martes, 25 de junio de 2019

HERMANOS SU VOCACIÓN ES LA LIBERTAD


Comentario Bíblico
Domingo del tiempo ordinario
Del Evangelio de Lucas 9,51-62

La carta de la libertad cristiana, tal como se conoce la carta a los Gálatas, nos habla precisamente de ese don por el que luchó Pablo contra los que se oponían al evangelio. El Apóstol sabe que la libertad puede malinterpretarse con el libertinaje; todos lo sabemos. No obstante, el evangelio es el don de la libertad más grande que el hombre tiene que recuperar constantemente como don de Dios. El “apóstrofe” con que Pablo reclama a los cristianos la consecuencia de su vocación a la libertad es de una fuerza inaudita. Y deja claro que la libertad debe experimentarse en el amor. Sin el amor, la libertad cristiana también estaría herida de muerte. No se trata solamente de matices o de pura retórica: ¿De qué nos vale la libertad desde el odio? ¿Dónde nos lleva la libertad sin reconciliación?

Durante toda la carta, Pablo se ha mantenido en una actitud irrenunciable a los valores del evangelio que él predica, que recibió por revelación y por el que da la vida. Ese evangelio es la experiencia más grande de libertad que jamás hubiera podido soñar. Ahora, en la parte práctica de la carta vuelve de nuevo sobre el tema. La libertad verdadera es un don del Espíritu; el libertinaje es una consecuencia del egoísmo (de la carne, como a Pablo le parece bien decir). La carne es todo ese mundo que nos ata a cosas sin sentido. El cristiano, como hombre que debe ser del Espíritu, está llamado a ser libre y a no esclavizarse en lo que no tiene sentido.

La lectura del evangelio expone una ocasión clave de la vida de Jesús. Es el momento de ir a Jerusalén; es el comienzo del “viaje hacia la ciudad Santa” que en el tercer evangelista se recarga de un sentido teológico especial, porque se intenta presentar, de la forma más efectiva, la actividad de Jesús como profeta, a la vez que el evangelista se vale de la significación de ese viaje para enseñarnos a ser discípulos de Jesús. No están claras las referencias geográficas del viaje.

Estamos casi en el centro del evangelio y Lucas, a diferencia de Marcos, quiere privilegiar toda la “subida” a Jerusalén que será en realidad una “bajada” al abismo de la condena y de la muerte. El texto de hoy está formado por dos narraciones: la repulsa de Jesús en Samaría y las exigencias del discipulado. Él no hizo discípulos enseñándoles una doctrina, como los rabinos, sino enseñándoles a vivir de otra forma y manera.

La renuncia a la violencia que propugnan los hijos del Zebedeo porque no ha sido Jesús recibido en Samaría es ya una declaración de intenciones. Lo es también que el profeta galileo vaya a Jerusalén pasando por el territorio de los herejes samaritanos para anunciarles también el mensaje del Reino. Son rechazados y Jesús cuenta con ello, pero no se le ocurre incitar a la condena y a la violencia. Éste es un aspecto determinante del “seguimiento” de Jesús según Lucas. Merecería la pena comentar este episodio como paradigma de la actitud básica de Jesús en su decisión de ir a Jerusalén.

Por eso, inmediatamente después de la decisión de Jesús, se nos presenta el conjunto de las llamadas de Jesús a seguirle. La forma y la manera es distinta de lo que sucede entre Elías y Eliseo. Aquí es la palabra directa de Jesús, o la petición de los que quieren ser discípulos, o los que quieren informarse, como si fueran candidatos. Pero la radicalidad es la misma. Es una llamada para seguir a Jesús que ha decidido jugarse su vida como portavoz de Dios delante de los jefes y señores de este mundo que están en Jerusalén.

Lucas quiere que los discípulos también tomen conciencia de lo que es este viaje, este proyecto y esta tarea. ¿Para qué seguir a Jesús? ¿Por qué romper con las ideologías familiares? ¿Por qué no mirar hacia atrás? Porque la tarea del Reino de Dios exige una mentalidad nueva, liberadora. Los seguidores de Jesús tienen que estar en camino, como Él; el camino es la vida misma desde una experiencia de fraternidad.

Los textos del seguimiento que Lucas ha tomado del evangelio de itinerantes, probablemente galileos radicales (Q), no tienen por qué ser caracterizados como filósofos cínicos. Desde luego, Jesús no lo era, ni lo podía ser. Pero en esos dichos se refleja toda la crítica hacia las instituciones sociales y el desapego, incluso, de lazos familiares que puedan desviar la atención de las exigencias de Reino de Dios. No se trata de odio familiar, pues eso estaría contra el amor a los enemigos que Jesús defendió expresamente. Es, más bien, poner las cosas en su sitio cuando se trata de sacar adelante el proyecto de Dios, que puede no coincidir con intereses religiosos institucionales e incluso familiares.

El discípulo de Jesús se abre a un horizonte nuevo, a una familia universal, a una religión de vida y no de muerte. Las palabras del seguimiento son rupturistas, pero no angustiosas; son radicales, utópicas si queremos, porque van a la raíz de la vida y porque son las que transformas nuestra vida y nuestro entorno social y religioso. Jesús quiere que le sigamos para hacer presente el reinado de Dios en este mundo. Y el Reino de Dios es lo único que puede traer la libertad a quien la anhela.

Fuente:

ABADDONA

Su nombre significa “El Arrepentido”. Éste ángel, originalmente fue un serafín que se reveló contra Dios, pero finalmente se arrepintió y fue perdonado, aunque otra versión dice que, aunque lo perdonaron, no lo dejaron volver al Cielo, y como no quiso ir de nuevo al infierno, se quedó penando en la Tierra, llenándose de pesar y culpa, por eso y otras cosas comenzó a pensar diferente, siendo más desconfiado, pesimista y paranoico. Se dice que ahora ABADDONA tienta a las personas, sobre todo a los jóvenes, haciéndolos sentir culpables de todo lo malo que pasa, atormentándolos, humillándolos, hasta que ellos pierden la cordura y se suicidan.

QUÉ DICE LA BIBLIA SOBRE EL INFIERNO-Primera Parte

¿Existe el infierno? Y si es así, ¿en qué consiste? ¿Revela la Biblia algún detalle sobre él?

Para responder a estas preguntas, debemos tener en cuenta que sobre este tema (así como en otros) la mentalidad bíblica fue evolucionando. En los primeros tiempos, los israelitas no se preguntaban mucho qué ocurría después de la muerte. Simplemente creían que todos los hombres, buenos y malos, justos e injustos, al morir bajaban a una inmensa habitación oscura y silenciosa llamada SHEOL, donde llevaban una vida debilitada y somnolienta. Así, por ejemplo, vemos que tres personajes malvados llamados CORÉ, DATÁN Y ABIRÓN, que se sublevaron contra Moisés, murieron y bajaron al SHEOL (Núm 16, 28-30). Y alguien tan venerado como el PATRIARCA JACOB (Gn 37, 35), o el piadoso REY EZEQUÍAS (Is 38, 10), también al morir terminan yendo al SHEOL. Job mismo dice: “Sé que al morir me iré al lugar donde se reúnen todos los mortales” (Jb 30, 23).

