de la luz entraba pronunciaba una bendición o un buen deseo tal como «¡buena sea la luz!». A lo que se respondía: «¡Bienvenida sea la luz!». Todavía en el oficio hispano mozárabe se saluda diciendo: «En el nombre de nuestro Señor Jesucristo luz con paz»

La simbología de los elementos naturales recogida en la historia de las religiones, no es elemento principal para explicar los signos de la revelación judeocristiana. En la fe revelada el punto central se desplaza de la naturaleza a la historia. La corona de adviento no está sujeta solamente a la simbología del solsticio de invierno sino a la revelación divina, tal y como la encontramos en la fiesta rabínica de la Hanukkah, fiesta también conocida como festival de las luces, comprende 8 días desde el 25 de Kislev hasta el 3 de Tevet y conmemora la victoria de Judas Macabeo contra los Griegos y la purificación y dedicación del templo el 25 de Kislev del año 164 a. C.

SAN JOSÉ Y LAS RAZONES DE SU DIVORCIO-Primera Parte

Mateo nos cuenta, al relatar la infancia de Jesús, cómo san José estuvo a punto de divorciarse de su esposa María cuando se enteró de que ella estaba embarazada y que el hijo que esperaba no era suyo. Los cristianos siempre se han sentido desconcertados por el dramático momento que le tocó vivir a la sagrada familia, y se han preguntado: ¿Dudó realmente José de la honestidad de su esposa? ¿Pensó que le había sido infiel con otro hombre? ¿Cuánto tiempo vivió torturándose en silencio, sin saber que el niño que ella llevaba en las entrañas venía del Espíritu Santo, hasta que un ángel le contó la verdad? ¿Y por qué María no se lo dijo, si nadie le había prohibido hacerlo? ¿Por qué Dios sólo le anunció a ella lo del embarazo virginal, y no a José? ¿Sólo para mortificarlo? ¿Y por qué José quiso abandonarla en secreto?

Sin entrar a plantearnos la veracidad de este episodio (que así como está contado puede ser o no histórico), sí podemos intentar responder a estas preguntas suscitadas por el relato de Mateo. Para ello debemos tener en cuenta las costumbres matrimoniales de aquella época. Los judíos solían casarse temprano: a los 18 años los varones y a los 13 las niñas. Los mismos rabinos aseguraban que “Dios maldice al joven que a los 20 años aún no se ha casado”. Y por tratarse de una edad tan prematura, la elección de la pareja corría por cuenta de los padres. Para justificar esa costumbre los israelitas decían que era el propio Dios, en el cielo, quien concretaba las uniones matrimoniales cuarenta días antes del nacimiento de cada niño y que luego las comunicaba a sus padres. Pero sí se daban algunos casos en los que los jóvenes elegían a sus futuras novias.

Concretada la elección, se realizaba la primera fase del matrimonio, llamada por los rabinos “quidushín” (que significa consagración). Era una especie de compromiso formal, en el que la muchacha quedaba consagrada para siempre a su novio, pero todavía no podían vivir juntos debido a la corta edad de la joven, y a que los esposos casi no se conocían. El período del“”quidushín” duraba generalmente un año, y los jóvenes eran considerados ya verdaderos esposos, a tal punto que si ella llegaba a unirse en este tiempo a algún otro hombre se convertía en adúltera; y si llegaba a morir, el muchacho era tenido por viudo. Transcurrido el año del“”quidushín” se efectuaba la segunda parte del matrimonio, llamada el “nissuín”, en la que luego de una gran fiesta que duraba varios días, la joven era conducida en procesión a la casa de su esposo para que comenzaran a vivir juntos.

Debió de haber sido entre el “quidushín” y el “nissuín”, es decir, entre la primera y la segunda fase del matrimonio, cuando María quedó embarazada del Espíritu Santo. Así lo especifica Mateo: María estaba comprometida con José. Pero antes de que ellos empezaran a vivir juntos, ella se encontró encinta por el poder del Espíritu Santo (Mt. 1, 18-19). ¿Qué sucedió entonces entre los santos esposos? No lo sabemos. Mateo no lo dice. Sólo podemos imaginar el drama que vivió José, atormentado por las sospechas de infidelidad de su esposa, angustia ésta que Dios no tuvo la bondad de ahorrarle. Y las penurias de María, que veía sufrir a su esposo, pero callaba porque tenía miedo de no ser comprendida. Este período de la vida de José y María impresionó tanto el ánimo y la imaginación de los cristianos, que algunos buscaron ampliar aquellos dramáticos momentos mediante nuevos relatos.

