martes, 24 de septiembre de 2013

¿Qué son los sortilegios?

El sortilegio era la práctica de la adivinación del futuro mediante artes mágicas (la palabra se deriva del latín sortis, suerte, y legĕre, leer). No obstante, en la época moderna y contemporánea, el término sortilegio se ha convertido generalmente en sinónimo de hechizo, mientras que para la adivinación en sus distintas formas se ha adoptado el término videncia.

Así en el concepto de sortilegio, pues, estarían incluidas todas las mancias o artes adivinatorios. Entre ellas cabe destacar, por su relevancia social, la cartomancia o tarotismo —adivinación mediante el uso de naipes de juego u otros diseñados a tal efecto; la quiromancia o lectura de la palma de la mano; la cafemancia o adivinación mediante la lectura de la borra del café u otras infusiones; y la cleromancia en el carácter o personalidad del autor de un manuscrito, puede también considerarse una forma de sortilegio.

Algunas variantes del espiritismo actual, así como el juego de la Ouija, podrían considerarse una forma de psicomancia o nigromancia (adivinación invocando a los espíritus de los muertos). Cuando para la adivinación se invoca a espíritus malignos o demonios, entonces se denomina demonomancia. Se han perdido, pero están bien documentadas, las prácticas de adivinación mediante el oráculo, la observación de los fenómenos atmosféricos (como la aeromancia)y el estudio de las entrañas de peces o aves e incluso de personas, tal como refiere Heródoto respecto de Menelao.

Algunas religiones, como la cristiana, prohíben específicamente a sus seguidores el uso de los sortilegios, si bien admiten como parte de su cuerpo de creencias la existencia de videntes de inspiración divina llamados profetas. En general, las diversas culturas han practicado la adivinación o sortilegio mediante casi todos los métodos a su alcance, incluyendo los más mundanos y singulares. Para la práctica de las mancias, casi todos los grupos humanos han recurrido a personas revestidas de alguna cualidad de corte sacerdotal o de algún otro modo iniciática o especial ("poseer don", etc), desde los hechiceros neolíticos a nuestros modernos videntes telefónicos.

Con toda probabilidad, el concepto de sortilegio surge ante la necesidad de interpretar relaciones causales no evidentes por sí mismas milenios antes de que apareciera el método científico. El color de las entrañas de un pez, por ejemplo, puede estar vinculado con los resultados de la cosecha del año próximo debido a la calidad de las aguas del río. En ausencia del método científico, se establece una relación directa entrañas del pez -> cosecha del año próximo aparentemente adivinatoria y de carácter mágico, que se va envolviendo en una liturgia hasta que pierde su sentido originario y, por asociación, surgen relaciones nuevas de carácter supersticioso que conforman nuevos sortilegios.

Ente las definiciones dadas en el análisis de la palabra “Sortilegio” no está observada, la que se refiere a: -La lectura inteligente (no como adivinación), es decir al análisis de los acontecimientos que derivan en un hecho evidente. -La manipulación inteligente de los hechos o acontecimientos mediáticos que propicien resultados beneficiosos. No debemos olvidarnos de que la palabra proviene del latín culto, es decir, de la clase dominante de tan vasto imperio.

¿Se han perdido algunos libros de la Biblia? - Segunda Parte

Continuando en este desarrollo sobre los libros “perdidos” de la Biblia, si seguimos buscando, veremos que también se mencionan en la llamada Historia Cronista (formada por las Crónicas, Esdras y Nehemías). Para componer esta Historia Cronista, los autores tuvieron que recurrir a numerosos textos escritos anteriormente, que les sirvieron de fuente. Algunos de ellos los conocemos, porque terminaron dentro de la Biblia, como el Libro de los Reyes (2 Cro 20,34), o el Libro de Isaías (2 Cro 32,32). Pero hay otros que se han perdido. Estos escritos desaparecidos, mencionados en la Historia Cronista, son 12:

1) Los Hechos del vidente Samuel (1 Cro 29,29). De aquí se tomaron los datos para escribir la historia del rey David;

2) Los Hechos del profeta Natán (1 Cro 29,29; 2 Cro 9,29). Proporcionó nueva información sobre el rey David, y también sobre su hijo Salomón, el rey más sabio de Israel;

3) Los Hechos del vidente Gad (1 Cro 29,29). Sirvió como tercera fuente para escribir los detalles sobre el rey David;

4) Las Profecías de Ajías de Silo (2 Cro 9,29). Contenía más noticias y referencias acerca del rey Salomón;

5) Las Visiones del vidente Idó (2 Cro 9,29; 2 Cro 12,15). Aportó nuevos detalles de la vida de Salomón, y también de los reyes Jeroboam (de Samaria) y Roboam (de Jerusalén).

6) Los Hechos del profeta Shemaías (2 Cro 12,15). De él, los autores bíblicos sacaron información para completar la historia del rey Roboam;

7) Comentario del profeta Idó (2 Cro 13,22). Incluía datos y referencias al rey Abías, famoso por sus dotes de orador, y por haber tenido 14 esposas y 38 hijos;

8) Comentario del libro de los Reyes (2 Cro 24,27). Aunque tiene el mismo nombre, no es nuestro actual “Libro de los Reyes”, sino un Comentario sobre él, que circulaba. En este libro, el autor habría encontrado información sobre el rey Joás, quien subió al trono a los 7 años, gracias a una revuelta de los sacerdotes de Jerusalén;

9) La Historia de Ozías, escrita por Isaías (2 Cro 26,22). Era una crónica, atribuida a Isaías, sobre la vida del rey leproso Ozías, a quien tuvieron que llevarlo a vivir en una casa aislada, fuera del palacio real, para que no contagiara al resto de la corte;

10) Los Hechos de Jozay (2 Cro 33,19). Jozay es un profeta desconocido, nunca mencionado en la Biblia, y a quien se le atribuía una pequeña obrita que contaba episodios del malvado rey Manasés de Jerusalén, quien durante su gobierno introdujo en Judá el culto a los astros, fomentó el horóscopo, construyó altares paganos, y hasta mandó a matar a su hijo para honrar al dios extranjero Molok;

11) Las Lamentaciones (2 Cro 35,25). No es el actual libro de “Las Lamentaciones”. Aquél otro contenía una serie de elegías compuestas por diversas circunstancias luctuosas, entre ellas, por la muerte de Josías, uno de los reyes más venerados de Jerusalén.

12) El Libro de las Crónicas (Neh 12,23). No se trata de nuestro actual libro de las Crónicas. Más bien era una lista de nombres, y no una obra narrativa, porque la Biblia se refiere a él diciendo: “Los jefes de familia fueron anotados en el libro de las Crónicas”.

