martes, 30 de abril de 2013

El Aeropuerto de Denver


Sin duda, un lugar extraño que pasa de ser un simple aeropuerto a ser algo más allá de todo eso es el “Aeropuerto de Denver”. Construido en el año 1995, su presupuesto fue calificado de escandaloso, además de considerarse una obra innecesaria ya que Denver ya contaba con otro aeropuerto, el de Stapleton, con muchas más pistas y suficiente para el tráfico que soporta.

Este dato ya de por sí, es curioso, pero existen muchísimas incógnitas más alrededor de éste aeropuerto, como por ejemplo, el lugar dónde está construido. Se trata de una extensión de 138 mil Km2, en una zona con grandes vientos que crea infinidad de problemas en las entradas y salidas de vuelos. Otra incongruencia es el sistema de equipaje automático, tan pésimamente diseñado que actualmente se encuentra fuera de servicio. Lo más curioso de todo es que a pesar del lugar en dónde está y las diferentes ampliaciones de presupuestos y lo costoso del mismo, el aeropuerto debía construirse en ésta zona, costara lo que costara.

Si se observa desde el aire, las pistas han sido situadas de tal manera, que recuerda a una esvástica nazi. Pero no sólo el exterior es enigmático. El interior es mucho más que un simple aeropuerto, que ha dado mucho que hablar. Como dato curioso, por ejemplo, el aeropuerto tiene comunicaciones de fibra óptica de unos 5.300 millas de cable, el equivalente al largo del Rio Nilo, su suelo es de granito importado de varias partes del mundo, encareciendo una vez más el presupuesto; gasto innecesario ya que existía otro tipo de piedra más económica en la zona.

El aeropuerto cuenta con 8 niveles de profundidad y su terminal más grande se llama “Jeppesen Terminal”, y es conocida como "Great Hall", nombre que los “Masones” dan a su lugar de reunión. Su interior está repleto de simbología, algunos de éstos camuflados, referentes a sociedades ocultas y herméticas. En cada esquina y muro del aeropuerto hay un mural. Los artistas encargados de realizarlos, aseguran que antes de comenzarlos les dieron las pautas a seguir. Los grandes murales representan en teoría, la paz, armonía y la naturaleza. Aunque si se observan bien, quizá se encuentre otro significado. Algunos tratan de mostrar la destrucción del mundo, las guerras e incluso los campos de concentración nazis. En resumen, vienen a representar la formación de un nuevo mundo. Existen también pinturas como por ejemplo una que muestra lo que viene a ser la figura de un extraterrestre con similitud a lo que son las conocidas “líneas aéreas de Nazca” en el Perú o los círculos de los sembrados. No se sabe ni el nombre de la pintura ni su autor.

Las esculturas no son menos aterradoras, sobre todo la del “Caballo Azul del Apocalipsis”, de 10 metros de altura situada en las afueras del aeropuerto. Sus ojos son de un rojo resplandeciente que le dan un aspecto terrorífico. Su autor, Luís Jiménez murió en 2006 trabajando en la última pieza de la misma cuando el caballo gigante cayó encima de él. Otra escultura es la de “Notre Denver”, que representa a una gárgola saliendo de una maleta de viajero. La verdad es que no tiene ningún sentido ese tipo de escultura en un aeropuerto. Se supone que la maleta representa al viajero y las gárgolas, antiguamente se colocaban en los templos y los lugares de poder para proteger lo que allí había. Muchos se preguntan: ¿Que es lo que se quiere proteger y esconder en el aeropuerto?

Otro elemento repleto de simbolismo es la “Piedra Masónica”. Se dice que está dedicada al “New World Airport Commission”, sin embargo, dicha comisión ya no existe o mejor dicho, nunca fue creada. Posee una cápsula del tiempo que según cita la misma piedra contiene mensajes y recuerdos para los habitantes de Colorado hasta el año 2094. Contiene también alusiones a varias logias Masónicas, pudiendo apreciar símbolos propiamente Masones como el compás y la escuadra además de una placa en Braille.

¿Por qué se construyó éste aeropuerto si era totalmente innecesario? O mejor dicho, ¿Por qué se tuvo que construir allí y no en otro lugar a pesar de no ser el más idóneo? y ¿Qué significan todos esos murales? y para terminar ¿Que es lo que hay en el aeropuerto que la gárgola “Notre Denver” protege? Un lugar repleto de misterio y simbología que todo el que lo ha visto lo describen como escalofriante. Un lugar diferente que sin duda esconde algo detrás.

miércoles, 24 de abril de 2013

La Masonería


Se define a sí misma como una institución discreta de carácter iniciático, no religioso, filantrópico, simbólico y filosófico fundada en un sentimiento de fraternidad. Tiene como objetivo la búsqueda de la verdad a través de la razón y fomentar el desarrollo intelectual y moral del ser humano, además del progreso social. Los masones se organizan en estructuras de base denominadas logias, que a su vez pueden estar agrupadas en una organización de ámbito superior normalmente denominada "Gran Logia", "Gran Oriente" o "Gran Priorato". Aparecida en Europa entre finales del siglo XVII y principios del XVIII, la masonería moderna o "especulativa" ha sido descrita a menudo como un sistema particular de moral ilustrada por símbolos. Se presenta a sí misma como una herramienta de formación, con un método particular que, basado en el simbolismo de la construcción, permite a sus miembros desarrollar su capacidad de escucha, de reflexión y de diálogo, para transmitir estos valores a su entorno.

La historia institucional de la masonería presenta numerosas disidencias, cuyas principales causas, con importantes matices y derivaciones, están relacionadas con la admisión de la mujer en la masonería, la cuestión de las creencias religiosas o metafísicas, la naturaleza de los temas tratados o la forma de trabajar de las logias, así como con las bases sobre las que se fundamenta la regularidad masónica. La existencia de distintos puntos de vista sobre estos y otros temas ha dado lugar al desarrollo de distintas ramas o corrientes masónicas, que a menudo no se reconocen entre ellas. Una de las leyendas más importantes de la francmasonería atribuye a Hiram Abif, mítico arquitecto del Templo de Salomón en Jerusalén, la fundación de la orden masónica. Algunos textos retrotraen el origen de la masonería a épocas de aún mayor antigüedad, y llegan a considerar como fundadores a distintas figuras bíblicas, como Tubal-Caín, Moisés, Noé o el mismísimo Adán. Más realistas, pero todavía en el ámbito de lo mítico o de lo pseudo-histórico, diversos autores han atribuido este origen a los constructores de las pirámides en el antiguo Egipto, a los Collegia Fabrorum romanos, a la Orden de los Templarios, la de los Rosacruces o a los humanistas del Renacimiento.

La hipótesis más aceptada afirma que la masonería moderna procede de los gremios de constructores medievales de castillos y catedrales (la llamada masonería operativa), que evolucionaron hacia comunidades de tipo especulativo e intelectual, conservando parte de sus antiguos ritos y símbolos. Este proceso, que pudo iniciarse en distintos momentos y lugares, culminó a principios del siglo XVIII. Los constructores o albañiles medievales, denominados masones, disponían de lugares de reunión y cobijo, denominados logias, situados habitualmente en las inmediaciones de las obras. Era común a los gremios profesionales de la época el dotarse de reglamentos y normas de conducta de régimen interior. Solían también seguir un modelo ritualizado para dar a sus miembros acceso a ciertos conocimientos o al ejercicio de determinadas funciones. Los masones destacaron especialmente en estos aspectos.

Respecto a los rituales masónicos, el primer documento de relevancia del que disponen los historiadores se refiere a una de estas organizaciones de la construcción que es particular de Francia, el Compañerismo o Compagnonnage, y data de 1655. Sin embargo, ya desde 1630 aparecen distintos documentos que aluden a los usos rituales de la masonería escocesa. El ritual masónico completo más antiguo que se conoce es el manuscrito denominado Archivos de Edimburgo, que data de 1696. Con la evolución de la sociedad y las transformaciones económicas, la mayor parte de las logias de la "masonería operativa" dejaron poco a poco de ejecutar obras materiales, transformándose en organizaciones fraternales, pero conservando, en parte, sus usos y costumbres tradicionales. La masonería especulativa es el producto de esta transformación.

Desde el siglo XVII, algunas logias de masones operativos comenzaron a recibir como miembros a personas ajenas al oficio, generalmente clientes, nobles o benefactores. El perfil de estos masones aceptados solía ser el de intelectuales humanistas, interesados por la antigüedad, el hermetismo, las ciencias experimentales nacientes, etc. Las logias de este tipo se convirtieron en un espacio de librepensamiento y especulación filosófica. Si se trata de una transformación radical o progresiva, es algo que los historiadores se cuestionan hoy en día. En cualquier caso, al menos en Escocia, el vínculo orgánico entre la antigua masonería y la nueva parece incontestable. Las logias «no operativas» se hacen cada vez más numerosas en Escocia, Inglaterra e Irlanda. La extensión a América de la masonería tuvo consecuencias importantísimas en el desarrollo de La independencia de los Estados Unidos: todos los firmantes de la Constitución eran masones, y la llegada de las ideas ilustradas a la América española y brasileña se debió en gran medida a los masones de todas las capas sociales fueron los que introdujeron en Brasil las ideas ilustradas de Europa y quienes incitaron las revueltas anti-portuguesas hasta la independencia, fueron los masones los que apoyaron la coronación del primer rey brasileño, D. Pedro I (nombrado gran maestre) como medio para evitar la disgregación de las distintas provincias brasileñas, disgregación que se dio en la América española.