Uno de estos relatos se halla en el evangelio apócrifo titulado El Proto Evangelio de Santiago, compuesto hacia el año 150. En él se cuenta cómo María, hallándose de visita en casa de su pariente Isabel, notaba que su vientre iba creciendo día tras día. Afligida, emprendió el camino de regreso a su ciudad y se escondió. Transcurridos unos siete meses de su embarazo, volvió José de un largo viaje de trabajo y encontró a María embarazada. Llorando amargamente le reprochó: “¿Por qué has hecho esto? ¿Por qué manchaste así tu alma, tú que te has criado en el Templo de Dios, y recibiste tu alimento de las manos de un ángel?” Pero ella llorando le contestó: “Yo soy pura. No he tenido relaciones con ningún hombre”. José le dijo: “¿De dónde ha salido entonces lo que hay en tu vientre?” Y ella respondió: “Te juro por la vida del Señor, mi Dios, que no sé de dónde me ha venido esto”. Pero las cosas se complicaron más todavía para el pobre José, porque al día siguiente un amigo suyo, enterado del estado de María, lo denunció ante el Sumo Sacerdote diciendo: “José ha violado a la virgen que tenía que custodiar, y en secreto ha consumado el matrimonio”.

El Sumo Sacerdote ordenó que ambos esposos fueran conducidos al Templo y allí, con palabras duras, los acusó de haber faltado a su palabra. Pero como ellos lloraban y juraban por Dios que eran inocentes, resolvió someter a María a la prueba de las “aguas amargas”. ¿Qué eran las aguas amargas? El libro de los Números (5,11-31) mandaba que, si algún marido sospechaba de la fidelidad de su esposa y no había forma de averiguar la verdad, éste debía llevar a la mujer al Templo para someterla a una prueba. Allí, en presencia de testigos, se le soltaba la cabellera (que toda mujer decente en Israel llevaba recogida para que nadie se la viera), como una manera de avergonzarla en público. Después el Sumo Sacerdote tomaba un vaso con agua y lo mezclaba con tierra levantada del suelo. Luego escribía en una hoja una serie de maldiciones y juramentos con tinta, la diluía haciendo correr el agua del vaso sobre el papel, y recogiendo otra vez el líquido se lo daba de beber a la mujer diciéndole: “Si has sido infiel a tu marido, si has tenido relaciones con otro hombre y te has vuelto impura, que Dios te convierta en ejemplo de maldición ante el pueblo, y haga que se te caigan los muslos y se te hinche el vientre”.

Se trataba, evidentemente, de una legislación machista, que terminaba siempre dando la razón al marido, ya que con semejante bebida cualquier mujer acababa intoxicada y con el vientre hinchado. Pero cuentan los apócrifos, cuando María bebió del vaso un imprevisto resplandor apareció sobre su rostro y su cara se transfiguró de tal manera que los testigos que presenciaban el juicio no podían mirarla de frente. De ese modo todos supieron que María era inocente. Este largo relato de los apócrifos nos muestra hasta qué punto se estimuló la imaginación de los primeros cristianos frente al paradójico episodio que ponía a José dudando injustamente de su virginal esposa. Llegamos, así, al punto más oscuro y misterioso de todo el relato. ¿Por qué José decide abandonar a María, dejándola sola y expuesta en el peor momento de su vida? Mateo dice que porque él era justo. Pero ¿qué tiene que ver su justicia con el hecho de abandonar a su mujer?

Se han propuesto dos teorías para explicar la justicia de José. Según la primera, José cree que María ha cometido adulterio. Ahora bien, la Ley de Moisés ordenaba que “la mujer adúltera debía ser repudiada por su marido” (Dt 22, 20-21). Como José era “justo”, es decir, cumplidor de la Ley, decide repudiarla (abandonarla) para cumplir con la Ley. O sea que, según esta teoría, justo significaba cumplidor de la Ley. Pero esta hipótesis choca con un inconveniente. La Ley ordenaba al marido repudiar “públicamente” a la mujer infiel. Y José decide repudiarla en secreto. Por lo tanto no estaría cumpliendo la Ley de Moisés. ¿Cómo entonces se lo puede llamar justo?

Biblista
Ariel Alvarez Valdez

NUESTRA SEÑORA DE LOS TREINTA Y TRES

"La noble tierra de los uruguayos, hermosa por el verdor de sus praderas y por sus cuchillas suavemente onduladas, se ufana de ser antigua sede de piedad mariana, la que, así como sugiere a los cristianos sentimientos religiosos, de la misma manera lleva con facilidad a todos los ciudadanos al recuerdo de la libertad conquistada y a los comienzos de la Patria naciente". Con estas palabras comienza el Papa Juan XXIII la bula con la que declara patrona principal de Uruguay a la Virgen de los Treinta y Tres.

