domingo, 31 de marzo de 2013

Una síntesis de Semana Santa junto al Papa Francisco



Buenos Aires, 31 de Marzo de 2013, (AI).- La redacción de ANUNCIAR Contenidos ha realizado una síntesis de esta Semana Santa sobre los momentos más importantes y profundos que el Papa Francisco ha celebrado en esta fiesta de toda la Iglesia Universal.

Jueves Santo

El Papa Francisco junto a menores carcelados en la celebración propia del Jueves Santo, la Última Cena de Jesús con sus discípulos, antes de que lo apresaran, torturaran y asesinaran en la cruz. Esta es una breve síntesis de su homilía:

“Esto es conmovedor. Jesús que lava los pies a sus discípulos. Pedro no entendía nada, rechazaba. Pero Jesús se lo explicó. Jesús – Dios – ¡hizo esto! Y Él mismo lo explica a los discípulos: “¿Comprenden lo que he hecho por ustedes? Ustedes me llaman el Maestro y el Señor, y dicen bien, porque lo soy. Por tanto, si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies a ustedes, también ustedes deben lavar los pies los unos a los otros. Les he dado un ejemplo, en efecto, para que también ustedes hagan como he hecho yo.

Es el ejemplo del Señor: Él es el más importante, y lava los pies, porque entre nosotros, el que es el más alto debe estar al servicio de los demás. Y esto es un símbolo, ¿es un signo, no?

Lavar los pies es: “yo estoy a tu servicio”. Y también nosotros, entre nosotros, no es que debemos lavar los pies todos los días uno al otro, ¿pero qué significa esto? Que debemos ayudarnos, uno a otro.

A veces me he enojado con uno, con otra… pero… deja que pase, olvídalo, y si te pide un favor, se lo haces. Ayudarnos uno a otro: esto es lo que Jesús nos enseña y esto es lo que yo hago, y lo hago de corazón, porque es mi deber, como sacerdote y como obispo debo estar a su servicio.

Pero es un deber que me viene del corazón: lo amo. Amo esto y me gusta hacerlo porque el Señor así me lo ha enseñado.

Pero también ustedes, ayúdense. Ayúdense siempre. Uno a otro. Y así, ayudándonos, nos haremos el bien. Ahora haremos esta ceremonia de lavarnos los pies y pensemos, cada uno de nosotros piense: “¿Verdaderamente yo estoy dispuesta, estoy dispuesto a servir, a ayudar al otro?”.

Pensemos esto solamente. Y pensemos que este signo es una caricia de Jesús, que hace Jesús, porque Jesús ha venido precisamente para esto: para servir, para ayudarnos”

Viernes Santo

El pasado Viernes Santo, Francisco presidió la celebración de la Pasión del Señor en la Basílica de San Pedro. El capuchino Raniero Cantalamessa -predicador de la casa pontificia- tuvo a su cargo la meditación, titulada "Justificados gratuitamente por medio de la fe en la sangre de Cristo", esta es una síntesis:

“Tenemos la posibilidad de tomar, en este día, la decisión más importante de la vida, aquella que nos abre las puertas de la eternidad: ¡creer! ¡Creer en que "Jesús murió por nuestros pecados y ha resucitado para nuestra justificación”

“Tenemos que hacer todo lo posible para que la Iglesia no se convierta nunca en aquel castillo complicado y atestado descrito por Franz Kafka -escritor praguense de origen judío-, y para que el mensaje pueda salir de ella libre y feliz como cuando inició su recorrido. Sabemos cuáles son los impedimentos que puedan retener al mensajero: los muros divisorios, empezando por aquellos que separan a las varias iglesias cristianas entre ellas, el exceso de burocracia, las partes de ceremoniales, leyes y controversias pasadas, convertidas en escombros”

Francisco presidió la noche del viernes el tradicional “Via Crucis” en el Coliseo: un camino de oración que nos adentra en la meditación de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo en su camino al Calvario.

