viernes, 31 de diciembre de 2021

SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA MADRE DE DIOS

La contemplación del misterio del nacimiento del Salvador ha impulsado al pueblo cristiano no sólo a dirigirse a la Virgen santísima como a la Madre de Jesús, sino también a reconocerla como 
Madre de Dios. Esa verdad fue profundizada y percibida, ya desde los primeros siglos de la era cristiana, como parte integrante del patrimonio de la fe de la Iglesia, hasta el punto de que fue proclamada solemnemente en el año 431 por el concilio de Éfeso. En la primera comunidad cristiana, mientras crece entre los discípulos la conciencia de que Jesús es el Hijo de Dios, resulta cada vez más claro que María es la THEOTOKOS, la Madre de Dios. Se trata de un título que no aparece explícitamente en los textos evangélicos, aunque en ellos se habla de la "Madre de Jesús" y se afirma que él es Dios (Jn 20, 28, cf. 5, 18; 10, 30. 33). Por lo demás, presentan a María como Madre del Emmanuel, que significa Dios con nosotros (cf. Mt 1, 22, ­23).

Ya en el siglo III, como se deduce de un antiguo testimonio escrito, los cristianos de Egipto se dirigían a María con esta oración: "Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios: no desoigas la oración de tus hijos necesitados; líbranos de todo peligro, oh siempre Virgen gloriosa y bendita". En este antiguo testimonio aparece por primera vez de forma explícita la expresión THEOTOKOS"Madre de Dios". En la mitología pagana a menudo alguna diosa era presentada como madre de algún dios. Por ejemplo, Zeus, dios supremo, tenía por madre a la diosa Rea. Ese contexto facilitó, tal vez, en los cristianos el uso del título THEOTOKOS"Madre de Dios", para la madre de Jesús. Con todo, conviene notar que este título no existía, sino que fue creado por los cristianos para expresar una fe que no tenía nada que ver con la mitología pagana, la fe en la concepción virginal, en el seno de María, de Aquel que era desde siempre el Verbo eterno de Dios.

En el siglo IV, el término THEOTOKOS ya se usa con frecuencia tanto en Oriente como en Occidente. La piedad y la teología se refieren cada vez más a menudo a ese término, que ya había entrado a formar parte del patrimonio de fe de la Iglesia. Por ello se comprende el gran movimiento de protesta que surgió en el siglo V cuando Nestorio puso en duda la legitimidad del título "Madre de Dios". En efecto, al pretender considerar a María sólo como madre del hombre Jesús, sostenía que sólo era correcta doctrinalmente la expresión "Madre de Cristo". Lo que indujo a Nestorio a ese error fue la dificultad que sentía para admitir la unidad de la persona de Cristo y su interpretación errónea de la distinción entre las dos naturalezas ―divina y humana― presentes en él. El concilio de Éfeso, en el año 431, condenó sus tesis y, al afirmar la subsistencia de la naturaleza divina y de la naturaleza humana en la única persona del Hijo, proclamó a María Madre de Dios.

Las dificultades y las objeciones planteadas por Nestorio nos brindan la ocasión de hacer algunas reflexiones útiles para comprender e interpretar correctamente ese título. La expresión THEOTOKOS, que literalmente significa "la que ha engendrado a Dios", a primera vista puede resultar sorprendente, pues suscita la pregunta: ¿cómo es posible que una criatura humana engendre a Dios? La respuesta de la fe de la Iglesia es clara: la maternidad divina de María se refiere solo a la generación humana del Hijo de Dios y no a su generación divina. El Hijo de Dios fue engendrado desde siempre por Dios Padre y es consustancial con él. Evidentemente, en esa generación eterna María no intervino para nada. Pero el Hijo de Dios, hace dos mil años, tomó nuestra naturaleza humana y entonces María lo concibió y lo dio a luz.

Así, al proclamar a María "Madre de Dios", la Iglesia desea afirmar que ella es la "Madre del Verbo encarnado, que es Dios". Su maternidad, por tanto, no atañe a toda la Trinidad, sino únicamente a la segunda Persona, al Hijo, que, al encarnarse, tomó de ella la naturaleza humana. La maternidad es una relación entre persona y persona: una madre no es madre sólo del cuerpo o de la criatura física que sale de su seno, sino de la persona que engendra. Por ello, María, al haber engendrado según la naturaleza humana a la persona de Jesús, que es persona divina, es Madre de Dios. Cuando proclama a María "Madre de Dios", la Iglesia profesa con una única expresión su fe en el Hijo y en la Madre. Esta unión aparece ya en el concilio de Éfeso; con la definición de la maternidad divina de María los padres querían poner de relieve su fe en la divinidad de Cristo. A pesar de las objeciones, antiguas y recientes, sobre la oportunidad de reconocer a María ese título, los cristianos de todos los tiempos, interpretando correctamente el significado de esa maternidad, la han convertido en expresión privilegiada de su fe en la divinidad de Cristo y de su amor a la Virgen.

En la THEOTOKOS la Iglesia, por una parte, encuentra la garantía de la realidad de la Encarnación, porque, como afirma san Agustín, "si la Madre fuera ficticia, sería ficticia también la carne (...) y serían ficticias también las cicatrices de la resurrección". Y, por otra, contempla con asombro y celebra con veneración la inmensa grandeza que confirió a María Aquel que quiso ser hijo suyo. La expresión "Madre de Dios" nos dirige al Verbo de Dios, que en la Encarnación asumió la humildad de la condición humana para elevar al hombre a la filiación divina. Pero ese título, a la luz de la sublime dignidad concedida a la Virgen de Nazaret, proclama también la nobleza de la mujer y su altísima vocación. En efecto, Dios trata a María como persona libre y responsable y no realiza la encarnación de su Hijo sino después de haber obtenido su consentimiento. Siguiendo el ejemplo de los antiguos cristianos de Egipto, los fieles se encomiendan a Aquella que, siendo Madre de Dios, puede obtener de su Hijo divino las gracias de la liberación de los peligros y de la salvación.

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miércoles, 29 de diciembre de 2021

LA VUELTA AL MUNDO EN OCHENTA DÍAS

La vuelta al mundo en ochenta días
(Around the World in Eighty Days) es una película estadounidense de 1956 dirigida por Michael Anderson, basada en la novela homónima del escritor francés Julio Verne. La película narra la historia del caballero inglés Phileas Fogg, que apuesta la mitad de su fortuna con sus compañeros del Reform Club a que es capaz de realizar un viaje alrededor del mundo en 80 días. Su travesía va desde Inglaterra, sigue por Francia, España, el canal de Suez, India, Hong Kong, Japón y Estados Unidos.

Es una película de alto presupuesto de Hollywood, producida por Michael Todd en su pionero sistema de 70mm (Todd-AO) para obtener la más alta resolución de pantalla grande disponible en su tiempo. En el film, muchos famosos actores hacen pequeñas apariciones (para las que Todd inventa el término cameo), como Marlene Dietrich, Buster Keaton, George Raft, Frank Sinatra, John Gielgud, Trevor Howard, Peter Lorre, Charles Boyer, Cesar Romero y Fernandel; participa también el torero español Luis Miguel Dominguín. Fue bien recibida por la crítica y aún más por la comunidad de Hollywood, y obtuvo cinco premios Óscar, entre ellos el de mejor película (pero no el de mejor dirección), y dos Globos de Oro.

Los títulos de crédito, por Saul Bass, fueron innovadores, en vez de una sucesión de letras, se hicieron animados. En el doblaje al español es conocida la colaboración de Cantinflas, quien llega a doblarse a sí mismo, si bien la censura provocó una modificación al hablarse mal de Tomás de Torquemada, diciendo en su lugar martirios chinos.

