domingo, 22 de enero de 2023

Vacaciones en la Sierra - Parte III - Encuentro con el Lagarto Juancho, El Oso y Luis Palau

VIRGEN DE LA CANDELARIA

Virgen de la Candelaria o Nuestra Señora de Candelaria es una advocación mariana de la religión católica que tiene su origen en Tenerife (España). Su etimología deriva de candelero o candela que se refiere a la luz: la luz santa que guía hacia el buen camino y la redención y aviva la fe en Dios. Su festividad es celebrada según el calendario litúrgico el 2 de febrero, donde se recuerda la presentación de Jesús en el Templo de Jerusalén después de su nacimiento y la purificación de María. La Virgen de la Candelaria es, en su lugar de origen la patrona de las Islas Canarias y se la clasifica como una Virgen negra. Su devoción tiene mucho arraigo en otras partes de España, y en países como Bolivia, Chile, Colombia, México, Perú, Venezuela, Cuba y otros. Asimismo, su patronazgo se extiende a varias ciudades y países de América y de otros continentes. La Virgen de la Candelaria toma su nombre de la fiesta de la Candelaria o de la Luz, que tuvo su origen en el Oriente con el nombre del "Encuentro", y después se extendió al Occidente en el siglo VI, y llegó a celebrarse en Roma con un carácter penitencial. En Jerusalén se celebraba con una procesión con velas encendidas hasta la Basílica de la Resurrección (Santo Sepulcro), la cuál había sido mandada construir por órdenes del Emperador Constantino. Simeón recibe a Jesús cuando éste es presentado por sus padres en el Templo de Jerusalén. La iconografía de la Virgen de la Candelaria se basa en este pasaje bíblico de la Presentación del niño Jesús en el Templo.

Su fiesta se celebra, según el calendario o santoral católico, el 2 de febrero, después de que el papa Gelasio I prohibió y condenó, en el año 494, las fiestas lupercales, considerada una celebración pagana, y la sustituyó por la fiesta de la presentación, en recuerdo del pasaje bíblico de la Presentación del Niño Jesús en el Templo de Jerusalén (Lc 2;22-39) y la purificación de la Virgen María después del parto, para cumplir la prescripción de la Ley del Antiguo Testamento (Lev 12;1-8). La Fiesta de la Candelaria se conoce y se celebra con diversos nombres: la Presentación del Señor, la Purificación de María, la fiesta de la Luz y la fiesta de las Candelas; todos estos nombres expresan el significado de la fiesta. Cristo la Luz del mundo presentada por su Madre en el Templo viene a iluminar a todos como la vela o las candelas, de donde se deriva la advocación de la Virgen de la "Candelaria". Siglos después, en torno al año 1392 o 1400, una imagen de la Virgen María que representaba esta advocación, fue encontrada a la orilla del mar por dos pastores guanches de la isla canaria de Tenerife (lo que es actualmente España). En 1526, se construyó el primer templo de la Candelaria junto a la cueva en donde fue venerada originalmente. A partir de aquí, la Fiesta de la Candelaria asume un carácter mariano entorno al relato de la aparición de esa imagen a aquellos guanches.

Dicho relato sería escrito por el fraile dominico Fray Alonso de Espinosa en sus obras "Historia de Nuestra Señora de Candelaria" y "Del origen y milagros de la Santa Imagen de nuestra Señora de Candelaria, que apareció en la Isla de Tenerife con la descripción de esta Isla". Desde las Islas Canarias el culto a la Virgen de la Candelaria se ha extendido a través de los siglos por diferentes ciudades y países sobre todo en Latinoamérica, donde ha adoptado rasgos de las diferentes naciones donde se encuentra un templo suyo. La iconografía de la Virgen de la Candelaria se basa en el pasaje bíblico de la Presentación del niño Jesús en el Templo de Jerusalén (Lucas 2,22-40). La virgen sostiene la candela o vela de la que toma nombre y lleva una canasta con un par de tórtolas. El niño Jesús fue llevado al Templo de Jerusalén, según Ley de Moisés, para ser presentado al Señor, y además para cumplir con el rito de la purificación de la Virgen María (Cf. Lev. 12, 6-8). Según fuentes más heterodoxas, el culto a la Virgen de la Candelaria surgió a partir de la incorporación en el siglo XVI al catolicismo de la devoción a la estrella Canopo, por parte de la cultura de los antiguos canarios o guanches, preexistente a la llegada de los europeos. La Virgen de la Candelaria sería fruto de un sincretismo entre la devoción a la Purificación de la Virgen María y la diosa nativa guanche Chaxiraxi, cuyo nombre significa 'la que carga o sostiene el firmamento'. Para algunos investigadores Chaxiraxi era una divinidad femenina relacionada con la luna y la fertilidad, mientras que para otros estaría vinculada al sol (Magec).

Así, era una de las diosas principales de la mitología guanche emparentada con la diosa Juno del entorno mediterráneo-norteafricano y con el culto a la estrella Canopo. Otros sin embargo, afirman que sería una reminiscencia del culto a la diosa Tanit. Este tipo de sincretismo entre la Virgen María cristiana y deidades locales es palpable en otros lugares del mundo, tal es el caso de la Virgen de Guadalupe y la diosa azteca Tonantzin en México. En algunos países latinoaméricanos, la Virgen de la Candelaria es igualmente identificada con deidades nativas, tales como la Pachamama en Perú, Oyá en la Santería cubana o Coatlicue en el México colonial, según escribió Fray Bernardino de Sahagún.

SAN FRANCISCO DE SALES

Los años convulsionados en Francia, después de la Reforma Protestante, formaron el fondo de la vida de Francisco de Sales. Nació el 21 de agosto de 1567 de una familia noble, en el reino de Saboya, situado entre Francia, Italia y Suiza.-- Estudió en el Colegio de Clermont de los Jesuitas, en París, y en la Universidad de Padua, donde se doctoró en Derecho Canónico y Civil. Siendo estudiante en París, tuvo que atravesar la tempestad de una severa crisis espiritual, al sufrir la tentación de desesperación respecto a la predestinación. Para su padre, fue una gran decepción que Francisco no aceptara una carrera espléndida en el mundo, sino que prefiriera el sacerdocio. Después de la ordenación, su  obispo lo envió como joven misionero a Chaláis, región de Saboya, por cuatro años. Allá adquirió una gran fama por sus folletos en defensa de la fe pero también apenas escapó de un atentado contra su vida. Sus escritos de esa época fueron publicados con el título de Controversias y la Defensa del Estandarte de la Santa Cruz. Al finalizar su apostolado de misionero, había persuadido aproximadamente a 72.000 Calvinistas para que volvieran a la Iglesia Católica.

Fue consagrado obispo de Ginebra en 1602, pero residía en Annecy (ahora ubicada en Francia), ya que Ginebra estaba bajo el dominio de los Calvinistas y, por lo tanto, cerrada para él. Su diócesis se volvió muy conocida en Europa a causa de su eficiente organización, de su celoso clero y de sus laicos bien esclarecidos – realización monumental en aquella época. Su fama como director espiritual y escritor aumentaba. Lo convencieron  para que reuniese, organizase y difundiese sus muchas cartas sobre asuntos espirituales y las publicase. Es lo que hizo en 1609,  con el título de Introducción a la Vida Devota. Esta se volvió su obra más famosa y, todavía hoy, se considera una obra clásica que se encuentra en las librerías del mundo entero. Pero su proyecto esencial fue escribir El Tratado del Amor de Dios, fruto de años de oración y de trabajo. Éste también continúa siendo publicado en la actualidad. Quería escribir además una obra paralela al Tratado, o sea, sobre el Amor al Prójimo, pero su muerte el 28 de diciembre de 1622, a los 55 años de edad, frustró este proyecto. Además de las obras arriba mencionadas, sus cartas, predicaciones y coloquios ocupan cerca de 30 volúmenes. El valor permanente y la popularidad de sus escritos llevó a la Iglesia a concederle el título de Patrono de Escritores y Periodistas Católicos.