“En esta noche debe permanecer sólo una palabra, que es la Cruz misma. La Cruz de Jesús es la Palabra con la que Dios ha respondido al mal del mundo. A veces nos parece que Dios no responde al mal, que permanece en silencio. En realidad Dios ha hablado, ha respondido, y su respuesta es la Cruz de Cristo: una palabra que es amor, misericordia, perdón”

Sábado Santo

Francisco presidió la celebración de la Vigilia Pascual en la noche santa en la Basílica de San Pedro del sábado. En su homilía, el Papa dijo:
“En el Evangelio de esta noche luminosa de la Vigilia Pascual, encontramos primero a las mujeres que van al sepulcro de Jesús, con aromas para ungir su cuerpo (Cfr. Lc 24, 1-3). Van para hacer un gesto de compasión, de afecto, de amor; un gesto tradicional hacia un ser querido difunto, como hacemos también nosotros. Habían seguido a Jesús.

Lo habían escuchado, se habían sentido comprendidas en su dignidad, y lo habían acompañado hasta el final, en el Calvario y en el momento en que fue bajado de la cruz. Podemos imaginar sus sentimientos cuando van a la tumba: una cierta tristeza, la pena porque Jesús les había dejado, había muerto, su historia había terminado. Ahora se volvía a la vida de antes.

Pero en las mujeres permanecía el amor, y es el amor a Jesús lo que les impulsa a ir al sepulcro. Pero, a este punto, sucede algo totalmente inesperado, una vez más, que perturba sus corazones, trastorna sus programas y alterará su vida: ven corrida la piedra del sepulcro, se acercan, y no encuentran el cuerpo del Señor. Esto las deja perplejas, dudosas, llenas de preguntas: «¿Qué es lo que ocurre?», «¿qué sentido tiene todo esto?» (Cfr. Lc 24, 4).

¿Acaso no nos pasa así también a nosotros cuando ocurre algo verdaderamente nuevo respecto a lo de todos los días? Nos quedamos parados, no lo entendemos, no sabemos cómo afrontarlo. A menudo, la novedad nos da miedo, también la novedad que Dios nos trae, la novedad que Dios nos pide. Somos como los apóstoles del Evangelio: muchas veces preferimos mantener nuestras seguridades, pararnos ante una tumba, pensando en el difunto, que en definitiva sólo vive en el recuerdo de la historia, como los grandes personajes del pasado. Tenemos miedo de las sorpresas de Dios; tenemos miedo de las sorpresas de Dios. Él nos sorprende siempre”

Domingo de Resurrección

El Papa Francisco ha presidido en la plaza de san Pedro, la Santa Misa del día de Pascua de Resurrección. Más de 250 mil fieles y peregrinos han participado en la ceremonia, al final de la cual el Santo Padre, desde el balcón central de la basílica vaticana, ha pronunciado el Mensaje pascual y ha impartido su bendición Urbi et Orbi, la síntesis:

“Jesús ha resucitado, está la esperanza para ti, ya no estás bajo el dominio del pecado, del mal. Ha vencido el amor, ha triunfado la misericordia. Siempre vence la misericordia de Dios”

“Cristo murió y resucitó una vez para siempre y por todos, pero el poder de la resurrección, este paso de la esclavitud del mal a la libertad del bien, debe ponerse en práctica en todos los tiempos, en los momentos concretos de nuestra vida, en nuestra vida cotidiana. Cuántos desiertos debe atravesar el ser humano también hoy. Sobre todo el desierto que está dentro de él, cuando falta el amor de Dios y del prójimo, cuando no se es consciente de ser custodio de todo lo que el Creador nos ha dado y nos da. Pero la misericordia de Dios puede hacer florecer hasta la tierra más árida, puede hacer revivir incluso a los huesos secos”

“Acojamos la gracia de la Resurrección de Cristo. Dejémonos renovar por la misericordia de Dios, dejemos que la fuerza de su amor transforme también nuestras vidas; y hagámonos instrumentos de esta misericordia, cauces a través de los cuales Dios pueda regar la tierra, custodiar toda la creación y hacer florecer la justicia y la paz”

Síntesis:
ANUNCIARContenidos
para el programa radial
EL ALFA y la OMEGA

Fuente:

martes, 26 de marzo de 2013

El teólogo Hans Küng expresa que por la elección de Francisco se inició una nueva era para la Iglesia



Gratamente sorprendido, conmovido y esperanzado se declaró Hans Küng, el teólogo más progresista del catolicismo, por la elección del Cardenal Argentino, el jesuita Mons. Jorge Mario Bergoglio como nuevo sumo pontífice de la Iglesia.

