lunes, 26 de septiembre de 2022

LOS MISTERIOS DEL SANTO ROSARIO-MISTERIOS DOLOROSOS

Los Misterios Dolorosos se rezan los días: (martes y viernes)

PRIMER MISTERIO DOLOROSO
1-LA ORACIÓN DE JESÚS EN EL HUERTO DE GETSEMANÍ

Nos refieren los Evangelios que Jesús, terminada la Última Cena, en la que instituyó la Eucaristía y el orden sacerdotal, y dio a sus discípulos el que por antonomasia es su mandamiento: «Ámense los unos a los otros como yo los he amado», salió con ellos hacia el monte de los Olivos. Por el camino les anunció, una vez más, que eran inminentes los acontecimientos de su pasión, en los que todos le abandonarían. Llegados al huerto de Getsemaní, donde Jesús se había reunido muchas veces con sus discípulos, se apartó del grupo, tomando consigo a Pedro, Santiago y Juan, a quienes les confió, lleno de pavor y angustia: «Mi alma siente una tristeza de muerte. Quédense aquí, velando conmigo». Pero ni siquiera estos escogidos fueron capaces de acompañarle velando y orando. Jesús fue y vino repetidas veces de la oración a la compañía de sus adormecidos discípulos. A solas, muy a solas, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: «Padre mío, si es posible, que pase lejos de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya» Entonces, se le apareció un ángel venido del cielo que le confortaba. Y sumido en agonía, insistía más en su oración.

Su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que caían en tierra. “Luego volvió junto a sus discípulos y les dijo: «Ahora pueden dormir y descansar: ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense! ¡Vamos! Ya se acerca el que me va a entregar». Jesús estaba hablando todavía, cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de una multitud con espadas y palos, enviada por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había dado la señal: «Es aquel a quien voy a besar. Deténganlo». Inmediatamente se acercó a Jesús, diciéndole: «Salud, Maestro», y lo besó. Jesús le dijo: «Amigo, ¡cumple tu cometido!». Entonces se abalanzaron sobre él y lo detuvieron. Uno de los que estaban con Jesús sacó su espada e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja. Jesús le dijo: «Guarda tu espada, porque el que a hierro mata a hierro muere. ¿O piensas que no puedo recurrir a mi Padre? El pondría inmediatamente a mi disposición más de doce legiones de ángeles. Pero entonces, ¿cómo se cumplirían las Escrituras, según las cuales debe suceder así?». Y en ese momento dijo Jesús a la multitud: « ¿Soy acaso un ladrón, para que salgan a arrestarme con espadas y palos? Todos los días me sentaba a enseñar en el Templo, y ustedes no me detuvieron». Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas. Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron”. (Mt. 26-47,56)

Mucho es lo que nos ofrece este misterio para la meditación y contemplación: los profundos sentimientos de angustia y tristeza que embargaban el espíritu de Jesús, la situación de soledad y desvalimiento en que se encontró, su entera disponibilidad para cumplir la voluntad del Padre, la trágica concurrencia del amor y amistad de Jesús, la traición de Judas, el odio de las autoridades del pueblo, la cobardía y huida de los discípulos. María no estuvo aquella noche en Getsemaní. Pero, seguía ansiosa y angustiada los pasos que iba dando su Hijo, y, sin duda, alguno de los discípulos, Juan por ejemplo, iría a contarle enseguida lo ocurrido. Además, ella sabía, cuando menos, tanto como los apóstoles sobre los misterios dolorosos que Jesús les había ido anunciando, con la diferencia de que ella sí entendía y creía la palabra del Señor. También para la Virgen tuvo que ser aquélla una noche atroz de dolor y de pena, compartiendo tanto la tristeza y soledad de su Hijo, como su total adhesión a la voluntad de Dios.

SEGUNDO MISTERIO DOLOROSO
2-LA FLAGELACIÓN DE NUESTRO SEÑOR

Después del prendimiento de Jesús en el Huerto, lo llevaron a casa del Sumo Sacerdote; Pedro y otro discípulo lo fueron siguiendo, y se quedaron en el atrio. Allí empezó el proceso religioso contra Jesús, que lo condenó a muerte, por reconocer que era el Mesías de Israel y por confesar que era verdadero Hijo de Dios. Las autoridades judías no podían por sí mismas ejecutar esa sentencia; por eso, cuando amaneció, llevaron a Jesús ante el procurador romano y se lo entregaron. Pilato, al saber que Jesús era galileo y por tanto súbdito de Herodes, se lo remitió; pero éste, después de mofarse de Jesús, se lo devolvió. El relato de Lucas nos dice que Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo, y les dijo: “Ustedes me han traído a este hombre, acusándolo de incitar al pueblo a la rebelión. Pero yo lo interrogué delante de ustedes y no encontré ningún motivo de condena en los cargos de que lo acusan; ni tampoco Herodes, ya que él lo ha devuelto a este tribunal. Como ven, este hombre no ha hecho nada que merezca la muerte. Después de darle un escarmiento, lo dejaré en libertad. Pero la multitud comenzó a gritar: « ¡Que muera este hombre! ¡Suéltanos a Barrabás!». A Barrabás lo habían encarcelado por una sedición que tuvo lugar en la ciudad y por homicidio. Pilato volvió a dirigirles la palabra con la intención de poner en libertad a Jesús. Pero ellos seguían gritando: « ¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!». Por tercera vez les dijo: «¿Qué mal ha hecho este hombre? No encuentro en él nada que merezca la muerte. Después de darle un escarmiento, lo dejaré en libertad». Pero ellos insistían a gritos, reclamando que fuera crucificado, y el griterío se hacía cada vez más violento. Al fin, Pilato resolvió acceder al pedido del pueblo. Dejó en libertad al que ellos pedían, al que había sido encarcelado por sedición y homicidio, y a Jesús lo entregó al arbitrio de ellos” (Lc. 23-14,25)

Al sufrimiento del espíritu, tristeza, angustia y soledad de Getsemaní, siguió el dolor corporal y físico de la flagelación, en un contexto saturado de toda clase de vejaciones y desprecios. Entre los romanos, al flagelado que había sido condenado a muerte se le estimaba carente de todo derecho como persona y de toda consideración como humano, y quedaba totalmente a merced de los verdugos. Aunque los Evangelios no lo refieran expresamente, María, además de las referencias que le darían las personas allegadas, pudo ver a su Hijo, maltrecho y desfigurado, en alguno de sus traslados de unas a otras autoridades, y cuando Pilato lo presentó ante la muchedumbre, y cuando ésta gritó que lo crucificara... Tuvo que oír a Pilato que lo iba a castigar, que lo entregaba para que lo azotaran..., y luego ver en qué había quedado el hijo de sus entrañas. Sin duda, la espada de que le había hablado el anciano Simeón, le iba atravesando el alma.

TERCER MISTERIO DOLOROSO
3-LA CORONACIÓN DE ESPINAS

La misma noche en que prendieron a Jesús, Anás y Caifás comenzaron de inmediato su juicio. Terminados los interrogatorios y cuando ya prácticamente estaba decidida la suerte del Señor, lo entregaron a los guardias del Sanedrín para que lo custodiasen hasta que aquél, al rayar el día, empezara su reunión. Mientras tanto, los hombres que tenían preso a Jesús se burlaban de él, le escupían y le abofeteaban, y, cubriéndole con un velo, le preguntaban: “«Salud, rey de los judíos». Y escupiéndolo, le quitaron la caña y con ella le golpeaban la cabeza. Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron de nuevo sus vestiduras y lo llevaron a crucificar” Mt. 27-27, 31) María, aunque no presenciara en directo cómo infligían a su Hijo todos los ultrajes y malos tratos, tenía noticia de ellos por los momentos públicos del proceso, por las informaciones y confidencias que le llegarían, por las secuelas de los mismos que luego iba viendo... Lo que la Virgen veía u oía, lo que como madre se imaginaba o se temía con toda razón, tuvo que ser para ella un lento y cruel martirio, con el que se asociaba al sacrificio redentor de su Hijo.