Para la mentalidad primitiva, no había diferencia en el destino final de los hombres. Todos, buenos y malos, iban a parar al mismo lugar. Con el paso del tiempo se empezó a ver lo errado de esta manera de pensar. No era posible que tuvieran un final semejante los que habían llevado una vida buena y los que habían tenido una vida de pecado. Así, alrededor del año 200 a.C., los judíos dejaron de creer en el SHEOL como único final para todos, y comenzaron a enseñar que en el otro mundo había dos habitaciones distintas, una para los justos y otra para los pecadores. Y que allí los pecadores serían atormentados con castigos. El primer libro de la Biblia que afirma esto es el de Daniel, escrito alrededor del año 165 a.C. Ahí leemos: “Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán; unos para la vida eterna, y otros para la vergüenza y el horror eternos” (Dn 12, 2-3).

Esta es la primera vez que el Antiguo Testamento menciona lo que nosotros después llamaremos “INFIERNO”. Aquí se lo denomina “vergüenza y horror eternos”, pero no explica en qué consiste. Lo único que queda en claro es que se trata de un destino diferente al de los buenos. La segunda vez que se habla del infierno es en el libro de la Sabiduría, escrito alrededor del año 50 a.C: “Los pecadores recibirán el castigo que sus pensamientos merecen, por despreciar al justo y apartarse de Dios” (Sab 3, 10). Son las dos únicas menciones del infierno en todo el Antiguo Testamento. Pero ninguna explica qué es. Cuando Jesús empezó a predicar, la originalidad de su mensaje fue que él hablaba en sus discursos exclusivamente de la salvación, no de “salvación y condenación”. Por eso llamó a su mensaje Buena Noticia. Basta comparar una frase suya con la de Juan Bautista, para darnos cuenta. Mientras Juan anunciaba: “Conviértanse, porque el Reino de los cielos está cerca. El hacha ya está puesta en la raíz del árbol, y el que no dé fruto será cortado y arrojado al fuego” (Mt 3, 2. 10), Jesús sólo decía: “Conviértanse, porque el Reino de los cielos está cerca” (Mt 4, 17). Lo mismo vemos cuando Jesús fue a predicar a la sinagoga de Nazaret. Leyó un largo pasaje del profeta Isaías, pero al llegar a la última parte, donde Isaías anunciaba “un día de venganza” contra la gente, Jesús se detuvo y lo cortó (Lc 4, 16-19). Y Lucas comenta que todos se admiraban de las palabras “llenas de gracia” que salían de su boca.

Sus parábolas sobre el perdón (como la del hijo pródigo, el fariseo y el publicano, la oveja perdida), y su actitud de misericordia hacia los pecadores más despreciables (la adúltera, la prostituta, los cobradores de impuestos) muestran hasta dónde la salvación era el único objeto de su prédica. Se lo dice claramente a Nicodemo: “Dios no ha enviado a su Hijo a condenar al mundo, sino a salvarlo” (Jn 3, 17). Y también a los jefes judíos: “No he venido a condenar al mundo, sino a salvarlo” (Jn 12, 47). Sin embargo, en algunas enseñanzas Jesús admite la posibilidad de una condena eterna. Lo hace, por ejemplo, cuando habla de “perder la vida” (Mc 8, 35), “perder el alma y el cuerpo” (Mt 10, 28), “no ser conocido” (Mt 7, 23), “ser apartado” (Mt 7, 23), “ser echado afuera” (Lc 13, 28). Con estas expresiones Jesús presenta la condena eterna, o sea, el infierno, como una exclusión del ámbito de Dios, como un no permitirle al hombre unirse a Dios en el más allá. Por lo tanto, para Jesús el infierno es simplemente la ausencia de Dios. Pero además de estas expresiones, en otras palabras de Jesús encontramos cuatro imágenes que describen de alguna manera cómo es el infierno. Estas son: a) fuego que no se apaga; b) gusanos que no mueren; c) tinieblas exteriores; y d) llanto y rechinar de dientes.

El elemento más característico del infierno es el fuego. El Nuevo Testamento lo menciona de seis maneras distintas“fuego que no se apaga” (Mc 9, 48), “fuego eterno” (Mt 25, 41), “horno de fuego” (Mt 13, 42), “fuego ardiente” (Heb 10, 27), “lago de fuego y azufre” (Apoc 19, 20), “Gehena de fuego” (Mt 5, 22), y “llama que atormenta” (Lc 16, 25). Los teólogos han discutido durante siglos sobre la realidad de este fuego, pero hoy sabemos que se trata simplemente de un símbolo, de un lenguaje figurado, del mismo modo que es simbólica la frase de Jesús cuando nos dice que debemos arrancarnos un ojo o cortarnos la mano si ellos nos hacen pecar (Mt 5, 27-30). Nos podemos preguntar entonces, ¿Por qué el Nuevo Testamento emplea el símbolo del fuego para explicar los sufrimientos del infierno? Algunos piensan que es porque, de los dolores físicos que experimentamos en la vida diaria, uno de los peores es el de la quemadura. Por lo tanto, la posibilidad de arder eternamente en el infierno representa un castigo absolutamente terrible.

Sin embargo, para la mentalidad judía, el fuego ardiente estaba asociado, más que a la idea de un dolor grande, al lugar donde iba a parar la basura, aquello que ya no sirve, el desperdicio. Por eso Jesús dice que el árbol que no da fruto es “arrojado al fuego” (Mt 7, 19); y que la cizaña inservible “es quemada” (Mt 13, 30). Por lo tanto, decir que alguien va a ser quemado equivale simplemente a decir que es un inútil, que no sirve para nada. No que va a sufrir mucho. Por eso, ante el abuso de muchos cristianos que se habían esmerado en describir con detalles el fuego del infierno, el Papa Juan Pablo II aclaró, en una catequesis pronunciada el 28 de julio de 1999, que se trata de “imágenes que expresan la completa frustración y vaciedad de una vida sin Dios”. De esta manera, Juan Pablo II se convertía en el primer papa que eliminaba el “fuego” del infierno.

El segundo elemento mencionado por Jesús sobre el infierno es el “gusano que no muere”. Sólo lo trae Marcos (Mc 9, 48). ¿Qué significado tiene? Para la Biblia, la presencia del gusano alude (igual que el fuego) a lo inservible e inútil. Lo menciona en el maná podrido (Éx 16, 20), en los enfermos pestilentes (2Mac 9, 9; Hech 12, 23), en los cadáveres (Is 14, 11; 66, 24). Por lo tanto, afirmar que en el infierno hay “gusanos que no mueren” significa que la situación de los que se condenan es como la de un cadáver descompuesto o la de un montón de basura inútil. El tercer elemento del infierno es el de las “tinieblas exteriores”. Sólo lo cita Mateo (8, 12; 22, 13; 25, 30). ¿Por qué emplea esta figura? Los judíos imaginaban la salvación eterna como un gran banquete, espléndidamente iluminado. Era lógico, pues, que imaginaran el infierno como lo contrario, es decir, como “tinieblas que quedaban afuera” de ese banquete. Las tinieblas simbolizan simplemente la no participación en la fiesta final.