De gran producción
Es considerada como una de las primeras grandes producciones cinematográficas, que tomo poco más de 75 días de rodaje, entre agosto y diciembre de 1955, en locaciones de países como Bangladés, España, Estados Unidos, China, Japón, Tailandia, Inglaterra y Francia.

Personaje extendido
El papel de Passepartout fue incrementado para la cinta, dado que el actor que le daba vida era el popular Cantinflas, una de las estrellas más grandes del mundo en la década de los años 50.

Su favorito
David Niven siempre dijo que Phileas Fogg era su papel favorito.

Escena agregada
La secuencia taurina se agregó porque Cantinflas tenía experiencia taurina. Él estaba en realidad en la arena con el toro, evitando el uso de un doble. Fue una de las primeras secuencias rodadas.

Un préstamo del rey
La barcaza utilizada en Bangkok pertenecía al rey de Tailandia, quien se la prestó al productor Mike Todd.

Sirviente rechazado
El papel desempeñado por Sir John Gielgud como el sirviente que Phileas Fogg al comienzo de la película, se ofreció a Sir Laurence Olivier, quien lo rechazó.

Dejó su retiro
El actor Ronald Colman salió de su retiro para hacer su cameo.







martes, 28 de diciembre de 2021

SAN JOSÉ, CABEZA DE LA SAGRADA FAMILIA

El 15 de agoto de 1989, Juan Pablo II daba a la Iglesia la Exhortación apostólica REDEMPTORIS CUSTOS, sobre la figura y la misión de San José en la vida de Cristo y de la Iglesia. En ella recordaba como «desde los primeros siglos, los Padres de la Iglesia, inspirándose en el Evangelio, han subrayado que San José, al igual que cuidó amorosamente a María y se dedicó con mucho empeño a la educación de Jesucristo, también custodia y protege su cuerpo Místico, la Iglesia, de la que la Virgen es figura y modelo». Nos alentaba a crecer en devoción al Patrono de la Iglesia universal, tan eficaz para llevar el primer anuncio de Cristo como para volver a llevarlo allí donde está descuidado u olvidado. San José, es la cabeza de la Sagrada Familia, y nos pareció oportuno dedicarle una meditación, aquí en el programa.

Con sobria y densa elocuencia la Escritura lo presenta proclamando la alteza incomparable de su dignidad y misión, sólo inferiores a María. San Ireneo le llamó «esposo destinado, desde lo eterno, a María». Cualquiera en su lugar se hubiera enamorado de Ella. Pero era José quien había de custodiarla intacta y ser padre virginal del Dios hecho hombre, Jesús. Los teólogos tardaron muchos siglos en manifestar la dignidad y el papel excepcional que desempeño en este mundo el humilde carpintero de Nazaret. El pueblo cristiano, en cambio, intuyó desde siempre, con sobrenatural sentido la grandeza del patriarca. Un estudio teológico sobre la Persona y la Misión de María no puede darse por concluido sin una exposición sobre la Persona y la Misión de José, al considerar con palabras de la Escritura que "Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre" (Mt. 1,16). Consta por la Revelación que José es inseparable de María y de Jesús. Si Dios ha unido a "la trinidad de la tierra", la ciencia teológica y la piedad no pueden ni deben separarlos.

El estudio teológico sobre José tiene su fundamento en la Revelación, tal Y como lo muestra la Escritura y la Tradición y ha sido declarado por el Magisterio de la Iglesia. Sobre esa base, la reflexión teológica trata de descubrir todas las virtualidades que encierran las enseñanzas magisteriales y el sentir de la piedad del pueblo cristiano. La dignidad de San José se desprende de su condición de esposo de María y padre virginal y legal de Jesús. De estas relaciones con Jesús y con María se deduce de modo inefable su relación con la Santísima Trinidad como lo expresa el siguiente texto pontificio:

"He aquí el misterio, el secreto de la divina Encarnación, de la Redención, que la Santísima Trinidad revela al hombre. Realmente es imposible subir más alto. Estábamos en el orden de la unión hipostática, de la unión personal de Dios con el hombre. Es en este momento cuando Dios nos invita a considerar al humilde y gran santo; es en este momento cuando Dios pronuncia la palabra que explica todas las relaciones existentes entre San José y todos los grandes profetas y los demás grandes santos, aun aquellos que han desempeñado misiones públicas de gran relieve, como los Apóstoles. No hay honor que supere al de haber recibido la revelación de la unión hipostática del Verbo de Dios... El divino Redentor es la fuente de toda gracia; después de El está María, la dispensadora de los tesoros celestiales. Pero, si alguna cosa hubiese que pudiera despertar en nosotros una confianza todavía mayor, lo sería, en cierta manera, el pensar que José es el único que puede hacerlo todo así con el divino Redentor como con su Madre divina, y eso de tal manera y con tal autoridad que sobrepasa la de un mero administrador o guardián... En consecuencia, nuestra confianza con este Santo debe ser muy grande, puesto que se funda en tan prolongadas, más aún, en tan únicas relaciones con las mismas fuentes de la gracia y de la vida, la Santísima Trinidad" (Pío XI, Homilía, 19-111- 1935).

Como se desprende de este testimonio, San José tiene una dignidad tan alta y es tanta su grandeza que tiene primacía sobre todo otro santo en virtud de las relaciones que sólo a él correspondió mantener con María y, a través de Ella, con Jesús. José recibió de Dios la gracia necesaria para ser digno esposo de María y digno padre de Jesús. Su misión fue única e irrepetible en la historia de la salvación. A tanta gracia y a tan alta misión correspondió de modo admirable que la misma Escritura lo llama hombre justo (Mt. 1, 19). La eximia santidad de San José y el carácter especial del culto que la Iglesia le rinde, ha movido a los teólogos a aplicarle a su culto el título de suma dulía, que expresa su inferioridad frente al culto a María de hiperdulía y, su superioridad respecto al de los santos, de simple dulía.

José habla poco pero vive intensamente, no sustrayéndose a ninguna responsabilidad que la voluntad del Señor le impone. Nos ofrece ejemplo atrayente de disponibilidad a las llamadas divinas, de calma ante todos los acontecimientos, de confianza plena, derivada de una vida de sobrehumana fe y caridad y del gran medio de la oración. José ha sido, en lo humano, maestro de Jesús; le ha tratado diariamente, con cariño delicado, y ha cuidado de El con abnegación alegre. Eso nos enseña la vida de San José: sencilla, normal y ordinaria, hecha de años de trabajo siempre igual, de días humanamente monótonos, que se suceden los unos a los otros.

La expresión cotidiana de amor en la vida de la Familia de Nazaret es el trabajo. El texto evangélico precisa el tipo de trabajo con el que José trataba de asegurar el mantenimiento de la Familia: el de carpintero... La obediencia de Jesús en la casa de Nazaret, es entendida también como participación en el trabajo de José. El que era llamado el hijo del carpintero había aprendido el trabajo de su padre putativo. El trabajo humano y, en particular el trabajo manual tienen en el Evangelio un significado especial... José acerco el trabajo humano al misterio de la redención.