Un poco más adelante, después de hablar del origen de esta devoción continua diciendo: "Finalmente en nuestros días -lo que nos causa gran alegría- todo el pueblo de la República venera con amor ardiente a la misma Virgen, la cual, si de veras ocupa el centro del templo, con razón mayor se debe afirmar que vive en los ánimos y en las mentes de todos." Esta pequeña imagen de la Virgen, tan querida por todos los uruguayos, mide tan solo treinta y seis centímetros de alto. Está tallada en madera de cedro y procede, según la tradición, de las misiones de los padres Jesuitas. La sagrada imagen fue colocada en la iglesia de Florida Blanca e inmediatamente sus habitantes le rindieron un culto filial. El nombre de la Virgen podría parecer un poco extraño a quien no conoce su historia.

El título de "LOS TREINTA Y TRES" no es que tenga mucha relación con María. Además, teniendo en cuenta que esta imagen está dedicada a la Inmaculada Concepción, el nombre de "LOS TREINTA Y TRES" parece aún más extraño. Alguno podría pensar que quizás se debe a los treinta y tres años de la vida de Cristo sobre la tierra. Podría ser una buena explicación, pero no es así. El origen del nombre es muy sencillo y, como veremos, sí tiene mucha relación con la Virgen.

Sucede que a inicios del siglo XIX los pueblos latinoamericanos estaban luchando por su independencia. Y en Uruguay ocurría lo mismo. Era el año de 1825. La lucha por la libertad estaba encabezada por un valeroso grupo de patriotas; todos ellos, al igual que su pueblo, católicos y devotos fervorosos de la Virgen María.

Como es natural, al iniciar la arriesgada campaña para alcanzar la libertad de la Patria, quisieron poner el éxito de su empresa en manos de María. Así que los caudillos acudieron a la parroquia, participaron en la santa misa y, al terminar, inclinaron su bandera tricolor delante de la imagen de María pidiéndole su bendición. El número de los caudillos era precisamente TREINTA Y TRES, y desde entonces el pueblo uruguayo ha designado con el nombre de "Virgen de los Treinta y Tres" a la pequeña imagen de la Iglesia parroquial de Florida. Como pueden ver el nombre sí tiene que ver con la Virgen. Ese nombre nos recuerda la profunda devoción de los treinta y tres héroes uruguayos hacia nuestra madre María, y nos recuerda también la protección materna de María hacia sus hijos. Así, a la Virgen de los Treinta y Tres está unido el hilo conductor de las diversas etapas históricas y culturales del noble pueblo uruguayo que lleva en lo más profundo de su alma el amor a María.

El Papa Juan Pablo II acudió como peregrino a este santuario mariano y en su ángelus del 28 de junio de 1992 compartió su experiencia de ese lugar: "Recuerdo con emoción mi visita a Nuestra Señora de los Treinta y Tres, el 8 de mayo de 1988, durante el viaje apostólico a aquella querida Nación: contemplando la santa imagen rece por América Latina, pues -como había subrayado aquel mismo día, al recitar el Regina Coeli- "la Virgen María, Reina de los Apóstoles, la que con su fe y ejemplo de vida, precede a los heraldos del Evangelio, nos hace sentir la hermandad de todos los pueblos que en esas tierras benditas han acogido la palabra y el bautismo de Cristo..."

MES ANIVERSARIO-EMISIÓN 1042

EMISIÓN 1042
24.11.2021 -TERCERA MEDIA HORA-
 

-NARRADOR MARIO ESTEBAN MOYA BERROCAL-
 
Gracias a la AUDIOTECA se revela el por qué de los números redondos en EL ALFA Y LA OMEGA que da inicio el martes 04 de septiembre de 2007, el programa cumple 300 EMISIONES y para ello convocaron a dos amigos para que lo condujeran. LEONARDO MAGGIORINI, primer co-equiper de Alfredo en la Primer Temporada del programa en el año 1993 y lo secundo la SRA. ROSITA VELÁZQUEZ, persona responsable de que Alfredo y Carlos se conocieran en su programa: "Dale Alegría a mi Corazón" donde eran columnistas en el 2004 para poder relanzar EL ALFA Y LA OMEGA en el 2005.
 