CUARTO MISTERIO DOLOROSO
4-JESUCRISTO, LA CRUZ A CUESTAS Y CAMINO AL CALVARIO

Después de haberse burlado de Jesús, los soldados le quitaron el manto de púrpura que le habían echado encima, le pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle. Al salir, encontraron a un hombre de Cirene llamado Simón, y le obligaron a llevar la cruz detrás de Jesús. Lo seguía una gran multitud del pueblo y también unas mujeres que se dolían y se lamentaban por él. Jesús, volviéndose a ellas, les dijo: “¡Hijas de Jerusalén!, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos. Porque se acerca el tiempo en que se dirá: "¡Felices las estériles, felices los senos que no concibieron y los pechos que no amamantaron!" Entonces se dirá a las montañas: "¡Caigan sobre nosotros!", y a los cerros: "¡Sepúltennos!" Porque si así tratan a la leña verde, ¿qué será de la leña seca?». Con él llevaban también a otros dos malhechores, para ser ejecutados. Cuando llegaron al lugar llamado «del Cráneo», lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda” (Lc. 23-28, 33)

El Evangelio, que habla de María junto a la cruz de su Hijo, no menciona su presencia durante el camino hacia el Calvario. La cuarta estación del Vía crucis tradicional considera precisamente el encuentro de Jesús con su Madre en la calle de la amargura. Bien estuviera cerca de Jesús, en medio de la multitud, bien se mantuviera algo más retirada, lo cierto es que le acompañaba en sus dolores y sufrimientos, y sentía en su propia alma el desprecio y ultraje público de que era objeto el Hijo, y que, en definitiva, vivía con la máxima intensidad su condición de madre de aquel ajusticiado, y de corredentora de los hombres, asociada al Redentor.

QUINTO MISTERIO DOLOROSO
5-LA CRUCIFIXIÓN Y MUERTE DE JESÚS

“Cuando llegaron al lugar llamado «del Cráneo», lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Después se repartieron sus vestiduras, sorteándolas entre ellos. El pueblo permanecía allí y miraba. Sus jefes, burlándose, decían: «Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido!». También los soldados se burlaban de él y, acercándose para ofrecerle vinagre, le decían: «Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!». Sobre su cabeza había una inscripción: «Este es el rey de los judíos». Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: « ¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». Pero el otro lo increpaba, diciéndole: « ¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él? Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino». Él le respondió: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso» (Lc. 23-33, 43)

“Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa” (Jn. 19-25, 27)

El misterio de la crucifixión y muerte de Cristo da innumerables motivos para la contemplación y meditación. En la cruz muere el Justo, el Rey de los judíos, el Hijo de Dios, y Dios calla, no hace prodigios en favor de quien lo invoca como su Padre; deja que sus enemigos se sientan vencedores, que se le burlen a sus anchas, seguros en sus posiciones, con el triunfo completo y definitivo en sus manos, y con hechos y argumentos para convencer a todos. Para María, junto a la cruz se consumó la profecía de Simeón: «Y a ti una espada te atravesará el alma». Una madre hace suyos los sufrimientos del hijo. También ella debió de sentirse morir, tener la impresión de que Dios la abandonaba..., a la vez que tendría que potenciar toda su confianza y esperanza en el Padre. Para su soledad y para la ausencia definitiva del Hijo, Jesús encomendó mutuamente a la Madre y al discípulo predilecto.

SAN FRANCISCO DE ASÍS

Religioso y místico italiano, fundador de la orden franciscana. Casi sin proponérselo lideró San Francisco un movimiento de renovación cristiana que, centrado en el amor a Dios, la pobreza y la alegre fraternidad, tuvo un inmenso eco entre las clases populares e hizo de él una veneradísima personalidad en la Edad Media. La sencillez y humildad del pobrecito de Asís, sin embargo, acabó trascendiendo su época para erigirse en un modelo atemporal, y su figura es valorada, más allá incluso de las propias creencias, como una de las más altas manifestaciones de la espiritualidad cristiana. Hijo de un rico mercader llamado Pietro di Bernardone, Francisco de Asís era un joven mundano de cierto renombre en su ciudad. Había ayudado desde jovencito a su padre en el comercio de paños y puso de manifiesto sus dotes sustanciales de inteligencia y su afición a la elegancia y a la caballería. En 1202 fue encarcelado a causa de su participación en un altercado entre las ciudades de Asís y Perugia. Tras este lance, en la soledad del cautiverio y luego durante la convalecencia de la enfermedad que sufrió una vez vuelto a su tierra, sintió hondamente la insatisfacción respecto al tipo de vida que llevaba y se inició su maduración espiritual.

Poco después, en la primavera de 1206, tuvo San Francisco su primera visión. En el pequeño templo de San Damián, medio abandonado y destruido, oyó ante una imagen románica de Cristo una voz que le hablaba en el silencio de su muda y amorosa contemplación: "Ve, Francisco, repara mi iglesia. Ya lo ves: está hecha una ruina". Esta acción desató la ira de su padre; si antes había censurado en su hijo cierta tendencia al lujo y a la pompa, Pietro di Bernardone vio ahora en aquel donativo una ciega prodigalidad en perjuicio del patrimonio que tantos sudores le costaba. Por ello llevó a su hijo ante el obispo de Asís a fin de que renunciara formalmente a cualquier herencia. La respuesta de Francisco fue despojarse de sus propias vestiduras y restituirlas a su progenitor, renunciando con ello, por amor a Dios, a cualquier bien terrenal. El 24 de febrero de 1209, en la pequeña iglesia de la Porciúncula y mientras escuchaba la lectura del Evangelio, Francisco escuchó una llamada que le indicaba que saliera al mundo a hacer el bien: el eremita se convirtió en apóstol y, descalzo y sin más atavío que una túnica ceñida con una cuerda, pronto atrajo a su alrededor a toda una corona de almas activas y devotas. Las primeras (abril de 1209) fueron Bernardo de Quintavalle y Pedro Cattani, a los que se sumó, tocado su corazón por la gracia, el sacerdote Silvestre; poco después llegó Egidio.

Hacia 1210, tras recibir a Francisco y a un grupo de once compañeros suyos, el papa Inocencio III aprobó oralmente su modelo de vida religiosa, le concedió permiso para predicar y lo ordenó diácono. Con el tiempo, el número de sus adeptos fue aumentando y Francisco comenzó a formar una orden religiosa, llamada actualmente franciscana o de los franciscanos. Además, con la colaboración de Santa Clara, fundó la rama femenina de la orden, las Damas Pobres, más conocidas como las clarisas. Años después, en 1221, se crearía la orden tercera con el fin de acoger a quienes no podían abandonar sus obligaciones familiares. Hacia 1215, la congregación franciscana se había ya extendido por Italia, Francia y España; ese mismo año el Concilio de Letrán reconoció canónicamente la orden, llamada entonces de los Hermanos Menores. Por esos años trató San Francisco de llevar la evangelización más allá de las tierras cristianas, pero diversas circunstancias frustraron sus viajes a Siria y Marruecos; finalmente, entre 1219 y 1220, posiblemente tras un encuentro con Santo Domingo de Guzmán, predicó en Siria y Egipto; aunque no logró su conversión, el sultán Al-Kamil quedó tan impresionado que le permitió visitar los Santos Lugares.