El cuarto elemento es el “llanto y rechinar de dientes”. Lo mencionan Mateo (Mt 8, 12) y Lucas (13, 28). El rechinar de dientes en la Biblia aparece siempre como ejemplo de rabia y de odio (Job 16, 9; Sal 35, 16; Hech 7, 54). Unida al llanto, la frase completa quiere expresar el dolor y la desesperación de los que quedan excluidos de la salvación.

Ariel Alvarez Valdés
Biblista

SEGÚN LA BIBLIA ¿EL SOL SE DETUVO EN GABAÓN? Segunda Parte

En los tiempos de Galileo se interpretaba la Biblia literalmente, es decir, se entendía que las cosas habían sucedido tal como dice la letra del texto bíblico. Por eso, cuando Galileo comenzó a enseñar que el Sol está quieto y es la Tierra la que se mueve, el Santo Oficio esgrimió el argumento de la batalla de Gabaón para refutar sus enseñanzas, diciendo: si el Sol se detuvo en Gabaón, es porque se mueve. ¿Cómo entonces puede afirmar Galileo que el Sol está quieto y que la Tierra se mueve? ¿Quién tiene razón: la Palabra de Dios o Galileo? Planteadas así las cosas, no había ninguna posibilidad de escapar a la condena. Pero ¿qué pasó realmente en la batalla de Gabaón? ¿Pudo haberse detenido el Sol? Existen cuatro teorías propuestas por los biblistas para explicar este episodio, si lo consideramos como un hecho realmente sucedido (porque muchos estudiosos piensan que se trata de una creación literaria).

La primera, llamada teoría “astronómica”, es la que defendía el Santo Oficio y toda la Iglesia hasta el siglo XVI. Según ésta, el Sol se detuvo realmente en el cielo gracias a una intervención especial de Dios, y allí permaneció un día entero iluminando la batalla, por lo cual aquel día duró mucho más de 24 horas. Pero esa teoría hoy resulta insostenible, porque si el Sol, la luna o cualquier otro planeta detuvieran por un instante su andar, se produciría un cataclismo de tales proporciones en el sistema solar, que éste saltaría hecho trizas. Además si el Sol se hubiera detenido en el cielo brillando durante tantas horas, como afirma esta teoría, tendrían que haberlo notado todos los otros pueblos que en aquel momento eran iluminados por ese mismo Sol. Y ninguno ha conservado jamás el registro de semejante fenómeno.

La segunda teoría es la llamada “poética”, y sostiene que la oración de Josué para detener el Sol es un simple poema que emplea el autor, pidiendo al Sol y a la luna que se paren para contemplar el maravilloso éxito que estaba teniendo el general israelita en la batalla. Pero no significa que se hubiera detenido realmente. El inconveniente de esta teoría es que niega que hubiera habido algún hecho extraordinario en el combate, cuando del relato bíblico parece deducirse que algo fuera de lo común pasó ciertamente aquel día, ya que tres veces, y de distintas maneras, repite que el Sol se detuvo en el cielo. La tercera teoría es la “psicológica”. Afirma que el relato sólo pretende reflejar el impacto psicológico de lentitud que los hebreos sintieron durante la batalla. Quiere decir simplemente que ese día estuvo tan lleno de acontecimientos, y que el triunfo fue tan costoso, que el día parecía interminable.

En circunstancias así (también decimos nosotros) el tiempo se hace eterno. Pero debemos rechazar también esta hipótesis porque, al igual que la segunda, niega que hubiera habido “algo” ese día. Queda, finalmente, la teoría “atmosférica”. Según ésta, lo que pretende contar el relato de la batalla de Gabaón no fue que ese día el Sol brilló más horas de lo acostumbrado, sino al contrario: que no hubo Sol. En efecto, Josué con su ejército, después de marchar toda la noche desde su campamento de Guilgal, habría caído por sorpresa sobre los sitiadores a la madrugada, en el mismo momento en que una fuerte tormenta de granizo se abatía sobre el terreno (Jos 10,11). Al ver aparecer imprevistamente a las tropas de Josué por el este, el ejército de los cinco reyes se desbandó y emprendió la retirada en dirección al oeste, hacia el valle de Ayyalón. Y allí le dio alcance el ejército israelita.

Cuando la batalla promediaba, la tormenta que había nublado el cielo ese día había cesado, y el Sol amenazaba con aparecer, con toda su fuerza por entre las nubes, que ya se iban abriendo. Al ver esto, Josué rezó para que el Sol no saliera en Gabaón, es decir, para que el día continuara nublado, a fin de evitar el fuerte calor del día, y permitir que sus hombres pudieran combatir mejor con el fresco de la jornada. En recuerdo de esta heroica batalla, en la que los israelitas habían combatido con un tiempo insólitamente nublado, en una época en la que no era habitual que el sol se ocultara tras las nubes, la tradición habría elaborado un poema que incluía las palabras de Josué, y que decía: “Detente, oh Sol, en Gabaón; y tú, luna, en el valle de Ayyalón”. La copla fue más tarde recogida en una colección de poemas, titulada EL LIBRO DEL JUSTO. Sabemos, por la Biblia, que este libro contenía muchas otras composiciones poéticas, como el canto fúnebre pronunciado por David cuando murió el rey Saúl y Jonatán (2 Sm 1,17-27), la oración que pronunció Salomón al inaugurar el templo de Jerusalén (1 Re 8,22-53), y otros famosos poemas atribuidos a distintos héroes de Israel.

Más tarde, en el siglo VII a.C., se escribió el libro de Josué, con el relato de la batalla de Gabaón, su autor quiso agregar al relato el poema tomado de El Libro del Justo. Y como el poema sólo decía: “Detente, oh Sol, en Gabaón; y tú, luna, en el valle de Ayyalón”, el escritor sagrado pensó que lo que Josué pedía era que el Sol se detuviera en el cielo y continuara brillando, cuando en realidad lo que pedía era que no saliera. Por haberlo creído así, el autor del libro de Josué, a continuación del poema, agrega: “Y el Sol se paró en medio del cielo y dejó de correr un día entero hacia su ocaso. Y no hubo día semejante ni antes ni después” (Jos 10,13-14). Lo que sucede es que, el escritor sagrado había entendido, erróneamente, que ese día el Sol se demoró, brillando en medio del cielo. Que el poema citado está sacado de otra parte (es decir, de EL LIBRO DEL JUSTO), se ve por el hecho de que está fuera de contexto y no encaja en el relato. En efecto, en el v.12 leemos: “Josué se dirigió a Yahvé diciendo”. Y a continuación Josué no se dirige a Yahvé, sino al Sol, expresando: “Detente, oh Sol...”. O sea que el poema al principio no formaba parte del relato.