Luego el martes 04 de agosto de 2009, se emite la EMISIÓN 400, a modo de celebración y recuerdo, el programa no fue conducido, como sucede habitualmente, por Alfredo y Carlos, en su lugar lo hicieron los periodistas, EDUARDO BARRANTES, Coordinador de Producciones Periodísticas de ANUNCIAR Contenidos Latinoamérica y HUGO CAINZOS, conductor del programa radial: "Opiniones en Voz Alta".
 
Por último el martes 07 de julio de 2011, se emiten las 500 EMISIONES. Como vienen haciendo en estas emisiones especiales, la producción del programa invitó para que sean los conductores en esta oportunidad tan especial, al periodista del programa decano de los informativos católicos de televisión en la Argentina, "CLAVES PARA UN MUNDO MEJOR", HÉCTOR "TITO" GARABAL que fue acompañado por el multifacético JUAN CARLOS PISANO, conocido comunicador especializado en temas religiosos y de educación, escritor, catequista, dramaturgo, productor de radio, televisión e ilusionista.
 
El 20 de abril de 2007, el programa EL ALFA Y LA OMEGA, es invitado a participar de la Cadena de la Amistad de las Emisoras de América Latina que retransmiten Radio Vaticano, es la primera vez que GUZMÁN y MUSANTE llegar a la emisora vaticana, lo escuchamos…
 
Dentro del programa, la Virgen María, tuvo un segmento especial una vez por mes, llamado “María a la luz de la Biblia y de la Historia” en este espacio en particular que duraba 45 minutos se desarrollaban las diferentes apariciones marianas en un orden cronológico, escuchemos el spot del martes 20 de febrero de 2007, donde se anunciaba a Ntra. Sra. de Lourdes, lo recordamos…
 
Siguiendo la temática del segmento mariano, se hizo lo mismo con los hermanos separados, con las iglesias históricas, los nuevos movimientos religiosos y las sectas, dentro de este espacio, se realizaban spot que parodiando a una de ellas, querían manifestar que no todo lo que brilla es oro, escuchemos el siguiente spot y ustedes se darán cuenta a que secta pentecostal brasileña hacen referencia…

MES ANIVERSARIO- EMISIÓN 1039-DRA. JACKELINE LUISI


MES ANIVERSARIO- EMISIÓN 1042

 

domingo, 14 de noviembre de 2021

¿POR QUÉ JESUCRISTO ES REY?

Desde la antigüedad se ha llamado Rey a Jesucristo, en sentido metafórico, en razón al supremo grado de excelencia que posee y que le encumbra entre todas las cosas creadas. Así, se dice que:

-reina en las inteligencias de los hombres porque El es la Verdad y porque los hombres necesitan beber de El y recibir obedientemente la verdad;

-reina en las voluntades de los hombres, no sólo porque en El la voluntad humana está entera y perfectamente sometida a la santa voluntad divina, sino también porque con sus mociones e inspiraciones influye en nuestra libre voluntad y la enciende en nobles propósitos;

-reina en los corazones de los hombres porque, con su supereminente caridad y con su mansedumbre y benignidad, se hace amar por las almas de manera que jamás nadie —entre todos los nacidos— ha sido ni será nunca tan amado como Cristo Jesús.

Sin embargo, profundizando en el tema, es evidente que también en sentido propio y estricto le pertenece a Jesucristo como hombre el título y la potestad de Rey, ya que del Padre recibió la potestad, el honor y el reino; además, siendo Verbo de Dios, cuya sustancia es idéntica a la del Padre, no puede menos de tener común con él lo que es propio de la divinidad y, por tanto, poseer también como el Padre el mismo imperio supremo y absolutísimo sobre todas las criaturas.

Ahora bien, que Cristo es Rey lo confirman muchos pasajes de las Sagradas Escrituras y del Nuevo Testamento. Esta doctrina fue seguida por la Iglesia –reino de Cristo sobre la tierra- con el propósito celebrar y glorificar durante el ciclo anual de la liturgia, a su autor y fundador como a soberano Señor y Rey de los reyes.

En el Antiguo Testamento, por ejemplo, adjudican el título de rey a aquel que deberá nacer de la estirpe de Jacob; el que por el Padre ha sido constituido Rey sobre el monte santo de Sión y recibirá las gentes en herencia y en posesión los confines de la tierra.

Además, se predice que su reino no tendrá límites y estará enriquecido con los dones de la justicia y de la paz: "Florecerá en sus días la justicia y la abundancia de paz... y dominará de un mar a otro, y desde el uno hasta el otro extrema del orbe de la tierra".