Finalmente, en los libros de Los Macabeos se mencionan los dos últimos libros perdidos de la Biblia. El primero es Las Memorias de Nehemías (2 Mac 2,13). Allí se contaba cómo, cuando los babilonios destruyeron el Templo de Jerusalén, el profeta Jeremías logró salvar el arca de la Alianza y esconderla en una cueva de las montañas de Transjordania. También contaba que Nehemías había fundado en Jerusalén una biblioteca con textos importantes del judaísmo. El segundo es Las Cartas de los Reyes sobre las Ofrendas (2 Mac 2,13), una antigua colección de cartas de los reyes persas a los judíos de Jerusalén, con directivas sobre cómo debían celebrar sus prácticas religiosas en el Templo.

Resulta difícil saber si eran “libros” en el sentido moderno de la palabra, o simplemente colecciones orales, y transmitidas de generación en generación por los mismos israelitas. Pero aún cuando hubieran sido verdaderos libros, el hecho de que la Biblia los mencione o cite parte de ellos, no significa que automáticamente hayan estado inspirados por Dios, y que debían formar parte de la Biblia. Eso lo vemos, por ejemplo, en el último libro arriba mencionado, Las Cartas de los Reyes sobre las Ofrendas. Éste contenía la correspondencia enviada a Jerusalén por los reyes de Persia, cuando los israelitas dependían de ellos. Era, pues, una obra de autores paganos, y mal puede decirse que constituía un libro para incluir en la Biblia.

Lo mismo ocurre en el Nuevo Testamento. San Pablo, en el discurso que pronunció en el areópago de Atenas (Hch 17,28), cita el libro Fenómenos, del poeta griego Arato (del siglo III a.C.). También en su carta a los Corintios (1 Cor 15,33) menciona la famosa comedia Tais, del escritor ateniense Menandro (siglo IV a.C.). Y la carta a Tito (Tt 1,12) hace referencia a los Oráculos, del poeta cretense Epiménides (siglo VI a.C.). Y eso no significa que la filosofía estoica, o la comedia griega, o la poesía cretense, deban ser incluidas en la Biblia.

Asimismo, si Lucas menciona que el gobernador Festo escribió una carta al emperador romano acusando a san Pablo de criminal (Hch 25,26), no por eso hay que ir a buscar esa carta para incluirla entre las epístolas del Nuevo Testamento. Cuando la Biblia cita un libro antiguo, no es para canonizarlo, ni porque reconozca en él una inspiración divina, sino simplemente para referir una idea que en él había, nada más. Otras veces lo hace para contarnos de dónde tomó el autor el material de su obra. Así, quien compuso el 2º Libro de Los Macabeos nos cuenta que hizo un resumen de una obra mucho más amplia, en cinco volúmenes, escrita por Jasón de Cirene (2 Mac 2,23). Los cinco libros de Jasón se perdieron, pero su resumen ha quedado en la Biblia, y ese resumen se considera inspirado.

Si los autores bíblicos hubiesen pensado que los libros que mencionaban, así como estaban, eran sagrados, se habrían ocupado en conservarlos completos. Pero el hecho de que tomaran sólo algunas frases o párrafos de ellos, muestra que únicamente consideraron importantes esas secciones, y no todo el libro. Pero una vez que esas frases o párrafos pasaron a la Biblia, ya se consideran inspirados por Dios, porque pasaron a formar parte de un nuevo contexto que sí está inspirado. En segundo lugar, quien estableció qué libros del Antiguo Testamento pertenecen a la Biblia es la Iglesia, inspirada por el Espíritu Santo. Y para tomar tal decisión, la Iglesia se basó en ciertos criterios, como ser: a) el empleo de esos libros por la comunidad hebrea; b) el uso posterior de esos libros por los apóstoles y los primeros cristianos; c) el empleo de esos libros en la Iglesia primitiva.

Ahora bien, si analizamos estos criterios, veremos que ninguno se aplica a los 19 libros “perdidos”. Porque: a) éstos desaparecieron pronto, y la comunidad hebrea antigua no los consideró parte de sus escrituras sagradas; b) en la época de Jesús ya no existían, y por lo tanto los apóstoles no parecen haberlos conocido, ni haberlos usado; c) la Iglesia primitiva posterior tampoco alcanzó a leerlos ni los empleó como expresión de su fe. En consecuencia, ninguno de los 19 libros perdidos ha sido nunca un libro “bíblico”. Y el hecho de que se hayan perdido, no significa que dejaron incompleta a la Biblia.

La Biblia, así como la tenemos hoy, está completa. No solamente contiene todos los libros sagrados heredados del pueblo de Israel, sino que también incluye en su segunda parte la Buena Noticia de Jesucristo, el Hijo de Dios, que con su vida trajo la salvación a todos los hombres. Por eso ella contiene toda la doctrina necesaria para que el hombre viva una vida con sentido. Millones de personas a lo largo de los siglos han buscado en ella consuelo para sus tristezas, luz para sus problemas, paz para su ansiedad. Y cada vez hay más gente que medita la Escritura, para procurar vivir de acuerdo con ella. Especialmente en épocas de crisis, la Biblia, por ser Palabra de Dios, constituye un apoyo firme y seguro para sostener la vida de quien se tambalea y se siente inseguro.

Cuando leemos las vidas de Abraham, de Moisés, de David, de Job, vemos cómo, más allá de su historicidad, estos personajes tuvieron que enfrentar situaciones límites, y a pesar de todo salieron victoriosos de sus dificultades, gracias a la fuerza extra que da la fe en Dios. Entonces comprendemos que también nosotros, con ayuda de este Libro, y con la fuerza que procede de Jesucristo, podemos repetir sus exitosas experiencias en nuestras débiles vidas. A la Biblia no le falta ninguna obra. Ella tiene el poder, la fuerza, el vigor, la energía capaz de transformar a cualquier persona. Lo único que le falta es que creamos en ella, y empecemos a vivir sus enseñanzas.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Fallece un asesor académico de ANUNCIAR

Buenos Aires, 18.09.2013 (AI).- En la mañana del lunes 16 de septiembre falleció el Doctor Néstor Tomás Auza, miembro de la Junta de Historia Eclesiástica y reconocido investigador de la historia de la Iglesia en la Argentina. Sus restos descansan en el cementerio Parque Memorial, de Pilar. Era académico de número de la Academia Nacional de la Historia y durante su extensa carrera se desempeñó como director general del Ministerio de Educación de la provincia de Buenos Aires, además de ocupar otros cargos y publicar decenas de obras.

El Dr. Auza, entabló amistad con el presidente de nuestra institución, Sr. Alfredo Musante allá por el año 1995 cuando se organizó un congreso que llevó por nombre “Educación, comunidad política y fe cristiana. En el XXX aniversario de la Constitución Pastoral «Gaudium et spes» V Congreso Latinoamericano”, 23-25 de agosto de 1995, Buenos Aires. Desde ese momento creció un fuerte vínculo entre ambos.