Galileo tenía razón. El Sol nunca se detuvo, ni la Sagrada Escritura había querido decir tal cosa. Pero en aquellos tiempos la única manera de entender la Biblia era tomándola literalmente, que fue lo que hicieron los representantes del Santo Oficio. Por eso lo condenaron. Y en los tres siglos que siguieron a su muerte no cesaron las refriegas, altercados y malentendidos entre científicos y representantes de la Iglesia por imponer sus puntos de vista. Hasta que finalmente, en el siglo XX, la Iglesia reconoció que la Biblia no debía interpretarse al pie de la letra, sino que era necesario buscar en ella la intención de los autores, para poder descubrir su mensaje.

Galileo tenía razón. Y por eso el papa Juan Pablo II, en un discurso pronunciado el 31 de octubre de 1992 ante la Pontificia Academia de las Ciencias, reconoció que la Iglesia se había equivocado al condenarlo, pidió perdón y reivindicó públicamente la figura del genial florentino, con lo cual se pudo cerrar finalmente una vieja herida que había permanecido abierta durante 350 años. Pero el Sol de Gabaón sigue brillando para todos, desde el fondo de la historia, como queriéndonos recordar el sufrimiento que una lectura literal de la Biblia puede ocasionar en el alma.

Por eso para quienes todavía hoy, después de acallados los ecos de aquel doloroso enfrentamiento, continúan buscando en la Biblia fórmulas científicas secretas, revelaciones misteriosas y profecías cifradas, conviene recordar la lúcida frase pronunciada por Galileo frente a los miembros del Santo Oficio, antes de su condena: “No busquen astronomía en la Biblia. Porque ella no pretende decirnos cómo marchan los cielos, sino cómo marchamos nosotros hacia el cielo”.

Ariel Alvarez Valdés
Biblista

miércoles, 19 de junio de 2019

LA EUCARISTÍA EXPERIENCIA DEL REINO DE DIOS


Comentario Bíblico
De la lectura sobre la Festividad de Corpus Christi
Del Evangelio de Lucas 9, 11-17

Todos los textos ancestrales de Antiguo Testamento tienen algo especial en la tradiciones de Israel, hasta el punto de poder considerar que un texto como el de Melquisedec podría ser una campaña militar, antigua, en la que se ha querido ver que los grandes, en este caso el rey de Salem, también ha querido ponerse a los pies del padre del pueblo, de Abrahán.

Con los gestos del pan y el vino que se ofrecen, las cosas más naturales de la tierra, el rey misterioso le otorga a Abrahán un rango sagrado, casi de rey-sacerdote. Será en este sentido cómo la carta a los Hebreos 7,1-10 se permitirá hacer una lectura nueva de Jesucristo, de su sacerdocio no-dinástico, absolutamente distinto y original, que no tiene parangón como el sacerdocio ministerial. En el mismo sentido lo había ya intuido el Salmo 110,4. Se ha discutido mucho sobre quién es este personaje, incluso tenemos un texto en Qumrán que lo ve como un ser celeste.

El valor, de nuestro texto es que sirve como plataforma teológica para un sentido nuevo y una actualización de la religión inaugurada por la vida de Cristo. El hecho de que en esa ofrenda de Melquisedec no se usen animales, sino las cosas sencillas de la tierra, apunta a una dimensión ecológica y personalista. Jesús, antes de morir, ofrecerá su vida ¡tal como suena! en un poco de pan y en un poco de vino. No hacía falta más que la intención misma de entregarse, de donarse, de “pro-existir” para los demás. Con ello se alza una protesta radical contra un culto de sacrificios de animales que no lleva a ninguna parte. Es la vida de Dios y de los hombres la que tiene que estar en comunión. El ser humano se fascina ante lo divino y deja de ser humano muchas veces, pero la “comunión vital” entre Dios y la humanidad no tiene por qué esclavizarnos a un culto externo y a veces inhumano. Porque lo que es inhumano, es antidivino.

El cristianismo primitivo tuvo que hacerse “recibiendo” tradiciones del Señor. Pablo, que no lo conoció personalmente, le da mucha importancia a unas pocas que ha recibido. Y una de esas tradiciones son las palabras y los gestos de la última cena. Porque el apóstol sabía lo que el Vaticano II decía, que “la Iglesia se realiza en la Eucaristía”. Todos debemos reconocer que aquella noche marcaría para siempre a los suyos. Cuando la Iglesia intentaba un camino de identidad distinto del judaísmo, serán esos gestos y esas palabras las que le ofrecerá la oportunidad de cristalizar en el misterio de comunión con su Señor y su Dios. Esta tradición “recibida”, según la mayoría de los especialistas, pertenece a Antioquía (como en Lc 22,19-20), donde los seguidores de Jesús “recibieron” por primera vez el nombre de “cristianos”. Un poco distinta es la de Jerusalén (Mc y Mt).

Pero lo importante son las “palabras” y el sentido que Jesús pone en los gestos. Jesús, en la noche “en que iba a ser entregado”, se “entregó” él a los suyos. El término es elocuente. En los relatos de la pasión aparece frecuentemente este “entregar”. No obstante lo verdaderamente interesante es que antes de que lo entregaran a la muerte y le quitaran la vida, él la ofreció, la entregó, la donó a los suyos en el pan y en el vino, de la forma más sencilla y asombrosa que se podía alguien imaginar. ¿Por qué se ha de proclamar la muerte del Señor hasta su vuelta? ¿Por qué recordar la ignominia y la violencia de su muerte? ¿Para resaltar la dimensión sacrificial de nuestra redención? ¿Para que no se olvide lo que le ha costado a Jesús la liberación de la humanidad? Muchas cosas, con los matices pertinentes, se deben considerar al respecto.

No hacer memoria, significa no tener historia. Y la Iglesia sabe que “nace” de la muerte de Jesús y de su resurrección. No es simplemente memoria de un muerto o de una muerte ignominiosa, o de un sacrificio terrible. Es “memoria” de vida, de entrega, de amor consumado, de acción profética que se adelanta al juicio y a la condena a muerte de las autoridades; es memoria de su vida entera que entrega en aquella noche con aquellos signos proféticos sin medida. Precisamente para que no se busque la vida allí donde solamente hay muerte y condena. Es, por otra parte y sobre todo, memoria de resurrección, porque quien se dona en la Eucaristía de la Iglesia, no es un muerto, ni repite su muerte gestualmente, sino el Resucitado. Lucas ha presentado la multiplicación de los panes como una Eucaristía. En este sentido podemos hablar que este gesto milagroso de Jesús ya no se explica, ni se entiende, desde ciertos parámetros de lo mágico o de lo extraordinario. Los cinco verbos del v. 16: “tomar, alzar los ojos, bendecir, partir y dar”, denotan el tipo de lectura que ha ofrecido a su comunidad el redactor del evangelio de Lucas. Quiere decir algo así: no se queden solamente con que Jesús hizo un milagro, algo extraordinario que rompía las leyes de la naturaleza (solamente tenían cinco panes y dos peces y eran cinco mil personas).