En general, se habla de Masonería regular para referirse a la que se atiene a una serie de reglas tradicionales. Sin embargo, existe discrepancia sobre cuáles de estas normas son las realmente importantes y cuáles no, lo que da lugar a la división de la masonería mundial en dos corrientes principales, a las que se puede añadir un cierto número de logias y de pequeñas obediencias no adscritas a ninguna de las dos. Las condiciones aceptadas por las dos corrientes principales para reconocer la regularidad de una Obediencia masónica son:

Que posea una legitimidad de origen; esto es, que su constitución haya sido auspiciada por alguna otra organización masónica regular. En este sentido, suele considerarse que la regularidad inicial emana de la antigua Gran Logia de Londres y Westminster.

Las dos corrientes discrepan en varios puntos importantes, que afectan incluso a sus respectivas denominaciones. Ambas corrientes suelen ser conocidas, respectivamente, como regular, una de ellas, y como liberal o adogmática, la otra.

La corriente que se denomina anglosajona está encabezada por la Gran Logia Unida de Inglaterra y a ella se adscriben las principales obediencias, por lo que a número de miembros se refiere, de las Islas Británicas, Estados Unidos, Iberoamérica y parte de la Europa continental, incluida España. Basándose en su interpretación de la tradición masónica establecen los siguientes criterios de regularidad:

La creencia en un dios o en un ser supremo (solo uno), que puede ser entendido como un principio no dogmático, como un requisito imprescindible a sus miembros.

Los juramentos deben realizarse sobre el llamado Volumen de la Ley Sagrada, generalmente la Biblia u otro libro considerado sagrado o símbolo de lo trascendente por el que realiza el juramento. La presencia de este Volumen de la Ley Sagrada, la Escuadra y el Compás son imprescindibles en la logia.

No se reconocía la iniciación masónica femenina ni se aceptaba el contacto masónico con las logias que admitan a mujeres entre sus miembros.

Están expresamente prohibidos las discusiones sobre política y religión, así como el posicionamiento institucional sobre estos aspectos.

La corriente que se denomina liberal o adogmática tiene su principal exponente mundial en el Gran Oriente de Francia. Es la principal corriente, por lo que a número de miembros se refiere, en Francia, África francófona y algunos países de la Europa continental, y a ella se adscriben muchas obediencias en todo el mundo, en especial en Iberoamérica y la Europa continental, incluyendo, en particular, a las Obediencias femeninas y mixtas. Presenta una mayor variedad de formas concretas de organización, cuyas principales características, que no tienen que darse simultáneamente, son:

El principio de libertad absoluta de conciencia. Admite entre sus miembros tanto a creyentes como a ateos y los juramentos pueden realizarse, según las logias, sobre el Libro de la Ley (las Constituciones de la Orden) o sobre el Volumen de la Ley Sagrada, en ambos casos junto a la Escuadra y el Compás.

El reconocimiento del carácter regular de la iniciación femenina. Las Obediencias pueden ser masculinas, mixtas o femeninas.

El debate de las ideas y la participación social. Las logias debaten libremente incluso sobre cuestiones relacionadas con la religión o la política, llegando, en determinadas ocasiones, a posicionarse institucionalmente sobre cuestiones relacionadas con esos aspectos.

Si bien en los inicios de la masonería las actividades de las logias se mantenían en secreto para protección de sus miembros (sobre todo por seguridad, pues eran organizaciones prohibidas por las leyes de entonces), quedan actualmente aún dos tipos de secreto, uno de ellos asociado con el reconocimiento. Las palabras de pase, los toques al saludarse y las respuestas a preguntas específicas para poder ingresar a la orden forman parte del conocimiento esotérico que sólo se transmite en el interior de la institución y a quienes han alcanzado el conocimiento para llegar ahí. El otro tipo de secreto es ritual y es personal: es el conocimiento que cada miembro de la logia va adquiriendo de sí mismo conforme aprende. Es una experiencia personal que no se puede transmitir a nadie.

Cuando surgió la masonería especulativa, o moderna, en el siglo XVIII, la mujer no estaba ni económica ni social ni políticamente emancipada, y en las Constituciones de Anderson de 1723 no se la tuvo en cuenta. Pero las mujeres no quisieron permanecer indiferentes a las realizaciones de las asociaciones masónicas. Es así como en Francia, en 1730, sólo cinco años después de la aparición de la masonería especulativa en este país, comenzaron a realizarse gestiones para ser aceptadas en la institución.

Desde su fundación, la masonería ha encontrado la oposición de distintos tipos de actores sociales. Los motivos de esta oposición pueden haberse referido a la institución masónica en cuanto forma de organización, o bien poner el acento en una característica pretendidamente negativa de sus principios filosóficos y valores morales. El término antimasonería o antimasonismo se refiere a la desconfianza, a la crítica, a la oposición, a la hostilidad, a la discriminación, a la represión o a la persecución de la masonería. Una clasificación de las instituciones e ideologías antimasónicas que con mayor contundencia se han opuesto o la han atacado es la Iglesia católica, que ha condenado sistemáticamente la filiación a la masonería en innumerables documentos, decretando que ésta es incompatible por sus principios con la doctrina y la fe de la Iglesia católica. Los pronunciamientos papales en este sentido han sido constantes. Desde su surgimiento la masonería ha sido considerada por no pocas personalidades e instituciones como una asociación peligrosa por su carácter secreto. Muchos la ven como «una sociedad secreta de corte esotérico y ocultista que procura destruir la civilización cristiana y la Iglesia católica».

Uno de los temas dentro de la discusión del mundo masónico es la figura de Dios, el Gran Arquitecto del Universo está sujeto a discusión según las diferentes líneas de pensamiento acerca de su existencia y si este es un dogma o no que debe establecerse en una logia. El Gran Arquitecto del Universo, expresado habitualmente con el acrónimo GADU, es un símbolo tradicional en masonería cuyo contenido, interpretación y relevancia varían según la corriente masónica de que se trate. Para la corriente anglosajona, el GADU representa al Ser Supremo, un principio masónico cuya creencia e invocación en la práctica del rito son imprescindibles. Para la corriente continental, establecer la condición de la creencia en un Ser Supremo supone limitar la libertad de conciencia de sus miembros, por lo que ni la creencia en el GADU ni su invocación son preceptivas. Los masones, como individuos, son en todo caso libres de darle el contenido que mejor se ajuste a sus creencias. Como todos los símbolos, proporciona un marco, pero su interpretación concreta corresponde a cada cual.

Muchos masones consideran que el símbolo GADU es igual al Dios creador que determina a su voluntad los planes de la existencia. Para otros muchos, simboliza la idea de un Principio Creador que está en el origen del Universo, cuya naturaleza es indefinible. Hay por último masones que, prescindiendo de cualquier enfoque trascendente, identifican al GADU con la sublimación del ideal masónico o que lo interpretan desde una perspectiva panteísta o naturalista. Existe cierta uniformidad en establecer como regularidad masónica su creencia y se acepta su discusión como parte de la iniciación para la búsqueda de la verdad. Por otro lado, la aceptación de la Regla de los doce puntos en sus generalidades, a pesar de las corrientes más liberales para flexibilizarla en ciertos aspectos, igualmente adopta la existencia de dogmas implícitos en lo que se considera sagrado dentro de su hermética: símbolos, vestimentas, grados, relaciones y ritos (aún prescindiendo de un Dios dogmático).

Al existir cuestiones sagradas dentro de un cuerpo de conductas afines a sus creencias, se establece por lo tanto a la masonería como un culto para-religioso (los masones asisten a sus templos, tienen castigos morales, entregan dinero, estudian sus símbolos, aprenden sus ritos, se imponen una filosofía y disciplina sagrada, y desarrollan una relación entre sus integrantes) dentro del tejido religioso y social habitual. Esto significa que el culto masónico no es excluyente de las creencias religiosas habituales de sus integrantes (por lo menos en un principio) aunque esta práctica termina fomentado una doble vida en las personas por su inherente secretismo cuando se adopta finalmente como estilo de vida.

Las Islas Galápagos


Constituyen un archipiélago del océano Pacífico ubicado a 1000 km de la costa de Ecuador. Está conformado por 13 islas grandes con una superficie mayor a 10 km², 5 islas medianas con una superficie de 1 km² a 10 km² y otros 215 islotes de tamaño pequeño además de promontorios rocosos de pocos metros cuadrados distribuidas alrededor de la línea del ecuador terrestre. Administrativamente, Galápagos constituye una provincia de Ecuador, conformada por tres cantones que a su vez son islas las cuales son San Cristóbal, Santa Cruz e Isabela. El 12 de febrero de 1832, bajo la presidencia de Juan José Flores, las islas Galápagos fueron anexadas a Ecuador. Desde el 18 de febrero de 1973 constituyen una provincia de este país.