Por último, aquellas palabras de Zacarías donde predice al "Rey manso que, subiendo sobre una asna y su pollino", había de entrar en Jerusalén, como Justo y como Salvador, entre las aclamaciones de las turbas, ¿acaso no las vieron realizadas y comprobadas los santos evangelistas?

En el Nuevo Testamento, esta misma doctrina sobre Cristo Rey se halla presente desde el momento de la Anunciación del arcángel Gabriel a la Virgen, por el cual ella fue advertida que daría a luz un niño a quien Dios había de dar el trono de David, y que reinaría eternamente en la casa de Jacob, sin que su reino tuviera jamás fin.

El mismo Cristo, luego, dará testimonio de su realeza, pues ora en su último discurso al pueblo, al hablar del premio y de las penas reservadas perpetuamente a los justos y a los réprobos; ora al responder al gobernador romano que públicamente le preguntaba si era Rey; ora, finalmente, después de su resurrección, al encomendar a los apóstoles el encargo de enseñar y bautizar a todas las gentes, siempre y en toda ocasión oportuna se atribuyó el título de Rey y públicamente confirmó que es Rey, y solemnemente declaró que le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra.

Pero, además, ¿qué cosa habrá para nosotros más dulce y suave que el pensamiento de que Cristo impera sobre nosotros, no sólo por derecho de naturaleza, sino también por derecho de conquista, adquirido a costa de la redención? Ojalá que todos los hombres, bastante olvidadizos, recordasen cuánto le hemos costado a nuestro Salvador, ya que con su preciosa sangre, como de Cordero Inmaculado y sin tacha, fuimos redimidos del pecado. No somos, pues, ya nuestros, puesto que Cristo nos ha comprado por precio grande; hasta nuestros mismos cuerpos son miembros de Jesucristo.

Campo de la realeza de Cristo

a) En lo espiritual

Sin embargo, los textos que hemos citado de la Escritura demuestran, y el mismo Jesucristo lo confirma con su modo de obrar, que este reino es principalmente espiritual y se refiere a las cosas espirituales. En efecto, en varias ocasiones, cuando los judíos, y aun los mismos apóstoles, imaginaron erróneamente que el Mesías devolvería la libertad al pueblo y restablecería el reino de Israel, Cristo les quitó y arrancó esa vana imaginación y esperanza. Asimismo, cuando iba a ser proclamado Rey por la muchedumbre, que, llena de admiración, le rodeaba, El rehusó tal título de honor huyendo y escondiéndose en la soledad. Finalmente, en presencia del gobernador romano manifestó que su reino no era de este mundo. Este reino se nos muestra en los evangelios con tales características, que los hombres, para entrar en él, deben prepararse haciendo penitencia y no pueden entrar sino por la fe y el bautismo, el cual, aunque sea un rito externo, significa y produce la regeneración interior. Este reino únicamente se opone al reino de Satanás y a la potestad de las tinieblas; y exige de sus súbditos no sólo que, despegadas sus almas de las cosas y riquezas terrenas, guarden ordenadas costumbres y tengan hambre y sed de justicia, sino también que se nieguen a sí mismos y tomen su cruz.

b) En lo temporal

Se cometería un grave error el negársele a Cristo-Hombre el poder sobre todas las cosas humanas y temporales, puesto que el Padre le confió un derecho absolutísimo sobre las cosas creadas, de tal manera que todas están sometidas a su arbitrio. Sin embargo, mientras él vivió sobre la tierra se abstuvo enteramente de ejercitar este poder, despreciando la posesión y el cuidado de las cosas humanas, así también permitió, y sigue permitiendo, que los poseedores de ellas las utilicen.

La Fiesta

Cristo Rey anuncia la Verdad y esa Verdad es la luz que ilumina el camino amoroso que Él ha trazado, con su Vía Crucis, hacia el Reino de Dios. "Si, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz."(Jn 18, 37) Jesús nos revela su misión reconciliadora de anunciar la verdad ante el engaño del pecado. Así como el demonio tentó a Eva con engaños y mentiras para que fuera desterrada, ahora Dios mismo se hace hombre y devuelve a la humanidad la posibilidad de regresar al Reino, cuando cual cordero se sacrifica amorosamente en la cruz.

Esta fiesta celebra a Cristo como el Rey bondadoso y sencillo que como pastor guía a su Iglesia peregrina hacia el Reino Celestial y le otorga la comunión con este Reino para que pueda transformar el mundo en el cual peregrina.

La posibilidad de alcanzar el Reino de Dios fue establecida por Jesucristo, al dejarnos el Espíritu Santo que nos concede las gracias necesarias para lograr la Santidad y transformar el mundo en el amor. Ésa es la misión que le dejo Jesús a la Iglesia al establecer su Reino.