Por tanto, ya tenemos una primera aproximación. Por otra parte, es muy elocuente cómo se introduce nuestro relato: Jesús les hablaba del Reino de Dios y los curaba de sus males. Sabemos que el relato de la multiplicación de los panes tiene variantes muy señaladas en la tradición evangélica: (dos veces en Mateo: 14,13-21;15, 32-39); (dos en Marcos: 6,30-44; 8,1-10); (una en Juan, 6,1-13) y nuestro relato. Se ha escogido, sin duda, para la fiesta del Corpus en este ciclo por ese carácter eucarístico que Lucas nos ofrece. Incluso se apunta a que todo ocurre cuando el día declinaba, como en el caso de los discípulos de Emaús que terminó con aquella cena prodigiosa en la que Jesús resucitado, realiza los gestos de la última Cena y desaparece.

Pero apuntemos otras cosas. Jesús exige a los discípulos que “ellos les den de comer”; son palabras para provocar, sin duda, y para enseñar también. El relato, pues, tiene de pedagógico tanto como de maravilloso. No debe ser, la “eucaristía” la experiencia de una élite de perfectos o de santos. Si fuera así muchos se quedarían fuera para siempre. También debe ser “experiencia del Reino”; el Reino anunciado por Jesús es el Reino del Padre de la misericordia y, por tanto, debe ser experiencia de su Padre y nuestro Padre, de su Dios y nuestro Dios. Y, finalmente, “curación” de nuestra vida, es decir, experiencia de gracia, de encuentro de fraternidad y de armonía. Muchos vienen a la eucaristía buscando su “curación” y la Iglesia debe ofrecérsela, según el mandato mismo de Jesús a los suyos, en el relato: “Denles de comer ustedes mismos”.

Fuente:

SOBRE EL CULTO AL SAGRADO CORAZON

«Ustedes sacarán agua con alegría de las fuentes de la salvación». Estas palabras con las que el profeta Isaías, prefiguraba simbólicamente los múltiples y abundantes bienes que la era mesiánica había de traer consigo, nos hacen recordar los deseos del Pío IX, mandó celebrar la fiesta del Sacratísimo Corazón de Jesús, innumerables son, en efecto, las riquezas celestiales que el culto tributado al Sagrado Corazón infunde en las almas: las purifica, las llena de consuelos sobrenaturales y las mueve a alcanzar las virtudes todas. Por ello, recordando las palabras del apóstol Santiago: «Toda dádiva, buena y todo don perfecto de arriba desciende, del Padre de las luces», razón tenemos para considerar en este culto, ya tan universal y cada vez más fervoroso, el inapreciable don que el Verbo Encarnado, nuestro Salvador divino y único Mediador de la gracia y de la verdad entre el Padre Celestial y el género humano, ha concedido a la Iglesia, su mística Esposa, en el curso de los últimos siglos, en los que ella ha tenido que vencer tantas dificultades y soportar pruebas tantas.

La Iglesia puede manifestar más ampliamente su amor a su Divino Fundador y cumplir más fielmente esta exhortación que, según el evangelista Juan, profirió el mismo Jesucristo: «En el último gran día de la fiesta, Jesús, habiéndose puesto en pie, dijo en alta voz: "El que tiene sed, venga a mí y beba el que cree en mí". Pues, como dice la Escritura, "de su seno manarán ríos de agua viva". Y esto lo dijo El del Espíritu que habían de recibir lo que creyeran en El» Los que escuchaban estas palabras de Jesús, con la promesa de que habían de manar de su seno «ríos de agua viva», fácilmente las relacionaban con los vaticinios de Isaías, Ezequiel y Zacarías, en los que se profetizaba el reino del Mesías, y también con la simbólica piedra, de la que, golpeada por Moisés, milagrosamente hubo de brotar agua. La caridad divina tiene su primer origen en el Espíritu Santo, que es el Amor personal del Padre y del Hijo, en el seno de la augusta Trinidad. Con toda razón, pues, el Apóstol de las Gentes, como haciéndose eco de las palabras de Jesucristo, atribuye a este Espíritu de Amor la efusión de la caridad en las almas de los creyentes: «La caridad de Dios ha sido derramada en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado.

Este tan estrecho vínculo que, según la Sagrada Escritura, existe entre el Espíritu Santo, que es Amor por esencia, y la caridad divina que debe encenderse cada vez más en el alma de los fieles, nos revela a todos en modo admirable, venerables hermanos, la íntima naturaleza del culto que se ha de atribuir al Sacratísimo Corazón de Jesucristo. Si consideramos su naturaleza peculiar, es el acto de religión por excelencia, esto es, una plena y absoluta voluntad de entregarnos y consagrarnos al amor del Divino Redentor, cuya señal y símbolo más viviente es su Corazón traspasado. Igualmente claro es, y en un sentido aún más profundo, que este culto exige ante todo que nuestro amor corresponda al Amor divino. Pues sólo por la caridad se logra que los corazones de los hombres se sometan plena y perfectamente al dominio de Dios, cuando los afectos de nuestro corazón se ajustan a la divina voluntad de tal suerte que se hacen casi una cosa con ella, como está escrito: «Quien al Señor se adhiere, un espíritu es con El»

La Iglesia siempre ha tenido y tiene en tan grande estima el culto del Sacratísimo Corazón de Jesús: lo fomenta y propaga entre todos los cristianos, y lo defiende, además, enérgicamente contra las acusaciones del naturalismo y del sentimentalismo; sin embargo, es muy doloroso comprobar cómo, en lo pasado y aun en nuestros días, este nobilísimo culto no es tenido en el debido honor y estimación por algunos cristianos, y a veces ni aun por los que se dicen animados de un sincero celo por la religión católica y por su propia santificación. No faltan quienes, confundiendo o equiparando la índole de este culto con las diversas formas particulares de devoción, que la Iglesia aprueba y favorece sin imponerlas, lo juzgan como algo superfluo que cada uno pueda practicar o no, según le agradare; otros consideran oneroso este culto, y aun de poca o ninguna utilidad, singularmente para los que militan en el Reino de Dios, consagrando todas sus energías espirituales, su actividad y su tiempo a la defensa y propaganda de la verdad católica, a la difusión de la doctrina social y a la multiplicación de aquellas prácticas religiosas y obras que ellos juzgan mucho más necesarias en nuestros días.