Francisco aceptó en su casa a un joven con dificultad de audición y creó un lenguaje de símbolos para posibilitar la comunicación. Esa obra de caridad condujo a la Iglesia a darle otro título, o sea, el de Patrono de los de Difícil Audición. Junto a Santa Francisca de Chantal fundó la Orden religiosa de las Hijas de la Visitación de Santa María, conocidas por la simplicidad de su regla y tradiciones y por su apertura especial a las viudas. Fue a través de la perseverante insistencia de una de estas hermanas, unos 250 años más tarde, la Madre María de Sales Chappuis, que un sacerdote de Troyes, en Francia, Luis Brisson, fundó a los Oblatos de San Francisco de Sales, una comunidad de sacerdotes y hermanos, dedicados a la vivencia y divulgación del espíritu y de las enseñanzas de San Francisco de Sales. Padre Brisson fundó también una comunidad de Hermanas con el mismo nombre, las Oblatas de San Francisco de Sales. El espíritu y la fama de Francisco y la influencia de sus escritos se extendieron rápidamente después de su muerte. En 1665 la Iglesia lo declaró santo y le dio el título excepcional de Doctor de la Iglesia en 1867 - un título otorgado sólo a unos 30 santos en la historia ---que son famosos por sus escritos. Se celebra su fiesta el día 24 de enero. A diferencia de muchos santos cuyas vidas, repletas de acontecimientos maravillosos, parecen estar fuera del alcance de cristianos comunes la vida de Francisco de Sales no presenta nada de extraordinario. Sus ideales de moderación y caridad, de gentileza y humildad, de alegría y entrega a la voluntad de Dios son expresados con una sensatez que anima a los débiles y alimenta a los fuertes, ocasionándole la reputación de "el Santo Caballero".

Para conmemorar el cuarto centenario de su nacimiento, el Papa Paulo VI escribió una Carta Apostólica, en 1967, en la cual destacó la conveniente actualidad de Francisco de Sales para nuestra época moderna. Él escribe: Ninguno de los Doctores de la Iglesia, más que San Francisco de Sales preparó las deliberaciones y decisiones del Concilio Vaticano II  con una visión tan perspicaz y progresista. Él ofrece su contribución por el ejemplo de su vida, por la riqueza de su verdadera y sólida doctrina, por el hecho que él abrió y reforzó las sendas de la perfección cristiana para todos los estados y condiciones de vida. Proponemos que esas tres cosas sean imitadas, acogidas y seguidas.

LA LITURGIA COMO FUENTE DE VIDA-Segunda Parte

¿Qué significa que debemos dar culto a Dios “en Espíritu y Verdad”? Nos referimos al diálogo de Jesús con la samaritana: Jn 4,23-24 donde viene la expresión “en Espíritu y Verdad”. El contexto en que se desarrolla el relato: se trata de un viejo problema entre los samaritanos y el resto de los judíos. Desde tiempos de Jeroboam se prohibió a los samaritanos ir en peregrinación a Jerusalén (1 Re 12,25-33) y después del exilio de Babilonia no se les permitió participar en la reconstrucción del templo de Jerusalén (Esd. 4,1-3). Era como excluirlos del culto oficial. Este hecho provocó que ellos iniciaran su culto en otro lugar: el monte Garizín. Ante el problema planteado dónde dar culto a Dios, Jesús afirma que los verdaderos adoradores de Dios no le adorarán ya en un lugar concreto (por tanto, ni en Jerusalén ni en el monte Garizín) sino “en Espíritu y Verdad”. ¿Qué significa? Esta expresión ha sido interpretada de diversas formas:

Algunos entienden “en espíritu” en oposición a cuerpo. Por tanto, lo importante es la rectitud interior; Otros lo interpretan desde una perspectiva más psicológica, referido a la intimidad del alma, sería un culto espiritualista; En tiempos más actuales se interpretó este espiritualismo matizándolo con el “en verdad” en sentido subjetivo: culto sincero, auténtico, verdadero, real. Sin embargo, la exégesis bíblica nos pone en la pista de una interpretación teológica más correcta:

- “En espíritu” se refiere al Espíritu Santo. Jesús hace depender la liturgia de la acción del Espíritu. El culto verdadero es suscitado por el Espíritu no por la iniciativa de alguien en privado o por su subjetividad.

- “En verdad” se refiere a Cristo y marca el carácter trinitario de la expresión: debe ser adorado el Padre. Esto es posible por el Espíritu que nos conduce a la Verdad: Jesús, revelación del Padre.

Este texto es importante para interpretar correctamente la liturgia cristiana: adoramos al Padre, por medio de su Hijo Jesucristo, en el Espíritu Santo. Esto es interesante y práctico: siempre que se realiza un acto de culto Cristo es el centro. La liturgia no será el resultado de la satisfacción por lo bien que lo hacemos en las celebraciones sino un auténtico encuentro con Cristo. Es este un criterio de discernimiento para nuestra forma de vivir la liturgia. El culto de la Iglesia tiene como centro a Cristo, claro. En la acción litúrgica, la Iglesia evoca y presencializa la obra salvadora realizada por Dios en Cristo. Un comentarista de la carta a los Hebreos, nos señala la novedad del nuevo culto: La percepción de esta diferencia profunda se mantiene en las expresiones litúrgicas del culto cristiano. No se debe favorecer de ninguna manera el retorno a un culto simplemente ritual, externo, convencional. El culto cristiano no consiste en el cumplimiento exacto de ciertas ceremonias, sino en la transformación de la existencia misma, por medio de la caridad divina.

En el Nuevo Testamento se recurre a términos que señalan la visión de una nueva forma de ver el culto, por ejemplo, la celebración de la Eucaristía jamás se denomina sacrificio sino fracción del pan (Hch 2,42. 46; 20, 7-11; 1 Cor. 10, 16); cena del Señor (1 Cor. 11,20), mesa del Señor (1 Cor 10,21), cáliz de la bendición o cáliz del Señor (1 Cor 10, 16-21). Se ve clara la distancia con el Antiguo Testamento. Otro dato significativo del NT es la terminología cultual utilizada para designar realidades de la comunidad cristiana o de la vida de los fieles. Así los mismos cristianos son considerados elementos constitutivos del templo (piedras vivas) y partes integrantes del sacerdocio (1 Pe 2,5; 1 Cor. 3,10-17; Ef 2,20ss). La liturgia cristiana es la traducción y la expresión externa en formas típicamente culturales de una vida consagrada en su totalidad al servicio de Dios a imitación de la de Jesús, que aceptó fielmente la voluntad del Padre como norma de existencia. Nos puede ayudar a pensar un poco este tema la siguiente reflexión:

“Casi obsesivamente nos preguntamos en nuestros días ¿para qué sirve la fe? ¿Qué añade la fe a una vida humana plenamente vivida? Tales preguntas son el signo de un debilitamiento de la vida de fe. El creyente auténtico no necesita tener una respuesta a estas preguntas para creer. Creer es algo gratuito. Es un don que se acepta libremente, que se recibe gozosamente, por el valor absoluto que en él descubre el creyente. El culto, cuyo parentesco con el juego ha sido resaltado por los liturgistas, expresa muy vivamente esa gratuidad de la fe. Por eso es una actividad esencialmente “desinteresada” y reviste como formas más frecuentes las de la acción de gracias. Es comprensible que el hombre pragmático, funcionalizado... de nuestros días haya perdido sensibilidad para una actividad puramente “inútil”, totalmente gratuita. Pero, por eso, es tanto más necesario para la vida religiosa recobrar el sentido de la celebración si no se quiere que el pragmatismo y el materialismo terminen por hacer imposible el ejercicio de la actitud creyente”.

EL CHAMANISMO SIBERIANO-Segunda Parte

Los chamanes creían en tres mundos de la existencia conectados por el Árbol del Mundo o Árbol de la Vida, ellos eran: el mundo inferior o inframundo, habitado por los muertos que están esperando la reencarnación; el mundo intermedio o Tierra Media, el plano material de la existencia en el cual los espíritus humanos están encarnados. El mundo superior o Cielo, el lugar donde moran los Dioses. El chamán puede tener acceso a estos otros mundos durante un trance, por medio de un viaje espiritual. Su alma corporal sube por la columna de humo desde el fuego y pasa por la abertura en el techo de la YURTA (una vivienda tradicional construida a partir de una estructura de postes de madera cubiertos con pieles de animales, y con un agujero central para la salida del humo en el techo, era un símbolo del microcosmos o una representación del universo). Es interesante notar que en los tiempos medievales se suponía que las brujas europeas volaban a su SABBATS subiendo por la chimenea en sus palos de escoba.