Al igual que un sinnúmero de especialistas en asuntos del Vaticano, el estudioso suizo daba por hecho que el cónclave elegiría a un papa no europeo y que los cardenales con más opciones provenían de América Latina. No obstante, entre sus cálculos no figuraba el nombre del arzobispo de Buenos Aires (Argentina), por su parquedad y poca disposición a promoverse a sí mismo.

“Pero del mismo tamaño de la esperanza que ha despertado su llegada son la expectativa y la exigencia con la que el mundo medirá su desempeño ante el gran desafío de reformar a la Iglesia en crisis”, sostiene Küng.

Su júbilo por la elección del cardenal argentino contrasta con su posición sumamente crítica frente a todos los asuntos del Vaticano. ¿A qué se debe? “El cónclave ha elegido muy bien, tanto por el nombre como por la región. América Latina merecía hace décadas ser tenida en cuenta veraz y efectivamente. Que la región llegue hoy a la cúspide de la Iglesia no es un acto furtivo, sino un asunto de lo más justo, propicio y vital”

Sobre el nombre que eligió el nuevo papa, expresó: “El mayor regocijo lo sentí cuando escuché que Jorge Mario Bergoglio había adoptado el nombre de Francisco. Con la elección de ese nombre, ya anunció un gran programa para su pontificado y para la Iglesia. Reconoce a San Francisco de Asís como el guardián de su apostolado, su guía y su ejemplo por seguir. Es decir, humildad, desprendimiento, fuerza de carácter y rebeldía, comandados por el profundo recogimiento en Dios”.

“Al mismo tiempo, con ese nombre el nuevo papa ha rendido tributo al misticismo y a la inagotable capacidad de esperanza y recuperación de su región. ¿Qué hogar católico de América del Sur no tiene como señal de su cristianismo la imagen de San Francisco de Asís, rogando a Dios por que haga de él un instrumento de su paz? ¿Qué niño de América del Sur no conoce de memoria esa oración y recurre a ella con devoción, cada vez que necesita calmar sus tempestades internas o volver a comenzar?”

“Muchos siglos convulsos han pasado y San Francisco sigue operando en muchos, muchísimos creyentes. Si su humildad y desprendimiento guían a la Iglesia, estaremos por muy buen camino”

Hans expresó que sobre la era que estamos viviendo en la que el sumo pontífice tendrá que convivir con un papa emérito, residente en el Vaticano, comentando que “Son dos personalidades diferentes. El nuevo papa encontrará el camino. Si lo que quiere es hacer un verdadero apostolado y lo demuestra, el mundo entero lo rodeará y lo arropará. Ello desactivaría cualquier ruido que pueda traer esta nueva circunstancia”.

“Pero lograr la aprobación de los fieles requiere que tenga la voluntad de asumir el gran reto de ejecutar las reformas que la Iglesia necesita y que los fieles reclaman”.

“Ese es el gran interrogante: ¿Va a tener la voluntad para hacerlo o quiere que las cosas sigan como hasta ahora? Lo segundo significaría convertirse en el sucesor de la línea conservadora de Juan Pablo II y Benedicto XVI, que ha llevado a la Iglesia a donde está: sumida en el desprestigio, absorta, centrada en sus propios intereses y no en el bien de sus fieles, obsoleta y perdiendo miles y miles de creyentes cada día”.

“¿Cuál es el otro camino? Proseguir la obra del hoy beato Juan XXIII, quien en solo cinco años de papado –entre 1958 y 1963– logró cambiar la faz y el espíritu del catolicismo, mediante el Concilio Vaticano II”

El teólogo suizo Hans Küng instó al nuevo papa Francisco a "limpiar la Curia", la pregunta es si podrá imponerse a la Curia. "Jurídicamente hablando tiene todo el poder y si quiere podrá hacer muchas cosas. Pero debe usar esa autoridad para limpiar la Curia, rodeándose de la gente correcta y quitando ya a al secretario de Estado Tarcisio Bertone, que es un incompetente", destacó Küng.