Se estima que la formación de la primera isla tuvo lugar hace más de 5 millones de años, como resultado de la actividad tectónica. Las islas más recientes, llamadas Isabela y Fernandina, están todavía en proceso de formación, habiéndose registrado la erupción volcánica más reciente en 2009. Las islas Galápagos son conocidas por sus numerosas especies endémicas y por los estudios de Charles Darwin que le llevaron a establecer su teoría de la evolución por la elección natural. Son llamadas, turísticamente, las «islas Encantadas» ya que la flora y fauna encontrada allí es prácticamente única y no se la puede encontrar en ninguna otra parte del mundo. Por ello mucha gente las visita.

Las islas Galápagos fueron descubiertas por azar el 10 de marzo de 1535, cuando el religioso dominico Fray Tomás de Berlanga, entonces obispo de Panamá, se dirigía al Perú en cumplimiento de un encargo del monarca español Carlos V, para arbitrar en una disputa entre Francisco Pizarro y sus subordinados luego de la conquista del imperio Inca. Los primeros mapas en incluir las islas fueron los preparados por Abraham Ortelius y Mercator alrededor de 1570. Las islas estaban descritas como "Insulae de los Galopegos" (Islas de las Tortugas).

Las Galápagos fueron utilizadas por piratas ingleses como escondite en sus viajes de pillaje a los galeones españoles que llevaban oro y plata de América hacia España. El primer pirata que se conoce visitó las islas fue Richard Hawkins, en 1593. Desde entonces hasta 1816 muchos piratas llegaron al archipiélago.

La primera misión científica que visitó las Galápagos fue la expedición Malaspina, una expedición española dirigida por Alejandro Malaspina, que llegó en 1790. Sin embargo, los registros de la expedición nunca llegaron a ser publicados. En 1793, James Colnett describió la flora y fauna de las islas y sugirió que podían ser utilizadas como base para los balleneros que operaban en el océano Pacífico. Colnett también dibujó las primeras cartas de navegación de las Galápagos. Los balleneros capturaron y sacrificaron miles de tortugas del archipiélago para extraer su aceite.

Ecuador anexó las islas Galápagos el 12 de febrero de 1832 bajo el gobierno del General Juan José Flores, bautizándolas como archipiélago de Colón. El viaje del Beagle trajo al barco de investigación británico bajo el mando del capitán Robert FitzRoy a Galápagos el 15 de septiembre de 1835 para investigar los accesos a los puertos. El capitán y otros a bordo, incluyendo el joven naturalista Charles Darwin, realizaron un estudio científico de la geología y biología en cuatro de las islas antes de continuar su expedición alrededor del mundo el 20 de octubre.

La Unesco declaró a las Islas Galápagos como Patrimonio Natural de la Humanidad en 1979 y, seis años más tarde, como Reserva de la Biosfera (1985). En el 2007 la Unesco declaró a las Islas Galápagos como Patrimonio de la Humanidad en riesgo medioambiental y estuvo incluida en la Lista del Patrimonio de la Humanidad en peligro hasta 2010.

martes, 23 de abril de 2013

Lo razonable de creer - Primera Parte


Avanzamos en este Año de la fe, llevando en nuestros corazones la esperanza de redescubrir cuánta alegría hay en creer y encontrar el entusiasmo de comunicar a todos las verdades de la fe. Estas verdades no son un simple mensaje de Dios, una particular información sobre Él. Sino que expresan el acontecimiento del encuentro de Dios con los hombres, encuentro salvífico y liberador, que realiza que las aspiraciones más profundas del hombre, sus anhelos de paz, de fraternidad y de amor.

La fe lleva a descubrir que el encuentro con Dios valoriza, perfecciona y eleva lo que es verdadero, bueno y bello en el hombre. De este modo, se da la circunstancia de que, mientras Dios se revela y se deja conocer, el hombre llega a saber quién es Dios y, conociéndolo, se descubre a sí mismo, su origen y su destino, así como la grandeza y la dignidad de la vida humana.

La fe permite un conocimiento auténtico sobre Dios, que implica a toda la persona humana: se trata de un "saber", un conocimiento que le da sabor a la vida, un nuevo sabor a la existencia, una forma alegre de estar en el mundo. La fe se expresa en el don de sí mismo a los demás, en la fraternidad que nos hace solidarios, capaces de amar, derrotando la soledad que nos hace tristes.

Este conocimiento de Dios mediante la fe, por lo tanto, no es sólo intelectual, sino vital. Es el conocimiento de Dios-Amor, gracias a su mismo amor. Además, el amor de Dios hace ver, abre los ojos, permite conocer toda la realidad, más allá de las estrechas perspectivas del individualismo y del subjetivismo, que desorientan las conciencias. El conocimiento de Dios es, por tanto, la experiencia de la fe, e implica, al mismo tiempo, un camino intelectual y moral: marcados en lo profundo por la presencia del Espíritu de Jesús en nosotros, podemos superar los horizontes de nuestros egoísmos y nos abrimos a los verdaderos valores de la vida.

La tradición católica ha rechazado desde el principio el denominado fideísmo, que es la voluntad de creer en contra de la razón. Credo quia absurdum (creo porque es absurdo) es la fórmula que interpreta la fe católica. De hecho, Dios no es absurdo, en todo caso es misterio. El misterio, a su vez, no es irracional, sino sobreabundancia de sentido, de significado y de verdad. Si contemplando el misterio, la razón ve oscuro, no es porque en el misterio no haya luz, sino más bien porque hay demasiada luz. Al igual que cuando los ojos del hombre se dirigen a mirar directamente al sol y sólo ven tinieblas ¿quién podría decir que el sol no es brillante? Aún más, es la fuente de la luz. La fe le permite ver el "sol de Dios", porque es acogida de su revelación en la historia y, por así decirlo, recibe verdaderamente toda la luminosidad del misterio de Dios, reconociendo el gran milagro: Dios se ha acercado al hombre y se ha ofrecido a su conocimiento, condescendiendo al límite de la criatura de la razón humana.

Al mismo tiempo, Dios, con su gracia, ilumina la razón, le abre nuevos horizontes, inconmensurables e infinitos. Por este motivo, la fe es un fuerte incentivo para buscar siempre, sin parar nunca y sin desfallecer, el descubrimiento de la verdad y la realidad inagotable. Es falso el prejuicio de algunos pensadores modernos, que aseveran que la razón humana quedaría como bloqueada por los dogmas de la fe. En realidad, es todo lo contrario, como han demostrado los grandes maestros de la tradición católica.

Ante la revelación divina, el intelecto y la fe no son extraños o antagonistas, sino que ambas son condiciones para comprender su sentido, para recibir su mensaje auténtico, acercándose al umbral del misterio. La fe católica es, pues, razonable y nutre también confianza en la razón humana. El Concilio Vaticano II en la Constitución dogmática Dei Filius, afirma que “la razón es capaz de conocer con certeza la existencia de Dios por medio del camino de la creación, mientras que sólo pertenece a la fe la posibilidad de conocer "fácilmente, con absoluta certeza y sin error la verdad acerca de Dios, a la luz de la gracia”. El conocimiento de la fe, además, no va en contra de la recta razón.

El beato Papa Juan Pablo II, de hecho, en la encíclica Fides et ratio, sintetiza así: "La razón humana no queda anulada ni se envilece dando su asentimiento a los contenidos de la fe; éstos en todo caso se alcanzan mediante libre y consciente elección". En el irresistible deseo por la verdad, sólo una relación armoniosa entre la fe y la razón es el camino que conduce a Dios y a la plenitud de sí mismo.

La bendición: símbolo y catolicismo popular - Primera Parte


El “bendecir” es una de las más antiguas tradiciones de la Iglesia. No se trata, claro, de una costumbre exclusiva del catolicismo. Los bendicionales pertenecen a una enorme variedad de tradiciones religiosas y culturales. Con distintos nombres y diversidad de formas, existen rituales y expresiones de bendición en casi todas las tradiciones religiosas del planeta. Se trata, según parece, de algo naturalmente asociado a cualquier vínculo con lo sagrado. Y por eso, seguramente, se observa tanto afecto por las bendiciones de parte de las mujeres y varones que participan del universo al que llamamos catolicismo popular.

En la Biblia se mencionan desde el primero de sus libros. En el mítico relato de la creación, Dios bendice a los seres vivientes que llenarán las aguas; bendice al varón y la mujer apenas creados; bendice y consagra al séptimo día… A lo largo de todo el Antiguo Testamento encontramos numerosas citas que mencionan esta pluricultural y multisecular costumbre. Dios bendice a las personas y las personas bendicen a Dios. También las personas bendicen a otras personas: los patriarcas a sus pueblos, los padres a sus familias, los sacerdotes a los creyentes. En los Evangelios nos encontramos con Jesús bendiciendo a unos niños mientras pone sus manos sobre ellos (Mc 10, 13-16); bendiciendo el pan en la última cena (Mt 26,26), o bendiciendo a sus discípulos “alzando las manos” en momentos previos de la ascensión (Lc 24,50).