Fue un pilar importante en la creación de ANUNCIAR Grupo Multimedio de Comunicación, Asociación Civil, ya que tuvo numerosas reuniones con nuestro presidente, donde el Dr. Auza, asesoró y aconsejó cuales eran los objetivos y líneas de acción debería seguir la asociación desde el principio. Participó innumerable de veces telefónicamente en el programa radial EL ALFA Y LA OMEGA, dejando su sello particular en desarrollar temas que tenían que ver con la vida de la Iglesia, tanto política como eclesiástica. En el año 2010, cuando ANUNCIAR Grupo Multimedio de Comunicación cumple sus primeros 10 años desde su fundación honra al Dr. Auza, destacando su labor académica haciéndolo “miembro de honor” de nuestro organismo junto a otros comunicadores, periodistas y profesionales.

El Doctor Auza que falleció a los 85 años, y que hasta hace pocos meses seguía desarrollando una intensa labor en el campo de la investigación académica. Durante su extensa carrera, se desempeñó como director general del Ministerio de Educación de la provincia de Buenos Aires, vicedirector de la Biblioteca Nacional y director interino de Bibliotecas Populares.

Durante su extensa carrera, Auza fue director general del Ministerio de Educación de la provincia de Buenos Aires, vicedirector de la Biblioteca Nacional y director interino de Bibliotecas Populares. Entre sus numerosas obras, se destacan Católicos argentinos: su experiencia política y social, publicado en 1962 y reeditado en 1984; Santiago de Estrada y el conflicto de límites con Chile (1964); Liberales y católicos en la generación del ochenta (1967), e Historia de los Congresos sociales católicos argentinos (1968).

Enterado de la noticia, nuestro presidente expreso con dolor que: hoy la Iglesia de Argentina a perdido a un ser que desde su lugar de laico profesional y académico siempre intento que se viviera el Concilio Vaticano II ya que el mismo decía que -“la Iglesia necesita un rumbo diferente y el Vaticano II es el camino para lograrlo”- palabras que nunca olvide y las veces que teníamos reuniones de trabajo en su casa, siempre afirmaba con convicción esto. Católico practicante, padre ejemplar, tuve oportunidad de conocer a uno de sus hijos y en verdad logro formar un hogar cristiano, con valores y compromiso cristiano, concluyo Alfredo Musante.

En una entrevista concedida a Clarín en 2010, en ocasión del Bicentenario, Auza dijo que “la Revolución de Mayo triunfa gracias a la Iglesia. La prueba de lo que digo –explicó– es muy simple: sin el clero popular que congregaba y convocaba a apoyar la revolución, el pueblo no lo hubiera hecho. ¿Por qué? Porque la única revolución que se conocía había sido dolorosa, trágica, sangrienta: la revolución francesa. ¿Acá estábamos dispuestos a vivir una revolución como esa? No”.

“La nuestra no fue una revolución que se separó de Dios, ni fue anticristiana, ni fue contra la Iglesia. Por el contrario, el clero ilustrado legitima la revolución y la independencia explicando las causas de la ruptura con España”, concluyó.

Desde todo el equipo de ANUNCIAR Grupo Multimedio de Comunicación, ponemos en oración al querido Dr. Auza para que el Señor de la Vida y la Historia, acoja a un hijo que trabajó incansablemente para que la Iglesia que Cristo fundó aquí en la tierra fuera sacramento de salvación para todos y que no se excluya a nadie de ella.

Gracias Dr. Auza por su conocimiento, profesionalidad, disponibilidad y sobre todo… por su amistad…

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Francisco recuerda al Cura Brochero en el rezo del Ángelus

Tras el rezo mariano del Ángelus, el Obispo de Roma ha recordado que ayer fue proclamado beato en Argentina, José Gabriel Brochero, sacerdote de la diócesis de Córdoba. “Llevado por el amor de Cristo se dedicó por entero a su rebaño, para llevar a todos el Reino de Dios, con inmensa misericordia y celo por las almas”, ha dicho el Papa.

“Caminaba kilómetros y kilómetros cabalgando por las montañas, con su mula que se llamaba “mala cara” porque no era bonita (dijo el Papa)… e iba también bajo la lluvia, porque era valiente, como ustedes que están bajo esta lluvia... Al final de su vida este beato era ciego y leproso, pero lleno de alegría, la alegría del buen pastor, del Pastor misericordioso”.

“Deseo unirme a la alegría de la Iglesia en Argentina por la beatificación de este pastor ejemplar, que a lomo de mula recorrió infatigablemente los áridos caminos de su parroquia, buscando, casa por casa, las personas que le habían sido encomendadas para llevarlas a Dios. Pidamos a Cristo, por intercesión del nuevo Beato, que se multipliquen los sacerdotes que, imitando al Cura Brochero, entreguen su vida al servicio de la evangelización, tanto de rodillas ante el crucifijo, como dando testimonio por todas partes del amor y la misericordia de Dios”.

Luego, Francisco ha mandado un saludado especial a los participantes que hoy concluyen, en Turín, la Semana Social de los católicos italianos, sobre el tema "La familia, esperanza y un futuro para la empresa italiana". “Acojo con satisfacción -ha dicho- el firme compromiso que existe en la Iglesia en Italia con las familias y para las familias, que es un fuerte estímulo para las instituciones y para todo el país ¡Continúen por este camino!”

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www.news.va

El Papa explica por qué la Iglesia es Madre

"Queridos hermanos y hermanas:

Retomamos hoy las catequesis sobre el misterio de la Iglesia, en este Año de la fe, con la imagen de la “Madre”. El Concilio Vaticano II dice que la Iglesia es nuestra madre en la fe, en la vida sobrenatural. Ante todo, la Iglesia es madre porque engendra nuevos cristianos. Por el Bautismo, los hace nacer a la vida divina y establece con ellos un vínculo vital, interior, como el de una madre con sus hijos.

Además, como buena madre, los ayuda a crecer y a ser responsables, los alimenta, los educa, los cuida con ternura a lo largo de su vida. Así, la Iglesia nos anuncia la Palabra de Dios como luz para el camino, nos nutre con la Eucaristía, nos procura el perdón divino, nos sostiene en los momentos de sufrimiento y dificultad. Y, finalmente, como todos formamos la Iglesia, su maternidad incluye también la solicitud de los unos por los otros. Todos, pastores y fieles, estamos llamados a colaborar en la transmisión de la fe, en el anuncio del Evangelio, en la atención a los necesitados… para hacer fecunda a la Iglesia.

Preguntémonos: ¿Honro a la Iglesia como madre? ¿Participo en los sacramentos, escucho la Palabra de Dios en comunidad? Y sobre todo, ¿comparto su cuidado maternal por mis hermanos?

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, México, El Salvador, Venezuela, Paraguay, Colombia, Argentina y los demás países latinoamericanos. Invoquemos juntos al Espíritu Santo, para que conceda fecundidad a la Iglesia, no le permita que se cierre en sí misma, y salga a llevar la luz de Cristo hasta los confines de la tierra. Muchas gracias.

No se olviden del Señor: "El Señor con su amor, buscando el amor de un pueblo. Devuelvan con amor, el amor con el cual Él buscó al pueblo salteño".