Una antigua oración, que se remonta al siglo XVII, dedicada a San José reza así: «Dios te salve, José, lleno de gracia del Espíritu Santo, el Señor es contigo, bendito eres entre todos los hombres, como tu Esposa bendita entre las mujeres. Porque Jesús, fruto bendito del vientre virginal de Nuestra Señora la Virgen María, fue tenido por tu Hijo. Ruega por nosotros, Virgen y Padre de Cristo, para que el que en esta vida quiso ser súbdito tuyo, por tus merecimientos nos sea propicio ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén»

martes, 21 de diciembre de 2021

LA HUIDA Y PERMANENCIA DE LA SAGRADA FAMILIA EN EGIPTO

El episodio de la huida de la Sagrada Familia a Egipto se halla narrado en el Evangelio de Mateo, los Magos habían venido a Belén a adorar al Rey Niño y a ofrendarle sus dones llenos de profundo significado. Advertidos de lo alto no cumplieron su promesa de regresar a Herodes, sino que se volvieron derecho a su país. Ellos habían venido providencialmente a representar a los gentiles y nuestro Señor les pagó la visita, en esta forma:

“Un Ángel del Señor se aparece en sueños a José, diciéndole: Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto, y estate allí hasta que yo te diga, porque Herodes va a buscar al niño para acabar con Él. José, levantándose, tomó consigo al niño y a su madre, de noche, y se refugió en Egipto” (Mt 2,13-14).

¿Por qué huir a Egipto? En primer lugar, había razones de carácter geográfico. Escapar al Norte era imposible. Hacia el Este significaba entrar en un interminable desierto que estaba por encima de sus fuerzas. El solo refugio de la jurisdicción de Herodes era Egipto, como bien cuenta el salmista, “Vengan de Egipto los magnates, Etiopía extienda sus manos a Dios”. (Salmo 67). Por eso aún sin mandato del ángel, ellos habrían escogido ese destino. La providencia de Dios utilizó las consideraciones humanas, pero había razones más profundas para refugiarse en Egipto y habitar allí. José, junto a María y Jesús, comenzaron a moverse por el sur a través de las montañas de Hebrón, por senderos empinados y seguidos de precipicios, peligrosos hasta de día, sin rastro alguno en la oscuridad. En Bersabée comienza la tierra desolada que a poco se convierte en puro desierto, en un verdadero mar de arena. Solos o en caravana debieron, a partir de este momento observar una dirección precisa para poder descansar por la noche en ciertos lugares, que no podían ser otros que los indicados por la presencia de agua, o sea algún oasis. Ese viaje no fue una excursión pintoresca. Ellos soportaron todas las penalidades del camino como cualquier viajero, diferenciándose sólo en su equipaje más pobre. De día el calor era intenso, produciendo torturas de sed y espejismos. De noche el frío era severo y dormían sobre la arena sin el conveniente abrigo.

A lo largo de toda la ruta que se seguía a Egipto se encontraban huesos de animales muertos en el viaje. El más grande sufrimiento, se ha dicho, sentido por María y José fue el del temor, de un terrible temor. La sensibilidad de María lo convertía en pura agonía. Pero una emoción todavía más intolerable fue el percatarse de que su Hijo era ya objeto de odio y de persecución para la muerte. El divino Infante era defendido con gran solicitud de estos sufrimientos. Los cariñosos brazos maternos le acurrucaban protegiéndole del calor del día y del frío de la noche, y estaba bien alimentado por los pechos de su Madre. No todo era desagradable. Se movían por un territorio que hablaba de recuerdos para una mente judía. Mil años antes, de acuerdo a la gran Alianza, Abrahán había tomado posesión simbólica de esa tierra para el Pueblo elegido. Había sido atravesado por todos los antepasados de su raza. José, el predecesor de José, el padre putativo de Jesús, había sido llevado por esos lugares como prisionero, y vendido por sus hermanos por oro. Había estado destinado para llegar a ser poderoso en Egipto; y por él su padre Jacob y sus hermanos fueron a establecerse en Egipto. Y luego una multitud de inmigrantes les siguieron. José y Jacob murieron allí y luego de embalsamarlos los enterraron. Cientos de años más tarde Moisés y Aarón se levantarían y conducirían a su pueblo fuera de Egipto. Ahora la Sagrada Familia estaba pasando por una región toda llena de asociaciones históricas. Aquella humilde joven con su niño era el punto culminante de toda aquella historia.

La mente de María estaría llena de ello, y ella y su esposo se habrían puesto a discutir sobre los diferentes papeles que cada lugar había desempeñado en el pasado. Si tomamos un mapa para seguirles, aparecería su itinerario a lo largo del Mediterráneo desde Gaza al El Arich que antes se llamaba Rinocolura, que etimológicamente quiere decir “los sin narices”, que alude al castigo que sufrió aquella gente cuando les cortaron las narices. Marcaba la frontera entre el reino de Herodes y el Egipto romano. Por fin aquí estuvieron ya en seguro, pues se hallaban fuera de la jurisdicción de Herodes. Luego avanzaron a Pelusio, cuyas ruinas al oriente del actual Canal de Suez, y luego al sudoeste para entrar en el verde valle del Nilo; luego a través de Goshen donde vivieron en otro tiempo sus antepasados, y hacia Heliópolis. Ciertas señales regionales grandemente deseadas se presentaron a la vista, y pronto estuvieron bajo la inspección legal. Dominando el panorama cerca de Giza, asomaron las Pirámides y la gran Esfinge. Su secreto no deja de tener cierta relación con el Todopoderoso a quien el plan divino le ha colocado ante ella en cumplimiento de la profecía:

“He aquí que el Señor viene de Egipto. Y estremézcanse los ídolos egipcios ante El, y el corazón de Egipto se derrite en su interior” (Isaías 19, 1).

Da curiosidad pensar que de todas las estructuras hechas por el hombre que fueron el objeto de la admiración de la Sagrada Familia durante su estadía en la tierra, hayan quedado ahora sólo esta. La mayor parte de los escritores antiguos han recalcado la caída al suelo de todos los ídolos de un templo vecino al paso de la Sagrada Familia. Había una tradición entre los letrados de Egipto que databa desde la permanencia del profeta Jeremías en esa región, y que decía que vendría un Rey de los judíos y que entonces los ídolos serían destruidos. Como deciamos la Sagrada Familia, pasaron por Heliópolis a un lugar llamado Matarié al norte del Cairo. Fue allí donde María y José hicieron una habitación humilde. Muchos son de la opinión de que pronto se trasladaron al Cairo, allí había una gran colonia judía en Leontópolis, y no hay duda que debió haber ayudado a la Sagrada Familia, pues los judíos exiliados tenían un admirable sentido del compañerismo ¿Cómo sobrevivieron en Egipto? José ejercía naturalmente su oficio y sería la colonia judía la que le proporcionaba obras; María se habrá ganado la vida tejiendo a mano, ya que en ello era muy experta. Pero no falta quien afirma que pasaron un tiempo de hambruna y que María solía ir a respigar en los campos. En este caso nadie duda que su pobreza habría sido grande. Se dice que fue durante esta permanencia en Egipto cuando María tejió la túnica inconsútil para su Hijo, la que iba creciendo con El. La residencia en Egipto fue para ellos un cambio de medio que debió haber sido una cosa lo más drástica. Fuera del calor de todo el ceremonial judío, estimulado por la espera inmediata del Mesías, se vieron duramente transportados a la fría atmósfera del paganismo y de la idolatría.