Como se dijo, las citas bíblicas son cuantiosas. Y aunque todas refieren a una presencia –actual o anhelada– “particular” de Dios, es posible distinguir al menos tres tipos de bendiciones: Las bendiciones que expresan alabanza o agradecimiento dirigidos a Dios. Las bendiciones que expresan un deseo de bien o felicidad para quien la recibe. Las bendiciones que expresan la santificación o la dedicación de una persona o cosa entregada a Dios. Es fácil notar cómo esos tres tipos de bendiciones permanecen en la actualidad, los tres están incluidos en las liturgias ordinarias y los últimos dos, suelen ser muy requeridos a los sacerdotes o ministros en el ámbito del catolicismo popular.

Un brevísimo repaso por la etimología del vocablo “bendición”, podrá ayudarnos a introducirnos más y mejor en este asunto. Parece que ninguna de las palabras antiguas expresa por sí sola todo lo que encierra nuestro actual concepto de bendición. El verbo hebreo barak, tan utilizado en el Antiguo Testamento y traducido al castellano por “bendecir”, significaba el deseo de dotar a alguien con el éxito, la prosperidad, la fecundidad. Ese es el sentido claro que aparece en el Génesis cuando Dios bendice al varón y a la mujer recién creados. Como puede observarse, su acento está puesto en el segundo de los tipos de bendiciones mencionados.

Ese verbo (barak) ha sido traducido por el griego eulogein cuyo significado clásico no era estrictamente el de desear el bien, sino el de decir bien, hablar con elegancia. Finalmente, el eulogein griego se tradujo al latín por la palabra benedicere de significado similar: hablar bien; pero no en un sentido estilístico del lenguaje sino hablar bien de algo o de alguien. El término latino benedictio (bendición) se extendió en el uso eclesiástico hasta comprender no sólo al barak hebreo sino también a los otros sentidos con los que hoy utilizamos la palabra bendición. Observemos que el bendecir una cosa o lugar, no puede significar de modo directo el desearle el bien, la prosperidad o la felicidad a esa cosa, sino más bien su consagración en función del bien de quien la utilice. Tampoco el bendecir a Dios significa desearle el bien – ¿qué sentido tendría?– sino que designa una actitud de alabanza o de acción de gracias.

Comencemos a centrarnos en el punto que especialmente nos interesa. ¿Qué piden las personas cuando piden una bendición? ¿Qué es lo que realmente se les “da” cuando se las bendice? Habría que distinguir, ciertamente, entre la bendición de personas y la bendición de objetos; aunque para ambos casos cabría el mismo interrogante: ¿qué realidad nueva o, si se quiere, qué “plus” de realidad le otorga una bendición al objeto o persona bendecida? ¿Le confiere, objetivamente hablando, alguna característica que antes no tenía? Pero no nos adelantemos, volvamos a la pregunta inicial: ¿qué piden las personas cuando piden una bendición?

Aún sin contar con un trabajo de campo sistematizado, parece razonable afirmar que ese pedido responde al anhelo de experimentarse especialmente protegidas o cuidadas por Dios. Las personas bendecidas, entonces, estarían en mejores condiciones que las no bendecidas para enfrentar tanto las vicisitudes de la vida diaria como algún hecho extraordinario o particular que tengan por delante: salir de viaje, someterse a una operación, asistir a una entrevista de trabajo, ir de misión. Algo similar parece ocurrir con la bendición de los objetos religiosos, así como con las viviendas, los comercios, los automóviles u otros bienes por el estilo. Tener una estampa, una medalla o un rosario bendecidos, no es lo mismo que tenerlos sin bendecir. Parece que estos objetos bendecidos poseen una mayor cercanía con lo divino, pasan a tener una dignidad diferencial que los convierte en instrumentos privilegiados de mediación con Dios. Esto, claro, en el mejor de los casos –que intuyo son la mayoría–; en otros, la bendición de un objeto lo lleva un poco más lejos, lo conduce a transformarlo en elemento de protección personal, algo no muy distinto a un amuleto o talismán. Claro que con una diferencia importante. Su calidad “protectora” no le viene de algún relato mítico-cultural, como en la pata de conejo, sino del mismísimo Dios.

Podemos decir, en breve e inicial síntesis, que quien pide una bendición, está anhelando situarse en una mayor inmediatez personal con Dios que la que antes tenía. Tal inmediatez diferencial, ciertamente, ofrecería un mayor estado de amparo y protección. Veamos ahora qué es lo que a las personas se le “da” cuando se las bendice.

Fuente:
Revista Vida Pastoral
Editorial San Pablo (Argentina)

miércoles, 17 de abril de 2013

El Espiritismo



Nacida en Francia a mediados del siglo XIX. Está basada en los libros publicados por el pedagogo francés Hippolyte Léon Denizard Rivail bajo el seudónimo de Allan Kardec (1804-1869), etimológicamente, el vocablo "espiritismo" se refiere al "sistema para el estudio de los espíritus" y fue el propio Kardec quien afirmó haber acuñado el término en la introducción de su "Libro de los Espíritus". El espiritismo postula, según su fundador, "el estudio de la naturaleza, el origen y porvenir de los espíritus, y sus relaciones con el mundo material"; esta doctrina se basa en que los muertos pueden entrar en contactos con los vivos. El espiritismo se autodefine como la “ciencia” que trata la naturaleza, origen y destino de los espíritus, así como sus relaciones con el mundo corporal. Como “filosofía”, comprende todas las consecuencias morales que dimanan de esas mismas relaciones.

La doctrina espiritista tiene seguidores en varios países alrededor del mundo, incluyendo Alemania, Argentina, España, Perú, Estados Unidos, Puerto Rico, Francia, Inglaterra, Japón, Venezuela, Portugal, Haití, Cuba, Uruguay y Brasil, siendo este último el país con la mayor cantidad de seguidores. Sin embargo, la utilización del término, cuya raíz es común a diversas naciones occidentales de origen latino o anglosajón, hizo que él fuese incorporado rápidamente al uso cotidiano para designar todo lo que tenía relación con la comunicación con los espíritus. Así por espiritismo, hoy se identifica a las varias doctrinas religiosas y filosóficas que creen en la sobrevivencia del espíritu (alma) después de la muerte del cuerpo físico, y, principalmente, en la posibilidad de comunicarse con ellos, causal o deliberadamente, por evocaciones o de forma natural.

- Los principios fundamentales del espiritismo contenidos en sus obras fundamentales son:

La existencia de los espíritus: el ser humano es un espíritu ligado a un cuerpo (mediante una conexión denominada periespíritu). Los espiritistas definen con el término alma al espíritu cuando esta ligado a un cuerpo (es decir cuando esta encarnado). El espíritu es un ser inteligente, individual (antes y después de la muerte) e inmortal.

Comunicabilidad de los espíritus: La posibilidad de comunicar con los espíritus encarnados (vivos) y desencarnados (muertos) mediante la mediumnidad.

La ley de causa y efecto: es el mecanismo de retribución ética universal a todos los espíritus, según la cual nuestra condición actual es el resultado de nuestros actos pasados.

La reencarnación: es el proceso natural que permite encarnar sucesivas veces con la función de permitir el perfeccionamiento de los espíritus. Implica la evolución o progreso de los espíritus en un proceso análogo y complementario de la evolución biológica. Es un concepto prestado del hinduismo.

No existe el cielo ni el infierno eterno: la felicidad o infelicidad relativas después de la muerte las determina el estado moral y psicológico del individuo.

La pluralidad de mundos habitados: la Tierra no sería el único planeta con vida en el universo. El pasaje del espíritu por diferentes planetas, le permitiría al mismo progresar hasta acercarse cada vez más a la perfección. La noción de que los espíritus son responsables de sus actos durante toda su existencia.

- Además de esto se pueden aceptar como características secundarias:

El concepto de creación igualitaria de todos los espíritus, “simples e ignorantes” en su origen, y destinados invariablemente a la perfección, con aptitudes idénticas para el bien o para el mal, dado el libre albedrío. (Este concepto derriba la creencia en ángeles o demonios como seres creados aparte y condenados eternamente al bien o al mal)

Jesús es considerado por los espiritistas como un modelo y guía moral para la humanidad. El espiritismo no acepta el dogma de la Santísima Trinidad, considera que Jesús es un espíritu al igual que los hombres, pero en un estado evolutivo muy superior.

La moral de Cristo, contenida en el Evangelio, es el camino para la evolución segura de todos los hombres, y su práctica es la solución para todos los problemas humanos y es el objetivo a ser alcanzado por toda la humanidad.

Según los espiritistas, la relación humana con lo espiritual no necesita ninguna mediación institucional. Una espiritualidad natural es suficiente y es más apropiada para la realización humana.

El espiritismo carece de rituales, culto, templos o sacerdotes, por lo que los espiritistas no lo consideran una religión.

- Si se compara con las características generales de los sistemas religiosos más comunes, encontramos que la reunión espírita reúne las siguientes características:

Ausencia de jerarquía sacerdotal.

Total ausencia de culto a imágenes, altares, etc.

Ausencia de cualquier ritual o sacramento: bautismo, casamiento, etc.

Incentivo al respeto y tolerancia de todas las religiones. Muchos espiritistas lo consideran su “segunda religión”.