El Papa Francisco debe tener coraje y formar un gabinete de gente experimentada. Küng consideró que el Papa "puede revisar ya la reforma gregoriana, que impuso el absolutismo papal, un fuerte clericalismo y el celibato, e ir hacia un sistema colegiado, del papa con los obispos, para dejar atrás el absolutismo y abrir un debate libre sobre el celibato. Por ahora ha demostrado que puede cambiar", destacó el teólogo.

Por otra parte, cuestionó en parte la propuesta del nuevo papa, el primero jesuita y latinoamericano, de "una Iglesia pobre para los pobre, la pobreza en sí misma no es un ideal. Especialmente en América Latina, lo que tiene que hacer la Iglesia es ayudar a la gente a salir de la pobreza. La Iglesia tiene que estar al lado de los pobres y el poder tiene que reconocer que la Iglesia debe protestar contra los abusos, contra la miseria", señaló.

Al ser consultado si la elección de un jesuita fue en detrimento del Opus Dei o los Legionarios de Cristo, Küng fue cauto.

"También hay gente buena en esos movimientos, con intenciones honestas. Pero supongo que el nuevo Papa no olvida que los jesuitas fueron tratados de muy mala manera, fueron humillados, especialmente por Juan Pablo II. Estoy seguro de que Francisco no es un papa vengativo, pero tiene que tomar distancia del poder financiero del Opus Dei y de los Legionarios de Cristo", sostuvo.

Küng consideró en tanto "una sorpresa muy feliz" la elección de Bergoglio como nuevo papa. "Él es el hombre adecuado, que trae esperanza, evita la pompa y está cambiando el estilo de Benedicto XVI", subrayó.

La Revelación de Dios al Hombre – 1º Parte


El Antiguo Testamento nos dice cómo Dios, después de la creación, a pesar del pecado original y de la arrogancia del hombre de querer ponerse en el lugar de su Creador, vuelve a ofrecer la posibilidad de su amistad, sobre todo a través de la alianza con Abraham y el camino de un pueblo pequeño, el de Israel, que Él elige, no criterios de poder terrenal, sino simplemente por amor. Es una elección que sigue siendo un misterio y revela el estilo de actuar de Dios, que llama a algunos, no para excluir a los demás, sino para que sirvan de puente con el fin de conducir hacia Él. Elección siempre para el otro. En la historia del pueblo de Israel, podemos volver a recorrer las etapas de un largo camino, en el que Dios se deja conocer, se revela, entra en la historia con palabras y con acciones.

Para esta obra, Él se sirve de mediadores, como Moisés, los Profetas y los Jueces, que comunican al pueblo su voluntad, recuerdan la necesidad de fidelidad a la alianza y mantienen viva la espera de la realización plena y definitiva de las promesas divinas. En Jesús de Nazaret, Dios visita realmente a su pueblo, visita a la humanidad de una manera que va más allá de todas las expectativas: envía a su Hijo Unigénito, Dios mismo se hace hombre. Jesús no nos dice algo acerca de Dios, no habla simplemente del Padre –sino que es Revelación de Dios, porque es Dios– nos revela el rostro de Dios. En el prólogo de su Evangelio, Juan escribe: " Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre "(Jn 1,18).

Quisiera detenerme en este "revelar el rostro de Dios". En este contexto, Juan, en su Evangelio, nos narra un hecho significativo, que acabamos de escuchar. Al acercarse la Pasión, Jesús tranquiliza a sus discípulos, exhortándoles a no tener miedo y tener fe, luego entabla un diálogo con ellos, en el que habla de Dios Padre (cfr. Jn 14,2-9). En un momento, el apóstol Felipe le pide a Jesús: "Señor, muéstranos al Padre y nos basta" (Juan 14:8). Felipe es muy práctico y concreto: dice también lo que nosotros queremos decir, queremos ver al Padre - le pide "ver" el Padre, para ver su rostro. La respuesta de Jesús –no sólo a Felipe, sino también a nosotros– nos introduce en el corazón de la fe cristológica. El Señor afirma: "El que me ha visto, ha visto al Padre" (Jn 14, 9). En esta expresión se encierra sintéticamente la novedad del Nuevo Testamento, aquella novedad que apareció en la gruta de Belén: Dios se puede ver, Dios ha manifestado su rostro, es visible en Jesucristo.