A su regreso, a petición del papa Honorio III, compiló por escrito la regla franciscana, de la que redactó dos versiones (una en 1221 y otra más esquemática en 1223, aprobada ese mismo año por el papa) y entregó la dirección de la comunidad a Pedro Cattani. La dirección de la orden franciscana no tardó en pasar a los miembros más prácticos, como el cardenal Ugolino (el futuro papa Gregorio IX) y el hermano Elías, y San Francisco pudo dedicarse por entero a la vida contemplativa. Durante este retiro, San Francisco de Asís recibió los estigmas (las heridas de Cristo en su propio cuerpo); según testimonio del mismo santo, ello ocurrió en septiembre de 1224, tras un largo periodo de ayuno y oración, en un peñasco junto a los ríos Tíber y Arno. Aquejado de ceguera y fuertes padecimientos, pasó sus dos últimos años en Asís, rodeado del fervor de sus seguidores. Sus sufrimientos no afectaron su profundo amor a Dios y a la Creación: precisamente entonces, hacia 1225, compuso el maravilloso poema Cántico de las criaturas o Cántico del hermano sol, que influyó en buena parte de la poesía mística española posterior. San Francisco de Asís falleció el 3 de octubre de 1226. En 1228, apenas dos años después, fue canonizado por el papa Gregorio IX, que colocó la primera piedra de la iglesia de Asís dedicada al santo. La festividad de San Francisco de Asís se celebra el 4 de octubre.

¿QUÉ ES LA LITURGIA?

La palabra Liturgia viene del griego (
LEITOURGIA) y quiere decir servicio público, generalmente ofrecido por un individuo a la comunidad. Hoy se usa para designar todo el conjunto de la oración pública de la Iglesia y de la celebración sacramental. Significa originariamente "obra o quehacer público", "servicio de parte de y en favor del pueblo". En la tradición cristiana quiere significar que el Pueblo de Dios toma parte en "la obra de Dios" (cf. Jn 17,4). Por la liturgia, Cristo, nuestro Redentor y Sumo Sacerdote, continúa en su Iglesia, con ella y por ella, la obra de nuestra redención.

La Liturgia, obra de Cristo, es también una acción de su Iglesia. Realiza y manifiesta la Iglesia como signo visible de la comunión entre Dios y de los hombres por Cristo. Introduce a los fieles en la Vida nueva de la comunidad. Implica una participación consciente, activa y fructífera de todos. La Liturgia es también participación en la oración de Cristo, dirigida al Padre en el Espíritu Santo. En ella toda oración cristiana encuentra su fuente y su término. Por la liturgia el hombre interior es enraizado y fundado (cf Ef 3,16-17) en "el gran amor con que el Padre nos amó" (Ef 2,4) en su Hijo Amado.

Es la misma "maravilla de Dios" que es vivida e interiorizada por toda oración, "en todo tiempo, en el Espíritu" (Ef 6,18). En la Liturgia terrena pregustamos y participamos en aquella liturgia celestial que se celebra en la ciudad santa, Jerusalén, hacia la cual nos dirigimos como peregrinos, donde Cristo está sentado a la derecha del Padre, como ministro del santuario y del tabernáculo verdadero; cantamos un himno de gloria al Señor con todo el ejército celestial; venerando la memoria de los santos, esperamos participar con ellos y acompañarlos; aguardamos al Salvador, nuestro Señor Jesucristo, hasta que El se manifieste, y nosotros nos manifestamos con El en la gloria.

En esta dispensación sacramental del misterio de Cristo, el Espíritu Santo actúa de la misma manera que en los otros tiempos de la Economía de la salvación: prepara la Iglesia para el encuentro con su Señor, recuerda y manifiesta a Cristo a la fe de la asamblea; hace presente y actualiza el misterio de Cristo por su poder transformador; finalmente, el Espíritu de comunión une la Iglesia a la vida y a la misión de Cristo.

El Espíritu Santo realiza en la economía sacramental las figuras de la Antigua Alianza. Puesto que la Iglesia de Cristo estaba preparada maravillosamente en la historia del pueblo de Israel y en la Antigua Alianza, la Liturgia de la Iglesia conserva como una parte integrante e irremplazable, haciéndolos suyos, algunos elementos del culto de la Antigua Alianza: – principalmente la lectura del Antiguo Testamento; – la oración de los Salmos; – y sobre todo la memoria de los acontecimientos salvíficos y de las realidades significativas que encontraron su cumplimiento en el misterio de Cristo (la Promesa y la Alianza; el Éxodo y la Pascua, el Reino y el Templo; el Exilio y el Retorno).

Por eso la Iglesia, especialmente durante los tiempos de Adviento, Cuaresma y sobre todo en la noche de Pascua, relee y revive todos estos acontecimientos de la historia de la salvación en el "hoy" de su Liturgia. Pero esto exige también que la catequesis ayude a los fieles a abrirse a esta inteligencia "espiritual" de la Economía de la salvación, tal como la Liturgia de la Iglesia la manifiesta y nos la hace vivir. Un mejor conocimiento de la fe y la vida religiosa del pueblo judío tal como son profesadas y vividas aún hoy, puede ayudar a comprender mejor ciertos aspectos de la Liturgia cristiana. Para los judíos y para los cristianos la Sagrada Escritura es una parte esencial de sus respectivas liturgias: para la proclamación de la Palabra de Dios, la respuesta a esta Palabra, la adoración de alabanza y de intercesión por los vivos y los difuntos, el recurso a la misericordia divina.

La relación entre liturgia judía y liturgia cristiana, pasa también la diferencia de sus contenidos, son particularmente visibles en las grandes fiestas del año litúrgico como la Pascua. Los cristianos y los judíos celebran la Pascua: Pascua de la historia, orientada hacia el porvenir en los judíos; Pascua realizada en la muerte y la resurrección de Cristo en los cristianos, aunque siempre en espera de la consumación definitiva. En la Liturgia de la Nueva Alianza, toda acción litúrgica, especialmente la celebración de la Eucaristía y de los sacramentos es un encuentro entre Cristo y La Asamblea debe prepararse para encontrar a su Señor, debe ser "un pueblo bien dispuesto".

Esta preparación de los corazones es la obra común del Espíritu Santo y de la Asamblea, en particular de sus ministros. La gracia del Espíritu Santo tiende a suscitar la fe, la conversión del corazón y la adhesión a la voluntad del Padre. Estas disposiciones preceden a la acogida de las otras gracias ofrecidas en la celebración misma y a los frutos de vida nueva que está llamada a producir.

El Espíritu Santo es quien da a los lectores y a los oyentes, según las disposiciones de sus corazones, la inteligencia espiritual de la Palabra de Dios. A través de las palabras, las acciones y los símbolos que constituyen la trama de una celebración, el Espíritu Santo pone a los fieles y a los ministros en relación viva con Cristo, Palabra e Imagen del Padre, a fin de que puedan hacer pasar a su vida el sentido de lo que oyen, contemplan y realizan en la celebración.

El término ANÁMNESIS es utilizado por los teólogos y los liturgistas de la religión cristiana para indicar la parte del canon plegaria eucarística, que sigue al relato de la institución y manifiesta la intención de celebrar la eucaristía según la orden del Señor, en memoria suya. La celebración litúrgica se refiere siempre a las intervenciones salvíficas de Dios en la historia. El plan de la revelación se realiza por obras y palabras intrínsecamente ligadas; las palabras proclaman las obras y explican su misterio. En la Liturgia de la Palabra, el Espíritu Santo "recuerda" a la Asamblea todo lo que Cristo ha hecho por nosotros. Según la naturaleza de las acciones litúrgicas y las tradiciones rituales de las Iglesias, una celebración "hace memoria" de las maravillas de Dios en una Anámnesis más o menos desarrollada. El Espíritu Santo, que despierta así la memoria de la Iglesia, suscita entonces la acción de gracias y la alabanza.

La liturgia mozárabe (española). Tuvo su momento de esplendor en la época visigoda, (siglo VII). Empezó a ser fuertemente reprimida por la romana hacia el siglo XI y sólo subsiste hoy en un par de capillas (Toledo y Oviedo) como una "reliquia histórica". La liturgia ambrosiana o milanesa. Remonta sus orígenes a San Ambrosio (siglo IV) y aunque poco a poco fue romanizándose, todavía ha llegado a nuestros días vigente en la diócesis de Milán y algunas zonas vecinas. La liturgia antigua galicana (Francia). De ella conservamos el libro litúrgico más antiguo de la iglesia latina (siglo V). Tuvo un poderoso influjo oriental. Vivió una especie de renacimiento en los siglos XVII y XVIII en diversas liturgias regionales como la de Lyon. La liturgia celta. Surgió en los pueblos de origen celta del occidente europeo. Está bastante relacionada con e influida por la galicana.