Esta pareja tenía una extraordinaria compensación en su exilio. Tenían a Jesús, y no les hacía falta ningún rito por significativo y bien elaborado que fuese. Frente a Jesús todo ello era sombra y figura. Todo el rico ceremonial de la Ley Antigua era solamente una indicación del Redentor, una anticipación de su venida y de su sacrificio salvador, y toda su eficacia provenía de esta venida. Por lo mismo se entiende que María y José lo tenían todo en el Divino Niño y que no les hacía falta ningún rito, como no hace falta ninguna señal al que conoce el camino. Es cierto que la mente de María se pasaría pensando más asiduamente en las Escrituras, las que se hallaban ya visiblemente en proceso de cumplimiento. La inteligencia brillante de la Inmaculada Concepción sacaría vida de cada palabra de aquel texto Santo. Ella vería cosas que para otros estaban escondidas. Frases de las que otros ojos ni caerían en la cuenta serían para ella proféticas o simbólicas de aquel Niño encantador que ella besaba con ardiente amor o lo estrechaba contra su seno con temor, según los particulares aspectos de su contemplación. No dejaba de admirarse cada vez más hondamente de aquella espada de dolor predicha por el Santo Simeón en el sentido de que atravesaría su corazón. Su agonía le vendría a causa de Jesús, y así no ignoraba que les sobrevendrían terribles cosas a Jesús y a ella. La genealogía de la raza humana que comenzó con Adán es precisamente su árbol de familia. Todos los fundadores de su pueblo son eslabones de la larga cadena que acababan en el último eslabón que ella estaba teniendo en sus brazos, aquella Prole que es el Nuevo Adán. En Egipto los Israelitas se hicieron realmente nación, fuera de los miles de pobres colonos que siguieron al patriarca José. En ese lugar se soldaron en verdadero pueblo a fuerza de ser perseguidos. La permanencia de Jesús allí debe haber tenido un sinnúmero de significados y de símbolos, que convergían en aquella profecía expresada siglos antes de que aquel Hijo viniera al mundo:

“De Egipto llamé a mi Hijo” (Mateo 2,15).

¿Cuánto tiempo estuvo la Sagrada Familia en Egipto? Toda la tradición y la idea cristiana general piensan en términos de un período mucho más largo, con el que están de acuerdo muchísimos escritos. Lo más aceptable es el tiempo de los cuatro años, como bien lo comenta Mateo en su evangelio:

“Muerto Herodes, el Angel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y ponte en camino de la tierra de Israel; pues ya han muerto los que buscaban la vida del niño». Él se levantó, tomó consigo al niño y a su madre, y entró en tierra de Israel.” (Mt. 2, 19-21).

Entonces con la misma prontitud con que hicieron la huida volvieron a casa, dejando atrás para siempre, la Esfinge y a las Pirámides. Se cree que el regreso fue por mar, por ser la forma más fácil y natural y porque ya no tenían por qué esconderse. Se habrían embarcado en Menfis y en dos días estarían en Alejandría. En otra embarcación habrían partido de esa ciudad a Yamnia en cuatro días. Y finalmente se habrían encaminado por el pie del Monte Carmelo hasta Nazaret. Su propósito fue ir a vivir en Belén, pero sabiendo que Arquelao, el hijo vicioso del cruel Herodes, estaba reinando en Judea, se dirigieron más bien a Galilea, donde reinaba Antipas, el otro hijo, y así se establecieron en Nazaret.

martes, 14 de diciembre de 2021

BELÉN O NAZARET ¿DONDE NACIÓ JESÚS?

Tradicionalmente se ha dicho que Jesús nació en Belén de Judea, lugar de la familia y de las tradiciones de David, como suponen tanto el evangelio de Lucas como el de Mateo. Pero muchos críticos rechazan esta tradición y afirman que ella ha sido “adaptada” por los evangelistas, con fines apologéticos.

La tradición del evangelio sabe que nació en tiempos del César Augusto, cuando reinaba en Palestina Herodes el Grande, es decir, unos años antes de lo que supone la datación oficial, calculada de un modo equivocado, por un monje de comienzos del siglo VI d. C., calculó que Jesús había nacido el año 753 de la Fundación de Roma y esa fecha se ha impuesto, hasta el día de hoy, como “año cero” de la era común. Pero los cálculos históricos modernos indican que se equivocó, de manera que Jesús nació unos 6 ó 4 años antes. La fecha de la media noche del 25 de diciembre, es simbólica y está vinculada al culto del Sol, que celebraba ese día su fiesta.

Debió nacer hacia el 6 a. C., en los últimos años de Herodes, en un tiempo que empezaba a estar marcado por fuertes contrastes, especialmente, por el paso de una agricultura autónoma de subsistencia a una economía comercial centralizada, al menos en Galilea.

Jesús es probable que naciera en Nazaret, pero, simbólicamente, provenía de Belén, pues su familia parece haber sido portadora de las promesas de David, y así los evangelios de Mateo y Lucas afirman que era betlemita (así lo dice expresamente Mt 2, 1-8 y cf. Lc 2, 4). Suponemos así que se hallaba vinculado a la realeza de David, propia del orden nacional judío, que le ofreció su simbolismo y su tarea religiosa más profunda (como ha destacado Mt 2). Sea como fuere, nació en un mundo dominado por la dinastía imperial de Augusto, que estaba realizando (o realizaría, como veremos) un “censo” universal romano (cf. Lc 2, 1-4).

En contra de la visión anterior, Marcos supone que era natural de Nazaret de Galilea (cf. Mc 1, 9), hijo de María, y que tenía otros hermanos (cf. Mc 6, 3), pero no ha sentido la necesidad de escribir sobre su origen, como harán Lucas y Mateo, aunque tampoco ellos han escrito una “crónica” de los hechos referentes al nacimiento de Jesús (Mesías, Hijo de Dios), sino un “evangelio”: una representación de lo que ese nacimiento significa para los creyentes. Por eso, sus relatos han de interpretarse como “profecía historiada”: ellos trasmiten y elaboran una tradición de fe.

Mateo y Lucas parecen suponer que Jesús, hijo de María y José, está vinculado a Nazaret de Galilea, pero añaden que su vida ha de entenderse partiendo de David, natural de Belén, donde también Jesús nació, por obra del Espíritu Santo, superando así el nivel de una genealogía puramente humana. Ellos no quieren mentir ni engañar, en un sentido actual, sino poner de relieve algo les parece esencial: la continuidad y diferencia entre David y Jesús (cf. Mt 2, 1-6 y Lc 2, 4).

Ni Mateo ni Lucas inventan esos “datos” (Belén, nacimiento por el Espíritu), ni los toman uno del otro, sino que los reciben de una tradición anterior, que ha debido surgir en un ambiente judeo-cristiano, para destacar las conexiones de Jesús con las promesas davídicas, relacionadas con Belén, poniendo, al mismo tiempo, de relieve la necesidad de superar una comprensión “física” de esas promesas (ha nacido por obra del Espíritu, no por el poder de la “carne” davídica).

No es imposible que en el fondo de ese dato teológico (nació en Belén) se exprese una interpretación propagada por parientes de Jesús, que se sintieron vinculados a la familia de David. Incluso se podría afirmar que los antepasados de Jesús habían emigrado de Belén a Nazaret, en el tiempo de la conquista y rejudaización de Galilea (tras el 104-103 a. C.), llevando las tradiciones del origen davídico de su familia.

Las “historias” del nacimiento de Jesús no son relatos de crónica de datos, sino “evangelios”: quieren expresar la providencia de Dios, que actúa y se revela a través del surgimiento mesiánico de su Hijo. Para Marcos, igual que para Pablo, el lugar y el modo externo del nacimiento de Jesús era secundario. De todas formas, Pablo sabe que “…cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la Ley” (Gal 4, 4) y como relata Pablo en Rom 1, 2-3:, “…que él había prometido por medio de sus Profetas en las Sagradas Escrituras, acerca de su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor, nacido de la estirpe de David según la carne”, lo cual parecería vincularle teológicamente con Belén.

Por su parte, Marcos, que también relaciona a Jesús con David (Mc 2, 25; 10, 47-48; 11, 10; el dato de Mc 12, 35-37 es ambiguo), recoge la tradición de la “procedencia nazarena” de Jesús, pues en Nazaret se encuentran su madre y sus hermanos (relacionar Mc 6, 1-6 con 1, 24; 10, 47; 14, 67). La afirmación de que Jesus era “nazareno” (de Nazaret de Galilea) y la posible relación de ese origen con el hecho de que le llamaran “nazareo”, forma uno de los datos más firmes de la tradición evangélica y es algo que las “afirmaciones más teológicas” de Mt 1-2 y Lc 1-2 no han logrado borrar.