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La Batalla de Tucumán

La batalla de Tucumán tiene un significado especial en la causa de la Revolución, dado que frenó la avanzada realista, y es el primer acto del triunfo argentino del norte, del cual el segundo es la batalla de Salta. Más allá de la trascendencia que tuvo la batalla librada en Tucumán el 24 de septiembre de 1812, desde el punto de vista político, también es significativa desde el aspecto militar. Las batallas de Tucumán y Salta, son las únicas de carácter campal dadas contra los españoles en el territorio argentino. Y esto les da a esos triunfos un significado singular. Nos referiremos a la batalla de Tucumán. Resulta de sumo interés, el testimonio que aporta el general José María Paz en sus Memorias, acerca de la retirada de Belgrano del norte, después de hacerse cargo de los restos del ejército patrio derrotado en el Desaguadero.

Belgrano se retiraba desde Jujuy, en dirección a Tucumán, hacia fines de agosto de 1812. El ejército contaba con sólo 1.500 hombres, casi desorganizado y desprovisto de todo. Por detrás venía en su persecución, el general Tristán, destacado por Goyeneche con un ejército español de más de 3000 hombres. A pesar que las avanzadas del ejército realista venían picando peligrosamente la retaguardia del ejército patriota, Belgrano se mantuvo sereno y valiente. Con su actitud logró que sus soldados no cayeran en el pánico. En esas circunstancias adversas, era cuando Belgrano mostraba su verdadera estatura moral. Según Paz: “jamás desesperó de la salud de la patria, mirando con la más marcada aversión a los que opinaban tristemente sobre ella”.

Es importante señalar que Belgrano desobedeció la orden del Triunvirato que le ordenaba trasplantar a Córdoba la fábrica de fusiles que funcionaba en Tucumán, y desmantelar, desguarnecer y abandonar enteramente Tucumán, para establecerse en Córdoba, frente a la avanzada realista. La desobediencia de Belgrano selló la suerte de nuestras provincias del Norte, dado que obedecer las órdenes del Triunvirato, que sólo atinaba a salvar la Capital y su gobierno, hubieran significado la pérdida del norte argentino. Belgrano se debió enfrentar a los enemigos realistas y a las órdenes del gobierno, que actuaba de una manera egoísta. Belgrano simuló tomar un camino que se dirigía a Santiago del Estero, sin tocar en Tucumán. 

Así, el prócer se propuso engañar a Tristán que creyó que Belgrano abandonaba Tucumán, con lo cual, descuidó las más elementales precauciones de orden militar, dando lugar a la captura en Trancas, de Huici. Belgrano se detuvo con sus tropas en La Encrucijada, lugar cercano a la ciudad de Tucumán, y despachó para Tucumán a Juan Ramón Balcarce, dándole las más amplias facultades para promover la reunión de gente y armas y estimular al vecindario a la defensa.

El vecindario tucumano respondió con entusiasmo al pedido de Balcarce, y el Cabildo envió una diputación a Belgrano, para persuadirlo a quedarse en Tucumán, y con todo el apoyo de este pueblo, organizar la defensa y presentar combate al invasor. Belgrano consiguió que se le otorgara dinero y gente en cantidad apreciable, por lo cual se dirigió a la ciudad de Tucumán, decidido a enfrentarse con el enemigo. Belgrano contó con doce días para organizar sus tropas. Su plan consistía, como dice Mitre en “esperar al enemigo fuera de la ciudad, apoyando su espalda en ella”, y después, “en caso de contraste, encerrarse en la plaza”.

El ejército invasor tuvo que soportar el vacío y el silencio que hallaron a lo largo del camino. Eran hostilizados por las partidas criollas y el 23 de septiembre, el general Tristán, tuvo la máxima sorpresa, al avistar la ciudad de Tucumán y advertir la presencia de Belgrano y su ejército en ella. El 24 de septiembre se encontraron el ejército realista y el patriota en la batalla de Tucumán, y a pesar de que el ejército realista contaba con 4000 hombres y el patriota con sólo 2000, la suerte sería favorable para los patriotas.

A mitad de la batalla, ocurrió algo sobrenatural que contribuyó a desbandar las tropas realistas y a llenarlos de pánico. Fue un vasto huracán que llegó furioso del sur. Según el relato de Marcelino de la Rosa, a quien se lo contaron protagonistas de esta batalla: “El ruido horrísono que hacía el viento en los bosques de la sierra y en los montes y árboles inmediatos, la densa nube de polvo y una manga de langostas, que arrastraba, cubriendo el cielo y oscureciendo el día, daban a la escena un aspecto terrífico”

Otro factor muy importante, además del viento y de las langostas, fue la acción de la caballería gaucha, tucumana en su mayor parte, del ala derecha. Esta llevó su carga sobre el enemigo, de un modo formidable. La caballería enemiga de Tarija, al verlos llegar, se asustó y huyó. Ni la infantería española pudo contenerlos: pasaron por encima y, cuando se dio cuenta, los encontró a su retaguardia. La caballería gaucha al llegar a los bagajes y las mulas enemigas, cargadas de oro y de plata, se dispersaron y se dedicaron a despojar de todo esto a nuestros enemigos.

Después del encuentro de los dos ejércitos, reinó la confusión. La infantería patriota quedó dueña del campo de batalla, pero, viéndose sola, se replegó sobre la ciudad., y entró en ella para acantonarse y preparar su defensa. Bajo el mando del coronel Eustaquio Díaz Vélez, mientras Tristán con el resto de su ejército llegó hasta la goteras de Tucumán, donde se estacionó como sitiándola. Belgrano, acompañado del coronel Moldes y algunos soldados, fue hasta el Rincón, sin saber los resultados de la acción. Paz va a ser quien se encuentre con Belgrano y le informe que en la ciudad se encontraba fuerte toda su infantería, con lo que Belgrano, conociendo el triunfo de la caballería tucumana, supo de su triunfo.

Según el historiador Vicente Fidel López esta batalla fue “la más criolla de todas cuantas batallas se han dado en el territorio argentino”. Y eso es para él, “lo que la hace digna de ser estudiada con esmero por los oficiales aplicados a penetrar en las combinaciones con que cada país puede y debe contribuir de lo propio a la resolución de los problemas de la guerra”.

Sobre su trascendencia, dijo Mitre: “Lo que hace más gloriosa esta batalla fue no tanto el heroísmo de las tropas y la resolución de su general, cuanto la inmensa influencia que tuvo en los destinos de la revolución americana. En Tucumán salvose no sólo la revolución argentina, sino que puede decirse contribuyó de una manera muy directa y eficaz al triunfo de la independencia americana. Si Belgrano, obedeciendo las órdenes del gobierno, se retira (o si no se gana la batalla), las provincias del Norte se pierden para siempre, como se perdió el Alto Perú para la República Argentina’’.