Se puede pensar que solo se llegará al Reino de Dios luego de pasar por la muerte pero la verdad es que el Reino ya está instalado en el mundo a través de la Iglesia que peregrina al Reino Celestial. Justamente con la obra de Jesucristo, las dos realidades de la Iglesia -peregrina y celestial- se enlazan de manera definitiva, y así se fortalece el peregrinaje con la oración de los peregrinos y la gracia que reciben por medio de los sacramentos. "Todo el que es de la verdad escucha mi voz."(Jn 18, 37) Todos los que se encuentran con el Señor, escuchan su llamado a la Santidad y emprenden ese camino se convierten en miembros del Reino de Dios.

"Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tu me has dado, porque son tuyos; y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos si están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. ...No te pido que los retires del mundo, sino que los guarde del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad." (Jn 17, 9-11.15-17)

Ésta es la oración que recita Jesús antes de ser entregado y manifiesta su deseo de que el Padre nos guarde y proteja. En esta oración llena de amor hacia nosotros, Jesús pide al Padre para que lleguemos a la vida divina por la cual se ha sacrificado: "Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros." Y pide que a pesar de estar en el mundo vivamos bajo la luz de la verdad de la Palabra de Dios. Así Jesucristo es el Rey y el Pastor del Reino de Dios, que sacándonos de las tinieblas, nos guía y cuida en nuestro camino hacia la comunión plena con Dios Amor.

EL DÍA DE ACCIÓN DE GRACIAS

En el año 1620, el barco MAYFLOWER llegó de Inglaterra a Plymouth (Massachusetts), al noreste de lo que hoy es Estados Unidos. Iban a bordo un centenar de separatistas religiosos y personas interesadas en establecer un nuevo territorio. A su llegada, un líder indígena ayudó a los peregrinos a cosechar la tierra y a sobrevivir a las inclemencias, según la versión histórica. La mitad de los pasajeros murieron por el frío o enfermedades. En noviembre de 1621, tras la primera cosecha exitosa de maíz, el gobernador del asentamiento de Plymouth, William Bradford, organizó una fiesta de celebración durante tres días en la que invitó a algunos nativos, según los escritos del cronista Edward Winslow. Ese es considerado el nacimiento del día de Acción de Gracias, como el de una comida conjunta en señal de concordia. Según los historiadores, se desconoce cómo se organizó ese encuentro, si se llegó a pronunciar la palabra ‘gracias’ y qué se comió exactamente, más allá de las menciones a ciervos y pavos en los escritos de Winslow y BradfordSteve Gimbel, un profesor de Filosofía en la Universidad de Gettysburg que ha estudiado el componente sociológico de Acción de Gracias, sostiene que hay una “mitología” alrededor de ese día. “Porque la historia la escriben los ganadores, olvidamos frecuentemente que los que están celebrando son los que en realidad fueron ayudados”.

Gimbel se refiere a la versión extendida de que el nacimiento del día de Acción de Gracias fue un “acto de generosidad de los colonos blancos” con los indígenas. “Lo que se olvida es que los americanos nativos sabían perfectamente cómo sobrevivir, eran los colonos los que tenían problemas de hambruna”, subraya. “Fue la generosidad de la gente que ya estaba allí lo que les mantuvo vivos. Así que cuando damos las gracias, lo que realmente estamos haciendo es agradecer a esa gente [los indígenas] que estaba allí para ayudarnos”. Desde los años setenta, líderes indígenas se concentran el día de Acción de Gracias en Plymouth para celebrar lo que denominan Día Nacional de Luto, una jornada de denuncia de los abusos de los colonizadores con los nativos en el conjunto del país y de debates sobre los retos actuales de esa comunidad. Tras Plymouth en 1621, las celebraciones por las buenas cosechas se repitieron en otros asentamientos en la Costa Este. El primer presidente estadounidense, George Washington, decretó en 1789 la primera proclamación de Acción de Gracias para agradecer el fin de la Guerra de Independencia entre las 13 colonias y Reino Unido. No fue hasta 1863 que el Gobierno estadounidense declaró oficialmente el último jueves de noviembre un día festivo por Acción de Gracias. En plena Guerra Civil, el presidente Abraham Lincoln instó a los estadounidenses a pedir a Dios que curara las “heridas de la nación”.