En esa línea, parece que el Evangelio de Juan (cf. Jn 7, 42) va en contra de la presunción de aquellos que afirman que Jesús es Mesías porque nació (o debió nacer) en Belén, pues lo que define a Jesús como enviado e hijo de Dios no es el nacimiento davídico, sino su mensaje y entrega por el Reino. Eso significa que Jesús no nació en Belén, sino en Nazaret, siendo a pesar de eso el Mesías “más que davídido”, a no ser que el tema deba interpretarse a partir de la famosa “ironía” de Juan: los “judíos” pensaban que era nazareno, pero de hecho había nacido en Belén.

La historia del nacimiento de Jesús está contada desde las profecías, como muestran las citas de cumplimiento que jalonan el evangelio de la infancia: “esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho…” (cf. Mt 1, 22-23; 2, 5-6.15.18.23). A Mateo no le importan los sucesos simplemente físicos, sino la verdad de lo sucedido, como cumplimiento de la Escritura, que define el sentido de Jesús. En el nacimiento mesiánico de Jesús no interviene el templo, ni los sacerdotes, pero sí unos magos de Oriente, con su Estrella (cf. Num 24, 17) “Lo veo, pero no ahora; lo contemplo, pero no de cerca: una estrella se alza desde Jacob, un cetro surge de Israel: golpea las sienes de Moab y el cráneo de todos los hijos de Set”. Interviene, también, el recuerdo del exilio, como lo relata en Oseas 11, 1: “Cuando Israel era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo”.

Estos elementos son simbólicos y ponen de relieve la novedad de Jesús. Por eso carece de sentido preguntar a los astrónomos, pidiéndoles que estudien cuándo pudo haber aparecido por aquellos días una “estrella nueva” o algún tipo de asteroide, como el que se evoca en la historia de los magos (cf. Mt 2, 9-10). El autor de estos capítulos (Mt 1–2) no está interesado por datos astronómicos, ni por la exactitud externa de los hechos. No vino a Belén o a Nazaret, para investigar lo que pasó físicamente, sino que fue a la Biblia, para descubrir lo que estaba prometido y lo que debió pasar. De esa forma dijo su verdad, la verdad del evangelio, para anunciar con ella el sentido de Jesús según las esperanzas de Israel. Quien diga que Mateo mintió no entiende la historia. No estamos ante unos hechos brutos, sino ante la verdad del sentido de los hechos

Jesús nació en Belén, pero fuera de la ciudad, como ciudadano de un imperio donde el César decidió contar a sus habitantes, en tiempos de Augusto. Era el descendiente de las promesas de Belén, pero su ciudad no quiso recibirle:

“En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria.” (Lc 2, 1-2).

De esa manera ha entrelazado Lucas la historia de Jesús con la historia de Roma. No nace enfrentándose al anciano Herodes, ansioso de poder, desconfiado y asesino de sus opositores (como ha destacado Mateo, desde una perspectiva más judía), sino dentro de un imperio mundial, que controla a sus súbditos y “cuenta” incluso a los que nacen en Belén, ciudad de las promesas de Israel, que no recibe al prometido. Nace en el campo de los pastores, como descendiente de un David-Pastor, en un mundo dominado por el César.

Desde este fondo, el tema de la famosa inexactitud del censo de Quirino que Lucas presenta como “ocasión” del nacimiento de Jesús en Belén resulta secundario, todo nos permite suponer que el “censo” de Lucas es simbólico más que histórico: marca un hecho de fondo, no una anécdota pasajera en la historia de Jesús.

“En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria. Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen. José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David” (Lc 2, 1-4).

Por medio de Flavio Josefo conocemos bien ese censo, que no pudo realizarse en el tiempo del nacimiento de Jesús (en torno al 6-4 a. C.), cuando reinaba Herodes, sino unos diez años más tarde, hacia el 6 d. C., tras la muerte de Arquelao, cuando el gobierno de Judea pasó directamente a Roma. Según eso, el censo que cita Lucas es histórico en sentido extenso y sirve para encuadrar a Jesús dentro de la gran máquina imperial romana, pero no es del tiempo en que Jesús nació, sino un poco posterior. Para lo que quiere Lucas, da lo mismo que el censo se haya hecho antes o después, otro, pues no quiere ofrecer un relato cronístico de los hechos, sino una “historia teológica” y, en ese sentido, su aportación es verdadero: Jesús nació “censado” y morirá condenado.

Históricamente, no sabemos más sobre el nacimiento de Jesús, aunque los evangelios han trasmitido, desde una perspectiva simbólica y mesiánica, otros datos que pueden resultar significativos, que tratan de la madre de Jesús en Marcos, de la concepción por el espíritu (nacimiento virginal) y de José, padre legal de Jesús, con su genealogía.

martes, 7 de diciembre de 2021

LA LEYENDA DEL GOLEM

El Golem es un ser que fue modelado en barro y que luego fue animado mágicamente por una palabra secreta que forma parte del mundo de la Cábala. La leyenda por excelencia acerca del Golem lo relaciona con el rabino Yehuda Löw ben Becalel, que vivió en Praga a mediados del siglo XVI. Yehuda Löw era el hombre más sabio de todo el barrio judío de Praga. Como buen rabino conocía a la perfección el Talmud; pero dominaba también la Cábala, las Matemáticas y la Astronomía. Según cuenta la leyenda, poseía además grandes conocimientos mágicos, motivo por el cual el emperador Rodolfo II le apreciaba mucho.

Un día, tal vez para probar los límites de su propio poder, el rabino Löw creó un servidor Golem. Lo moldeó en arcilla con esmero, y, para darle vida, introdujo en su boca un trozo de pergamino con el nombre secreto de Dios grabado. En ese momento el Golem abrió los ojos y movió lentamente sus extremidades. El pétreo ser creado por el rabino tenía una fuerza inigualable, pero no poseía la capacidad de hablar y se comportaba más como un autómata que como un ser vivo. No comía, bebía ni dormía, pero realizaba duras tareas sin cansarse y obedecía todas las órdenes de su creador. Si alguien le hubiese preguntado al rabino Löw si el Golem tenía alma, tras meditar largo rato, habría respondido inquieto que probablemente no.

Antes de cada Sabbat, día de descanso obligado para los judíos, el rabino quitaba al Golem el pergamino de la boca, devolviéndole a su inmovilidad original, estado que no abandonaba hasta que se realizaba la operación inversa. Pero un día el rabino Löw olvidó extraer el pergamino de boca del Golem antes de dirigirse a la sinagoga para oficiar el Sabbat. Cuando ya se disponía a iniciar la ceremonia, aparecieron varios de sus vecinos, aterrorizados porque el Golem había enfurecido y destrozaba todo lo que caía en sus manos.

Yehuda Löw corrió a través de los estrechos callejones de la judería en dirección a su casa. Al llegar encontró todas sus pertenencias tiradas por el suelo: su mesa de trabajo estaba partida por la mitad, y las estanterías volcadas; preciosos recipientes de cristal habían sido rotos en mil pedazos y los antiquísimos libros de su biblioteca carecían ahora de la mayor parte de sus hojas… El desorden del interior de la casa resultaba pavoroso, pero lo peor aguardaba al rabino en el patio de atrás. Sobre la hierba yacían muertos sus queridos animales, todos asesinados por el Golem, que todavía estaba allí y en aquel momento se disponía a arrancar uno de los árboles del patio.