¿Se han perdido algunos libros de la Biblia? - Primera Parte

De vez en cuando se oye hablar de los famosos “libros perdidos” de la Biblia. Son un conjunto de escritos que, al parecer, existían antes de que ésta se compusiera, y en los que se basaron los autores bíblicos para redactar sus obras. Sabemos de la existencia de estos libros porque la misma Biblia los menciona. Pero hoy lamentablemente han desaparecido, y resulta imposible saber qué es lo que decían. Esta situación es aprovechada por algunos grupos esotéricos, que especulan con que tales libros escondían información sobre civilizaciones secretas, ciudades misteriosas y culturas fantásticas, información que hoy, según dicen, puede descubrirse oculta en el trasfondo de los relatos bíblicos. El Antiguo Testamento menciona 19 de ellos, en un total de 50 citas bíblicas. Veamos cuáles eran, y qué es lo que decían.

El primero de los mencionados, y más antiguo de todos, es el llamado Las Guerras de Yahvé (Nm 21,14). Es el único que figura en el Pentateuco. Dice la Biblia que cuando los israelitas marchaban por el desierto hacia la Tierra Prometida, mientras recorrían el territorio al este del mar Muerto, cruzaron el río Arnón. Éste señalaba el límite internacional del país de Moab, enemigo de Israel, de modo que los hebreos atravesaban el vado preocupados y con miedo. Y añade el texto: “Por eso se cuenta en el libro de Las Guerras de Yahvé: «El Protector (es decir, Yahvé) se presentó en la tormenta. Sí, Él ha venido al valle del Arnón. Él desfiló, él se puso al lado de la región de Ar, se instaló en la frontera de Moab»”.

Al contar el cruce del río, el autor bíblico se acordó de este antiguo poema y lo citó, para enseñar cómo Dios está siempre al lado de su pueblo cuando éste debe enfrentar situaciones de riesgo o de peligro. El “libro” de Las Guerras de Yahvé sería, pues, una antigua colección de poemas, sobre diversas batallas de los israelitas contra sus enemigos, que proclamaban cómo Yahvé había luchado al lado de ellos. También sería la fuente de otros poemas que aparecen en la Biblia, como la Canción del Mar (en Ex 15,1-18), la Canción de Miriam (en Ex 15,21), la Canción de Moisés (en Dt 32) y la Canción de Débora (en Jue 5).

En las obras que siguen al Pentateuco, conocidas como la Historia Deuteronomista (Josué, Jueces, 1º y 2º Samuel, 1º y 2º Reyes), se citan otros cuatro libros perdidos. El primero es El Libro de Yashar (o Libro del Justo, porque yashar en hebreo significa “justo”). Se lo menciona tres veces. La primera, en el famoso relato de la batalla de Gabaón, cuando el general Josué, luchando contra una coalición de cinco ejércitos amorreos, logró detener el sol en medio del cielo con la ayuda divina, y así pudo derrotar a sus enemigos a plena luz del día. Dice la Biblia: “Y esto está esto escrito en el Libro de Yashar” (Jos 10,12-13).

La segunda mención, es el conmovedor lamento de David sobre la muerte del rey Saúl y su hijo Jonatán (en 2 Sm 1,19-27). Según la Biblia, el joven David era íntimo amigo de Jonatán, y su muerte, ocurrida durante la batalla de Gelboé, lo llevó a componer un largo y emotivo poema, que el autor bíblico dice haberlo tomado del Libro de Yashar. La tercera y última cita, en realidad no aparece en la Biblia hebrea sino en su antigua traducción griega, llamada la versión de La Setenta. Se trata de un poema atribuido al rey Salomón. Cuando este monarca inauguró el Templo de Jerusalén, pronunció una breve oración: “Tú, Yahvé, has dicho que vives en la oscuridad; pero yo te he construido un Templo para que vivas, un lugar donde habites para siempre” (1 Re 8,12-13). La Setenta asegura que este poema está tomado del Libro de Yashar.

Vemos, pues, que el Libro de Yashar, a diferencia de Las Guerras de Yahvé, no se relacionaba con batallas israelitas sino con personajes de su historia. De hecho, los tres poemas antes citados hacen alusión a tres grandes héroes (Josué, David y Salomón). Por eso se llamaba el Libro de Yashar (o del Justo): porque contenía poemas vinculados a personajes considerados justos o virtuosos en Israel. El segundo libro perdido que aparece en la Historia Deuteronomista es el de Los Hechos de Salomón. Después de relatar los acontecimientos más importantes que tuvieron lugar durante su reinado, el autor bíblico termina diciendo: “El resto de los hechos de Salomón, todo lo que hizo y su sabiduría, ¿no está escrito en el libro de Los Hechos de Salomón?” (1 Re 11,41).

El historiador bíblico da a entender que se trata de un libro que guardaba los registros oficiales del rey, y que se hallaba en los archivos del palacio de Jerusalén. Supuestamente en ella se basó para componer su relato sobre Salomón, que aparece en 1 Re 3-11. El tercer libro mencionado es el de Las Crónicas de los Reyes de Israel. Es el texto perdido más nombrado de todos. La Biblia lo cita 18 veces. La primera vez que aparece es al final de la vida del rey Jeroboam. Al contar su muerte y sepultura, dice el autor sagrado: “El resto de los hechos de Jeroboam, cómo guerreó y cómo reinó, están escritos en el libro de Las Crónicas de los Reyes de Israel” (1 Re 14,19). Y a partir de aquí, lo mencionará 17 veces más cada vez que termine de contar la historia de un rey de Israel, empleando la misma fórmula. O sea que esas Crónicas fueron la fuente que él empleó para escribir la historia de la monarquía del norte. El cuarto y último libro perdido, que aparece en esta colección histórica, es el de Las Crónicas de los Reyes de Judá. Figura mencionado 15 veces. La primera es al final de la vida del rey Roboam: “El resto de los hechos de Roboam, todo cuanto hizo, ¿no está escrito en el libro de Las Crónicas de los Reyes de Judá?” (1 Re 14,29). Y a partir de aquí, el autor la usará cada vez que termine la historia de algún monarca del reino del sur.

Ariel Álvarez Valdés
Biblista

lunes, 16 de septiembre de 2013

El fundador del Canal del Papa, se encuentra internado en el Sanatorio Anchorena...

ANUNCIAR Grupo Multimedio de Comunicación, Asociación Civil, informa a todos los amigos, conocidos y profesionales que reciben comunmente nuestros correos, que el Coordinador de la Comisión Asesora Interdisciplinaria, el Ing. Alberto Cravenna, hombre que desde el anonimato y un perfil bajo indiscutible, hacedor y fundador desde el comienzo del CANAL 21 del Arzobispado de Buenos Aires, allá por el año 1987... conocido hoy como "El canal del PAPA" se encuentra internado en el Sanatorio Anchorena (Anchorena 1872, CABA), bajo un cuadro crítico de su salud...

Pedimos a todos aquellos que nos conocen y que conocen a Alberto, oraciones para que salga lo más pronto posible de la situación de salud que lo aqueja y abrazar a su familia en este momento tan duro que están pasando...

Confiamos en la "Providencia" como siempre me decía Alberto y que se reponga cuanto antes y podamos contarlo nuevamente con nosotros...

Pido cadenas de oración ya que será intervenido quirúrgicamente.