En 1939, el presidente Franklin D. Roosevelt avanzó una semana la celebración para intentar fomentar el consumo durante la Gran Depresión. Pero su cambio desató una ferviente oposición y a los dos años rectificó. “La forma en que decidimos celebrar esto es más sobre cómo nos gustaría ser que cómo realmente somos. Cuando miras la historia completa con más contexto, te das cuenta de que necesitábamos un mito fundador para olvidar nuestro pasado esclavista”, aseguró el director del documental The Pilgrims, Ric Burns, al diario The Washington Post en referencia a la proclamación del DÍA DE ACCIÓN DE GRACIAS que hizo Lincoln. El presidente defendía la unidad territorial de EE UU frente al separatismo de los Estados esclavistas del sur. ACCIÓN DE GRACIAS es una jornada de intensa celebración familiar, en algunos casos más importantes que la Navidad. La gente se felicita ese día con antelación. Las calles están vacías la tarde del jueves. Y el ritual de compartir una mesa alrededor de un pavo forma parte del ADN de este país. El agradecimiento en ese día sigue siendo un mantra oficial que vertebra el sentir estadounidense. Pero Acción de Gracias supone mucho más que ese componente de reflexión y agradecimiento. Es de los días de mayor tráfico aéreo del país. Los partidos de fútbol americano la noche del jueves reúnen a millones de personas frente a las televisiones. Y el viernes, que mucha gente se toma libre, es conocido como el Black Friday (Viernes Negro), el día de mayores descuentos comerciales.

ACCIÓN DE GRACIAS no puede entenderse sin su alimento esencial. Un 88% de los estadounidenses come pavo ese día, según un sondeo de la Federación Nacional de Pavo. Y el animal pesa cada vez más: en 1960, el pavo comercial promedio pesaba unos 7 kilos, mientras que ahora unos 13 kilos, un 81% más. También forma parte del imaginario de ACCIÓN DE GRACIAS que el presidente de Estados Unidos aparezca junto a un pavo en un acto en la Casa Blanca. La tradición se inició en 1947 con el presidente Harry Truman. Pero no fue hasta 1989, con George H. W. Bush, que empezó formalmente el ritual del perdón presidencial de un pavo.

NUESTRA SEÑORA DE LA MEDALLA MILAGROSA

El siglo 19 es un momento de cambio para la humanidad. Después del impacto de la revolución francesa, el individuo y sus derechos empezaron a ponerse por encima de la necesidad de tener como referencia permanente a Dios. El crecimiento del respeto por la persona (un objetivo digno, en sí mismo) trajo lamentablemente aparejada una tendencia hacia el materialismo, el individualismo y toda forma de mejora de la calidad de vida de las personas. Esto hizo crecer el deseo de gozar en esta vida, y olvidar o relegar los sueños de alcanzar la verdadera felicidad en el Reino de Dios. Francia es un país elegido por la Virgen, ya que allí se han desarrollado muchas de las manifestaciones más trascendentes: La MEDALLA MILAGROSA, LOURDES y LA SALETTE. Y esta trilogía ha ocurrido en una sucesión de pocas décadas a partir de lo ocurrido en la Rue de Bac.

Fueron muchas las confidencias que Sor Catalina, humilde religiosa vicentina, recibió de los labios de María Santísima, pero jamás podremos conocerlas todas, porque respecto a algunas de ellas le fue impuesto el más absoluto secreto. Pero si sabemos que le confió una misión especial, esta fue el domingo 18 de julio de 1830:

“DIOS QUIERE CONFIARTE UNA MISIÓN. TE COSTARA TRABAJO, PERO LO VENCERÁS PENSANDO QUE LO HACES PARA LA GLORIA DE DIOS. TU CONOCERÁS CUAN BUENO ES DIOS. TENDRÁS QUE SUFRIR HASTA QUE LO DIGAS A TU DIRECTOR. NO TE FALTARÁN CONTRADICCIONES, MÁS TE ASISTIRÁ LA GRACIA, NO TEMAS. HÁBLALE A TU DIRECTOR CON CONFIANZA Y SENCILLEZ, TEN CONFIANZA, NO TEMAS. VERÁS CIERTAS COSAS, DÍSELAS. RECIBIRÁS INSPIRACIONES EN LA ORACIÓN”.

La tarde del 27 de noviembre de 1830, estaba Sor Catalina haciendo su meditación en la capilla cuando le pareció oír el roce de un traje de seda, le hizo recordar la manifestación anterior. Aparece así por segunda vez la Virgen, vestida de blanco con mangas largas y túnica cerrada hasta el cuello. Cubría su cabeza un velo blanco que sin ocultar su figura caía por ambos lados hasta los pies. Cuando Catalina quiso describir su rostro solo acertó a decir que era la Virgen en su mayor belleza. Sus pies posaban sobre un globo blanco, del que únicamente se veía la parte superior, y aplastaban una serpiente verde con pintas amarillas. Sus manos elevadas a la altura del corazón sostenían otro globo pequeño de oro, coronado por una Cruz. La Virgen mantenía una actitud suplicante, como ofreciendo el globo. A veces miraba al Cielo y a veces a la tierra.