En Inglaterra desapareció ya en el siglo VII bajo el influjo romanizado de los benedictinos. En la Bretaña francesa se mantuvo hasta el siglo IX y subsistió hasta el siglo XII en Irlanda. Todas estas y algunas otras de menor importancia fueron absorbidas por la Liturgia romana. Muy frecuentemente en vez de llamarla "romana" se utiliza o se ha utilizado las expresiones "liturgia latina" o mucho más "rito latino". 

Como el Breviario y el Misal no tenían carácter obligatorio en el caso de que existiesen tradiciones, otros ritos diferentes con una antigüedad superior a los 200 años, pudieron conservarse bastantes costumbres locales, aunque fueron pocas las que subsistieron a la corriente romanizadora del siglo XIX. Entre las que se conservaron citemos las de las diócesis de Braga (Portugal), Lyon (Francia) y las liturgias propias de algunas órdenes religiosas (Cartujos, Cistercienses, Premostratenses, Carmelitas, Dominicos...) 

A mediados del siglo XX comienza una renovación litúrgica cuyos pasos fundamentales fueron la reestructuración de la Semana Santa y el nuevo rito de la Vigilia Pascual (recordemos que la conmemoración de la resurrección se adelantaba al sábado santo por la mañana y que en aquella época no se permitían las misas vespertinas... Por eso hace medio siglo en toda Europa y también América los grandes estrenos teatrales tenían lugar el Sábado de Gloria al anochecer, ya que ya había terminado la Cuaresma y el Señor ya había resucitado).

Notemos en el pontificado de Pío XII (1939-1958), además de la MEDIATOR DEI, la aprobación de numerosos rituales con textos y cantos en los idiomas vernáculos, la nueva traducción del salterio a partir del texto original hebreo, la renovación de la Vigilia Pascual y de las ceremonias de la Semana Santa, la simplificación de las rúbricas, el permiso de las misas vespertinas y la simplificación del ayuno eucarístico.

Juan XXIII encomendó al Vaticano II que decidiera sobre las líneas fundamentales de una futura reforma general de la liturgia. El Concilio Vaticano II con la "Sacrosantum Concilium" inició un período todavía no terminado de grandes reformas litúrgicas (uso de los idiomas vulgares, reestructuración de la práctica de los sacramentos, con una gran descentralización que puede llevar a la creación de nuevos tipos de liturgias, pensemos en los pueblos africanos, adaptados a la vida moderna).

YOM KIPUR

Yom Kipur es la conmemoración judía del Día de la Expiación, perdón y del arrepentimiento de corazón o de un arrepentimiento sincero. Son diez días de arrepentimiento. Es uno de los Yamim Noraim (en hebreo, «Días Terribles»). Ellos comprenden Rosh Hashaná (Año Nuevo Judío), diez días del arrepentimiento, y su culminación, con el Yom Kipur. En el calendario hebreo, Yom Kipur comienza en el anochecer del noveno día del mes de Tishrei y continúa hasta el anochecer del siguiente día.

Yom Kipur es el día judío del arrepentimiento, considerado el día más santo y más solemne del año. Su tema central es la expiación y la reconciliación. La comida, la bebida, el baño o cualquier tipo de limpieza corporal como el lavado de dientes, la utilización de cuero, el untamiento de cremas o bálsamos en el cuerpo y las relaciones conyugales están prohibidas. El ayuno empieza en el ocaso y termina al anochecer del día siguiente. Los servicios de oración de Yom Kipur comienzan con la oración conocida como Kol Nidre, que debe ser recitada antes de la puesta del sol.

El Kol Nidre (en arameo «todos los votos») es una abrogación pública de votos religiosos hechos por judíos durante el año precedente. Esto sólo concierne a los votos incumplidos hechos entre la persona y Dios, y no anula votos hechos a otras personas.

El culto de Ne'ilah es un culto especial que se celebra sólo durante el día de Yom Kipur, y marca el cierre de las fiestas. Yom Kipur culmina con el sonar del shofar, que marca la conclusión del ayuno. Siempre se observa como un día festivo, tanto dentro como fuera de los límites de la Tierra de Israel.

BUNO EL DEMONIO MUDO

Pocos grimorios antiguos y libros prohibidos de la Edad Media reparan en él. BUNO, así se llama nuestro demonio de hoy, fue asimilado a los cultos tártaros mongoles que Europa conoció, y padeció, a través de su paso por Turquía. Algunos tratados demonológicos prefieren ver a este demonio a un desconcertante enviado del Tártaro: el sótano del infierno de la mitología griega, donde, según Homero, habitaban los héroes y los dioses vencidos, y que para Virgilio era la casa de las Furias, Erinias y Euménides. Una confirmación de las funciones de intermediario o mensajero de BUNO aparece en un artículo de la Enciclopedia Británica, donde se nos informa que la palabra Tártaro, en la Estambul de los siglos XVII y XVIII, aludía coloquialmente a los carteros. Para completar la ambigüedad que rodea al pobre demonio, podemos añadir que es mudo y que se comunica utilizando un lenguaje de por señas. Paradójicamente, su afasia no le impidió convertirse en protector de leguleyos, rapsodas, y oradores, ya que se caracteriza por otorgar a sus devotos el don de la elocuencia.

lunes, 19 de septiembre de 2022

¿ERRORES Y CONTRADICCIONES EN LA BIBLIA?

Para comprender la verdad en la Biblia, ante todo hay que partir de un presupuesto fundamental: existe siempre una absoluta armonía entre la verdad revelada (es decir, la que encontramos en la Biblia) y la verdad natural (la que encontramos en la naturaleza). Nunca puede haber contradicción entre las cosas que conocemos mediante la fe (leyendo el libro de la Biblia) y las que conocemos con la razón (leyendo el "libro" de la naturaleza). Porque tanto las verdades que hallamos en la creación como las que descubrimos en la Escritura proceden del mismo Dios. Y Dios no puede contradecirse. Hecha esta aclaración, podemos presentar ahora algunos principios, tal como los encontramos en la Constitución Dei Verbum, para solucionar los supuestos errores de la Biblia. Ningún lector puede dejar de tenerlos en cuenta, ya que la misma Dei Verbum afirma: Es deber de los exegetas el trabajar según estas reglas para entender y exponer más profundamente el sentido de la Sagrada Escritura (nº 12c).

Las verdades que la Biblia enseña son las referidas a nuestra salvación. La Biblia no es libro de ciencias naturales, sino de religión. Sus autores no son astrónomos, ni matemáticos, ni geólogos, sino catequistas y teólogos, que tratan de expresar con un lenguaje fácil y adaptado a los lectores de su tiempo, las verdades fundamentales de la salvación. La única sabiduría, que hay que buscar en la Biblia, es la que se refiere a nuestra salvación. Como dice la Segunda carta a Timoteo: Desde niño conoces las Sagradas Letras, que pueden darte la sabiduría que lleva a la salvación (2Tim 3, 15). Por lo tanto, cuando la Biblia sostiene, por ejemplo, que "el Sol se detuvo y la Luna se paró" (Jos 1, 12), como no pretende enseñar astronomía, no afecta para nada la veracidad bíblica. Cuando afirma que la liebre es un animal rumiante (Lev 11, 6), no tiene en vista que aprendamos zoología. Y cuando dice que Nabucodonosor era rey de Nínive (Judit 1, 1), no pretende darnos una lección de historia.