Los chamanes también pueden volar por el aire cuando ellos viajan con el espíritu, ya sea metamorfoseándose en forma de aves (como gansos) o montados en la espalda de un ciervo o caballo volador o algún otro animal grande. Nuevamente, hay muchos grabados en madera que datan de la Edad Media representando a brujas cabalgando por el cielo nocturno en las espaldas de cabras y carneros. A veces el chamán visitaba el mundo de los espíritus subiendo al Árbol del Mundo mismo o viajando a lo largo de un arco iris. Éste es otro símbolo que se encuentra en la Mitología Nórdica de Europa del Norte, donde un puente de arco iris conecta al MIDGARD (la Tierra Media) con ASGARD, el reino de los Dioses. Uno de los métodos usados por los chamanes siberianos para lograr el trance y los viajes espirituales era la ingestión del hongo alucinógeno AMANITA MUSCARIA. Este hongo venenoso rojo con manchas blancas tiene una relación simbiótica tanto con los abedules como con los abetos, que crecen profusamente en los climas del Norte y árticos. El hongo está reputado como capaz de abrir la "grieta entre los mundos". En común con las creencias populares autóctonas en Occidente, era aceptado en el chamanismo que el mundo espiritual no estaba completamente separado del mundo material. Éstos pueden ser una montaña sagrada o una colina, una piedra, un río, un lago, un bosque o cualquier señal natural en el campo.

Los lugares fantasmagóricos, ya sean sitios naturales en el paisaje o edificios, asociados en el folklore con fenómenos paranormales y lugares embrujados, son por lo general portales de acceso de los espíritus. En la creencia chamanística, todos los objetos inanimados estaban habitados o poseídos por una energía o fuerza espiritual que controlaba su entorno. Algunos chamanes enseñaban que los seres vivientes, sobre todo los humanos, podían tener más de un espíritu habitando en su cuerpo físico. Muchos aceptaban que los humanos tenía un DOBLE ETÉRICO, ASTRAL O ESPIRITUAL, y que éste podía ser proyectado en un trance o viaje del espíritu para vagar sobre la Tierra y también entrar en el Otro Mundo. Los chamanes creían que el alma de un ser humano residía en un campo de energía esférico u ovoideo que rodea a cada uno de nosotros. Es probablemente lo que los ocultistas occidentales denominaban como el CAMPO ÁURICO O AURA. Era este campo de energía el que era atacado por los demonios o por los CHAMANES NEGROS cuando ellos atacaban psíquicamente a sus víctimas, y de esa manera ellos podían causar la enfermedad o la muerte.

Era la tarea del CHAMÁN BLANCO reparar el equilibrio curando el aura dañada y, de ser posible, llevar a la víctima de vuelta a la salud plena. Antes vimos cómo los animales eran importantes tótems del clan y guías espirituales para el chamán. Antes del siglo XX y del aumento de la producción de comida a escala industrial, la caza estaba extendida en las estepas y en los bosques siberianos. A diferencia de la creencia cristiana, se aceptaba sin cuestionar que los animales tenían alma, y que cuando se los perseguía y mataba era esencial que sus espíritus fueran respetados y apaciguados. Si esto no se hacía, el desastre y la desgracia podrían acontecer al cazador, a su familia y a su tribu. Cuando un cazador mataba a su presa, siempre ésta era despachada rápidamente, de manera limpia y sin crueldad.

A pesar de la temprana llegada de los comerciantes de pieles y mercaderes a Siberia y Mongolia, el chamanismo sobrevivió. En el siglo XVI, sin embargo, un gobernante mongol llamado ALTAN JAN invitó a una misión budista tibetana al país. Sus motivos eran políticos, por cuanto él quería consolidar su propia posición como el líder tribal supremo, afirmando ser la reencarnación de GRAN KUBLAI JAN. Los budistas estuvieron de acuerdo en reconocer su reclamación, y a cambio el JAN dio al jefe de la orden budista el título espiritual de DALAI LAMA, el que por supuesto existe hoy aunque su portador actual esté en el exilio en India. Como resultado de la conversión del JAN, él aprobó leyes que prohibían los rituales chamánicos y concedió al clero budista un status especial en la sociedad y privilegios que no fueron concedidos a los chamanes.

La hermandad de CHAMANES NEGROS rechazó someterse a la nueva religión y muchos fueron asesinados. Algunos CHAMANES BLANCOS llegaron a un acomodo con ella. Esto condujo a la creación de un tercer camino llamado el "CHAMANISMO AMARILLO" que se sometió al control de los lamas y combinó las creencias y prácticas chamánicas con el budismo tibetano. Durante el siglo XVIII en Siberia, misioneros budistas, cristianos Ortodoxos y musulmanes intentaron convertir a la población nativa y se opusieron a la práctica de todas las religiones rivales. Considerando su moderna imagen pacífica y pacifista, los monjes budistas fueron los más severos a este respecto, y ellos persiguieron a los chamanes, los golpearon y destruyeron sus sitios sagrados sustituyéndolos por sus propios santuarios llenos de imágenes. La Iglesia Ortodoxa rusa también obligó a las tribus paganas a aceptar el bautismo a punta de espadas y ellos azotaron o encarcelaron a cualquiera que se atreviera a practicar ritos chamánicos como la adivinación y el sacrificio de animales. A pesar de esta persecución religiosa, el chamanismo sobrevivió a las conversiones forzadas y continuó de manera clandestina en remotas áreas rurales. A veces eran incorporados elementos chamánicos a una forma poco ortodoxa de cristianismo popular que prosperó a pesar de la censura de los sacerdotes.

Algunos chamanes aceptaron a los santos patronos de Rusia, Jorge y Miguel, como sus deidades. Dieron incluso a Miguel el título honorario de "MAESTRO DE LOS CHAMANES", y se hacían sacrificios de sangre a sus iconos. Después de la Revolución bolchevique en 1917, el chamanismo tuvo un breve renacimiento dado que el poder y la influencia de la Iglesia Ortodoxa Rusa y el budismo en Siberia se desvanecieron. Sin embargo, con el comienzo del sangriento régimen estalinista en los años '20, la nueva política del colectivismo agrícola causó cambios drásticos en la sociedad siberiana. Los comunistas soviéticos consideraban a los chamanes como un ejemplo de superstición primitiva y de desigualdad social, y ellos fueron condenados como enemigos del Estado.

Con el colapso del comunismo soviético a fines de los años '80 y principios de los '90, hubo un renacimiento de la cultura tradicional entre los pueblos étnicos de la antigua URSS. En los años '90 un movimiento neo-chamánico conocido como TENGRIANISMO surgió en Asia Central y en la nueva Federación Rusa. Éste rápidamente se organizó y ahora afirma disponer de una membresía bastante inflada de 500.000 personas. A diferencia del chamanismo de los antiguos tiempos, el TENGRIANISMO es una forma monoteísta de religión con una cosmología que es adecuada para el mundo moderno. Está firmemente basado en las preocupaciones "VERDES O AMBIENTALES MODERNAS" y cree que la Humanidad debería vivir en armonía con el mundo natural. Olvidando o ignorando la persecución del pasado, también predica la tolerancia hacia otras religiones y procura coexistir con ellas en un espíritu inter-religioso. Extrañamente es también una religión sin dogmas, oraciones o un clero.

El renacimiento del chamanismo en su moderna forma TENGRIANISTA parecería remontarse a un pasado romántico que probablemente nunca existió en realidad. Un deseo interior de unirse de nuevo con el mundo natural y seguir valores espirituales en una tecnocrática sociedad de consumo, una visión romántica del pasado y una urgencia por "salvar el planeta", son también la fuerza impulsora detrás del llamado "CHAMANISMO URBANO" en Occidente. Sin embargo, los chamanes siberianos y sus hermanos mongoles no estaban tanto interesados en la conservación del medioambiente como en la supervivencia del día a día apaciguando los espíritus que ellos creían que habitaban en él.

¿MARIOLOGÍA O ESPERANZA DEL PUEBLO QUE SUFRE? SEGUNDA PARTE

Por qué la Mujer aparece en medio de los dolores de parto: porque así se denominaban los sufrimientos de los primeros discípulos frente a la muerte de Jesús. En efecto, en la última cena, viendo Él la tristeza en sus rostros, les dijo: “La mujer, cuando va a dar a luz, está triste porque le ha llegado la hora; pero cuando nace la criatura se olvida de los dolores de parto por la alegría de que un niño ha nacido en el mundo. También ustedes están tristes ahora, pero volveré a verlos y se alegrarán con una alegría que nadie les podrá quitar” (Jn 16:21-22). Jesús, pues, compara el dolor que sus discípulos sienten ante su muerte con los de una mujer ante el parto; y la alegría de su resurrección, con la del nacimiento de un niño. Exactamente la imagen que emplea aquí el Apocalipsis.