La práctica espiritista es gratuita y sin ánimo de lucro, aunque la participación en las instituciones espíritas se ajusta a los parámetros comunes a toda sociedad civil.

De acuerdo a las legislaciones de cada país, las instituciones espíritas se adecúan a sus leyes internas para Asociaciones Civiles u otros marcos legales

Los espiritistas reconocen a Allán Kardec como el codificador de la doctrina espiritista, no como el creador de la misma. Los espiritistas consideran que los autores de la mayor parte de los textos espiritistas no han sido los médiums, sino los propios espíritus de personas muertas (que los espiritistas llaman “personas desencarnadas”)

Las investigaciones de Allán Kardec, derivaron en la publicación en 1857 de “El libro de los espíritus”. Este volumen supone el comienzo del movimiento espiritista contemporáneo. En los años que siguen, Kardec publicó numerosos libros, como “El libro de los médiums” (1861), “El evangelio según el espiritismo” (1864), “El Cielo y el Infierno o la justicia divina según el espiritismo” (1865) y “Génesis, los milagros y las profecías según el espiritismo” (1868).

En 1854, en París, Francia, el espiritista Allán Kardec se abocó al estudio de este tipo de fenómenos paranormales, en particular, las manifestaciones de las llamadas «mesas giratorias». Las explicaciones de las causas de estos fenómenos, al igual que el sistema filosófico derivado de aquellas, sentó las bases del espiritismo.

El espiritismo es considerado una pseudo-ciencia o superstición en los ámbitos científicos y escépticos. La Iglesia católica, asimismo, ha condenado en repetidas ocasiones y con extrema dureza a la doctrina espiritista, aunque cree que los espiritistas realmente tienen contacto con los muertos.

Muchas personas han tenido contacto con prácticas que intentan el contacto con los muertos a través de prácticas adivinatorias como el juego de la copa o la tabla ouija. Los espiritistas ortodoxos, sin embargo, afirman que este tipo de técnicas no forman parte del cuerpo doctrinal del espiritismo.

¿Por qué Jesús no quiso tomar vino en la cruz? - 2º Parte



Continuando con este tema y como mencionáramos en el programa anterior: la noche antes de morir, Jesús bebió por última vez vino con sus discípulos, y les dijo que a partir de ese momento ya no volvería a hacerlo hasta que el Reino de Dios llegara. Ahora bien, sabemos que el Reino de Dios quedó inaugurado a partir de la muerte y resurrección de Jesús (Mc 8,31). Por lo tanto, el período en el que Jesús se comprometió a no beber vino es solamente el que va desde la última cena hasta su resurrección, es decir, el período de su pasión y muerte en la cruz. ¿Y por qué fue importante para Jesús no beber vino durante esta etapa? Creemos que la respuesta es: porque se convirtió en un nazir.

En efecto, el Antiguo Testamento nos cuenta que entre los judíos existía una institución religiosa, llamada nazireato, gracias a la cual una persona se consagraba a Dios de manera especial (Nm 6,1-21). Quien lo hacía, quedaba convertido en nazir (del verbo hebreo nazar = “separarse”, “abstenerse”). El nazir debía comprometerse a no ingerir vino ni bebidas alcohólicas por un tiempo, generalmente un mes. También se comprometía a no cortarse el pelo, y a no acercarse a un cadáver. Así, el nazir se convertía en una persona especial, sagrada, y se ponía casi a la misma altura del Sumo Sacerdote del Templo, que durante su vida no bebía vino (Lv 10,9), no se acercaba a cadáveres (Lv 21,11), ni se cortaba el cabello (Lv 21,5). Terminado el período de su consagración, el nazir ofrecía un sacrificio en el Templo, se cortaba el pelo y volvía a su vida normal.

A lo largo de la Biblia encontramos muchos nazires famosos. El más antiguo que conocemos fue Sansón (Jc 13,4-5; 16,17). Ya cuando su madre estaba embarazada de él, ella dejó de beber vino y bebidas alcohólicas para que su hijo quedara consagrado desde el vientre materno. También Samuel parece haber sido un nazir. Antes de nacer su madre lo consagró a Dios, y después de nacer nunca se cortó la cabellera (1 Sm 1,11) ni bebió vino (1 Sm 1,11, según la versión griega). Un tercer nazir que encontramos en la Biblia es un tal Yonadab, hijo de Rekab (2 Re 10,15-17). Era un fanático religioso, que llevaba una vida especial de consagración a Dios y se abstenía del vino. Su celo y su ejemplo de vida fueron tan grandes que sus seguidores fundaron una secta religiosa judía, llamada los rekabitas. Siglos más tarde, en tiempos del profeta Jeremías, seguían existiendo y absteniéndose de beber vino (Jer 35,6-7). El profeta Amós (Am 2,11-12) cuenta que en su época también existían nazires, pero que perdieron su consagración porque las tentaciones del mundo y las malas compañías los habían llevado a beber alcohol. En tiempo de los macabeos (siglo II A.c.) volvemos a encontrar un grupo de nazires muy preocupados: habían cumplido el período de su consagración, y debían ir al Templo de Jerusalén para dar por finalizada su promesa, pero como éste había sido profanado, no sabían qué hacer ni a dónde ir (1 Mac 3,49-51).

En tiempos de Jesús el nazireato seguía vigente. Juan el Bautista, por ejemplo, estuvo consagrado a Dios desde el vientre materno, nunca bebió vino ni licor (Lc 1,15; 7,33), y vivió en el desierto alejado de toda impureza (Lc 1,80; 7,24). También San Pablo parece haber hecho un voto de nazir, al final de su segundo viaje, cuando estuvo en el puerto griego de Cencreas, cerca de Corinto (Hch 18,18). Allí Pablo se cortó el pelo antes de consagrarse, quizás para evitar tenerlo después demasiado largo. Y meses más tarde, al final de su tercer viaje, cuando llegó a Jerusalén, se presentó en el Templo para pagar su ofrenda y dar por concluida su consagración. Ese día aprovechó y pagó también las ofrendas de otros cuatro nazires, menos pudientes que él (Hch 21,23-24). Vemos, pues, que el nazireato era una institución conocida y valorada en el Antiguo Testamento y también en la época de Jesús.

Es posible, pues, pensar que cuando el evangelista Marcos cuenta que Jesús durante la última cena hizo la promesa de abstenerse de vino, aludía a que esa noche Jesús quiso consagrarse como nazir. De hecho, la fórmula que emplea Jesús es una afirmación enfática (“Yo les aseguro”), seguida de una frase en primera persona (“que yo ya no beberé”). Se trata de una construcción gramatical única en todo el Evangelio de Marcos, y rarísima en los otros Evangelios (sólo Mateo la usa un par de veces). Tal construcción parece, pues, tener un sentido muy especial, como si expresara un compromiso solemne hecho por Jesús en ese momento. Además, las palabras que Jesús emplea (“ya no beberé del producto de la vid”) son casi idénticas, en griego, a las que emplea el libro de los Números para referirse a la consagración del nazir (6,3-4).

Para Marcos, pues, Jesús habría resuelto dedicar las últimas horas que le quedaban de vida a consagrarse como nazir. Y como las otras dos condiciones de su voto (es decir, no cortarse el cabello y no acercarse a un cadáver) podía cumplirlas fácilmente durante el tiempo que iba a estar crucificado, sólo le faltaba avisar que se privaba del vino. Cosa que dejó en claro cuando pronunció su frase: “Les aseguro que ya no beberé del producto de la vid hasta el día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios”. Por eso Marcos cuenta que, cuando más tarde Jesús fue llevado a crucificar y le ofrecieron vino para reducir sus dolores, él lo rechazó. Por su condición de nazir, no podía tomarlo.

Queda por responder una pregunta: ¿por qué San Marcos quiso contar que Jesús había hecho esa consagración horas antes de su muerte? Sabemos que, de los cuatro evangelios, el de Marcos es el que presenta a Jesús de una manera más humana. Mientras los otros evangelistas destacan más la divinidad de Jesús, lo elevan, y lo describen con más rasgos gloriosos, Marcos lo presenta siempre con características humanas. A los lectores de Marcos les resultaba, pues, difícil enterarse de que Jesús era alguien especial. Aparece como un hombre que come y bebe (2,16), que se enoja (3,5), se duerme (4,38), se asombra (6,6), solloza (8,12), se indigna (10,14), tiene hambre (11,12), ignora ciertas cosas (13,32). O sea, Jesús aparece como un hombre ordinario, que hace cosas extraordinarias.

Por eso, al final de su vida, Marcos quiso incluir el detalle de que Jesús murió  privándose del vino, para decirnos que ese hombre sufriente que colgaba de un madero no era un mortal cualquiera, torturado por la saña de sus enemigos. Quien así moría era un consagrado de Dios, un ser especial, un hombre santo, un predilecto del Señor. Ese Jesús que a lo largo del Evangelio de Marcos había aparecido tan humano y cercano a los hombres, ahora, en el momento culminante de su existencia, se mostraba como realmente era: alguien dedicado a Dios de una manera especial. Pero mientras los otros nazires, que se entregaban a Dios mediante un voto, concluían su consagración con el sacrificio de algún animalito, Jesús concluyó su consagración con el sacrificio más grande que se pudo ofrecer: el sacrificio de su propia vida en la cruz. Fue el nazir más grandioso de todos.