Ninguna de estas afirmaciones sirven para nuestra salvación, y no pertenecen estrictamente al ámbito teológico, no debemos tomarlas como enseñanzas bíblicas. De este modo desaparecen todas las objeciones que puedan hacerse a la Biblia en el campo de la astronomía, la antropología, la historia, la zoología, la matemática, o de cualquier otra rama de las ciencias. Para entender correctamente un texto bíblico hay que tener en cuenta la intención de los autores. Este segundo principio se encuentra en la Dei Verbum Nº 12a, y es uno de los más importantes de la exégesis moderna. Quiere expresar que, cuando una frase de la Biblia tiene varios significados, el correcto no es el más lindo, ni el que más me guste, ni siquiera el más profundo, sino aquel que quiso darle el autor.

Un ejemplo puede ilustrar lo que decimos. Es sabido que las últimas palabras del famoso poeta alemán Goethe antes de morir fueron ¡Más luz! ¿Qué quiso decir con ellas? Podrían referirse a la luz de la vida eterna, que veía acercarse. O podrían aludir a la fama que esperaba tener a partir de su muerte. O podrían significar que estaba llegando a la luz de la Verdad. O podrían significar, simplemente, que le abrieran las ventanas de su habitación porque estaba muy oscuro. Esta última es una interpretación más banal, pero perfectamente posible. Y si el poeta moribundo hubiera querido decir que estaba incómodo en la oscuridad de su lecho, ¿tendríamos derecho a buscar una interpretación más profunda? Nosotros nos sentimos comprendidos cuando han entendido lo que queremos decir, no cuando alguien descubre y añade un sentido más profundo a nuestras palabras.

Es conocido el cuento de aquel estudioso bíblico que estaba comentando el Evangelio de Juan. Y al llegar a la pasión de Jesús leyó al final de una página: Los guardias encendieron fuego en medio del patio y se sentaron alrededor. Pedro se sentó con ellos... Entonces el comentarista empezó a preguntarse por qué Pedro se sentaría aquella noche junto al fuego. Y encontró varias razones: 1ª razón, porque el fuego es símbolo del Espíritu Santo; 2ª razón, porque es signo de unidad; 3ª razón, porque representa el amor; 4ª razón, porque significa la pureza del corazón... Y así, encontró 24 razones. Entonces pasó la página y siguió leyendo: ...para calentarse. Y jubiloso, por haber encontrado otra razón, anotó: 25ª razón: para calentarse. Lo correcto no es, lo que uno puede "hallar" en un texto, sino, ante todo, lo que el autor quiso decir en él. Si se tuviera en cuenta este importante principio, se evitarían muchas conclusiones absurdas.

Por ejemplo, los Testigos de Jehová prohíben la donación de sangre, porque en Levítico 17, 10-11 se dice: Si alguno come sangre yo lo exterminaré, porque la vida de la carne está en la sangre. Pero, el autor del Levítico, ¿pensaba realmente en las transfusiones de sangre al dar aquella prescripción? Los mormones impiden a sus seguidores tomar café, porque cuando Jesús estaba moribundo en la cruz rechazó el vino con mirra que le ofrecieron (Mc 15, 23), bebida estimulante al igual que el café. Pero, ¿la intención de Marcos al narrar ese episodio era prohibir a los cristianos beber café? Ciertas sectas evangélicas prohíben a sus miembros festejar el cumpleaños, porque Isaías dice: No tolero las reuniones de fiesta, detesto las celebraciones (1, 13-14). Pero, ¿quería Isaías referirse a las celebraciones de cumpleaños?

¿Cómo hacer para descubrir lo que el autor bíblico quiso decir? Para descubrir la intención del autor hay que tener en cuenta, entre otras cosas, los géneros literarios. Pues la verdad se propone y se expresa de modo diverso en obras de índole histórica, en libros proféticos o poéticos, o en otros géneros literarios. Como hemos visto, los géneros literarios son las diversas maneras que un escritor tiene de expresarse. Son como el "ropaje" de un texto. Y en esta forma o manera de expresarse, cada género literario tiene sus reglas, o características propias. Una verdad puede ser expresada de distinta manera según el género literario utilizado, que puede ser un relato histórico (como, por ejemplo, la ascensión al trono por parte de David), un libro didáctico (como el de Jonás), una novela (como Judit), o una parábola de Jesús.

Por eso, ante una determinada narración no debemos decir: "¿Ocurrió esto en verdad? Porque si no sucedió, no lo creo". Porque esa narración puede pertenecer al género de la novela, al relato sapiencial, al poético o a cualquier otro, sin que la verdad de la enseñanza de la narración se vea afectada. La Palabra de Dios, pues, no se ata a un solo y único género literario. Algunos casos que hay que tener especialmente en cuenta son la forma de expresar los conceptos abstractos, los relatos sapienciales con apariencia histórica y los relatos etnográficos. Para descubrir el sentido exacto de los textos sagrados hay que tener en cuenta toda la Biblia. Este tercer criterio lo encontramos en la Dei Verbum nº 12c. Significa que, para saber lo que enseña la Biblia sobre determinado tema, no basta con leer un versículo, o un párrafo, y ni siquiera un libro, sino que hay que tener en cuenta qué dice toda la Biblia sobre ese tema. La verdad de la Biblia no está en determinada frase o versículo, sino en la totalidad de la misma.

Por consiguiente, un libro puede aclarar lo dicho por otro anterior, puede completarlo, o puede corregirlo. No se debe tomar, una frase bíblica aislada del contexto, separada (como muchas veces hacen los miembros de algunas sectas), y tenerla como irrefutable. Si uno tomara frases sueltas, podría llevarse varias sorpresas: por ejemplo, que la Biblia enseña que no hay resurrección después de la muerte (Ecl 3, 19-20; Sab 2, 3); que la vida es absurda y sin sentido (Sab 2, 2); que la mujer es un ser abyecto y despreciable (Ecl 7, 25-26; Ecl 42, 12-14); que lo único que cuenta en esta vida es el comer y el beber (Is 22, 13b); que fomenta la orgía y la mala vida (Sab 2, 6-9); que está bien cometer injusticias (Sab 2, 10), y rebelarse contra las autoridades legítimas (Lc 1, 52). Incluso podemos hacerle decir a la Biblia que... ¡Dios no existe! (Sal 13, 1). Por supuesto, todas estas frases están sacadas de contexto. Si ampliamos la mirada, veremos que el sentido es otro. Si queremos saber qué enseña realmente la Biblia sobre la resurrección, la mujer, las autoridades, o cualquier otro tema, se debe tomar la Biblia en su totalidad.

Ariel Alvarez Valdés
Biblista

LA LEYENDA DE LA PRIMAVERA

Hace mucho tiempo, la Tierra vivía bajo el peso constante del invierno. Sus montes estaban permanentemente nevados y la escarcha quemaba los brotes tiernos de las plantas de los prados. Los hombres conseguían con dificultad el sustento y la vida resultaba sumamente dura. Sucedió entonces que un aguerrido príncipe inca llamado 
SUMAC, decidió luchar contra la naturaleza e invocar a INTI, EL DIOS SOL, para que calentara la Tierra con mayor vigor. Acompañado por hábiles expedicionarios, se dirigió a la cima de las montañas. Durante el peligroso trayecto, muchos de los jóvenes quedaron atrás, y los pocos que siguieron fueron sorprendidos por una tormenta de nieve que bloqueó los caminos, sumiéndolos en la desesperación.

– “Los dioses no nos ayudan, SUMAC, manifestó uno de los hombres al príncipe.
– “Abandonemos esta empresa”.

Pero SUMAC no conocía ni el miedo ni el cansancio; siguió trepando por las cornisas estrechas y congeladas hasta llegar al pico más alto de la montaña. Entonces, con los brazos extendidos, invocó a INTI:

– “Aparece, ¡oh, Señor! y devuelve la vida a nuestra Tierra dormida”.