Así, se clarifica el detalle de las alas de águila dadas a la Mujer para huir al desierto. Porque en el Antiguo Testamento las alas de águila simbolizan la protección y la seguridad que Dios daba a su pueblo para salvarlo en los momentos difíciles. Por ejemplo, cuando lo sacó de la esclavitud de Egipto y lo llevó hasta el monte Sinaí, Dios dijo: “Ya han visto lo que hice con los egipcios, y cómo a ustedes los llevé sobre alas de águila para traerlos hacia mí” (Ex 19:4). Y cuando llegaron a la tierra prometida, luego de sortear innumerables dificultades, Dios les recordó: “Como el águila que vuela sobre sus polluelos, así el Señor extendió sus alas, los tomó y los llevó a cuestas” (Dt 32:11). El libro, pues, quiere decirnos que también ahora Dios sacará a su pueblo de todas las dificultades.

Otro rasgo que se aclara de esta Mujer, y que no se entendía cuando la identificábamos con María, es el de su huida al desierto. Tratándose del pueblo de Dios, todo está más claro. Como en el Antiguo Testamento Dios había llevado a su pueblo al desierto para ponerlo a salvo y protegerlo, tradicionalmente el desierto se convirtió en la imagen del cuidado y la protección de Dios. Por eso ahora la Mujer aparece llevada al desierto, para decirnos que Dios no ha dejado de cuidar a su pueblo. Y se entiende, además, por qué la Mujer aparece alimentada por Dios en el desierto (v.6). Porque así como Dios había alimentado a su pueblo durante cuarenta años con el maná caído del cielo, también ahora su pueblo tiene un nuevo pan que lo fortalece en medio de las dificultades: la eucaristía.

Nos falta, por último, dilucidar quién es, qué simboliza otro personaje de la visión: el gran Dragón Rojo de siete cabezas, siete coronas y diez cuernos, que busca devorar al niño y persigue a la mujer. El color rojo simboliza en la Biblia la muerte, el dolor, la sangre derramada. El “gran” tamaño subraya su vigor. Las siete cabezas demuestran su inteligencia. Y las coronas significan la autoridad que aparenta tener. Los cuernos representan su enorme Fuerza, ya que en el Apocalipsis el cuerno es símbolo de fortaleza. Pero el autor anota a propósito que sus cuernos eran diez. Y para el Apocalipsis el número diez significa algo humano, terrestre. Así Juan quiso decirnos que aunque la fuerza representada en los cuernos de este Dragón parece colosal, en realidad es solo una fuerza humana (diez). En cambio, pinta a Jesús en el capítulo 5 con siete cuernos (5:6), tres menos que el Dragón, porque el número siete simboliza lo divino, lo sobrenatural. Por lo tanto, el autor quiere advertirnos que a veces las apariencias engañan. Y que el poder de Jesucristo es superior al de cualquier otro personaje del mundo, aunque a veces las apariencias nos engañen.

Pero ¿quién es este Dragón Rojo? El texto no lo dice abiertamente. En el versículo 9, el autor nos da una pista, pues le da tres nombres: “la Serpiente antigua, el Diablo, y Satanás” (12:9). Ahora bien, en el Antiguo Testamento ni la Serpiente antigua del paraíso, ni el Diablo, ni Satanás son personajes históricos reales, sino que representan los males que padeció el pueblo de Israel. Por lo tanto, el Dragón Rojo tampoco simboliza a ningún personaje histórico real, ni rey, ni emperador, ni persona alguna que haya perseguido a los cristianos, sino que representa el mal en general, todos los males, el conjunto de las desgracias y padecimientos que el pueblo de Dios sufre a lo largo de su historia.

El libro del Apocalipsis fue escrito en una época de mucho sufrimiento para la Iglesia cristiana. Persecuciones de toda clase, torturas, expulsiones de sus comunidades, rupturas familiares, discriminaciones sociales eran algunos de los muchos suplicios que debían atravesar los recién convertidos, si querían mantenerse fieles a Jesucristo. Y se preguntaban: ¿hasta cuándo aguantaremos? ¿Dios no hará nada para defendernos? ¿Es posible seguir viviendo las enseñanzas de Jesús en una sociedad en la que el amor no vale nada y que privilegia el odio, la violencia y los intereses personales?

Juan les responde con esta maravillosa visión del capítulo 12: la Mujer vestida de sol, de luna y estrellas —es decir, el pueblo de Dios— ha dado a luz al Mesías y salvador Jesucristo. Un gran Dragón Rojo —el mundo del mal— ha intentado devorarlo, matándolo, pero no ha podido, porque Dios ha rescatado a su Mesías y lo ha llevado hasta Él, mediante la resurrección. Por esto ahora el Dragón, al verse fracasado, se ha vuelto contra la Mujer para perseguirla. Pero Dios ya ha dado a la Mujer alas de águila —le aseguró la protección— y la llevó al desierto garantizando su triunfo final. Allí la alimentará con la eucaristía, la fuerza de los cristianos, durante 1.260 días, es decir mientras dure el peligro.

Los lectores del Apocalipsis, torturados y diezmados, se sentían llenos de fuerza y de esperanzas, aun en medio de su dolor, al saberse identificados con esta magnífica Mujer. Pero con el paso de los siglos los cristianos, por su gran devoción a la Virgen, vieron en esta Mujer a María como una manera de homenajearla. Con lo cual se ha empobrecido el mensaje que Juan quería transmitir, ya que María, por estar en el Cielo, no necesita ninguna protección especial de Dios. La nueva interpretación descubierta nos permite recuperar la buena noticia con toda su fuerza: Dios jamás abandonará a la Mujer —la comunidad cristiana— que sufre y padece los dolores de parto de cada día, en la dura tarea de dar luz un mundo mejor.

Ariel Alvarez Valdez
Biblista

domingo, 15 de enero de 2023

Vacaciones en la Sierra - Parte II - El Retorno del Oso


Nuevamente en este episodio MUSANTE y GUZMÁN, siguen en las Sierras Cordobesas y esta vez se encuentran con el cocinero LUIGGI GRECO que les viene a cocinar rabas, su operador "El Mago" les ha montado bien la carpa para grabar el programa EL ALFA Y LA OMEGA; aún siguen preocupados por EL OSO que les robo la caja de las sales efervescentes (UVASAL) y para su sorpresa nuevamente el OVNI los viene a visitar y desciende, entre otros "La Morocha" y el guardaparque la recibe a los tiros de escopeta, un caos... Todo es posible en el MULTIVERSO DE MUSANTE y GUZMÁN

¿BAUTIZÓ JUAN EL BAUTISTA A JESÚS? - SEGUNDA PARTE

Según el relato de Marcos, sólo Jesús vio cómo se rasgaban los cielos y descendía el Espíritu, pues escribe: “Vio (en singular) que los cielos se rasgaban, y que el Espíritu bajaba” (Mc 1,10). Y sólo Jesús oyó la voz del Padre, puesto que la voz dice “Tú eres...” Para Marcos, pues, la verdadera identidad de Jesús, el Hijo de Dios venido del cielo desgarrado, el que inauguraba los últimos tiempos, es un secreto sólo conocido por Jesús. Ni el Bautista, ni los que estaban presentes aquel día en el Jordán se enteraron de nada. A pesar de lo hermoso de este relato, el episodio fue motivo de escándalo en la Iglesia primitiva. ¿Por qué Jesús se hizo bautizar por el hijo de Zacarías? Normalmente la persona que recibe, es inferior a la que da. Por lo tanto el bautismo debería haber sido al revés: alguien superior, como Jesús, tendría que haber bautizado a otro de menor dignidad, como Juan. Pero ¿por qué ocurrió al revés y Juan bautizó a Jesús?

La pregunta se extendió por todas partes. Se la hacían los cristianos, la gente, y cuantos conocían el episodio del bautismo. Cuando algunos años más tarde le tocó escribir su evangelio a Mateo, la cuestión era urticante y se había convertido en un serio problema teológico. En muchos ambientes de Palestina se había comenzado ya a considerar a Juan el Bautista superior a Jesús. Se lo tenía por verdadero Mesías, y se habían formado grupos que veneraban su figura y le rendían culto. Eran las comunidades llamadas “juaninas”. Por eso Mateo al escribir su versión no pudo eludir el tema escandaloso del bautismo de Jesús. Y trató de encontrar una solución a tan ríspido problema creando un espacio literario donde Jesús mismo pudiera dar una explicación. Para ello ambientó una escena en la que Juan trata de impedir el bautismo preguntando: “¿Por qué vienes tú a mí, si soy yo el que necesita ser bautizado por ti?” (Mt 3,14). Era la angustiosa pregunta, que en realidad no había hecho Juan a Jesús el día del bautismo, sino que se la hacía toda la gente. Y la respuesta de Jesús, que era la respuesta de Mateo a la gente preocupada de su comunidad, fue: “Déjalo así, porque conviene que se cumpla toda justicia”.