El rabino Löw se acercó al Golem y le miró fijamente a los ojos. La criatura quedó inmóvil, como hipnotizada por la fuerte mirada del rabino, momento que este aprovechó para extraer el pergamino mágico de la boca de la criatura. El Golem cayó entonces al suelo, convertido otra vez en una inerte estatua de arcilla. Nunca más volvió el rabino a dotar de vida a su obra. Según la leyenda, esta figura de barro fue guardada en el desván de la sinagoga Viejo-Nueva de Praga. Y allí sigue todavía.

Al parecer, la atribución a Yehuda Löw de la creación de un Golem se produjo en el siglo XVIII a partir de leyendas similares acerca del mismo tema. Sin embargo, a pesar de ser la versión más reciente del mito, es la única que ha alcanzado difusión universal, siendo incluso recreada por Borges en un poema. Su fama probablemente se deba a la adaptación cinematográfica realizada en 1920 por el expresionista Paul Wegener (que ya había dedicado otras dos películas al tema); aunque también pudo contribuir la novela de Gustav Meyrink, El Golem, en cuya trama juega un papel importante la historia del rabino Löw.

miércoles, 1 de diciembre de 2021

CHITTY CHITTY BANG BANG

Un ingenioso y despistado profesor, Caractus Potts, salva de la chatarra a un viejo coche que años antes había ganado varios premios en distintas carreras. Le hace unas cuantas reparaciones y consigue una máquina asombrosa, capaz de volar y conducirse ella sola.

Para probarla, se pone en marcha con ella, llevando a sus hijos Jeremy y Jennifer, así como a Trudy, una bella joven hija del señor de la comarca. Los cuatro vuelan hasta Bulgaria, donde el siniestro barón Bomburst les rapta y se apodera del fabuloso automóvil.

Dirigida por Ken Hughes y protagonizada por Dick Van Dyke y Sally Ann Howes, adaptación de un libro de Ian Fleming (creador del Agente 007), llamado Chitty Chitty Bang Bang. Los hermanos Sherman, muy elogiados, escribieron las canciones y la música para la película. La canción "Chitty Chitty Bang Bang" (tal como el título de la película) fue nominada para un Óscar a la mejor canción original.

Curiosidades

El actor Desmond Llewelyn (el Q de las películas de James Bond) tiene una aparición menor en este filme, y el actor Gert Fröbe, el Goldfinger del filme homónimo también aparece en este filme, aunque su aparición es algo más destacada que la de Desmond Llewelyn. Además, el filme fue producido por Albert Broccoli, que ayudó a producir casi todos los filmes de James Bond. Incluso la MGM y la United Artists (co-productoras de los filmes de James Bond) también ayudaron a producir Chitty Chitty Bang Bang. Peter Hunt, que fue montajista de varias películas de James Bond (Dr. No, Goldfinger, entre otras) y dirigió la película "Al Servicio Secreto de Su Majestad", interpretada por George Lazenby y Diana Rigg, actuó como productor asociado.

El director del filme, Ken Hughes, había codirigido la única versión de una novela de Ian Fleming sobre James Bond (007) que no pertenecía a Albert Brocoli, "Casino Royale" en su versión de 1967.

Roahl Dahl, el escritor galés de "Charlie y la fábrica de chocolates", "Brujas", "Mi amigo el gigante bonachón", escribió el guion junto al director Ken Hughes.

El nombre del automóvil hace referencia a un coche de carreras real, de la década de 1920, llamado Chitty Bang Bang.

Lionel Jeffries interpreta al padre de Caractacus Potts, siendo Dick Van Dyke más viejo que él.

El nombre Caractacus es un homenaje al último regente de Inglaterra antes de la invasión romana, el cual se llamaba justamente Caractacus.

El castillo del Barón Bomburst había sido utilizado anteriormente como modelo para los castillos que aparecen en las películas de animación Cenicienta y La Bella Durmiente.

El coche utilizado en la película acabó siendo vendido a un comprador particular, y exhibido en exposiciones.

Es la primera película no producida por la Factoría Disney que contó con la colaboración del dúo de compositores Richard M. Sherman y Robert B. Sherman.
Se trata de la primera película fuera de la serie 007 producida por Albert R. Broccoli, desde el comienzo de la serie de películas sobre el agente secreto (después de Call Me Bwana, de 1963).

La matrícula del vehículo de Truly, CUB 1, es un homenaje al productor Albert R. Broccoli, cuyo apodo era Cubby.

El presupuesto de Chitty Chitty Bang Bang fue de 10 millones de dólares.
Richard Maibaum, guionista de esta película, guionizó casi todas las de 007, de Dr. No (1962) a Licencia para matar (1989) - excluyendo Solo se vive dos veces (1967), Vive y deja morir (1973), Moonraker (1979) y las versiones no oficiales, Casino Royale (1954), Casino Royale (1967) y Nunca digas nunca jamás (1983). Maibaum falleció en 1991, de una enfermedad rápida desconocida.

En el juego Grand Theft Auto III hay un truco en homenaje a esta película. Si ingresas "CHITTYCHITTYBB" prodrás volar en cualquier vehículo cuando alcanzas altas velocidades.

En los videojuegos Dead Space y Dead Space 2 aparecen una serie de carteles publicitarios de una película ficticia llamada "Kitty Kitty Bang Bang".

En la serie Padre de familia, se hacen varias referencias a la película.

El final de la película Grease, donde el coche sale volando, es una escena similar al final de "Chitty chitty bang bang"



martes, 30 de noviembre de 2021

SAN JOSÉ Y LAS RAZONES DE SU DIVORCIO-segunda parte

José cree que María ha cometido adulterio. Pero él sabe que la Ley manda apedrear a las adúlteras hasta que mueran. Entonces, como es justo, es decir, bondadoso, y no quiere que ella sufra, la abandona, sí, pero en secreto para salvarle la vida. Por lo tanto, según esta teoría, justo significaba bondadoso. Pero también esta hipótesis presenta dificultades. Si José quiere abandonar en secreto a María porque es bueno, no debería llamárselo “justo”, sino “bondadoso”. ¿Por qué entonces Mateo dice que es justo? Ninguna de las dos teorías, pues, explica satisfactoriamente por qué José quiere abandonar a María. Por eso actualmente los biblistas han propuesto una tercera que, aparte de armonizar mejor con el contexto del relato, tiene el mérito de arrojar una nueva luz sobre san José.

José desde siempre conoció el misterio de María. Desde el principio supo que el niño que su esposa llevaba en las entrañas era hijo del Espíritu Santo. Por eso jamás pensó que ella lo hubiera engañado. Esto se deduce del modo como vimos que Mateo comienza su relato. Éste decía: “El nacimiento de Jesucristo fue así: María estaba comprometida con José. Pero antes de que ellos empezaran a vivir juntos ella se encontró encinta por el poder del Espíritu Santo”. O sea que empieza dando tres informaciones: a) que María estaba comprometida con José; b) que no vivían juntos; c) que ella quedó embarazada del Espíritu Santo. Nosotros normalmente suponemos que José sólo conocía dos de estos datos: el primero y el segundo. Pero no el tercero.

¿Y por qué no? ¿Por qué, si Mateo enumera juntos los tres datos, y luego presenta a José analizando este dilema, él va a saber sólo dos de esos datos? Es lógico que, según Mateo, José conociera las tres informaciones. ¿Cómo supo José del embarazo virginal de su mujer? Mateo no lo dice. Pero tampoco dice cómo se enteró María (Lucas es el que cuenta que la anunciación fue por medio de un ángel). Por lo tanto, es posible pensar que para Mateo ambos se enteraron de la misma manera. Resta un último problema. ¿Por qué un ángel le avisa en sueños a José que el hijo que espera María es del Espíritu Santo, si él ya lo sabía? En realidad las palabras del ángel están mal traducidas en las Biblias. En efecto, éstas suelen decir: “José, no tengas miedo en tomar contigo a María, tu esposa, porque lo que ella ha concebido viene del Espíritu Santo. Dará a luz a un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús”.