Diciendo esto, con gran esfuerzo, apartó con las manos, las nubes que tapaban el brillo del sol. Las nubes se deslizaron y permitieron que los rayos del sol despertaran los brotes de la tierra; la nieve derretida comenzó a caer por las laderas hasta llegar a los valles, y éstos, humedecidos, se llenaron de frutos jóvenes. Había nacido la primavera. Desde entonces, aparece una vez por año entre los hombres para despertar a INTI de su sueño invernal con su llegada.

SAN MIGUEL ARCANGEL

Es uno de los siete arcángeles y está entre los tres cuyos nombres aparecen en la Biblia. Los otros dos son Gabriel y Rafael. La Santa Iglesia da a San Miguel el más alto lugar entre los arcángeles y le llama "Príncipe de los espíritus celestiales""Jefe o cabeza de la milicia celestial". Ya desde el Antiguo Testamento aparece como el gran defensor del pueblo de Dios contra el demonio y su poderosa defensa continúa en el Nuevo Testamento. Muy apropiadamente, es representado en el arte como el ángel guerrero, el conquistador de Lucifer, poniendo su talón sobre la cabeza del enemigo infernal, amenazándole con su espada, traspasándolo con su lanza, o presto para encadenarlo para siempre en el abismo del infierno. La cristiandad desde la Iglesia primitiva venera a San Miguel como el ángel que derrotó a Satanás y sus seguidores y los echó del cielo con su espada de fuego. Es tradicionalmente reconocido como el guardián de los ejércitos cristianos contra los enemigos de la Iglesia y como protector de los cristianos contra los poderes diabólicos, especialmente a la hora de la muerte. El mismo nombre de Miguel, nos invita a darle honor, ya que es un clamor de entusiasmo y fidelidad. Significa "Quién como Dios". Satanás tiembla al escuchar su nombre, ya que le recuerda el grito de noble protesta que este arcángel manifestó cuando se rebelaron los ángeles. San Miguel manifestó su fortaleza y poder cuando peleó la gran batalla en el cielo.

Por su celo y fidelidad para con Dios gran parte de la corte celestial se mantuvo en fidelidad y obediencia. Su fortaleza inspiró valentía en los demás ángeles quienes se unieron a su grito de nobleza: "¡¿Quién como Dios?!" Desde ese momento se le conoce como el capitán de la milicia de Dios, el primer príncipe de la ciudad santa a quien los demás ángeles obedecen. En el Antiguo Testamento, San Miguel aparece como el guardián de la nación hebrea. En el libro de Daniel, Dios envía a San Miguel para asegurarle a Daniel su protección: "Y ahora volveré a luchar con el príncipe de Persia...Nadie me presta ayuda para esto, excepto Miguel, vuestro príncipe, mi apoyo para darme ayuda y sostenerme" Daniel 10-13. "En aquel tiempo surgirá Miguel, el gran príncipe que defiende a los hijos de tu pueblo" Daniel 12-1. El pueblo del profeta eran los judíos. Por lo tanto, es aceptado que el ángel que el Señor había asignado a los Israelitas en los días de Moisés, para guiarles a través del desierto y llevarlos por las naciones idólatras que destruiría por medio de ellos, es el mismo San Miguel.

En el libro del Exodo el Señor dijo a los Israelitas: “He aquí que yo voy a enviar un ángel delante de ti, para que te guarde en el camino y te conduzca al lugar que te tengo preparado. Pórtate bien en su presencia y escucha su voz: no le seas rebelde, que no perdonara vuestras transgresiones, pues en el esta mi Nombre. si escuchas atentamente su voz y haces todo lo que yo diga, tus enemigos serán mis enemigos y tus adversarios mis adversarios. Mi ángel caminara delante de ti y te introducirá en el país de los amorreos, de los hititas, de los perizitas, de los cananeos, de los jivitas y de los jebuseos; y yo los exterminaré. No te postrarás ante sus dioses, ni les darás culto, ni imitaras su conducta; al contrario, los destruirás por completo y romperás sus estelas. Vosotros daréis culto a Yahveh, vuestro Dios”.
Ex 23-20.

Después de la muerte de Moisés, según la tradición judía, San Miguel altercaba con el diablo disputándose el cuerpo de Moisés. En obediencia al mandato de Dios, San Miguel escondió la tumba de Moisés, ya que la gente y también Satanás querían exponerla para llevar a los Israelitas al pecado de idolatría. San Miguel recibió de Dios el encargo de llevar a término sus designios de misericordia y justicia para su pueblo escogido. Vemos como Judas Macabeos antes de iniciar cualquier batalla en defensa de la ley y del Templo clamaba la ayuda de San Miguel y le confiaban su defensa:

“En cuanto los hombres de Macabeos supieron que Lisias estaba sitiando las fortalezas, comenzaron a implorar al Señor con gemidos y lagrimas, junto con la multitud, que enviase un ángel bueno para salvar a Israel.... Cuando estaban cerca de Jerusalén apareció poniéndose al frente de ellos un jinete vestido de blanco, blandiendo armas de oro. Todos a una bendijeron entonces a Dios misericordioso y sintieron enardecerse sus ánimos” 2 Mac. 11-6

“Tu, soberano, enviaste tu ángel a Exequías, rey de Juda, que dio muerte a cerca de ciento ochenta y cinco mil hombres del ejercito de Senaquerib. Ahora también, Señor de los cielos, envía un ángel bueno delante de nosotros para infundir el temor y el espanto. ¡Que el poder de tu brazo hiera a los que han venido blasfemando a atacar a tu pueblo santo!” 2 Mac. 15-22

En la actualidad, los judíos invocan al Arcángel Miguel como el principal defensor de la sinagoga y como protector contra sus enemigos. En la fiesta de la expiación concluyen sus oraciones diciendo: "Miguel, príncipe de misericordia, ora por Israel". La posición de San Miguel es también muy importante en el Nuevo Testamento donde continúa su poderosa defensa.  Con sus ángeles, el libra la batalla victoriosa contra Satanás y los ángeles rebeldes, los cuales son arrojados del infierno.  Es por eso venerado como guardián de la Iglesia.

"Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus Angeles combatieron con el Dragón. También el dragón y sus ángeles combatieron pero no prevalecieron y no hubo ya en cielo lugar para ellos. Y fue arrojado el gran Dragón, la serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero" Apocalipsis 12,7-9

Se nos enseña en la Tradición que San Miguel preside el culto de adoración que se rinde al Altísimo y ofrece a Dios las oraciones de los fieles simbolizadas por el incienso que se eleva ante el altar. La liturgia nos presenta a San Miguel como el que lleva el incienso y esta de pie ante el altar como nuestro intercesor y el portador de las oraciones de la Iglesia ante el Trono de Dios. 

¿QUÉ ES ROSH HASHANA?

De acuerdo con la tradición judía,
ROSH HASHANA es el día de la creación del primer ser humano sobre la faz de la Tierra y es a partir de esta celebración cuando se cuentan los años. Al respecto, los sabios explican que desde su creación, se le confirió al hombre el don del libre albedrío, la responsabilidad por su propio desarrollo y por plasmar el orden moral en el mundo. La celebración comienza al anochecer de la víspera. Uno de los momentos más importantes de ROSH HASHANA está dado por el toque del SHOFAR, un antiguo instrumento fabricado con el cuerno de carnero. El término hebreo “shofar” comparte su raíz con el verbo “leshaber”, que significa “mejorar”. Se trata de un sonido cuyo fin es estremecer, despertar la conciencia y llamar a revisar las acciones personales, con el objetivo de mejorar. La tradición sostiene que sólo a partir de ser mejores personas –tras haber hecho el TIKÚN ATZMÍ, la “reparación personal”, podemos hacer “tikún OLAM”, “la reparación del mundo”

ROSH HASHANA (Comienzo del Año), junto con YOM KIPPUR (Día del Perdón), forman en la tradición judía una unidad llamada YAMIM NORAIM (Días Terribles), por ser el momento en que Dios juzga al mundo y decreta lo que sucederá en el transcurso del nuevo año. ROSH HASHANA se celebra el 1º y 2º día de Tishrei (7º mes del calendario hebreo). A diferencia de otros calendarios, el hebreo es lunisolar, es decir, que se basa tanto en el ciclo de la Tierra alrededor del Sol (año), como en el de la Luna al rodear a la Tierra (mes). Este calendario se basa en un complejo algoritmo que permite predecir las fechas exactas de luna nueva, así como las distintas estaciones del año, basándose en cálculos matemáticos y astronómicos.