Con esto Mateo explicaba que el bautismo era voluntad de Dios. Aun cuando Jesús no tenía pecado, se presentó como un penitente cualquiera en medio del pueblo, a fin de identificarse con los hombres. Cargaba con los pecados de todos ellos, y fueron éstos los que fue a lavar con su bautismo. ¿Acaso no había profetizado Isaías que él “sería contado entre los malhechores”? (Is 53,12). Cristo era así el representante de la humanidad pecadora. El propósito de su bautismo, pues, quedaba aclarado por el mismo Jesús: quiso hacerse uno más entre los pecadores. Mateo hizo además una segunda modificación. Según Marcos, los tres sucesos acontecidos (la visión del cielo abierto, la visión del Espíritu y la audición de la voz) habían sido percibidos sólo por Jesús. En cambio según Mateo el primer elemento fue percibido por todos los presentes, pues dice que “se abrieron los cielos”, en vez de que “vio (Jesús) que los cielos se rasgaban” como ponía Marcos. También el tercer elemento, la voz de Dios, fue escuchada por todos, pues ella dice: “Éste es mi Hijo”, como dirigiéndose a todos, y no “Tú eres mi Hijo”, como en Marcos. Así, para Mateo todos fueron testigos de la superioridad de Jesús sobre Juan. Sólo el segundo elemento, la visión del Espíritu, sigue siendo exclusiva de Jesús, pues escribe que “vio (en singular) al espíritu de Dios que bajaba”.

El evangelio de Mateo no terminó de convencer. Si de todos modos Jesús había sido bautizado por Juan, entonces éste era superior. No había nada que hacerle. Y la competencia sobre la preeminencia de Jesús o del Bautista se agudizó. Los evangelios traen los ecos de estas disputas. Un día, por ejemplo, el pueblo comentaba que el Bautista era la persona más grande nacida de mujer. Jesús lo confirmó: “Les aseguro que entre los nacidos de mujer ninguno es mayor que Juan”. Pero luego agregó: “Sin embargo el más pequeño en el Reino de Dios es mayor que él” (Lc 7,28). ¿Y quién era “el” más pequeño en el Reino de Dios? ¿Quién era el que no había venido a ser servido, sino a servir a todos? No era otro que Jesús. Así, él mismo, delicadamente, se declaraba superior a Juan. En otra oportunidad, los círculos juaninos enseñaban que su maestro era la Luz que vino a iluminar este mundo. Entonces el cuarto evangelista tuvo que aclarar que en realidad “él no era la luz, sino que vino a dar testimonio de la Luz. El Verbo (o sea Jesús) era la Luz verdadera” (Jn 1,8-9).

También circulaban en estos grupos narraciones maravillosas sobre el nacimiento milagroso de Juan, y cómo un ángel había hablado con su padre Zacarías, curando la esterilidad de su madre Isabel. Lucas recogió estos relatos al comienzo de su evangelio, pero puso a continuación los de Jesús, para recordar cómo éste eran tan superior a Juan que ni siquiera había necesitado un padre humano para nacer (Lc 1-2). Ante esta perspectiva de confrontación entre los cristianos y los juaninos, el bautismo de Jesús por Juan resultaba cada vez más embarazoso para la iglesia primitiva. Fue en ese momento cuando le tocó escribir a san Lucas, el tercer evangelista. Y no queriendo eliminar este hecho, por la importancia que tenía, optó por eliminar a Juan. Y escribe simplemente: “Cuando todo el pueblo se estaba bautizando, se bautizó también Jesús” (Lc 3,21). ¿Quién lo bautizó? No lo menciona. Pero quiso insinuar que no fue Juan, ya que un versículo antes de contar el bautismo de Jesús, dice que Juan estaba preso en la cárcel por orden del rey Herodes (Lc 3,20).

Luego Lucas añade una nueva modificación: que Jesús estaba “en oración” cuando ocurrieron las tres manifestaciones de Dios. Con este detalle quiso desviar la atención del hecho mismo del bautismo para centrarla en la figura majestuosamente orante de Jesús. Por último, Lucas completa el proceso iniciado por Mateo, ya que el pueblo presente aquel día no sólo ve los cielos abiertos y oye la voz, sino incluso ve al Espíritu Santo descender sobre Jesús “en forma corporal de paloma”. Ahora los tres acontecimientos son públicamente conocidos. Ahora ante todo el mundo está claro que sólo Jesús es el centro y la cumbre de la escena. Pero el movimiento juanino siguió adquiriendo auge y expansión, y llegó hasta Alejandría (Egipto). El libro de los Hechos de los Apóstoles relata que uno de los oradores más brillantes de la antigüedad, un tal Apolo, oriundo de esta ciudad, pertenecía a ese grupo (Hch 18,24-25). Luego alcanzó el Asia Menor, en donde ganó adeptos entre los judíos. Los Hechos cuentan que en Efeso, al oeste del Asia Menor, Pablo encontró discípulos de Juan el Bautista (Hch 19,1-3). La secta llegó a competir de tal manera con los cristianos, que se convirtió en una verdadera amenaza para ellos. Esto lo vemos en el Cuarto Evangelio, donde el autor se ve obligado a afirmar que el Bautista no era la luz (Jn 1,8), ni el Mesías, ni Elías, ni el profeta esperado (Jn 1,19-24), ni hizo milagros (10,41); lo cual muestra claramente que en esta época había gente que pensaba todo esto de Juan.

Por otra parte, las respuestas del nuevo evangelio de Lucas tampoco satisfacían del todo a la gente, que seguían cuestionando la actitud de Jesús de hacerse bautizar. Por eso cuando se compuso el cuarto y último evangelio, precisamente en Efeso, donde las comunidades juaninas eran fuertes, su autor decidió cortar por lo sano, e hizo lo que ningún otro evangelista se había atrevido: suprimió el relato del bautismo de Jesús. Por eso es el único que no lo menciona. Solamente lo supone, cuando cuenta que un día Juan el Bautista vio venir de lejos a Jesús, y dijo a la multitud: “Ese que viene ahí es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. He visto al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se quedaba sobre él” (Jn 1,29.32). Pero ¿cuándo vio al Espíritu descender sobre él? El evangelista calla. Sobre este conflictivo problema del bautismo prefiere guardar un prudente silencio. Así es como un hecho histórico, realmente sucedido en la vida de Jesús fue contado de modos distintos por los cuatro evangelistas, según los problemas que las comunidades destinatarias tenían. Sin distorsionar la verdad, sin cambiar el mensaje ni modificar lo esencial, cada autor supo acomodarlo para que los lectores pudieran entenderlo y aprovechar al máximo la riqueza escondida en este acontecimiento vivido por Jesús. Conservando el relato primigenio cada uno le dio forma distinta, lo retocó y amoldó, no según su propio parecer, sino según el mismo Espíritu Santo los inspiraba. No lo adaptaron porque les resultaba más cómodo ni por el afán de alterar la realidad, sino porque Dios los movía para que su palabra fuera comprendida mejor por la gente.

Es la forma como predicaron los primeros evangelistas. Es la forma como debemos hacerlo nosotros. Tomar los hechos que leemos en las Sagradas Escrituras, y si para los demás, los que están alejados de la fe, resultan incomprensibles, no salir a repetirlos como están, sino más bien hacerlos carne, amoldarlos a nuestra vida, asimilarlos, y sólo después difundirlos, convertidos en gestos comprensibles por todos los miembros de la comunidad.