De pronto sus dedos se llenaron de anillos adornados con piedras preciosas que brillaban y derramaban su luz en todas direcciones, circundándola en este momento de tal claridad, que no era posible verla. María tenía tres anillos en cada dedo: el más grueso junto a la mano, uno de tamaño mediano en el medio, y uno más pequeño en la extremidad. De las piedras preciosas de los anillos salían rayos, que se alargaban hacia abajo y llenaban toda la parte baja. Catalina observó que algunos anillos tenían piedras preciosas que lanzaban luces más fuertes, mientras otros apenas emitían luz. Mientras Sor Catalina contemplaba a la Virgen, ella la miró y dijo a su corazón:

“ESTE GLOBO QUE VES A MIS PIES, REPRESENTA AL MUNDO ENTERO, ESPECIALMENTE FRANCIA Y A CADA ALMA EN PARTICULAR. ESTOS RAYOS SIMBOLIZAN LAS GRACIAS QUE YO DERRAMO SOBRE LOS QUE LAS PIDEN. LAS PERLAS QUE NO EMITEN RAYOS SON LAS GRACIAS DE LAS ALMAS QUE NO PIDEN”.

En este momento se apareció una forma ovalada en torno a la Virgen y en el borde interior apareció escrita la siguiente invocación: "María sin pecado concebida, ruega por nosotros, que acudimos a ti". Estas palabras formaban un semicírculo que comenzaba a la altura de la mano derecha, pasaba por encima de la cabeza de la Santísima Virgen, terminando a la altura de la mano izquierda. Sor Catalina, oyó de nuevo la voz en su interior:

"HAZ QUE SE ACUÑE UNA MEDALLA SEGÚN ESTE MODELO. TODOS CUANTOS LA LLEVEN PUESTA RECIBIRÁN GRANDES GRACIAS. LAS GRACIAS SERÁN MÁS ABUNDANTES PARA LOS QUE LA LLEVEN CON CONFIANZA".

La manifestación, entonces, dio media vuelta y quedo formado en el mismo lugar el reverso de la medalla. En él aparecía una M, sobre la cual había una Cruz descansando sobre una barra, la cual atravesaba la letra hasta un tercio de su altura, y debajo los Corazones de Jesús y de María, de los cuales el primero estaba circundado de una corona de espinas, y el segundo traspasado por una espada. En torno había doce estrellas. En el anverso de la Medalla, la M de María sostiene la Cruz de Cristo, mientras que el Sagrado Corazón de Jesús está junto al Inmaculado Corazón de María. Se empieza con esta imagen a plantear el quinto dogma de Fe Mariana: María como Corredentora, Abogada y Medianera. María, inseparable de Jesús, nos muestra que Ella sufrió místicamente lo que Su Hijo sufrió física y místicamente también.

Catalina vivió el crecimiento de la difusión de la Medalla, sabiendo que todo el mundo se preguntaba quién sería la Religiosa que tuvo la gracia de ver a la misma Madre de Dios. Se sabía que una novicia en la Rue de Bac había recibido la visita de María y el pedido de la Medalla, pero nadie conocía la identidad de la agraciada. Ella escuchaba atenta los relatos sobre los milagros que acontecían, y en silencio se regocijaba por saber que María realizaba finalmente la obra que a ella había sido encomendada.

El 31 de diciembre de 1876 Catalina a la Casa del Padre, en medio de una paz y serenidad que produjeron admiración de sus hermanas. Ella por fin pudo entrar al Reino de Dios, como su Madre Celestial le había prometido. 56 años después de la muerte de Catalina, el Cardenal Verdier hizo abrir su tumba para hacer lo que se llama "un reconocimiento de las reliquias" de la que iban a beatificar, se encontró su cuerpo tal como se lo había depositado. El doctor que levantó sus párpados, tras 56 años de entierro, sintió una intensa emoción al descubrir sus magníficos ojos azules, que parecían estar aún con vida. El cuerpo de Catalina fue trasladado entonces a la calle de Bac, donde se lo puede ver, hoy en día, en una urna de vidrio. Después de la beatificación que se realizó en 1933, Catalina fue canonizada el 27 de Julio de 1947, por Pío XII.