lunes, 12 de septiembre de 2022

¿QUÉ NOS ENSEÑA LA BIBLIA ACERCA DE LA REENCARNACIÓN?-Segunda Parte

Según esta novedosa creencia, al morir una persona, recupera la vida inmediatamente. Pero no en la tierra, sino en otra dimensión llamada
“la eternidad”. Y comienza a vivir una vida distinta, sin límites de tiempo ni espacio. Una vida que ya no puede morir más. Es la denominada Vida Eterna. Esta enseñanza aparece por primera vez, en la Biblia, en el libro de Daniel. Allí, un ángel le revela este gran secreto: “La multitud de los que duermen en la tumba se despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la vergüenza y el horror eterno” (12,2). Por lo tanto, queda claro que el paso que sigue inmediatamente a la muerte es la Vida Eterna, la cual será dichosa para los buenos y dolorosa para los pecadores. Pero será eterna. La segunda vez que la encontramos, es en un relato en el que el rey Antíoco IV de Siria tortura a siete hermanos judíos para obligarlos a abandonar su fe. Mientras moría el segundo, dijo al rey: “Tú nos privas de la vida presente, pero el Rey del mundo a nosotros nos resucitará a una vida eterna” (2 Mac 7,9). Y al morir el séptimo exclamó: “Mis hermanos, después de haber soportado una corta pena, gozan ahora de la vida eterna” (2 Mac 7,36).

Para el Antiguo Testamento, resulta imposible volver a la vida terrena después de morir. Por más breve y dolorosa que haya sido la existencia humana, luego de la muerte comienza la resurrección. Jesucristo, con su autoridad de Hijo de Dios, confirmó oficialmente esta doctrina. Con la parábola del rico Epulón (Lc 16,19.31), contó cómo al morir un pobre mendigo llamado Lázaro los ángeles lo llevaron inmediatamente al cielo. Por aquellos días murió también un hombre rico e insensible, y fue llevado al infierno para ser atormentado por el fuego de las llamas. No dijo Jesús que a este hombre rico le correspondiera reencarnarse para purgar sus numerosos pecados en la tierra. Al contrario, la parábola explica que por haber utilizado injustamente los muchos bienes que había recibido en la tierra, debía “ahora” (es decir, en el más allá, en la vida eterna, y no en la tierra) pagar sus culpas (v.25). El rico, desesperado, suplica que le permitan a Lázaro volver a la tierra (o sea, que se reencarne) porque tiene cinco hermanos tan pecadores como él, a fin de advertirles lo que les espera si no cambian de vida (v.27.28). Pero le contestan que no es posible, porque entre este mundo y el otro hay un abismo que nadie puede atravesar (v.26).

La angustia del rico condenado le viene, justamente, al confirmar que sus hermanos también tienen una sola vida para vivir, una única posibilidad, una única oportunidad para darle sentido a la existencia. Cuando Jesús moría en la cruz, cuenta el Evangelio que uno de los ladrones crucificado a su lado le pidió: “Jesús, acuérdate de mí cuando vayas a tu reino”. Si Jesús hubiera admitido la posibilidad de la reencarnación, tendría que haberle dicho: “Ten paciencia, tus crímenes son muchos; debes pasar por varias reencarnaciones hasta purificarte completamente”. Pero su respuesta fue: “Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23,43). Si “hoy” iba a estar en el Paraíso, es porque nunca más podía volver a nacer en este mundo. Pablo también rechaza la reencarnación. En efecto, al escribir a los filipenses les dice: “Me siento apremiado por los dos lados. Por una parte, quisiera morir para estar ya con Cristo. Pero por otra, es más necesario para ustedes que yo me quede aún en este mundo” (1,23.24).

Y explicando a los corintios lo que sucede el día de nuestra muerte, les dice: “En la resurrección de los muertos, se entierra un cuerpo corruptible y resucita uno incorruptible, se entierra un cuerpo humillado y resucita uno glorioso, se entierra un cuerpo débil y resucita uno fuerte, se entierra un cuerpo material y resucita uno espiritual” (1 Cor 15,42.44). ¿Puede, entonces, un cristiano creer en la reencarnación? Queda claro que no. La idea de tomar otro cuerpo y regresar a la tierra después de la muerte es absolutamente incompatible con las enseñanzas de la Biblia. La afirmación bíblica más contundente y lapidaria de que la reencarnación es insostenible, la trae la carta a los Hebreos: “Está establecido que los hombres mueren una sola vez, y después viene el juicio” (9,27). Pero no sólo las Sagradas Escrituras impiden creer en la reencarnación, sino también el sentido común. En efecto, que ella explique las simpatías y antipatías entre las personas, los desentendimientos de los matrimonios, las desigualdades en la inteligencia de la gente, o las muertes precoces, ya no es aceptado seriamente por nadie. La moderna sicología ha ayudado a aclarar, de manera científica y concluyente, el porqué de éstas y otras manifestaciones extrañas de la personalidad humana, sin imponer a nadie la creencia en la reencarnación.

La reencarnación, por lo tanto, es una doctrina estéril, incompatible con la fe cristiana, propia de una mentalidad primitiva, destructora de la esperanza en la otra vida, inútil para dar respuestas a los enigmas de la vida, y lo que es peor, peligrosa por ser una invitación a la irresponsabilidad. En efecto, si uno cree que va a tener varias vidas más, además de ésta, no se hará mucho problema sobre la vida presente, ni pondrá gran empeño en lo que hace, ni le importará demasiado su obrar. Total, siempre pensará que le aguardan otras reencarnaciones para mejorar la desidia de ésta. Pero si uno sabe que el milagro de existir no se repetirá, que tiene sólo esta vida para cumplir sus sueños, sólo estos años para realizarse, sólo estos días y estas noches para ser feliz con las personas que ama, entonces se cuidará muy bien de maltratar el tiempo, de perderlo en trivialidades, de desperdiciar las oportunidades. Vivirá cada minuto con intensidad, pondrá lo mejor de sí en cada encuentro, y no permitirá que se le escape ninguna coyuntura que la vida le ofrezca. Sabe que no retornarán.

Ariel Álvarez Valdés
Biblista

MARCO POLO

Explorador y mercader veneciano. Su padre, NICOLÁS POLO, y su tío MATEO POLO, miembros de una ilustre familia de mercaderes de la próspera República Veneciana, ambicionaban comerciar con el pueblo tártaro de Oriente; ambos hermanos emprendieron conjuntamente una expedición hacia Oriente en el año 1255. Cuando hubo noticias de la llegada de los mercaderes al territorio, el emperador mongol KUBLAI KAN los mandó llamar, dado que la presencia de unos latinos constituía un hecho extraordinario. Durante catorce años NICOLÁS y MATEO POLO permanecieron entre los mongoles.

De regreso, LOS POLO actuaron como embajadores del emperador y visitaron al Papa en su nombre, para transmitirle el deseo de KUBLAI KAN de que éste enviara sabios y sacerdotes a visitar su Imperio. En el año 1271, y con la bendición del papa GREGORIO X, LA FAMILIA POLO (incluido MARCO, que a la sazón contaba diecisiete años) comenzó su segundo viaje por tierras orientales. Atravesaron Israel, Armenia, llegaron a las regiones de la actual Georgia y luego al golfo Pérsico. Desde allí remontaron hacia el norte, cruzaron Persia y después se adentraron en las montañas de Asia Central, siguiendo el itinerario de la ruta de la seda. La travesía del Pamir los condujo a los dominios del GRAN KAN KUBLAI.