Ariel Álvarez Valdez
Biblista

LA LITURGIA COMO FUENTE DE VIDA- Primera Parte

La sagrada liturgia no agota toda la acción de la Iglesia, debe ser precedida por la evangelización, la fe y la conversión; sólo así puede dar sus frutos en la vida de los fieles: la Vida nueva según el Espíritu, el compromiso en la misión de la Iglesia y el servicio de su unidad. La implicación entre liturgia y vida ha dado mucho que hablar. Que si la vida va por un lado y los ritos van por otro, que si no somos consecuentes… El AT nos revela cómo Dios no olvida al hombre y éste recibe y actúa según la alianza entre ambos. La vida no es un ámbito extraño para Dios. La iniciativa de Dios ha de tener una respuesta en el pueblo: la aceptación y el compromiso con la Ley santa que Yahvé le propone. Israel es así el pueblo de Dios para servicio del mismo Dios. En este contexto Dios no se contenta con un culto exterior o con una adoración fuera de la vida:

"Ahora Israel, ¿qué es lo que te exige el Señor, tu Dios? Que respetes al Señor tu Dios; que sigas sus caminos y lo ames; que sirvas al Señor, tu Dios, con todo el corazón y con toda el alma; que guardes los preceptos del Señor, tu Dios, y los mandatos que yo te mando hoy, para tu bien" (Dt 10,12-13). Esta forma de entender el culto está en la conciencia del pueblo, pero Israel lo va a olvidar y va caer en la “ritualización” de su relación con Yahvé. Entonces los profetas, hombres de fe en el Dios de la alianza, sacudirán la conciencia del pueblo y le recordarán que, sin misericordia, justicia y amor, todos los actos culturales son vanos y no tienen ningún valor para Yahvé (Is. 1,11-16; Jer. 7,1-11: Am. 5,21-25). Fue dura esta crítica profética que también es llamada de atención a nuestra vida. El hombre nuevo del que habla Jesús en el evangelio es un hombre en el que tiene primacía la interioridad. Su vida está orientada y dirigida por el Espíritu (Jn 4,14; Mc 1,18). Para Jesús el culto tiene como fuente la misma interioridad. Por eso, Jesús entra en la corriente profética que critica el culto compatible con la injusticia y otros intereses ajenos (Mc 11,15-17) y propone lo que de verdad agrada a Dios: la ofrenda sin odio (Mt 5,23) el amor verdadero a Dios y al prójimo (Mc 12,33); la purificación que nace del corazón (Mc 7,21-23).

Jesús no es un reformador del culto: anuncia el fin del templo como espacio cultual por excelencia (Jn 2,19) y el del mismo culto (Jn 4,21). Con Jesús se inaugura una nueva era donde el templo será su cuerpo glorificado (Jn 2,21) y el culto el de la propia existencia realizada según el modelo dejado en su vida (Jn 4,22-24). El mismo Jesús personifica y ejemplifica el culto que quiere que den los suyos al Padre. La comunidad cristiana así lo va a entender. En la reflexión que desde la fe hace la comunidad interpreta la vida de Jesús desde la figura del Siervo de Yahvé, que ofrece su vida como sacrificio (Mc 10,45; Lc 22,37; cf. Is 53,10). En este sentido, la reflexión de la carta a los Hebreos es significativa. Jesús entra en el mundo en actitud sacrificial, se va a ofrecer a sí mismo entregando la vida en obediencia hasta la muerte (Hbr. 9,14; 10,4-10). Con la muerte de Jesús acaba el tiempo del antiguo sacrificio ritual que se ofrece en el templo y se abre la nueva etapa en la que el culto no consistirá ya en el sacrificio de las cosas sino en el sacrificio de la propia vida consumada en la fidelidad y en el amor. El culto agradable al Padre será, pues, cumplir la voluntad del Padre. De momento vale para acentuar un poco la novedad que supone la persona de Cristo para nosotros. (Más adelante seguiremos explicando esto porque puede dar la sensación de que si esto es así para nada valen los ritos y símbolos litúrgicos).

¿MARIOLOGÍA O ESPERANZA DEL PUEBLO QUE SUFRE?-PRIMERA PARTE

El capítulo 12 del Apocalipsis describe una impresionante visión en la que una Mujer está a punto de dar a luz, mientras un dragón rojo busca devorar al niño en cuanto nazca. El relato dice así: “Un gran signo apareció en el cielo: una Mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza. Está embarazada y grita con los dolores del parto, por el sufrimiento de dar a luz. Luego apareció otro signo en el cielo: un gran Dragón Rojo, con siete cabezas y diez cuernos, y con una corona en cada una de sus cabezas. Con la cola arrastra la tercera parte de las estrellas del cielo y las lanza sobre la tierra” La tensión de la escena aumenta en el párrafo siguiente: “El Dragón se detuvo justo delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo tan pronto como naciera. Y la Mujer dio a luz un hijo varón, el cual ha de gobernar a todas las naciones con cetro de hierro. Pero su hijo le fue arrebatado y llevado ante Dios y ante su trono. Y la Mujer huyó al desierto, donde Dios le había preparado un lugar, para ser allí alimentada durante 1.260 días” (12:1-6).

Los que han leído alguna vez esta página del Apocalipsis se han preguntado: ¿quién si no la Virgen María puede ser esta mujer que aparece radiante en el cielo, brillando como el sol y rodeada de las estrellas y la luna? ¿A quién más puede referirse aquí el autor, si hasta dice que su hijo es el Mesías que va a gobernar a todas las naciones, es decir, Jesucristo? Así razonaron durante siglos los intérpretes de la Biblia. Incluso los Santos Padres al comentar este capítulo veían, en esa Mujer, la figura escondida de María. Y en esta interpretación se basaron los artistas y los pintores cristianos que más tarde representaron a María en sus obras de arte. Pero actualmente los biblistas ya no piensan así. Han encontrado algunas imprecisiones e incoherencias en esta opinión. En primer lugar, el Apocalipsis dice más adelante que cuando el Dragón vio frustrada su intención de devorar al niño, “se fue a hacer la guerra al resto de los hijos de la Mujer” (12:17). ¿Cuáles son los otros hijos que tuvo María? Además, el libro describe a la Mujer gritando y sufriendo terribles dolores de parto. Jamás la tradición de la Iglesia presentó a María (ni en cuadros, ni en relatos, ni en iconos, ni en pinturas, ni de ninguna manera) con dolores de parto (aun cuando debió haberlos tenido). ¿Por qué aparece aquí representada de un modo tan inusual?

Otro detalle extraño del relato es que, apenas la Mujer dio a luz al niño, este fue llevado inmediatamente al cielo para que el Dragón no pudiera devorarlo. ¿Cómo puede decir aquí, si se refiere al parto que María tuvo en Belén, que Jesús murió apenas hubo nacido? También cuenta que la Mujer huyó al desierto para ser cuidada y alimentada por Dios. Pero ¿cuándo huyó la Virgen María al desierto, si las noticias que tenemos sobre ella nos informan que después de la muerte de Jesús permaneció en Jerusalén viviendo en tranquila oración junto a los apóstoles (Hch 1:14)? Vemos, pues, cómo los estudiosos encuentran hoy serios problemas cuando quieren identificar a la misteriosa Mujer del capítulo 12 con María. Y hay otras dificultades, como por ejemplo, ¿por qué el autor del Apocalipsis describe a María vestida de sol, con una corona de estrellas y la luna a sus pies, en una época en que María aún no era venerada ni honrada por la Iglesia como lo es hoy? ¿Qué tiene que ver María con las águilas, para que diga que le dieron a ella dos alas de águila cuando huyó al desierto (12:14)?

Estas razones han hecho que hoy los biblistas busquen una interpretación más segura para identificar a la Mujer del Apocalipsis. Ante todo, debemos notar que el autor al presentarla comienza diciendo: “Un gran signo apareció en el cielo”. Por lo tanto, de entrada nos advierte que la Mujer que va a aparecer no es una mujer real, sino un signo, es decir, simboliza algo. Pero ¿a quién? Ahora bien: cada vez que en el Apocalipsis aparece una mujer, en realidad se trata de una ciudad, o de un pueblo, o de un grupo humano personificado. Por ejemplo, la gran Prostituta vestida de púrpura (17:1-4) simboliza la ciudad de Roma (17:18). La Novia bajada del cielo (21:2) simboliza Jerusalén (21:10). La profetisa Jezabel (2:20) simboliza una secta peligrosa de la ciudad de Tiatira. Por lo tanto, la mujer vestida de sol debe ser también un grupo, no una persona. ¿Pero qué grupo? La respuesta acertada es: el pueblo de Israel. Y entonces sí, los detalles misteriosos que no encajaban al imaginar que la Mujer representaba a la Virgen María, se aclaran y encuentran su explicación. Si la Mujer del Apocalipsis es el pueblo de Israel, se entiende por qué aparece vestida de sol y con la luna a sus pies: porque así se solía describir a Jerusalén en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, el libro de Isaías dice: “Tu sol no se ocultará jamás, ni tu luna perderá su luz, porque yo, el Señor, seré tu luz eterna” (60:20). Y también: “La luna te alumbrará como el sol, y el sol te rodeará siete veces más fuerte” (30:26). Y en el Cantar de los Cantares se lee: “¿Quién es esta que se asoma, hermosa como la luna y radiante como el sol?” (6:10). Todos los lectores sabían, pues, que se hablaba de Jerusalén.