Más que un detalle histórico, el relato de Jesús rechazando el vino es una idea teológica. Es decir, se trata de un concepto religioso, expresado a través de una escena historizada. Pero ¿por qué Marcos quiso contar esta idea a sus lectores, que no eran de origen judío sino pagano, y que no entendían demasiadas cosas sobre el nazireato? Quizás porque la encontró en la tradición anterior a él, y por eso la conservó.

Jesús no rechazó el vino antes de morir para dejarnos la prohibición de beber, como dicen algunos; él amaba la alegría y la fiesta. Tampoco lo rechazó para poder sufrir más en la cruz; él no era masoquista, ni devoto de los dolores gratuitos. El detalle de la negativa a beber el vino, contado por Marcos, quería expresar que en el momento de su pasión, Jesús se entregó a Dios, se consagró totalmente a Él, se puso absolutamente en sus manos, y que Dios lo aceptó, lo acompañó, y estuvo con él todo el tiempo que duró su agonía.

En las horas dolorosas de toda vida humana, los hombres solemos enojarnos con Dios, porque lo imaginamos lejos, o cuanto menos indiferente a nuestro dolor. Es difícil creer en Dios cuando uno está subido a una cruz y siente su carne desgarrada. Pero si, a ejemplo de Jesús, en esos momentos aprendemos a hacer un acto de consagración a Dios, si nos abandonamos en sus manos, si decidimos confiar en Él contra todas las apariencias, entonces uno se vuelve un nazir, la vida de uno se eleva, adquiere una grandeza insospechada, y ya nunca vuelve a ser como antes. Cuando uno vive un dolor con la mente puesta en Dios, el dolor no lo vuelve un desdichado, sino un consagrado. Es el mensaje de Aquél que se abstuvo del vino antes de morir.

Fuente:
Revista Vida Pastoral
Editorial San Pablo (Argentina)

El Papa Francisco constituye un grupo de cardenales para que le asesoren en el gobierno de la Iglesia y para revisar la Curia romana


2013-04-13 (RV).- Un Comunicado de la Secretaria de Estado hecho público esta mañana informa que, el Santo Padre Francisco, tomando en consideración una sugerencia surgida durante las últimas Congregaciones Generales precedentes al Cónclave, ha constituido un grupo de cardenales para que lo asesoren en el gobierno de la Iglesia universal y para estudiar un proyecto de revisión de la Constitución Apostólica Pastor Bonus sobre la Curia Romana.

El grupo está formado por 9 prelados: el cardenal Giuseppe Bertello, Presidente del Governatorato del Estado de la Ciudad del Vaticano; el cardenal Francisco Javier Errazuriz Ossa, arzobispo emérito de Santiago de Chile; el cardenal Oswald Gracias, Arzobispo de Bombay (India); el cardenal Reinhard Marx, Arzobispo de Munich-Frisinga (Alemania); el cardenal Laurent Monswengo Pasinya, Arzobispo de Kinshasa (República Democrática del Congo); el cardenal Sean Patrick O’Malley, Arzobispo de Boston (EEUU); el cardenal. George Pell, Arzobispo de Sidney (Australia); el Cardenal Oscar Andrés Maradiaga Rodríguez, Arzobispo de Tegucigalpa (Honduras), con función de coordinador y Mons. Marcello Semeraro, Obispo de Albano, (Italia) con función de secretario.

La primera reunión colectiva del grupo tendrá lugar del 1al 3 del de octubre de 2013. Sin embargo, Su Santidad desde ahora está en contacto con los mencionados Cardenales.

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martes, 16 de abril de 2013

El Misterio de la Encarnación - 2º Parte


El hecho de la Encarnación de Dios, que se hace un hombre como nosotros, nos muestra el realismo sin precedentes del amor divino. La acción de Dios, de hecho, no se limita a las palabras, es más podríamos decir que Él no se contenta con hablar, sino que se sumerge en nuestra historia y asume sobre sí la fatiga y el peso de la vida humana. El Hijo de Dios se hizo verdaderamente hombre, nació de la Virgen María, en un tiempo y en un lugar específico, en Belén durante el reinado del emperador Augusto, bajo el gobernador Quirino (Lc 2,1-2); creció en una familia, tuvo amigos, formó un grupo de discípulos, dio instrucciones a los apóstoles para que continuaran su misión, completó el curso de su vida terrenal en la cruz.

Este modo de actuar de Dios es un poderoso estímulo para cuestionarnos sobre el realismo de nuestra fe, que no debe limitarse a la esfera de los sentimientos y emociones, sino que debe entrar en la realidad de nuestra existencia, es decir, debe tocar nuestra vida de cada día y orientarla de manera práctica. Dios no se detuvo en las palabras, sino que nos mostró cómo vivir, compartiendo nuestra propia experiencia, salvo en el pecado.

El Catecismo de San Pío X, que algunos de nosotros hemos estudiado de niños, con su sencillez, a la pregunta: "¿Para vivir según Dios, ¿qué debemos hacer?", da esta respuesta: "Para vivir según Dios debemos creer las verdades reveladas por Él y observar sus mandamientos con la ayuda de su gracia, que se obtiene mediante los sacramentos y la oración". La fe tiene un aspecto fundamental que afecta no sólo la mente y el corazón, sino toda nuestra vida.

Un último elemento que propongo a vuestra reflexión. San Juan dice que el Verbo, el Logos estaba con Dios desde el principio, y que todas las cosas fueron hechas por medio del Verbo, y que nada de lo que existe fue hecho sin Él (cf. Jn 1:1-3). El evangelista claramente alude a la historia de la creación que se encuentra en los primeros capítulos del Libro del Génesis, y los relee a la luz de Cristo.

Este es un criterio fundamental en la lectura cristiana de la Biblia: el Antiguo y el Nuevo Testamento siempre deben ser leídos juntos y a partir del Nuevo se revela el sentido más profundo también del Antiguo. Aquel mismo Verbo, que siempre ha existido con Dios, que es Dios Él mismo y por el cual y en vista del cual todas las cosas fueron creadas (cf. Col 1:16-17), se hizo hombre: el Dios eterno e infinito se sumergió en la finitud humana, en su criatura, para reconducir el hombre y el conjunto de la creación a Él. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma: "la primera creación encuentra su sentido y su cumbre en la nueva creación en Cristo, cuyo brillo supera el de la primera" (n. 349).

Los Padres de la Iglesia han acercado a Jesús a Adán, hasta llamarlo "segundo Adán" o el nuevo Adán, la imagen perfecta de Dios. Con la Encarnación del Hijo de Dios tiene lugar una nueva creación, que nos da la respuesta completa a la pregunta "¿Quién es el hombre?". Sólo en Jesús se revela plenamente el proyecto de Dios sobre el ser humano: Él es el hombre definitivo según Dios.

El Concilio Vaticano II lo reitera firmemente. Dice así: "En realidad, sólo en el misterio del Verbo encarnado, encuentra verdadera luz el misterio del hombre... Cristo, el nuevo Adán, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le revela su sublime vocación" 

El beso y su sentido litúrgico



El beso es uno de los gestos más universalmente utilizados en nuestra vida social. También en la liturgia, más veces de las que a primera vista parece, besamos a las personas o a los objetos sagrados, aunque la reforma litúrgica haya suprimido algunos besos redundantes.

En casi todos los sacramentos se besa a las personas como signo de lo que quieren comunicar eficazmente. Respecto al beso de objetos sagrados, son el altar y el libro de los Evangelios los que más expresiva­mente reciben este símbolo de aprecio "según la costumbre tradicional en la liturgia, la veneración del altar y del libro de los Evangelios se expresa con el beso".

Al comienzo de la Eucaristía se usa el beso como signo de veneración al altar. Es costumbre antiquísima en la liturgia cristiana: al menos desde el siglo IV. Su sentido es expresar simbólicamente el aprecio que se tiene a la "mesa del Señor", la mesa en la que va a realizarse la Eucaristía y donde vamos a ser invitados a participar del Cuerpo y Sangre del Señor.

Es como un saludo simbólico, hecho de fe y de respeto, al comenzar la celebración. Con el correr de los siglos se habían añadido demasiados besos al altar. Actualmente han quedado sólo dos:

- el del comienzo de la celebración, que es el más antiguo, y que realizan no sólo el presidente, sino también el diácono y todos los concelebrantes.

- y el de despedida, que da sólo el presidente y el diácono, y no los concelebrantes.

También se besa el Evangelario. El que proclama la lectura del Evangelio, besa al final el libro. Al hacerlo el sacerdote dice en voz baja: "Las palabras del Evangelio borren nuestros pecados". Esta frase expresa el deseo de que la Palabra evangélica ejerza su fuerza salvadora perdonando nuestros pecados. Besar el Evangelio es un gesto de fe en la presencia de Cristo que se nos comunica como la Palabra verdadera.

Si preside el obispo se le llevará para que también éste lo bese. El beso al Evangelario se inserta dentro de una serie de acciones simbólicas en torno al Evangelio: escucharlo de pie, reservarlo al ministro ordenado, hacer al principio la señal de la cruz, incensarlo, etc.