Extracto de la CARTA ENCÍCLICA, HAURIETIS AQUAS, del Papa PÍO XII, SOBRE EL CULTO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

RELIQUIAS IMPOSIBLES


Los objetos conocidos como Reliquias por la Iglesia Católica, suelen ser efectos personales de santos y en ocasiones objetos relacionados con la pasión o fallecimiento de los mártires (con San Esteban como el primero de ellos). La función primigenia de las reliquias era la de llevar las historias de la Biblia a una población analfabeta (sobre todo durante la Edad Media), como más tarde ocurrió con la transición arquitectónica del románico al gótico, que pretendía causar una mayor impresión en los potenciales fieles. De este modo, las Reliquias se convirtieron en una herramienta fundamental para evangelizar, independientemente de su autenticidad o procedencia. De hecho, en el año 787 se estableció que ninguna iglesia podría ser consagrada a falta de una reliquia, lo que propició en gran medida un nuevo negocio, la falsificación.

El atractivo que suponía para los fieles que una determinada iglesia o parroquia tuviera su propia reliquia, era un fuerte reclamo, atribuyéndose a estos objetos la habilidad de sanar males o alejar a la desgracia. Tristemente, debido a la gran demanda de estas piezas, el mercado de falsificaciones pudo prosperar ampliamente. Además, alimentado por la propia Iglesia porque desde el siglo IV se autorizó la fragmentación de los cuerpos de los santos para repartirlos, porque, por pequeño que fuera el fragmento, mantenía su virtud y sus facultades milagrosa. El comercio de reliquias se convirtió en un negocio… hasta el siglo XIII en el que en el Concilio de Letrán se prohibió el comercio y la veneración de reliquias sin “certificado de autenticidad” (ya sólo se podían venerar si tenían el OK de la Iglesia). Entre la increíble gama de objetos considerados como reliquias, nos encontramos con objetos tan estrafalarios a continuación hacemos mención de algunos de ellos:

-Las piedras con las que lapidaron a San Esteban;
-Las flechas que terminaron con la vida de San Sebastián;
-La sandalia derecha de San Pedro;
-Los pechos de Santa Águeda;
-Un carbón vegetal con el que fue martirizado en la parrilla San Lorenzo;
-Un diente de Santa Apolonia (esta santa fue martirizada arrancándole los dientes). De hecho es la patrona de los dentistas;
-Un trozo de mantel de la última cena. Gracias al cuadro de Leonardo Da Vinci sabemos que, por lo menos, la mesa tenía mental.
-Las treinta monedas que Judas recibió por la traición se han convertido en unas doscientas (aquí, como mínimo, tenemos que 170 son falsas);
-De San Juan Bautista, que bautizó a Jesucristo y murió decapitado, se veneran varias cabezas y más de sesenta dedos;

Y los casos más extremos y ridículos:

-Algunas plumas de las alas del arcángel Gabriel;
-Y hasta un estornudo embotellado del Espíritu Santo.

Ahora bien, si estas afirmaciones pueden resultar ciertamente difíciles de creer, imaginen los 500 dientes de leche que se atribuyen al niño Jesús, sus 4 cordones umbilicales, 12 Santos Griales, casi 100 diferentes sudarios relacionados con Cristo o trozos de madera de la cruz donde Jesús fue crucificado que bastarían para hacer 3 cruces. Pero quizá, la que se lleva la palma en cuanto a escándalos se refiere es el polémico Santo Prepucio, obtenido tras la circuncisión de Jesús cuando contaba ocho días de vida, debido no sólo a su naturaleza, sino también a las polémicas que ha creado dentro de la misma Iglesia. Independientemente de la veracidad o falsedad de cada reliquia. Lo cierto es que han sido uno de los más polémicos aspectos del catolicismo, llegando incluso a obsesionar a personajes históricos. LA LANZA DE LONGINO, o LA LANZA DEL DESTINO, la que supuestamente atravesó el costado de Jesús, fue el tesoro más preciado de Hitler, quien pensaba que esta arma le ayudaría a conquistar el mundo. En fin, estos y otros misterios de la historia, y que la Iglesia en algunos casos sostiene y promueve.

PARQUE NACIONAL DE LA PIEDRA AMARILLA

Toda una maravilla en la arquitectura ecológica. Es un enorme emblema en la administración política del Recurso Natural, al mismo tiempo símbolo de cómo se han cometido errores y de cómo se rectificó para bien y goce de las generaciones presentes y futuras. Un lugar exuberante y con gran historia. Lleno de mucha belleza escénica, que a lo largo de varias entregas poco a poco iremos compartiendo con ustedes. Creado por el Congreso de Estados Unidos y convertido en ley en parque nacional, ubicado en los Estados Unidos, principalmente en el estado de Wyoming, Idaho y Montana. Yellowstone, es el primer parque nacional creado en Estados Unidos, también se considera ampliamente el parque nacional más antiguo del mundo.

Se encuentra encima de la caldera del mayor volcán de América, muy vivo pero sin erupción desde hace 640 000 años. Sus grandes geiseres son una de sus atracciones más populares.​ Es famoso también por su diversidad en fauna, beneficiada por la prohibición de caza durante los últimos 150 años. A pesar de que posee múltiples ecosistemas, domina el bosque subalpino. Los nativos americanos vivieron en la región de Yellowstone al menos durante 11.000 años. En 1917, la administración del parque se transfirió al Servicio de Parques Nacionales creado el año anterior. El parque nacional de Yellowstone se extiende en un área de 8983 km². Con lagos, cañones, ríos y cadenas montañosas. El lago Yellowstone es el lago de montaña más grande de América del Norte y en su mitad meridional se encuentra la Caldera Yellowstone, el súper volcán más grande del continente, considerado un volcán activo. Se tienen datos de que al menos en los últimos millones de años ha entrado en erupción con una fuerza tremenda en varias ocasiones.


Al menos la mitad de las atracciones geotermales del mundo se localizan en Yellowstone, provocadas por su fuerte y consistente actividad volcánica. Los flujos de lava y rocas emanados por las erupciones volcánicas cubren la mayor parte del área de Yellowstone. El parque es el centro del Gran Ecosistema de Yellowstone, el más grande ecosistema restante y casi intacto en la zona norte de la Tierra. Se han documentado cientos de especies de mamíferos, aves, peces y reptiles, incluyendo muchos en peligro o amenaza de extinción. Los vastos bosques y pastizales también incluyen especies únicas de plantas. El parque Yellowstone es el lugar más extenso con la mega fauna más famosa en los Estados Unidos Continentales, osos grizzli, lobos, manadas de bisontes y alces, pastan libremente y viven en el parque. El rebaño de bisontes del Yellowstone Park es el rebaño de bisontes más grande y antiguo abierto al público en los Estados Unidos.


A pesar de medidas de protección, los incendios forestales ocurren en el parque casi todos los años, tal y como el incendio de Yellowstone de 1988, donde casi un tercio del parque se quemó. Yellowstone tiene numerosas actividades recreacionales, que incluyen alpinismo, acampadas, paseos en bote, pesca y avistamientos de su fauna. Los caminos pavimentados proveen acceso cercano a las áreas de mayor actividad geotérmica, así como a algunos de los lagos y cataratas. Durante el invierno, a menudo los visitantes acceden al parque con paseos guiados en los que se usan vehículos para la nieve.