Ante cualquier comunicación y/o adhesión de bienestar para su familia, comunicarse a nuestro mail:

anunciarcontenidos@gmail.com

Atte.

Alfredo Musante
Presidente
ANUNCIAR Grupo Multimedio de Comunicación
Asociación Civil

miércoles, 11 de septiembre de 2013

José Gabriel del Rosario Brochero


Nació en los aledaños de Santa Rosa de Río Primero (Córdoba) el 16 de marzo de 1840. Era el cuarto de diez hermanos, que vivían de las tareas rurales de su padre. Creció en el seno de una familia de profunda vida cristiana. Dos de sus hermanas fueron religiosas del Huerto. Habiendo ingresado al Colegio Seminario Ntra. Sra. de Loreto el 5 de marzo de 1856, fue ordenado sacerdote el 4 de noviembre de 1866. Como ayudante de las tareas pastorales de la Catedral de Córdoba, desempeñó su ministerio sacerdotal durante la epidemia de cólera que desbastó a la ciudad. Siendo Prefecto de Estudios del Seminario Mayor, obtuvo el título de Maestro en filosofía por la Universidad de Córdoba.

A fines de 1869 asumió el extenso Curato de San Alberto de 4.336 kilómetros cuadrados. Con poco más de 10.000 habitantes que vivían en lugares distantes sin caminos y sin escuelas. Incomunicados por las Sierras Grandes de más de 2.000 metros de altura. El estado moral y la indigencia material de sus habitantes eran lamentables. El corazón apostólico de Brochero no se desanima, sino que desde ese momento dedicara su vida toda no sólo a llevar el Evangelio sino a educar y promocionar a sus habitantes. Al año siguiente de llegar, comenzó a llevar a hombres y mujeres a Córdoba, para hacer los Ejercicios Espirituales. Recorrer los 200 kilómetros requería tres días a lomo de mula, en caravanas que muchas veces superaban las quinientas personas.

Más de una vez fueron sorprendidos por fuertes tormentas de nieve. Al regresar, luego de nueve días de silencio, oración y penitencia sus feligreses iban cambiando de vida, siguiendo el Evangelio y buscando el desarrollo económico de la zona. En 1875, con la ayuda de sus feligreses, comenzó la construcción de la Casa de Ejercicios de la entonces Villa del Transito (localidad que hoy lleva su nombre). Fue inaugurada en 1877 con tandas que superaron las 700 personas, pasando por la misma, durante el ministerio parroquial del Siervo de Dios, más 40.000 personas. Para complemento construyó la casa para las religiosas, el Colegio de niñas y la residencia para los sacerdotes. Con sus feligreses construyó más de 200 kilómetros de caminos y varias iglesias, fundó pueblos y se preocupó por la educación de todos. Solicitó ante las autoridades y obtuvo mensajerías, oficinas de correo y estafetas telegráficas.

Proyectó el ramal ferroviario que atravesaría el Valle de Traslasierra uniendo Villa Dolores y Soto para sacar a sus queridos serranos de la pobreza en que se encuentran. "abandonados de todos pero no por Dios", como solía repetir. Predicó el Evangelio asumiendo el lenguaje de sus feligreses para hacerlo comprensible a sus oyentes. Celebró los sacramentos, llevando siempre lo necesario para la Misa en las ancas de su mula. Ningún enfermo quedaba sin los sacramentos, para lo cual ni la lluvia ni el frío lo detenían. "Ya el diablo me va a robar un alma", decía. Se entregó por entero a todos, especialmente a los pobres y alejados, a quienes buscó solicitadamente para acercarlos a Dios. Pocos días después de su muerte, el diario católico de Córdoba escribe: "Es sabido que el Cura Brochero contrajo la enfermedad que lo ha llevado a la tumba, porque visitaba largo y hasta abrazaba a un leproso abandonado por ahí". Debido a su enfermedad, renunció al Curato, viviendo unos años con sus hermanas en su pueblo natal. Pero respondiendo a la solicitud de sus antiguos feligreses, regresó a su casa de Villa del Tránsito, muriendo leproso y ciego el 26 de enero de 1914.

Concilio de Calcedonia

Fue un concilio ecuménico que tuvo lugar entre el 8 de octubre y el 1 de noviembre del año 451 en Calcedonia, ciudad de Bitinia, en Asia Menor. Es el cuarto de los primeros siete concilios ecuménicos de la Cristiandad, y sus definiciones dogmáticas fueron desde entonces reconocidas como infalibles por la Iglesia Católica y por la Iglesia Ortodoxa. Rechazó la doctrina del monofisismo, defendida por Eutiques, y estableció el Credo de Calcedonia, que describe la plena humanidad y la plena divinidad de Cristo, segunda persona de la Santísima Trinidad.

En el Concilio de Éfeso (431) había sido condenada la herejía nestoriana (difisitas), que defendía que las dos naturalezas (divina y humana) de Cristo eran completamente independientes entre sí, es decir, que Cristo era a la vez Dios y hombre, pero formando un compuesto de dos personas distintas. En el concilio, San Cirilo de Alejandría se había distinguido rebatiendo las tesis de Nestorio. Según sus oponentes, Cirilo, al atacar a Nestorio, había incurrido a su vez en error, llegando a negar la existencia de dos naturalezas en Cristo. Había escrito que en Cristo no hay más que una physis, la del Verbo encarnado, utilizando la fórmula «La única physis encarnada de Dios Verbo». En 433, dos años después del concilio, la controversia entre Cirilo y sus adversarios se resolvió con un edicto de unión, en el que explícitamente se hablaba de las dos naturalezas de Cristo.

En 444, dos años después de la muerte de Cirilo, un anciano archimandrita de Constantinopla llamado Eutiques, comenzó a predicar que la naturaleza humana de Cristo estaba como absorbida por la divina, de modo que, en la unión de ambas, no había sino una naturaleza. Eutiques se proclamaba seguidor de Cirilo de Alejandría; sus tesis tuvieron muchos seguidores, entre ellos Dióscoro, sucesor de Cirilo en la sede de Alejandría. La herejía de Eutiques se denomina monofisita, del griego monos ("uno") y physis ("naturaleza") Las ideas de Eutiques encontraron pronto opositores convencidos: entre ellos, Teodoreto de Ciro, Eusebio de Dorilea y Flaviano, patriarca de Constantinopla. En cierto modo, el conflicto monofisita se planteó también como una pugna entre las sedes de Alejandría y de Constantinopla.