Pero muchos biblistas afirman que las partículas griegas “gar” y “de”, que aparecen en esta frase, no hay que traducirlas al castellano como “porque” sino como “porque si bien”. De ese modo el mensaje del ángel cambia totalmente, y queda así: “José, no tengas miedo en tomar contigo a María porque, aun si bien lo que ella ha concebido viene del Espíritu Santo, dará a luz a un hijo a quien tú pondrás por nombre Jesús”. Por lo tanto, lo que el ángel le informa a José no es el origen divino del niño (cosa que ya sabía), sino que él debe quedarse con María para ponerle el nombre al niño (cosa que no sabía).

Ahora sí, con esta nueva perspectiva, tratemos de entender el relato de Mateo. José y María, dos jóvenes israelitas de 18 y 13 años respectivamente, estaban comprometidos. Habían concretado la primera fase del matrimonio, es decir, el “quidushín”, y esperaban pronto poder ir a vivir juntos una vez que se cumpliera el plazo estipulado. Pero en el entretiempo María resultó escogida por Dios para ser la madre de su divino Hijo. Enterado José, se encontró frente a un serio problema. Él había elegido a María para sí, para que fuera su esposa, la madre de sus hijos, su compañera. Pero ahora se da cuenta de que Dios también se había fijado en ella, y también Él la había elegido como madre de su Hijo. 

¿Cómo competir con Dios por el amor de una muchacha? ¿Podría tener a Dios como contrincante? No. Tampoco podía apropiarse de un hijo que no era suyo, sino que venía del cielo. Hubiera sido una injusticia. Aquí, entonces, se aclara la decisión de José. Como él era justo, no queriendo apoderarse de un hijo que le pertenecía a Dios, y viendo además que Dios había elegido a la misma mujer que él para iniciar el plan de salvación, resuelve dejar a su esposa libre del compromiso que habían contraído, y divorciarse en secreto. Y así lo había decidido, cuando en sueños se le presenta un ángel y le dice que no tenga miedo (es decir, escrúpulos) en tomar a María como esposa (es decir, celebrar el “nissuín”). Porque si bien el hijo que ella espera viene de Dios, él le pondrá el nombre de Jesús cuando nazca.

En otras palabras, Dios le pide a José que se quede junto a María. Porque aun cuando ella ha sido elegida para Dios, él también ha sido elegido; él también forma parte del plan de salvación. ¿Y cuál es su misión en todo esto? Deberá ponerle el nombre al niño, es decir, considerarlo como suyo, asumirlo como propio. Porque al ser él descendiente de la familia del rey David, si lo adoptaba como su hijo podía convertirlo a Jesús en un “descendiente” de David, en un “hijo de David”. E introduciéndolo a Jesús en la genealogía de David, se cumplían las profecías anunciadas sobre Él. Siempre hemos tenido una imagen triste y descolorida de san José. Lo imaginamos como un pobre hombre (cuando no anciano), manso y sufrido, que mes tras mes debió ver crecer el vientre de su amada, mientras por dentro se moría de dolor en silencio.

Desorientado y casi ridículo, luchando entre la confianza y la duda, entre el amor y los celos. Incapaz de comprender el misterio de la encarnación, por eso no se lo contaban. Pero no es ése el san José del evangelio. José nunca tuvo dudas sobre su María. Lo supo todo desde el principio, porque tenía la misma madurez que su esposa. Su única duda fue si Dios lo quería o no al lado de su mujer. Y Dios le hizo saber que sí. Hoy los cristianos hemos encumbrado enormemente a María, pero no así a José. En la Liturgia tenemos muchísimas fiestas de la Virgen, pero sólo dos de san José. Los mismos estudios de Mariología dan la impresión de que ella no hubiera sido casada, que se hubiera santificado fuera del contexto matrimonial y familiar. Incluso nuestras devociones, imágenes y pinturas se centran casi exclusivamente en María, y prescinden de José. Hemos separado lo que Dios ha unido.

Pero María y José amaron a Dios en equipo. Se santificaron juntos. El uno con el otro. El uno gracias al otro. Estuvieron juntos desde el principio. Por eso hoy en día en que tantas familias atraviesan momentos de crisis, que muchos matrimonios hacen agua por todos lados, y que la Iglesia no dispone de modelos conyugales, conviene recordar a José, a quien Dios quiso santificar en familia unido para siempre a María.

Biblista
Ariel Alvarez Valdez

UN MOMENTO DE CALMA

Cada día estamos expuestos a una gran cantidad de información, sobreexpuestos a imágenes y publicidad que en su mayoría es engañosa. Nuestros sentidos, todos ellos tratando de ser seducidos para tener la atención completa y la tan preciada llamada a la acción. Desde que despertamos los algoritmos y los mensajes no dejan de enviar sus señales, por todos los medios intentan visibilizarse, audios, textos, imágenes, no hay desperdicio, los productos y servicios son ofrecidos en todas las formas posibles.
 
Miles de estos impactos van acompañando nuestro diario vivir, se normaliza su existencia y su repetición, algunos intentan llegar a nuestro inconsciente para que desde ahí se tome la valiosa decisión por una marca u otra. Cuando nos percatamos de estas prácticas podemos experimentar una sensación de agobio, asfixia y hasta de intoxicación, se trata de un exceso el cual nos aleja de la calma. La valiosa y necesaria calma para pensar, para sentir y sobre todo para encontrar el equilibrio emocional el cual nos llevará a la calma espiritual.
 
Con tantas distracciones las cuales aparecen en nuestra cotidianeidad, a veces es complejo encontrar ese remanso de paz en nuestras vidas, un ejemplo, mientras escribo esta reflexión, busco una melodía que vaya acorde con la tranquilidad de este momento, la selecciono y al momento de darle play, aparece un mensaje de publicidad para que compre o me entere de las bondades de algún producto o solo para que vea “algo” y en ese instante se rompe la armonía que pretendía. A veces encontrar un momento de calma en esta vida puede convertirse en una tarea casi imposible, porque ni apagando la computadora o el teléfono inteligente, se logra con éxito.
 
Algunos consejos para encontrar la calma nos invitan a la concentración, a no distraernos con nada, ¡excelente recomendación! Pero qué difícil puede ser aislarnos en un mundo donde todos estamos conectados. Llamadas telefónicas, mensajes de WhatsApp, notificaciones, agendas saturadas de actividades, la calma parece diluirse en nuestras vidas de una forma casi automática. Buscar la calma se ha convertido en una labor que requiere de un gran esfuerzo, por lo menos en una gran parte de la población mundial.
 
Escribió Pascal: “He descubierto que toda la maldad humana proviene de la incapacidad del ser humano de sentarse en calma en una habitación”. Desde hace algún tiempo se estaba alertando a la humanidad acerca de lo vital que es vivir con serenidad y los efectos negativos de alejarnos de la calma. La calma también aparece cuando estamos con personas con las que nos sentimos vinculados emocionalmente, en sintonía y seguros, pero también cuando realizamos prácticas que nos conectan con nuestro interior. Cada uno encontrará el remanso tan anhelado a su tiempo y a su manera; personalmente, la oración en silencio me lleva a ese encuentro de tranquilidad. Busquemos la sencillez como inspiración y la serenidad como forma de vida. “Guarda, y repósate; no temas, ni se turbe tu corazón”. Isaías 7,4
 

Desde México en su segmento exclusivo “La Sencillez del Amor” Rafael Salomón

martes, 23 de noviembre de 2021

SAN JOSÉ Y LAS RAZONES DE SU DIVORCIO-Primera Parte

Mateo nos cuenta, al relatar la infancia de Jesús, cómo san José estuvo a punto de divorciarse de su esposa María cuando se enteró de que ella estaba embarazada y que el hijo que esperaba no era suyo. Los cristianos siempre se han sentido desconcertados por el dramático momento que le tocó vivir a la sagrada familia, y se han preguntado: ¿Dudó realmente José de la honestidad de su esposa? ¿Pensó que le había sido infiel con otro hombre? ¿Cuánto tiempo vivió torturándose en silencio, sin saber que el niño que ella llevaba en las entrañas venía del Espíritu Santo, hasta que un ángel le contó la verdad? ¿Y por qué María no se lo dijo, si nadie le había prohibido hacerlo? ¿Por qué Dios sólo le anunció a ella lo del embarazo virginal, y no a José? ¿Sólo para mortificarlo? ¿Y por qué José quiso abandonarla en secreto?