El beso de paz antes de la comunión es uno de los modos de realizar este gesto, se puede dar con una simple inclinación de cabeza, o con un apretón de manos, pero sobre todo en grupos más reducidos, o entre familiares, o en una comunidad religiosa, es más expresivo el beso. El "ósculo de paz", como se llamaba en los primeros siglos, es algo más que un saludo o un signo de amistad. Es un deseo de unidad, una oración, un acto de fe en la presencia de Cristo y en la comunión que Él construye, un compromiso de fraternidad antes de acudir a la Mesa del Señor.

El beso a la Cruz es también frecuente. El Viernes Santo ha quedado un beso lleno de sentido: el que damos a la Cruz en el rito de su adoración. También besa la Cruz el obispo, en la recepción en su Iglesia Catedral o al comienzo de la visita pastoral en una parroquia. Lo mismo en el rito de bendición de una nueva Cruz. También son significativos otros besos, no litúrgicos, pero igualmente llenos de fe, como puede ser:

- el beso al Niño en las celebraciones de la Navidad, o

- el beso al crucifijo o a las imágenes sagradas, que mu­chos cristianos tenemos todavía la costumbre de dar.

Además de la Eucaristía, hay otras muchas celebraciones en que el beso se vuelve "litúrgico" y quiere expresar valores que contienen los diversos sacramentos. Sobre todo son significativos aquellos besos que se presentan como una bienvenida o una acogida oficial cuando una persona "entra en un estado" diferente dentro de su camino de fe:

- así, en las ordenaciones, al nuevo diácono le besan el obispo y los diáconos presentes; al nuevo presbítero, el obispo y los presbíteros presentes; al nuevo obispo, el obispo consagrante y los demás obispos presentes;

- lo mismo sucedía en los primeros siglos cuando un neófito, un recién bautizado, era besado por los ya cristianos, según describe Justino;

- en la Confirmación, el Ritual dice que el obispo saluda y desea la paz al confirmado, pero invita a las Conferencias Episcopales que piensen si es oportuno que le dé esa paz con algún gesto, podría ser el beso;

- en la celebración del Matrimonio, como una especie de ratificación del matrimonio, los mismos esposos “se dan la paz, según se juzgue oportuno”. En muchos casos este modo oportuno y espontáneo suele ser el besarse.

- la misma idea de acogida y bienvenida tiene el que los religiosos que profe­san sus votos perpetuos sean abrazados y besados por los que ya los ha­bían hecho con anterioridad.

Fuera de la liturgia, hemos besado muchas veces la mano de los sacerdotes - costumbre hoy en desuso - y muchos lo seguimos haciendo con los obispos. Un beso que ha quedado en la celebración litúrgica, por su particular significado, es el beso de los pies en el lavatorio del Jueves Santo. En aquellos lugares en los que besar no se considere una forma de reverencia se sustituirá este gesto por otro de reverencia de la cultura propia.

Cinco gestos marcan los primeros 30 días del Papa Francisco



Podemos resumir las claves del inicio de su pontificado en cinco gestos que le salieron del corazón.

El primero gesto muestra la sencillez. Se plasmó en su forma de vestir. Se presentó al mundo con una sotana blanca simple, y con la muceta (esa pequeña capa que cubre los hombros) también blanca y no roja como sus antecesores.

En segundo gesto manifiesta su cercanía. Quiso quedarse en la casa de Santa Marta, no vivir en los palacios pontificios. Celebrar misa para pequeños grupos de personas y estar cercano y disponible, seguir llamando por teléfono a sus amigos.

El tercer gesto muestra la continuidad y fidelidad al magisterio de sus antecesores, que va más allá de las diferencias de personalidad o estilo. Las imágenes del encuentro con Benedicto XVI son quizá las más impactantes de este inicio de pontificado.

El cuarto gesto muestra la ternura. El papa Francisco, se ha mostrado cercano a todos, pero sobre todo a los más necesitados y a los enfermos por los que siente una predilección especial.

El quinto gesto ilustra una de sus primeras frases: “el poder del papa es el servicio. La imagen del Papa sonriente lavando los pies de los presos de una cárcel de menores la tarde del Jueves Santo impactaron a todo el mundo.

Cinco gestos que permiten conocer mejor al papa Francisco, son una pequeña selección entre muchos, y en el futuro parece que seguirá deparando sorpresas.

Fuente:

miércoles, 10 de abril de 2013

El Misterio de la Encarnación - 1º Parte


En el tiempo de la Navidad, la Iglesia se detiene en el gran misterio de Dios que bajó de su Cielo para entrar en nuestra carne. En Jesús, Dios se encarnó, se hizo hombre como nosotros, y así nos abrió el camino hacia su Cielo, hacia la comunión plena con Él.

El Hijo de Dios se hizo hombre, como recitamos en el Credo. Pero ¿qué significa esta palabra central de la fe cristiana? Deriva del latín "incarnatio". San Ignacio de Antioquía, a finales del siglo I y especialmente San Ireneo han utilizado este término, reflexionando sobre el Prólogo del Evangelio de San Juan, en particular sobre la expresión "La Palabra se hizo carne" (Jn 1,14).

Aquí la palabra "carne" –según la costumbre hebraica– se refiere a la persona integralmente, en su totalidad, a su aspecto de caducidad y temporalidad, su pobreza y su contingencia. Y ello para decirnos que la salvación traída por el Dios hecho carne en Jesús de Nazaret, abraza al hombre en su realidad concreta y en cualquier situación en la que se encuentre.

Dios tomó la condición humana para curar de todo lo que nos separa de Él, por lo que podemos llamar, en su Hijo unigénito, con el nombre de "Abba, Padre" y ser verdaderamente sus hijos. San Ireneo dice: "Esto es por qué el Verbo se hizo hombre, y el Hijo de Dios, Hijo del hombre: para que el hombre, al entrar en comunión con la Palabra y recibiendo así la filiación divina, se convirtiera en hijo de Dios"

"El Verbo se hizo carne" es una de esas verdades a las que nos hemos acostumbrado tanto, que ya casi no nos impacta la magnitud del evento que expresa. Y de hecho, en este tiempo de Navidad, en el que esta expresión se repite a menudo en la liturgia, a veces se da mayor atención a los aspectos exteriores, a los "colores" de la fiesta, en lugar de estar atentos al corazón de la gran novedad cristiana que celebramos: algo absolutamente impensable, que sólo Dios podía obrar y en la que sólo se puede entrar con la fe.

El Logos que está con Dios, el Logos, que es Dios (cfr Jn 1, 1), para el cual fueron creadas todas las cosas (cfr. 1,3), que ha acompañado a los hombres en la historia con su luz (cfr. 1,4- 5; 1,9), se hace carne y pone su morada entre nosotros, se hace uno de nosotros (cfr. 1,14). El Concilio Ecuménico Vaticano II afirma: "El Hijo de Dios... trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado". (Constitución Gaudium et Spes, 22). Es importante, entonces, recuperar el asombro ante el misterio, dejarse envolver por la magnitud de este acontecimiento: Dios ha recorrido como un hombre nuestros caminos, entrando en el tiempo del hombre, para comunicarnos su propia vida (cfr. 1 Jn 1,1 - 4). Y no lo hizo con el esplendor de un soberano, que con su poder somete al mundo, sino con la humildad de un niño.

En el tiempo de la Navidad se suele intercambiar algunos regalos con las personas más cercanas. A veces puede ser un acto realizado por convención, pero en general expresa afecto, es un signo de amor y de estima. En la oración de las ofrendas de la Misa en la Solemnidad de la Navidad se dice: "Acepta, oh Padre, nuestra ofrenda en esta noche de luz, y por este misterioso intercambio de dones transformarnos en Cristo, tu Hijo, que elevó al hombre a tu lado en la gloria". El anhelo de la donación está en el corazón de la liturgia y recuerda a nuestra conciencia el don original de la Navidad: en esa noche santa de Dios, haciéndose carne, quiso hacerse don para los hombres, se entregó por nosotros, asumió nuestra humanidad para donarnos su divinidad.

La Orden Real y Militar de Nuestra Señora de la Merced y la Redención de los Cautivos


Más conocida como Orden de la Merced, fue fundada en 1218 por Pedro Nolasco, para la redención de los cristianos cautivos en manos de musulmanes. Los mercedarios se comprometen con un cuarto voto, añadido a los tradicionales de pobreza, obediencia y castidad de las demás órdenes, a liberar a otros más débiles en la fe, aunque su vida peligre por ello. Así, desde la restauración de la Orden en 1880 por el Maestro General P. Pedro Armengol Valenzuela, se produjo una reflexión para profundizar en cuál debía ser la tarea de los mercedarios en los nuevos tiempos.

En España, la conquista de la Península Ibérica por los árabes en el año 711 y la subsiguiente resistencia cristiana, llevó a un conflicto de más de siete siglos. En el marco del mismo, ya sea en batallas o razzias los dos bandos hacían cautivos que eran reducidos a servidumbre y estaban en peligro de perder la fe. Frente a esta situación las autoridades públicas cristianas intentarán crear sistemas de redención de esos cautivos. Ante esta situación la misma Iglesia se sentía concernida, llegando a ofrecer indulgencias de Cruzada a quienes defiendan a los cristianos de las razzias musulmanas. Es en este contexto histórico en el que va a surgir la Orden de la Merced.