El Parque Nacional de Yellowstone se encuentra al noroeste de los Estados Unidos de Norteamérica. Está rodeado por tres estados (Idaho, Montana y Wyoming), aunque en su mayor parte se encuentra al noroeste de Wyoming. El centro del parque se sitúa a 110° 30' 03 de longitud occidental y 44° 36' 53 de latitud septentrional. Yellowstone está rodeado de terrenos federales. El Parque Nacional de Gran Teton se encuentra a pocos kilómetros al sur. El parque de Yellowstone se extiende sobre 8983 km², el 96 % de ellos en el estado de Wyoming,​ un 3 % en Montana y un 1 % en Idaho. Tiene 102 km de longitud de Norte a Sur, y 87 km de Este a Oeste.


Relieve


El parque de Yellowstone está situado sobre una meseta, a una altitud de 2400 m. Sus altitudes oscilan desde los 3462 m del pico Eagle hasta los 1610 m del arroyo Reese. La región está rodeada por macizos montañosos que pertenecen a las Montañas Rocosas, cuyas cumbres alcanzan entre 3 000 a 4 000 metros de altitud: al noroeste, la Cordillera Gallatin; al norte, las montañas Beartooth; al este y sureste, la Cordillera Absaroka; al sur, la Cordillera Teton; y, al oeste, el macizo de Madison. La cumbre más alta de la meseta y del parque es el Monte Washburn que alcanza los 3122 m. La gigantesca caldera de Yellowstone se encuentra en el centro del parque y está casi enteramente cubierta por restos volcánicos, por lo que su relieve es difícilmente observable. En el parque existen dos gargantas: Yellowstone River Canyon y Lewis Canyon, excavadas desde hace más de 640 000 años por los cursos de agua que cruzan la meseta volcánica.


Desde Costa Rica
Jorge Muñoz Somarribas
Coordinador
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YUSUF III PROCLAMADO REY DE GRANADA GRACIAS A UNA PARTIDA DE AJEDREZ


En 1391 fue coronado rey de Granada YUSUF II. Su primera decisión fue eliminar o encarcelar a los miembros de su familia que pudiesen disputarle el trono y asegurar su sucesión nombrando heredero a su primogénito YUSUF. Su hijo menor MUHAMMAD encabezó una insurrección en Granada que su padre sólo pudo controlar con la ayuda de los benimerines del Magreb. Aún así, un año más tarde YUSUF II moría misteriosamente.

MUHAMMAD no desaprovechó la oportunidad, recuperó a los insurrectos y se proclamó rey de Granada como MUHAMMAD VII. La suerte del heredero legítimo, su hermano mayor YUSUF, estaba echada… Fue encarcelado en el castillo de Salobreña y allí quedó recluido durante años. A lo largo de su reinado MUHAMMAD se procuró la paz con los reinos cristianos del norte y con los benimerines que habían apoyado a su padre. Una vez restablecido el orden en Granada volvió a reanudar las campañas contra Jaén y contra Murcia. Mientras tanto, YUSUF pasaba los días encerrado en una mazmorra… hasta 1408.

En 1408, para nombrar heredero a su propio hijo y evitar posibles insurrecciones, el rey ordenó matar a su hermano. Envió un emisario al castillo de Salobreña con la sentencia de muerte y la orden de regresar al emisario con la cabeza de su hermano. Cuando llegó al castillo, el prisionero estaba jugando una partida de ajedrez con el alcalde. Éste leyó el mensaje, se lo enseñó a YUSUF y le dijo:

“Lo siento, no tengo más remedio que cumplir la orden”.

YUSUF, sin perder los nervios, le pidió, como último deseo antes de morir, terminar la partida. Durante varias horas estuvieron jugando hasta que YUSSF le dio jaque mate con el movimiento de un alfil. Cuando se levantaron para ir a ejecutar la sentencia, llegó un mensajero anunciando la muerte de MUHAMMAD VII… y la proclamación de YUSUF III, el decimocuarto soberano de la dinastía nazarí del Reino de Granada.

A VECES ES MEJOR QUE SE SEPAREN POR EL BIEN DE LOS HIJOS (Papa Francisco)


En su conversación con los jesuitas en Rumania el Papa aborda la dificultad de gestionar los procesos de nulidad. El papa Francisco explicó que  existen matrimonios que aún siendo ‘válidos’ para la Iglesia Católica, en cambio son tóxicos para los hijos. Así lo comentó en su encuentro con 22 jesuitas durante su viaje apostólico del 31 al 2 de junio a Rumanía. Un jesuita húngaro, preguntó a Francisco sobre los matrimonios de distintas nacionalidades y, tradiciones, incluida greco-católicas. En este contexto se refirió a la familia, sobre la nulidad de los matrimonios. “Es difícil gestionar los procesos de nulidad. No se llega nunca al final. Sé que usted habló de esto con los obispos italianos, pero ¿qué hacer? Me parece que muchos viven sin poder llegar al final del proceso. Los tribunales no funcionan”.

La respuesta del Papa: “Sí. También el papa Benedicto habló de eso. Tres veces, si lo recuerdo bien. Hay matrimonios nulos por falta de fe. Luego, a veces el matrimonio no es nulo, pero no se desarrolla bien por inmadurez psicológica. En algunos casos el matrimonio es válido, pero a veces es mejor que los dos se separen por el bien de los hijos. El peligro en el que corremos el riesgo de caer será siempre la casuística. Cuando comenzó el Sínodo sobre la familia, algunos dijeron: ahí está, el papa convoca un Sínodo para dar la comunión a los divorciados. ¡Y siguen todavía hoy! En realidad, el Sínodo recorrió un camino en la moral matrimonial, pasando de la casuística de la escolástica decadente a la verdadera moral de santo Tomás. El punto en el que en Amoris laetitia se habla de integración de los divorciados abriendo eventualmente a la posibilidad de los sacramentos fue hecho según la moral más clásica de santo Tomás, la más ortodoxa, no la casuística decadente del «se puede o no se puede». Pero nosotros sobre el problema matrimonial tenemos que salir de la casuística que nos engaña. A veces sería más fácil decir: «se puede o no se puede», o, también, «adelante, no hay problema». ¡No! Hay que acompañar a las parejas. Hay experiencias muy buenas. Esto es muy importante. Pero hacen falta los tribunales diocesanos. Y he pedido que se haga el proceso breve. Sé que en algunas realidades no funcionan. Y hay demasiado pocos tribunales diocesanos. ¡Que el Señor nos ayude!”