En un sínodo regional celebrado en Constantinopla en 448, Eusebio de Dorilea denunció las tesis de Eutiques. El sínodo expresó inequívocamente la ortodoxia de la doctrina de las dos naturalezas, y requirió la presencia de Eutiques. Éste se negó rotundamente a aceptar la decisión del sínodo, reafirmándose en su doctrina de una sola naturaleza de Cristo, por lo que el sínodo lanzó anatema contra él y contra sus partidarios. Eutiques no aceptó la autoridad del sínodo, y recurrió al Papa León I. Éste respondió con la Epístola Dogmática, en la que reafirmaba la doctrina de las dos naturalezas. Esta solución no fue aceptada por Eutiques ni por sus partidarios; a instancias de Dióscoro, el emperador de Oriente, Teodosio II, monofisita, convocó un sínodo general en Éfeso en agosto del año 449. Este acontecimiento es denominado por los historiadores católicos "latrocinio de Éfeso", siguiendo una expresión del Papa León I. El nuevo sínodo declaró la absolución de Eutiques, anatematizando la doctrina de las dos naturalezas, y depuso a Flaviano, patriarca de Constantinopla, quien fue conducido al destierro y falleció a consecuencia de los malos tratos que le dispensaron sus captores.

El Papa movió todos los hilos a su alcance para modificar la situación: escribió al emperador Teodosio II, a su hermana Pulqueria, partidaria del entendimiento con Roma, e intentó hacer intervenir al emperador de Occidente, Valentiniano III. Se abrió una profunda crisis entre León I y Dióscoro, patriarca de Alejandría, quien llegó a excomulgar al Papa. La muerte de Teodosio II en 450 produjo un giro en la situación: fue sucedido por Pulqueria; ella, y su marido Marciano eran partidarios de las tesis de Flaviano y León, y realizaron varios gestos, como conducir a Constantinopla los restos de Flaviano para darles solemne sepultura. Finalmente, decidió convocarse el concilio, no en Italia, como pretendía el Papa, sino en Calcedonia, en Asia Menor.

El concilio se reunió en Calcedonia en octubre de 451. Asistieron unos 600 obispos, de los que solamente 2 eran occidentales, dejando aparte los legados pontificios. Frente a la mayor estabilidad del imperio romano oriental, en occidente hay que tener en cuenta que en ese año 451 se produciría el enfrentamiento con los hunos de Atila, (Batalla de los Campos Cataláunicos) y la famosa intervención, legendaria o cierta, evitando que el Huno marchara sobre Roma, del propio papa León I; quien no impediría la destrucción y saqueo de Roma por los vándalos de Genserico tres años más tarde.

La presidencia del Concilio fue ocupada por el patriarca de Constantinopla, Anatolio, al lado de los representantes del Papa. El emperador Marciano apoyaba decididamente la ortodoxia. En la tercera sesión, se reconoció la Epístola Dogmática del Papa como documento de fe. Terminada su lectura los padres conciliares exclamaron "Pedro ha hablado por boca de León". Dióscoro fue condenado por unanimidad -parece ser que los obispos egipcios fueron presionados-, y todos sus decretos fueron declarados nulos. Los partidarios de Eutiques debieron aceptar la Epístola del Papa para continuar formando parte de la Iglesia. Trece obispos egipcios, sin embargo, rehusaron aceptarla, arguyendo que sólo aceptarían "la fe tradicional".

El texto principal de las decisiones del Concilio es el siguiente:

Siguiendo, pues, a los Santos Padres, todos a una voz enseñamos que ha de confesarse a uno solo y el mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el mismo perfecto en la divinidad y el mismo perfecto en la humanidad, Dios verdaderamente, y el mismo verdaderamente hombre de alma racional y de cuerpo, consustancial con el Padre en cuanto a la divinidad, y el mismo consustancial con nosotros en cuanto a la humanidad, semejante en todo a nosotros, menos en el pecado [Hebr. 4, 15]; engendrado del Padre antes de los siglos en cuanto a la divinidad, y el mismo, en los últimos días, por nosotros y por nuestra salvación, engendrado de María Virgen, madre de Dios, en cuanto a la humanidad; que se ha de reconocer a uno solo y el mismo Cristo Hijo Señor unigénito en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación, en modo alguno borrada la diferencia de naturalezas por causa de la unión, sino conservando, más bien, cada naturaleza su propiedad y concurriendo en una sola persona y en una sola hipóstasis, no partido o dividido en dos personas, sino uno solo y el mismo Hijo unigénito, Dios Verbo Señor Jesucristo, como de antiguo acerca de Él nos enseñaron los profetas, y el mismo Jesucristo, y nos lo ha trasmitido el Símbolo de los Padres. Así, pues, después que con toda exactitud y cuidado en todos sus aspectos fue por nosotros redactada esta fórmula, definió el santo y ecuménico Concilio que a nadie será lícito profesar otra fe, ni siquiera escribirla o componerla, ni sentirla, ni enseñarla a los demás.

En su canon 28, el Concilio aprobó también la práctica equiparación de las sedes de Roma y Constantinopla. Esta decisión fue tomada en ausencia de los legados del papa y anulada por éste. El ya nombrado Anatolio, que presidía, escribió así al papa refiriéndose a esto: "quedando reservada a la autoridad de Vuestra Beatitud toda la validez y la aprobación de tal acto". Se dice que en este concilio fue la primera vez que se utilizó el término griego prosopon, que quiere decir máscara, para referirse a persona, como hoy conocemos el término.

La principal consecuencia del Concilio fue el cisma de los monofisitas. El Patriarca de Alejandría no aceptó el concilio y finalmente terminó por escindir su patriarcado del resto de la Iglesia. También muchos obispos repudiaron el concilio arguyendo que la doctrina de las dos naturalezas era prácticamente nestoriana. En las principales sedes apostólicas del Imperio bizantino, se abrió un período de disputas entre monofisitas y ortodoxos, con diversas vicisitudes, en las que intervinieron a menudo los emperadores. Aquí tienen su origen las antiguas iglesias orientales, que aún hoy rechazan los resultados del Concilio: la Iglesia Copta que nació de la ruptura del Patriarcado de Alejandría con el resto de la Iglesia, la Iglesia Apostólica Armenia, la Iglesia Ortodoxa Siríaca y la Iglesia Ortodoxa Malankara, de la India.

martes, 10 de septiembre de 2013

Vigilia de oración por la paz

Homilía del santo Padre Francisco
Plaza de San Pedro
Sábado 7 de septiembre de 2013


«Y vio Dios que era bueno» (Gn 1,12.18.21.25). El relato bíblico de los orígenes del mundo y de la humanidad nos dice que Dios mira la creación, casi como contemplándola, y dice una y otra vez: Es buena. Queridos hermanos y hermanas, esto nos introduce en el corazón de Dios y, desde su interior, recibimos este mensaje.

Podemos preguntarnos: ¿Qué significado tienen estas palabras? ¿Qué nos dicen a ti, a mí, a todos nosotros?