Sin entrar a plantearnos la veracidad de este episodio (que así como está contado puede ser o no histórico), sí podemos intentar responder a estas preguntas suscitadas por el relato de Mateo. Para ello debemos tener en cuenta las costumbres matrimoniales de aquella época. Los judíos solían casarse temprano: a los 18 años los varones y a los 13 las niñas. Los mismos rabinos aseguraban que “Dios maldice al joven que a los 20 años aún no se ha casado”. Y por tratarse de una edad tan prematura, la elección de la pareja corría por cuenta de los padres. Para justificar esa costumbre los israelitas decían que era el propio Dios, en el cielo, quien concretaba las uniones matrimoniales cuarenta días antes del nacimiento de cada niño y que luego las comunicaba a sus padres. Pero sí se daban algunos casos en los que los jóvenes elegían a sus futuras novias.

Concretada la elección, se realizaba la primera fase del matrimonio, llamada por los rabinos “quidushín” (que significa consagración). Era una especie de compromiso formal, en el que la muchacha quedaba consagrada para siempre a su novio, pero todavía no podían vivir juntos debido a la corta edad de la joven, y a que los esposos casi no se conocían. El período del“”quidushín” duraba generalmente un año, y los jóvenes eran considerados ya verdaderos esposos, a tal punto que si ella llegaba a unirse en este tiempo a algún otro hombre se convertía en adúltera; y si llegaba a morir, el muchacho era tenido por viudo. Transcurrido el año del“”quidushín” se efectuaba la segunda parte del matrimonio, llamada el “nissuín”, en la que luego de una gran fiesta que duraba varios días, la joven era conducida en procesión a la casa de su esposo para que comenzaran a vivir juntos.

Debió de haber sido entre el “quidushín” y el “nissuín”, es decir, entre la primera y la segunda fase del matrimonio, cuando María quedó embarazada del Espíritu Santo. Así lo especifica Mateo: María estaba comprometida con José. Pero antes de que ellos empezaran a vivir juntos, ella se encontró encinta por el poder del Espíritu Santo (Mt. 1, 18-19). ¿Qué sucedió entonces entre los santos esposos? No lo sabemos. Mateo no lo dice. Sólo podemos imaginar el drama que vivió José, atormentado por las sospechas de infidelidad de su esposa, angustia ésta que Dios no tuvo la bondad de ahorrarle. Y las penurias de María, que veía sufrir a su esposo, pero callaba porque tenía miedo de no ser comprendida. Este período de la vida de José y María impresionó tanto el ánimo y la imaginación de los cristianos, que algunos buscaron ampliar aquellos dramáticos momentos mediante nuevos relatos.

Uno de estos relatos se halla en el evangelio apócrifo titulado El Proto Evangelio de Santiago, compuesto hacia el año 150. En él se cuenta cómo María, hallándose de visita en casa de su pariente Isabel, notaba que su vientre iba creciendo día tras día. Afligida, emprendió el camino de regreso a su ciudad y se escondió. Transcurridos unos siete meses de su embarazo, volvió José de un largo viaje de trabajo y encontró a María embarazada. Llorando amargamente le reprochó: “¿Por qué has hecho esto? ¿Por qué manchaste así tu alma, tú que te has criado en el Templo de Dios, y recibiste tu alimento de las manos de un ángel?” Pero ella llorando le contestó: “Yo soy pura. No he tenido relaciones con ningún hombre”. José le dijo: “¿De dónde ha salido entonces lo que hay en tu vientre?” Y ella respondió: “Te juro por la vida del Señor, mi Dios, que no sé de dónde me ha venido esto”. Pero las cosas se complicaron más todavía para el pobre José, porque al día siguiente un amigo suyo, enterado del estado de María, lo denunció ante el Sumo Sacerdote diciendo: “José ha violado a la virgen que tenía que custodiar, y en secreto ha consumado el matrimonio”.

El Sumo Sacerdote ordenó que ambos esposos fueran conducidos al Templo y allí, con palabras duras, los acusó de haber faltado a su palabra. Pero como ellos lloraban y juraban por Dios que eran inocentes, resolvió someter a María a la prueba de las “aguas amargas”. ¿Qué eran las aguas amargas? El libro de los Números (5,11-31) mandaba que, si algún marido sospechaba de la fidelidad de su esposa y no había forma de averiguar la verdad, éste debía llevar a la mujer al Templo para someterla a una prueba. Allí, en presencia de testigos, se le soltaba la cabellera (que toda mujer decente en Israel llevaba recogida para que nadie se la viera), como una manera de avergonzarla en público. Después el Sumo Sacerdote tomaba un vaso con agua y lo mezclaba con tierra levantada del suelo. Luego escribía en una hoja una serie de maldiciones y juramentos con tinta, la diluía haciendo correr el agua del vaso sobre el papel, y recogiendo otra vez el líquido se lo daba de beber a la mujer diciéndole: “Si has sido infiel a tu marido, si has tenido relaciones con otro hombre y te has vuelto impura, que Dios te convierta en ejemplo de maldición ante el pueblo, y haga que se te caigan los muslos y se te hinche el vientre”.

Se trataba, evidentemente, de una legislación machista, que terminaba siempre dando la razón al marido, ya que con semejante bebida cualquier mujer acababa intoxicada y con el vientre hinchado. Pero cuentan los apócrifos, cuando María bebió del vaso un imprevisto resplandor apareció sobre su rostro y su cara se transfiguró de tal manera que los testigos que presenciaban el juicio no podían mirarla de frente. De ese modo todos supieron que María era inocente. Este largo relato de los apócrifos nos muestra hasta qué punto se estimuló la imaginación de los primeros cristianos frente al paradójico episodio que ponía a José dudando injustamente de su virginal esposa. Llegamos, así, al punto más oscuro y misterioso de todo el relato. ¿Por qué José decide abandonar a María, dejándola sola y expuesta en el peor momento de su vida? Mateo dice que porque él era justo. Pero ¿qué tiene que ver su justicia con el hecho de abandonar a su mujer?

Se han propuesto dos teorías para explicar la justicia de José. Según la primera, José cree que María ha cometido adulterio. Ahora bien, la Ley de Moisés ordenaba que “la mujer adúltera debía ser repudiada por su marido” (Dt 22, 20-21). Como José era “justo”, es decir, cumplidor de la Ley, decide repudiarla (abandonarla) para cumplir con la Ley. O sea que, según esta teoría, justo significaba cumplidor de la Ley. Pero esta hipótesis choca con un inconveniente. La Ley ordenaba al marido repudiar “públicamente” a la mujer infiel. Y José decide repudiarla en secreto. Por lo tanto no estaría cumpliendo la Ley de Moisés. ¿Cómo entonces se lo puede llamar justo?

Biblista
Ariel Alvarez Valdez