De Pedro Nolasco, el fundador de la Orden conocemos poco. Un joven mercader de telas de Barcelona, intentó poner remedio a esta situación. Pronto empezó a actuar en la compra y rescate de cautivos, vendiendo cuanto tenía. La noche del 1 de agosto de 1218 se le apareció la Virgen María, le animó en sus intentos y le transmitió el mandato de fundar la Orden Religiosa de la Merced para la Redención de los Cautivos. Esta advocación mariana, que nace en España, se difundirá por el resto del mundo. Fue aprobada por la Santa Sede en 1265. Fue así como Pedro Nolasco funda una orden dedicada a la "merced" (realización de una buena acción sin esperar nada a cambio). Su misión era, pues, la misericordia para con los cristianos cautivos en manos de los musulmanes. Muchos de los miembros de la orden canjeaban sus vidas por la de presos y esclavos.

El reconocimiento oficial de la Iglesia vino de la mano del Papa Gregorio IX, quien aprobó la orden el 17 de enero de 1235, dándoles la regla de San Agustín. Estaba compuesta por religiosos y caballeros (frailes legos o coadjutores) que recibieron la institución canónica del obispo de Barcelona y la investidura militar del rey Jaime I el Conquistador. Basándose en toda la experiencia acumulada sobre los rescates de cautivos, el Rey Alfonso X de Castilla, yerno del rey Jaime I el Conquistador, recoge en las Siete Partidas, cómo habían de producirse dichos rescates.

Desde 1259 los padres Mercedarios empezaron a difundir la devoción a la Virgen de la Merced (o de las Mercedes), extendiéndola por el mundo. El culto se difundió muy pronto por Cataluña y por toda España, Francia e Italia a partir del siglo XIII. Llegarán al continente americano y pronto la devoción a la Virgen de la Merced se propaga ampliamente. En República Dominicana, Perú, Argentina, Venezuela y muchos otros países, la Virgen de la Merced es muy conocida y venerada.

martes, 9 de abril de 2013

Día Internacional del Beso


El 13 de abril se celebra el Día Internacional del Beso, una fecha que surgió gracias al beso más largo de la historia, que duró 46 horas 24 minutos y 9 segundos. En muchas ciudades, diversos tipos de concursos se organizan este día, principalmente aquellos en los que los participantes deben establecer registros de besos.

El 6 de julio es el Día del Beso Robado, que se festeja en el Reino Unido y es una celebración por aparte (aunque similar) a la del Día Mundial del Beso, el 13 de abril. La idea detrás del Día Internacional del Beso es que al parecer muchas personas han olvidado los simples placeres asociados con el beso por el beso mismo, a diferencia del besarse como mera formalidad social o como preludio de las relaciones sexuales o de otras actividades. El besarse puede ser una experiencia gozosa y placentera por sí misma. Es una expresión de la intimidad.

También ha funcionado como contrapeso a prohibiciones que existen en algunas ciudades y en algunos países que impiden que las personas se besen o incluso se abracen: por ejemplo, el caso de un profesor que fue arrestado unas horas en la ciudad de León, en el estado de Guanajuato, en México.

¿Por qué Jesús no quiso tomar vino en la cruz? - 1º Parte


Según los Evangelios, cuando crucificaron a Jesús le ofrecieron de beber en dos oportunidades. La segunda vez, la más conocida, tuvo lugar cuando Jesús ya estaba colgado en la cruz, a punto de expirar, y uno de los presentes le acercó a la boca una caña con una esponja embebida en vinagre (Mc 15,36; Mt 27,48; Lc 23,36; Jn 19,29-30). ¿De dónde sacaron ese vinagre? San Juan nos da la respuesta. Explica que cerca de la cruz “había una vasija llena de vinagre” (Jn 19,29). No se trata del vinagre que empleamos nosotros como aderezo en nuestras mesas (que sin duda es intomable), sino de una especie de mosto ácido y agrio, que los soldados romanos solían usar como bebida.

La Biblia menciona varias veces este vinagre como algo delicioso (Nm 6,3; Rt 2,14). ¿Con qué intención se lo dieron a Jesús? El texto bíblico no lo dice. Quizás para reanimarlo, al ver que se moría tan rápido. O quizás para acelerar su muerte, ya que según una antigua creencia la muerte de un crucificado se aceleraba al darle de beber. O tal vez para mofarse de él. Pero sea cual fuere la razón, lo cierto es que se trató de un acto humillante y ofensivo. Pero hay otra bebida anterior, que también le ofrecieron a Jesús durante su pasión. Ésta tuvo lugar cuando Jesús recién llegó a la colina del Gólgota, acompañado por los soldados romanos para ser crucificado junto a los dos ladrones. Mientras lo desvestían, dice San Marcos que “intentaron darle vino con mirra, pero él no lo tomó” (Mc 15,23). En vez de mirra, Mateo cambia, y dice que “le ofrecieron vino mezclado con hiel; pero él, después de probarlo, no lo quiso tomar” (Mt 27,34).

O sea que tenemos dos diferentes bebidas: una antes de la crucifixión; y otra, cuando ya estaba clavado en la cruz. La primera era vino; la segunda vinagre. A la primera no quiso tomarla; a la segunda no sabemos si la tomó o no (sólo Juan 19,30 dice que sí la bebió). De la que nos ocuparemos aquí es de la primera, la del vino. ¿Por qué le ofrecieron vino a Jesús? Antiguamente existía la costumbre de dar de beber a los condenados a muerte un sorbo de vino mezclado con aromas, para anestesiarlos y disminuir en parte los terribles sufrimientos que les esperaban. Ya en el Antiguo Testamento se decía: “Dad bebidas alcohólicas al que está por morir, y vino al que vive amargado; que beba, olvide su miseria y no se acuerde más de su desgracia” (Pro 31,6-7). También sabemos que en Jerusalén solía haber un grupo de mujeres piadosas que, como obra de caridad, daban de beber a los condenados a muerte un vaso de vino fuerte con granos de incienso, que servía como narcótico.

Esto ayuda a entender quién le ofreció el vino a Jesús. A primera vista parece que hubieran sido los soldados romanos; pero eso es imposible, ya que éstos no solían mostrar clemencia con los condenados. Quienes lo hicieron, pues, fueron estas mujeres piadosas de la ciudad, que quisieron mitigar en parte sus padecimientos en la cruz, pero vayamos ahora al tema que nos interesa: ¿por qué, según Marcos, Jesús rechazó el vino que le dieron de beber antes de la crucifixión? Los estudiosos de la Biblia han propuesto varias explicaciones.

Unos piensan que el vino que le ofrecían era un gesto de burla, y por eso no quiso probarlo. Pero ya vimos que en la escena no hay ningún detalle que insinúe que se estén burlando de Jesús. Otros opinan que, al rechazar el vino, Jesús quiso dejar establecida la prohibición de beber vino para los cristianos. Siguiendo esta interpretación, muchas iglesias y sectas cristianas actualmente prohíben a sus fieles beber alcohol, diciendo que se trata de un mandato del Señor. Sin embargo, sabemos que Jesús durante su vida bebía normalmente, y nunca rechazó el vino que le ofrecían cuando iba a comer a algún lado (Mc 2,16). Incluso sus enemigos le habían puesto el mote de “borracho” (Mt 11,19). Si Jesús nunca despreció la alegría de beber un poco de vino, ¿qué sentido tenía que, unas horas antes de morir, se pronunciara a favor de la “ley seca”? Una tercera opinión sostiene que, como el vino que le ofrecieron a Jesús era para disminuir los sufrimientos de la cruz, no quiso beberlo para poder así sufrir al máximo cada detalle de su pasión.

Pero esta interpretación tampoco parece aceptable. En efecto, dice el Evangelio que antes de su muerte, cuando Jesús rezaba en el huerto de Getsemaní, le pide a Dios: “Padre, aparta de mí este cáliz” (Mc 14,36). O sea que el mismo Marcos afirma que Jesús no buscaba ni deseaba los sufrimientos físicos. Nada, pues, hace pensar que Jesús hubiera deseado sufrir al máximo los tormentos de la cruz. Y es difícil imaginar que fuera su Padre quien le exigiera experimentar hasta el final cada detalle de dichos tormentos. Por lo tanto, es improbable pensar que Marcos contó el rechazo del vino para mostrar que quiso sufrir lo más posible en la cruz. ¿Cuál fue entonces la razón de su negativa?

Quizás la respuesta se encuentre en un episodio de la última cena. Según Marcos, la noche en que Jesús cenaba por última vez con sus apóstoles tomó una copa con vino, y luego de dar gracias a Dios la pasó a sus discípulos para que todos bebieran de ella, diciéndoles: “Ésta es mi sangre de la Alianza, que va a ser derramada por muchos”. Y agregó: “Les aseguro que ya no volveré a beber del producto de la vid hasta el día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios” (Mc 14,25).

Fuente:
Revista Vida Pastoral
Editorial San Pablo (Argentina)