Se entiende, además, por qué lleva una corona de doce estrellas en la cabeza. Porque las doce estrellas representan a la mentalidad judía las doce tribus del pueblo de Israel (Gn 37:9). También se aclara ahora por qué la Mujer llevaba un niño en su vientre y daba a luz en medio de fuertes dolores de parto: la metáfora del alumbramiento es muy empleada en el Antiguo Testamento para referirse al pueblo de Israel cuando atravesaba situaciones difíciles en su historia. Así, leemos en Isaías 26:17: “Como mujer encinta cuando llega al parto, que se retuerce y grita en sus dolores, así éramos nosotros”. Y en Isaías 42:14: “Como una mujer en medio del parto grito, gimiendo y jadeando entrecortadamente”. Y el profeta Miqueas exclama: “Retuércete y grita, ciudad de Sión, como una mujer con dolores de parto” (4:10). Se trata, pues, de una imagen muy usada por los antiguos profetas. Y al ser el pueblo de Israel (y no la Virgen María) la Mujer del Apocalipsis, se entiende por qué aparece dando a luz a Jesucristo (v.5): porque Jesús es descendiente del pueblo hebreo y, por lo tanto, hijo de esta “Mujer”. Con esta interpretación se aclara, además, la curiosa presentación que el libro hace de la vida de Jesucristo. Dice que apenas nace, el Niño sube al cielo (en la Ascensión), como si los años que vivió y predicó Jesús en la tierra no hubieran tenido ninguna importancia. Pero si esta Mujer es simbólica (el pueblo de Israel), entonces aquí puede tratarse del nacimiento simbólico de Jesús: su resurrección, es decir, su nacimiento a la vida eterna, como enseñaban los primeros apóstoles. Por lo tanto, lo que el autor está contando es cómo Jesús, luego de nacer —no en Belén, sino en su resurrección— fue llevado al cielo. Por esto no podía incluir los años de su vida pública entre estos dos acontecimientos.

Ariel Alvarez Valdez
Biblista

EL CHAMANISMO SIBERIANO-Primera Parte

Hoy, sobre todo en los círculos NEW AGE, el término "CHAMANISMO" a menudo es usado de un modo generalizado para describir toda clase de prácticas mágicas autóctonas en una amplia variedad de culturas por todo el mundo. También ha sido proyectado hacia un pasado que nunca tuvo, de tal manera que nos podemos encontrar con libros modernos sobre un supuesto "CHAMANISMO CELTA" y hasta un "ANTIGUO CHAMANISMO EGIPCIO". A través de este informe, examinaremos el verdadero "CHAMANISMO FUNDAMENTAL" como ha sido practicado durante cientos de años en su patria de Siberia y en las áreas de habla turca de Mongolia, y donde está siendo revivido ahora. A finales del siglo XVI y comienzos del XVII el área conocida como Siberia fue colonizada por los rusos. Ellos fueron atraídos allí por su abundancia de animales salvajes, la que creó un floreciente comercio de cueros de animal y pieles. Los Zares usaron los ingresos de esta empresa para incrementar su economía y tener acceso a las divisas extranjeras que ayudaron a crear el Imperio ruso. El influjo de cazadores rusos, comerciantes de pieles y mercaderes afectó drásticamente a la población local, que consistía en muchas tribus diferentes. Hacia los años 1900 la población nativa se había reducido aproximadamente a un 10% de la gente total que vivía en Siberia.

Junto con los comerciantes de pieles también llegaron misioneros y, en tiempos posteriores, antropólogos. Los primeros estaban interesados en la conversión de la población indígena al cristianismo Ortodoxo, mientras que los antropólogos querían estudiar su cultura tribal, creencias espirituales y prácticas rituales. Ambos grupos de forasteros se pusieron en contacto con los chamanes tribales de Siberia y, por motivos totalmente diferentes, registraron y comentaron sobre sus observancias religiosas. Las referencias más tempranas a practicantes mágicos que podrían ser descritos como chamanes de hecho se remontan al siglo XIII. Precisamente entonces los primeros viajeros occidentales penetraron Asia Central y visitaron la corte de los gobernantes mongoles. El explorador Marco Polo, por ejemplo, encontró magos que eran sanadores y que podían diagnosticar las enfermedades mediante el uso de la adivinación. Polo dice que ellos llegaban a ser poseídos por lo que él describió como "un diablo", quien luego usaba las cuerdas vocales de éstos para hablar mediante ellas. Sin embargo, fue un explorador inglés llamado RICHARD JOHNSTON en el siglo XVI quien describió primero que nadie lo que suena muy parecido a las actividades propias de los chamanes.

En 1692 otro explorador occidental, NICHOLAS WITSEN, describió la vista de un "chamán" o "sacerdote del Diablo". Él estaba vestido con ropajes rituales, que consistían en un tocado con cornamenta y un traje ricamente decorado, y cantaba y daba golpes a un tambor para atraer a los espíritus. Generalmente, reflejando la cultura católica de donde ellos provenían, estos occidentales consideraron a los chamanes como fanáticos "adoradores del diablo" que obligaban a sus ignorantes e incultos seguidores a servir a los espíritus malignos y demonios. El significado de la palabra "chamán" está envuelto en el misterio lingüístico y varias explicaciones han sido propuestas para declarar su origen. Una teoría es que es posiblemente derivada de un antiguo término chino para un sacerdote o monje budista. Se cree que la palabra viene del ruso "shaman" y que es una traducción de la palabra tungusa "saman". En Siberia y Mongolia el chamanismo era conocido como TENGRIANISMO, lo cual significaba una reverencia hacia los espíritus del cielo. Éste reflejaba un sistema de creencias animista donde todo en el mundo natural estaba vivo, impregnado por una fuerza espiritual o, en términos simples, habitado por espíritus. Estos espíritus tenían que ser respetados y apaciguados o la tierra se haría estéril, los animales que sirven como alimentos desaparecerían y finalmente el mundo llegaría a un final. Para conseguir este equilibrio esencial y vital entre los humanos, la Naturaleza y el mundo de los espíritus, se requería un especialista mágico, y el chamán tomó ese papel. Él o ella actuaba como una persona intermediaria o mediadora entre la Humanidad y lo Otro, y como un guardián de la tradición cultural y mágica.

Su trabajo implicaba conducir las bendiciones, sobre todo en bebés recién nacidos, realizando rituales de protección, adivinando el futuro, sanando a los enfermos, exorcizando fantasmas y demonios, supervisando el entierro de los muertos, y generalmente comunicándose de parte de la tribu con el mundo de los espíritus y sus habitantes. La iniciación en el culto chamánico podía ser conseguida de varios modos diferentes. El más fácil era la ruta hereditaria, donde el conocimiento, el poder y la habilidad mágicos eran transmitidos del abuelo o padre al hijo o, más raramente, de la abuela o madre a la hija. A veces los niños eran elegidos a una edad muy temprana o incluso en el nacimiento por los espíritus e instruidos por ellos por medio de visiones y sueños. Los chamanes siberianos llevaban puestos trajes hechos de cuero de animal y piel y decorados con bordados, plumas de aves, borlas de seda, cintas, campanas, pequeños espejos, joyería representando motivos simbólicos como el Árbol del Mundo, y artesanía metálica surtida como discos de cobre. El adorno de la cabeza consistía en una gorra cónica o puntiaguda hecha de fieltro o piel o en la cornamenta de un reno. Algunos chamanes llevaban puestas botas de cuero herradas, de modo que cuando ellos caminaban enérgicamente podían ahuyentar a los espíritus malignos. La mayoría de los chamanes llevaba un tambor ritual similar en su forma al tradicional bodhran irlandés. El tambor era muy importante y representaba al corcel simbólico y mágico que permitía al practicante viajar desde la Tierra Media al reino de los espíritus.

Aunque los occidentales han usado el término genérico "chamán" para describir a todos los practicantes mágicos tribales de Siberia y Mongolia, en la práctica ellos estaban divididos en varios diferentes tipos, categorías o clases con específicos deberes y responsabilidades mágicos. Usando la terminología inglesa, entre éstos se incluían:

-Conjuradores, que convocaban y controlaban a los espíritus.
-Profetas o psíquicos, que preveían el futuro.
-Hechiceros, que practicaban "magia negra".
-Expertos en trance, que viajaban en forma de espíritu al Otro Mundo.
-Sanadores, que eran expertos en medicina popular y en el uso de plantas medicinales.
-Guías de los muertos, que preparaban los cadáveres y conducían los ritos funerales.