¿Cómo debemos comportarnos en tiempos difíciles? ¿Cómo permanecer al servicio de todos en momentos de turbulencia? El Papa responde a qué hacer en esos tiempos difíciles: “Se requiere paciencia, se requiere hypomonē, es decir, hacerse cargo de los acontecimientos y de las circunstancias de la vida. Hay que llevar sobre los propios hombros el peso de la vida y de sus tensiones. Sabemos ya que hay que proceder con parresía y coraje. Son importantes. Sin embargo, hay tiempos en los que no se puede avanzar demasiado, y entonces hay que tener paciencia y dulzura. Eso mismo hacía Pedro Fabro, el hombre del diálogo, de la escucha, de la cercanía, del camino El tiempo actual es más de Fabro que de Canisio, quien, a diferencia de este, era el hombre de la disputa. En un tiempo de críticas y de tensiones hay que hacer como Fabro, que trabajaba con la ayuda de los ángeles: le rogaba a su ángel que hablara con los ángeles de los otros para que hiciesen con ellos lo que nosotros no podemos hacer. Y, además, se requiere verdaderamente la cercanía, una cercanía mansa. Hay que estar ante todo cerca del Señor con la oración, con el tiempo transcurrido frente al sagrario. Y después, la cercanía al pueblo de Dios en la vida cotidiana con las obras de caridad para curar las heridas. Yo pienso la Iglesia como hospital de campaña. La Iglesia está muy herida, y hoy está también muy herida por tensiones en su interior. ¡Mansedumbre, hace falta mansedumbre! ¡Y de verdad hace falta valentía para ser mansos! Pero hay que avanzar con la mansedumbre. Este no es el momento de convencer, de hacer discusiones. Si uno tiene una duda sincera sí, se puede dialogar, aclarar. Pero no responder a los ataques”.

Fuente:

JORGE EDGAR LEAL

Quién diría que él, hombre del norte profundo, de montañas verdes, de salinas, de desiertos casi lunares, clavaría un día sus pies y su bandera, la Argentina, en el más lejano y opuesto de los confines, mundo de hielo, silencio y soledad. Pero así fueron las cosas, y el 10 de diciembre de 1965, a sus 44 años, el GENERAL JORGE EDGAR LEAL comandó la primera expedición terrestre nacional que llegó y venció al Polo Sur Antártico. Doble o triple hazaña. Porque la soberanía se puede reclamar desde un discurso, se puede afincar año a año en bases profesionales y bien dotadas, pero nada tiene el sabor de alcanzar esa meta casi fantasmal doblegándola día a día, metro a metro, sin más armas que la voluntad y el coraje. JORGE EDGAR LEAL, vio la primera luz en la salteña Rosario de la Frontera el 23 de abril de 1921. Su padre político (don Servando Leal), concejal e intendente, su madre (doña Eduviges Romano) maestra de una escuela fundada en 1910, centenario del Mayo de la revolución, semilla de la independencia. Buena sangre. Allá por el '39 vistió su primer uniforme en el Colegio Militar, y egresó en el 43, año convulso que desembocaría en el 17 de octubre del '45 como subteniente de Caballería. Pero ya los hielos y las soledades del ultra sur lo esperaban…

En el año 1951, ya capitán, lo honran (y honraría) como jefe de la base antártica General San Martín, y en '57 repite cargo en la General Belgrano. Pero sentía latir algo más que el escalafón, los naturales ascensos, la rutina militar. Empezaba a roerlo la pasión por la aventura. Y en noviembre de 1963 empezó a esculpir su gran sueño: la OPERACIÓN 90-POLO SUR. Los 90 grados de latitud sur. Apenas con nueve hombres, partió desde la Base General Belgrano el 26 de octubre de 1965, llegó a meta el 10 de diciembre, plantando el mástil e izó la bandera argentina. Sólo 66 días de marcha: 45 de ida, 21 de vuelta. Pero en un contexto abrumador: mundo hostil, helado, peligroso. Vencido con material mínimo. Dos trineos tirados por perros hasta los 83 grados de latitud sur, y seis tractores snow-cat (gatos de nieve) con trineos de arrastre. Lo peor del trayecto: el tramo más largo, iniciado en la casi recién nacida Base Sobral: 2 de abril de 1965. Porque era terreno absolutamente desconocido. La latitud 90 sólo había sido alcanzada por aviones navales tres años antes

En la bitácora del GENERAL LEAL, histórica sin duda, quedaron asentados estos datos: "Trepamos alturas de más de tres mil metros, con temperaturas apenas menores de los cuarenta grados bajo cero".

El Sentido de la misión: no sólo un gran símbolo de soberanía. También "mediciones gravimétricas y magnéticas, observaciones meteorológicas y glaciológicas, ensayos clínicos sobre los efectos del frío"El CORONEL LEAL, luego y por su hazaña ascendido a GENERAL DE BRIGADA, fue recibido por la prensa como un gran héroe, pero la OPERACIÓN 90-POLO SUR no fue su último legado. Ya en 1952 había creado la BASE DE EJÉRCITO ESPERANZA. Alfredo Serra, periodista argentino de INFOBAE, lo entrevistó en enero de 1966, y en el devenir del relato le recordó que el 24 y el 25 de diciembre, Nochebuena y Navidad, lo habían sorprendido en el camino de regreso:

–¿Qué hicieron en esas noches, coronel?
–Gracias por recordarlo… Nadie me lo preguntó. Ya en el Polo Sur, dejé una imagen de la Virgen del Milagro, y en Nochebuena, bajo las estrellas y en un vasto y silencioso campo de hielo, celebramos una misa… La única en esa inmensidad, y tal vez irrepetible.

Desde luego, y con justicia, fue declarado Ciudadano Ilustre, y lo circundaron de homenajes, medallas y hasta uno que otro poema. Retirado del Ejército y de una vida pública que jamás buscó, su muerte volvió a llevarlo al primer plano del recuerdo. Pero ni la avalancha de homenajes ni el telón del olvido mellaron su austeridad, su vocación de pionero, y mucho menos la memoria de aquellos 66 días "en los que estuve sólo acompañado por mis nueve hombres… y por Dios", dijo más de una vez. En 1970, el GENERAL LEAL, fue nombrado Director Nacional del Antártico, cargo que conservó por varios años. En 1971 y en 1990 la Dirección Nacional del Antártico publicó y reeditó en Buenos Aires el libro titulado OPERACIÓN 90. El trabajo da detalles sobre la fría región austral argentina presentando una interesante cartografía al respecto. Finalmente LEAL, se retiró en el año 2003. El 22 de febrero de 2015, con motivo del Día de la Antártida Argentina, JORGE LEAL fue invitado al MUSEO MALVINAS E ISLAS DEL ATLÁNTICO SUR DE BUENOS AIRES para rendirle un homenaje. Falleció a la edad de 96 años el pasado 10 de Junio de 2017. Él, nueve hombres, Dios, el miedo, la aventura, el peligro, la gloria. Bien dicen que a veces un solo acto justifica toda una vida. Pues bien. Ese 10 de diciembre de 1965, de pie en uno de los helados y desiertos extremos de esta pequeña esfera azul que llamamos Planeta Tierra, el GENERAL JORGE LEAL se encontró cara a cara con su destino. Un instante profundamente místico.

Adiós, GENERAL JORGE EDGAR LEAL…
Adiós, HÉROE DE LA PATRIA…