Tras superar los desiertos que rodean Lob Nor, LOS POLO llegaron a KANCHEU, la primera ciudad realmente china, donde establecieron contacto con una civilización que practicaba una religión casi desconocida para Occidente, el budismo; permanecieron en el lugar un año, durante el cual se dedicaron al comercio. Reemprendieron entonces el viaje, acompañados de una escolta enviada por KUBLAI KAN para conducirles al nordeste de Pekín, donde el emperador tenía su residencia de verano. Pronto el soberano tomó a MARCO POLO bajo su protección personal, le demostró una confianza absoluta, y le comenzó a asignar todo tipo de misiones: así, por ejemplo, ingresó en el cuerpo diplomático de la corte y se convirtió en gobernador, por tres años, de la ciudad de Yangzhou. Su padre y su tío se dedicaron a los negocios, al tiempo que actuaban como consejeros militares de KUBLAI KAN.

Se desconocen los detalles de este período de la vida de MARCO POLO; sin embargo, mientras permaneció al servicio de KUBLAI KAN, tuvo oportunidad de viajar por todo el territorio de la dinastía mongol, que por entonces se hallaba en pleno apogeo, y adquirir conocimientos sobre la cultura y las costumbres de China. Destacaban el esplendor de la capital, su organización administrativa y la de todo el país, el sistema de correos, la construcción de obras públicas, el trabajo artesanal de la seda y el uso de papel moneda. Cuando LA FAMILIA POLO manifestó el deseo de partir, KUBLAI KAN no se opuso, aunque les confió todavía una última misión: escoltar hasta Persia, en un trayecto por vía marítima, a una princesa china que iba a casarse con un kan persa. En el año 1295 LOS POLO llegaron a Italia, donde fueron recibidos con tantas muestras de interés como de incredulidad, por lo que se vieron obligados a exponer sus riquezas para que la gente creyera sus historias.

Más adelante, en el transcurso de una batalla naval entre las flotas de Génova y Venecia, MARCO POLO, capitán de una galera veneciana, fue capturado por los genoveses. Durante los tres años que permaneció prisionero dictó el relato de su viaje a un compañero, escritor de profesión. El material se recopiló bajo el título de El descubrimiento del mundo, también conocido como El millón o Libro de las maravillas del mundo. Estas narraciones constituyen el primer testimonio fidedigno del modo de vida de la civilización china, de sus mitos y sus riquezas, así como de las costumbres de sus países vecinos: Siam (Tailandia), Japón, Java, Cochinchina (que corresponde a una parte de Vietnam), Ceilán (hoy Sri Lanka), Tíbet, India y Birmania.

BRUCE SPRINGSTEEN

Bruce Frederick Joseph Springsteen Zerilli nació un 23 de septiembre de 1949 en Long Branch (Nueva Jersey, Estados Unidos), hijo de un conductor de autobús y de una secretaria. Predestinado, de alguna manera, para ser el héroe rockero de la clase trabajadora. El primer disco de Bruce Springsteen llegó hace 43 años, concretamente en febrero de 1973. No fue un éxito fulminante, ni mucho menos, pero ya mostraba el afán relator del joven músico en canciones como este 'Blinded by the light' que ejercía como tema de apertura. La primera canción del primer disco del rockero de New Jersey.

Después de 'Greetings from Asbury Park' (1972) y 'The Wild, The Innocent & The E Street Suffle' (1973), había llegado el momento de que el joven aspirante confirmara las expectativas o desapareciera para siempre. Parece mentira echando la vista atrás desde el presente, pero aquello era el todo o la nada.

Fue duro, la presión casi se le lleva por delante, pero en la adversidad apareció en el disco 'Born to Run' (1975) el verborréico contador de historias capaz de plasmar los anhelos por una vida mejor de toda una generación. 'Thunder Road' es tal vez su pieza más celebrada y la que, efectivamente, le abrió las puertas del éxito masivo.

El impacto de 'Born to Run' tuvo continuidad en 1978 con el también celebrado aunque más oscuro 'Darkness on the edge of town'. Ya eran años de conciertos maratonianos con el descaro de la juventud airada con una E Street Band arollando cada noche como un tren de mercancías.

En su momento más excelso de creatividad llegó 'The River', que inicialmente iba a ser sencillo pero terminó siendo un disco doble para darle más sentido a la historia y por exceso de (buen) material. Con temas como el titular o este 'Hungry Heart' escrito inicialmente para los Ramones pero que terminó siendo el primer gran single de éxito de Springsteen.

Se tiende a dilatar la época dorada de Bruce desde 1975 hasta el disco 'Tunnel of Love' de 1987, durante unos años en los que sencillamente reinaba desde lo más alto sin parar de crear. Desde la intensidad de 'Darkness on the Edge of Town' a la festividad de 'The River' (1980), pasando por el desesperado lamento solitario y acústico de 'Nebraska' (1982), hasta llegar a la explosión comercial de 'Born in the USA' (1984), con un tema homónimo que aún en la actualidad sigue demoliendo estadios por todo el mundo. 

Tratando de buscar un nuevo rumbo, Springsteen disolvió a la E Street Band a finales de los ochenta y enfrentó la década de los noventa con nuevo grupo y los irregulares álbumes 'Human Touch' y 'Lucky Town', ambos de 1992.

Aún sin su banda habitual, su creatividad seguía siendo incesante, aunque estos lanzamientos no sean precisamente los más amados por sus fieles. A pesar de ello, aquel primer lustro de los noventa tuvo recitales memorables y singles como 'Better Days' o este 'Human touch'.

Explorando de nuevo en su faceta como cantautor ya presentada en 'Nebraska', y rechazando la idea de reunir a la E Street Band, editó en 1995 el acústico 'The Ghost of Tom Joad' y giró por todo el planeta tocando en pequeñísimos recintos, para desesperación de los que no consiguieron entradas. Este tema está basado en 'Las Uvas de la Ira' de John Steinbeck.

Una vez superada la experiencia en solitario, El Jefe tanteó a sus viejos colegas de la E Street Band y regresó con ellos a la carretera en el 'Reunion Tour' de 1999. Esos conciertos les sirvieron para volver a confiar los unos en los otros y, ya juntos, grabar en 2002 el álbum 'The Rising', toda una arenga al pueblo estadounidense para superar los horrores del 11 de septiembre. En 'The Rising', Springsteen se mete en la piel de un bombero que entra en las Torres Gemelas, liderando así el renacimiento de todo un país siempre tan necesitado de iconos en los que creer.

Tras la tercera mutación en sombrío cantautor acústico y solitario con 'Devils and Dust' (2005), Springsteen sorprendió convirtiéndose en un clásico artista de folk americano revisando el repertorio de Pete Seeger y algunos temas tradicionales, montando incluso una nueva banda llamada Seeger Sessions Band. 'American Land' es una canción propia que cobró relevancia en los recitales de esta época y en posteriores ya de nuevo con la E Street Band.

Los fans lo ansiaban y Bruce terminó volviendo con la E Street Band y al rock de estadio encadenando los discos 'Magic' (2007), 'Working on a Dream' (2009), 'Wrecking Ball' (2012) y 'High Hopes' (2014). Sin descanso. La canción que da título a su penúltimo disco es, de nuevo, una poderosa llamada a superar todas las adversidades porque, en definitiva, los tiempos duros vienen y van. Vienen y van mientras Springsteen se mantiene inalterable como si el tiempo no pasara por él, a pesar de haber perdido ya a algunos compañeros de batalla en el seno de la E Street Band.

Aunque el tema ya fue incluido en el directo Live in NYC de 2001, no tuvo versión definitiva en estudio hasta el álbum 'High hopes' de 2014, último hasta la fecha. La historia denuncia la muerte de Amadou Diallo a manos de la policía de Nueva York, por lo que su interpretación le trajo no pocos problemas con este colectivo con el que hasta entonces mantenía una idílica relación (ahora restaurada). Sirva su grandilocuente intensidad como epílogo a este repaso.