Los chamanes-sanadores eran a menudo mujeres y se especializaban en asuntos de salud relacionados con la fertilidad humana y animal, la sexualidad y los niños. Ellas eran reconocibles por sus faldas distintivas hechas de cuero de animal y sus sombreros de lana brillantemente coloreados. En vez del tambor ritual usado por los chamanes masculinos, ellas llevaban un abanico de seda y abalorios para rezos. Lamentablemente cuando el budismo llegó a Siberia y Mongolia muchas de estas sanadoras fueron despiadadamente perseguidas y exterminadas por los monjes misóginos. La mayor parte de los chamanes, como las parteras, trabajaban con un espíritu animal en forma de zorra de montaña. Otros practicantes chamánicos eran asistidos por renos o lobos para atacar y destruir espíritus malignos, y cuervos para deshacerse de enfermedades. Otros importantes ayudantes de espíritu animal incluían a búhos, patos salvajes, gansos, ardillas, osos, ranas y sapos, perros, gaviotas y águilas. Uno de los tipos más importantes y respetados de practicantes mágicos era el chamán-herrero. En todas las culturas por todo el mundo desde Europa a África el herrero tenía un papel central en la sociedad tribal y era considerado como un mago o hechicero poderoso debido a su dominio sobre el fuego y su habilidad para trabajar con el metal.

Así como entre diferentes tipos de practicantes mágicos, los chamanes también estaban divididos en dos categorías separadas, pero a veces superpuestas: los chamanes "NEGROS" y los "BLANCOS". Los "NEGROS" eran considerados como los más poderosos de los dos, y eran a veces conocidos como los "CHAMANES-GUERREROS" porque ellos combatían a las fuerzas malignas y eran consultados como consejeros militares. Obtenían su poder del Norte (probablemente del Polo Norte o de la Estrella Polar) y podían ser fácilmente identificados por cuanto ellos siempre llevaban puestos trajes negros con muy poca decoración, si es que alguna. La función primaria del chamán negro era tratar con demonios y dioses oscuros de parte de sus clientes. En contraste, los llamados chamanes "BLANCOS" obtenían su poder mágico desde una dirección del Oeste, la casa de las deidades y espíritus benévolos. Ellos funcionaban en un nivel tribal casi exclusivamente como sanadores y zahoríes, y sólo tenían tratos con entidades benéficas. Era su papel pacificar a los espíritus malignos o enojados, exorcizarlos si ellos poseían a seres humanos, y ayudar a la tribu a vivir en armonía con su ambiente natural y con el mundo de los espíritus.

martes, 10 de enero de 2023

Vacaciones en la Sierra - Parte I - El OVNI y El Oso


En este episodio, los temerarios MUSANTE y GUZMÁN, inducidos por el operador de radio conocido como "El Mago", van a realizar la emisión radial EL ALFA Y LA OMEGA a las Sierras Cordobesas, en la Provincia de Córdoba, Argentina. Una vez allí, se topan con un oso un poco particular y extraño, de pronto son testigos oculares de una nave extraterrestre (OVNI) estableciendo contacto de tercer tipo con los ocupantes, un poco "raros" que descienden de la nave. Pero al final de este episodio se cruzan con el sindicalista Luis Ángel D'Elía... Todo es posible en el "MULTIVERSO DE MUSANTE y GUZMÁN"

¿BAUTIZÓ JUAN EL BAUTISTA A JESÚS? - PRIMERA PARTE

Una fresca mañana, probablemente de enero del año 27, sobre la cuesta que se desliza hacia la margen del río Jordán cerca del poblado de Betania, se detuvo un hombre proveniente de Nazaret de poco más de treinta años. Desde lo alto contempló el grandioso espectáculo: una abigarrada multitud de campesinos, soldados, funcionarios públicos, hombres y mujeres de toda edad y condición acudían a hacerse bautizar por un austero profeta recientemente aparecido, llamado Juan.

Allá abajo el profeta, con el río hasta la cintura, después de exhortar a la muchedumbre a la conversión, levantaba su mano y derramaba sobre la cabeza de los penitentes el agua cristalina. En aquel agreste escenario de piedras y palmeras, mezclado entre el pueblo sencillo, también el hombre de Nazaret se dirigió hacia Juan. Y sumergiéndose en las aguas, como si tuviera culpas que lavar, se dejó bautizar mansamente. El acontecimiento fue considerado de tal importancia por la Iglesia primitiva, que los tres evangelios sinópticos, es decir Mateo, Marcos y Lucas, lo relatan. Fue inmortalizado en innumerables cuadros, pinturas y relieves, pasó a ser uno de los motivos más divulgados de la iconografía cristiana, y se convirtió en la gran fiesta litúrgica del “Bautismo del Señor” que da comienzo al ciclo de los domingos del tiempo ordinario.

Pero cuando leemos el relato que los evangelios traen del bautismo de Jesús, nos damos con tres versiones distintas. En efecto, Mateo dice que Juan no quería bautizarlo y opuso resistencia (Mt 3,13-17). En cambio Marcos afirma que lo bautizó sin ningún problema, como un acontecimiento común (Mc 1,9-11). Juan, por su parte, calla este episodio, como si no hubiera existido. Y Lucas sólo lo menciona de pasada, casi como no queriendo contarlo (Lc 3,21-22). ¿Quién de todos tiene razón y cuenta el acontecimiento tal como sucedió históricamente? ¿Qué misterio se esconde detrás de estos relatos del bautismo? Para entenderlo bien hay que tener en cuenta una clave de los escritores evangélicos: ellos no quisieron contar los acontecimientos simplemente como escuetas y frías crónicas, sino que trataron de aprovechar al máximo los episodios narrados para sacar todas las enseñanzas posibles que dejaban.

Para ello, cada evangelista tuvo en cuenta los destinatarios a quiénes escribía, y los problemas particulares de la comunidad a la que dedicaba su evangelio. Ante todo hay que dejar en claro que el bautismo de Jesús fue un hecho histórico, un episodio real de su vida. Y el primer evangelista que lo puso por escrito fue Marcos, quien compuso su libro alrededor del año 70. Según su relato, luego de presentarse Jesús en el río Jordán fue bautizado por Juan. Entonces ocurrieron tres cosas: la primera es que “se rasgaron los cielos” (Mc 1,9). Este acontecimiento era esperado desde hacía mucho. Un antiguo profeta anónimo, llamado el Tercer Isaías, amargado por el estado de desolación en el que yacía Israel en el siglo V a.C., había dirigido una angustiosa y conmovedora plegaria a Dios pidiéndole que abriera los cielos aunque fuera por última vez y obrara un gran milagro en favor de su pueblo, tal como lo había hecho antiguamente: “Ah, si rompieras los cielos y descendieras” (Is 63,19).

Pues bien, el bautismo de Jesús era la respuesta a esa plegaria. Pero de una manera impresionante. Dios abría los cielos ahora para avisar que había enviado no un favor cualquiera, sino a su hijo en persona. Con este detalle Marcos quería decir que ese hombre que se estaba bautizando venía nada menos que de los cielos, de junto a Dios. La segunda cosa que según Marcos sucedió fue que “descendió el Espíritu sobre él como una paloma”. También con este hecho se cumplía una profecía. Joel 400 años antes había anticipado que cuando llegara el final de los tiempos Dios iba a derramar su Espíritu desde los cielos (Jl 3,1-5). Al bajar ahora sobre Jesús que se bautizaba, Marcos anunciaba que quedaban inaugurados los últimos tiempos, los más importantes de la historia.

Para Marcos era muy importante aclarar que el descenso del Espíritu ocurrió cuando “Jesús ya había salido del agua” (Mc 1,10) y el bautismo había terminado. Es decir, que el Espíritu Santo no había venido como consecuencia del bautismo de Juan, pues éste no era un sacramento ni tenía ninguna eficacia, como lo tendrá después el bautismo cristiano. La ablución que el precursor administraba era sólo un rito exterior, símbolo de que los pecadores que se acercaban arrepentidos y cambiaban de vida quedaban interiormente purificados. El mismo Juan lo había aclarado, diciendo: “Yo los he bautizado con agua, pero él (Jesús) los bautizará con el Espíritu Santo” (Mc 1,8).

La tercera cosa que sucedió fue que “vino una voz de los cielos”, le habló únicamente a Jesús y le dijo “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco” (Mc 1,11). Para entender esta sentencia, hay que saber que desde hacía muchos siglos Israel esperaba a un misterioso personaje, a quien llamaban el “Siervo de Yahvé”, que iba a redimir a todo el pueblo judío con sus sufrimientos. Según Isaías, que fue quien lo anunció, una de sus características era que Dios se complacería en él (Is 42,1). Pues bien, al decir la voz que el joven nazareno recién salido del agua era aquél en quien Dios se complacía, señalaba a Jesús como el “Siervo de Yahvé”, el redentor de Israel, el ansiado personaje ungido con el espíritu profético de Dios, que un día descendería hasta la misma muerte humana a fin de infundir una nueva vida a todos los hombres.

Ariel Álvarez Valdez
Biblista