1. Nos dicen simplemente que nuestro mundo, en el corazón y en la mente de Dios, es “casa de armonía y de paz” y un lugar en el que todos pueden encontrar su puesto y sentirse “en casa”, porque “es bueno”. Toda la creación forma un conjunto armonioso, bueno, pero sobre todo los seres humanos, hechos a imagen y semejanza de Dios, forman una sola familia, en la que las relaciones están marcadas por una fraternidad real y no sólo de palabra: el otro y la otra son el hermano y la hermana que hemos de amar, y la relación con Dios, que es amor, fidelidad, bondad, se refleja en todas las relaciones humanas y confiere armonía a toda la creación. El mundo de Dios es un mundo en el que todos se sienten responsables de todos, del bien de todos. Esta noche, en la reflexión, con el ayuno, en la oración, cada uno de nosotros, todos, pensemos en lo más profundo de nosotros mismos: ¿No es ése el mundo que yo deseo? ¿No es ése el mundo que todos llevamos dentro del corazón? El mundo que queremos ¿no es un mundo de armonía y de paz, dentro de nosotros mismos, en la relación con los demás, en las familias, en las ciudades, en y entre las naciones? Y la verdadera libertad para elegir el camino a seguir en este mundo ¿no es precisamente aquella que está orientada al bien de todos y guiada por el amor?

2. Pero preguntémonos ahora: ¿Es ése el mundo en el que vivimos? La creación conserva su belleza que nos llena de estupor, sigue siendo una obra buena. Pero también hay “violencia, división, rivalidad, guerra”. Esto se produce cuando el hombre, vértice de la creación, pierde de vista el horizonte de belleza y de bondad, y se cierra en su propio egoísmo. Cuando el hombre piensa sólo en sí mismo, en sus propios intereses y se pone en el centro, cuando se deja fascinar por los ídolos del dominio y del poder, cuando se pone en el lugar de Dios, entonces altera todas las relaciones, arruina todo; y abre la puerta a la violencia, a la indiferencia, al enfrentamiento. Eso es exactamente lo que quiere hacernos comprender el pasaje del Génesis en el que se narra el pecado del ser humano: El hombre entra en conflicto consigo mismo, se da cuenta de que está desnudo y se esconde porque tiene miedo (Gn 3,10), tiene miedo de la mirada de Dios; acusa a la mujer, que es carne de su carne (v. 12); rompe la armonía con la creación, llega incluso a levantar la mano contra el hermano para matarlo. ¿Podemos decir que de la “armonía” se pasa a la “desarmonía”? ¿Podemos decir eso: que de la armonía se pasa a la “desarmonía”? No, no existe la “desarmonía”: o hay armonía o se cae en el caos, donde hay violencia, rivalidad, enfrentamiento, miedo…

Precisamente en medio de este caos, Dios pregunta a la conciencia del hombre: «¿Dónde está Abel, tu hermano?». Y Caín responde: «No sé, ¿soy yo el guardián de mi hermano?» (Gn 4,9). Esta pregunta se dirige también a nosotros, y también a nosotros nos hará bien preguntarnos: ¿Soy yo el guardián de mi hermano? Sí, tú eres el guardián de tu hermano. Ser persona humana significa ser guardianes los unos de los otros. Sin embargo, cuando se rompe la armonía, se produce una metamorfosis: el hermano que deberíamos proteger y amar se convierte en el adversario a combatir, suprimir. ¡Cuánta violencia se genera en ese momento, cuántos conflictos, cuántas guerras han jalonado nuestra historia! Basta ver el sufrimiento de tantos hermanos y hermanas. No se trata de algo coyuntural, sino que es verdad: en cada agresión y en cada guerra hacemos renacer a Caín. ¡Todos nosotros! Y también hoy prolongamos esta historia de enfrentamiento entre hermanos, también hoy levantamos la mano contra quien es nuestro hermano. También hoy nos dejamos llevar por los ídolos, por el egoísmo, por nuestros intereses; y esta actitud va a más: hemos perfeccionado nuestras armas, nuestra conciencia se ha adormecido, hemos hecho más sutiles nuestras razones para justificarnos. Como si fuese algo normal, seguimos sembrando destrucción, dolor, muerte. La violencia, la guerra traen sólo muerte, hablan de muerte. La violencia y la guerra utilizan el lenguaje de la muerte.

Tras el caos del Diluvio, dejó de llover, apareció el arco iris y la paloma trajo un ramo de olivo. Pienso también hoy en aquel olivo que los representantes de las diferentes religiones plantamos en Buenos Aires, en la Plaza de Mayo, el año 2000, pidiendo que no haya más caos, pidiendo que no haya más guerra, pidiendo paz.

3. Y en estas circunstancias, me pregunto: ¿Es posible seguir el camino de la paz? ¿Podemos salir de esta espiral de dolor y de muerte? ¿Podemos aprender de nuevo a caminar por las sendas de la paz? Invocando la ayuda de Dios, bajo la mirada materna de la Salus populi romani, Reina de la paz, quiero responder: Sí, es posible para todos. Esta noche me gustaría que desde todas las partes de la tierra gritásemos: Sí, es posible para todos. Más aún, quisiera que cada uno de nosotros, desde el más pequeño hasta el más grande, incluidos aquellos que están llamados a gobernar las naciones, dijese: Sí, queremos. Mi fe cristiana me lleva a mirar a la Cruz. ¡Cómo quisiera que por un momento todos los hombres y las mujeres de buena voluntad mirasen la Cruz! Allí se puede leer la respuesta de Dios: allí, a la violencia no se ha respondido con violencia, a la muerte no se ha respondido con el lenguaje de la muerte. En el silencio de la Cruz calla el fragor de las armas y habla el lenguaje de la reconciliación, del perdón, del diálogo, de la paz. Quisiera pedir al Señor, esta noche, que nosotros cristianos y los hermanos de las otras religiones, todos los hombres y mujeres de buena voluntad gritasen con fuerza: ¡La violencia y la guerra nunca son el camino para la paz!

Que cada uno mire dentro de su propia conciencia y escuche la palabra que dice: Sal de tus intereses que atrofian tu corazón, supera la indiferencia hacia el otro que hace insensible tu corazón, vence tus razones de muerte y ábrete al diálogo, a la reconciliación; mira el dolor de tu hermano —pienso en los niños, solamente en ellos…—, mira el dolor de tu hermano, y no añadas más dolor, detén tu mano, reconstruye la armonía que se ha roto; y esto no con la confrontación, sino con el encuentro. ¡Que se acabe el sonido de las armas! La guerra significa siempre el fracaso de la paz, es siempre una derrota para la humanidad. Resuenen una vez más las palabras de Pablo VI: «Nunca más los unos contra los otros; jamás, nunca más… ¡Nunca más la guerra! ¡Nunca más la guerra!» (Discurso a las Naciones Unidas, 4 octubre 1965: AAS 57 [1965], 881). «La Paz se afianza solamente con la paz; la paz no separada de los deberes de la justicia, sino alimentada por el propio sacrificio, por la clemencia, por la misericordia, por la caridad» (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1976: AAS 67 [1975], 671). Hermanos y hermanas, perdón, diálogo, reconciliación son las palabras de la paz: en la amada nación siria, en Oriente Medio, en todo el mundo. Recemos esta noche por la reconciliación y por la paz, contribuyamos a la reconciliación y a la paz, y convirtámonos todos, en cualquier lugar donde nos encontremos, en hombres y mujeres de reconciliación y de paz.

Así sea.