En todo el Antiguo Testamento está presente el tema de la "búsqueda del rostro de Dios", el anhelo de conocer este rostro, de ver a Dios como es, se repite 400 veces, de las que 100 se refieren a Dios, cien veces se refiere y se quiere ver el rostro de Dios. Y, sin embargo, la religión hebraica, prohibiendo por completo las imágenes, porque Dios no se puede representar –como hacían los pueblos cercanos con la adoración de los ídolos, por lo tanto con esta prohibición de imágenes en el Antiguo Testamento– parece excluir totalmente el "ver" del culto y de la piedad ¿Qué significa, entonces, para el piadoso israelita, buscar a pesar de todo el rostro de Dios, aun sabiendo que no puede haber ninguna imagen suya? La pregunta es importante: por un lado, quiere decir que Dios no puede ser reducido a un objeto, como una imagen que se puede tomar en la mano, así como no se puede poner algo en lugar de Dios, y por el otro, se afirma que Dios tiene un rostro, es decir que es un "Tú", que puede entrar en una relación, que no está cerrado en su Cielo, mirando desde lo alto a la humanidad.

Dios está sin duda por encima de todo, pero se dirige hacia nosotros, nos escucha, nos ve, habla, establece alianza, es capaz de amar. La historia de la salvación es la historia de Dios con la humanidad y la historia de esta relación de Dios, que se revela progresivamente al hombre, que se hace conocer a sí mismo, su rostro. El esplendor del rostro divino es la fuente de la vida, es lo que permite ver la realidad; la luz de su rostro es la guía de la vida. En el Antiguo Testamento hay una figura a la que está enlazado de forma muy especial el tema del ‘rostro’ de Dios. Se trata de Moisés, aquel al que Dios elige para liberar al pueblo de la esclavitud de Egipto, donarle la Ley de la alianza y guiarlo a la Tierra prometida.

Después Moisés regresaba al campamento, pero Josué –hijo de Nun, su joven ayudante– no se apartaba del interior de la tienda. Pues bien, en el capítulo 33 del libro del Éxodo, se dice que Moisés tenía una relación cercana y confidencial con Dios: "El Señor conversaba con Moisés cara a cara, como lo hace un hombre con su amigo". (v. 11). En virtud de esta confianza, Moisés pide a Dios: "Muéstrame tu gloria", y la respuesta de Dios es clara: «Haré pasar junto a ti toda mi bondad y pronunciaré delante de ti el nombre del Señor… Pero tú no podrás ver mi rostro, porque ningún hombre puede verme y seguir viviendo…Aquí a mi lado tienes un lugar… tú verás mis espaldas. Pero nadie puede ver mi rostro». (Ex. 33, 18-23).

Por un lado, hay un diálogo cara a cara, como amigos, pero por el otro, hay la imposibilidad, en esta vida, de ver el rostro de Dios, que permanece oculto; la visión es limitada. Al final, a Dios sólo se le puede seguir, viendo sus hombros. Algo completamente nuevo sucede, sin embargo, con la Encarnación. La búsqueda del rostro de Dios recibe un cambio radical increíble, porque ahora se puede ver este rostro: el de Jesús, el Hijo de Dios que se hace hombre. En Él se cumple el camino de la revelación de Dios comenzado con la llamada de Abraham, Él es la plenitud de esta revelación, porque él es el Hijo de Dios, es a la vez "mediador y plenitud de toda la Revelación", y en Él el contenido de la Revelación y el Revelador coinciden. Jesús nos muestra el rostro de Dios y nos enseña el nombre de Dios. En la Oración sacerdotal de la Última Cena, Él le dice al Padre: "He manifestado tu nombre a los hombres... Yo les he dado a conocer tu nombre" (cf. Jn 17,6.26).

Los “Apóstoles” de Francisco



Miriam le da la teta a su bebé y en el pecho se le ven los cortes. Una noche, dice, cuando el paco la había dejado tan flaca que necesitaba ayuda para pararse, unos pibes la agarraron en el Puente Alsina, la desmayaron a patadas, le dieron 23 puñaladas y la tiraron al Riachuelo.

Está nublado y hay olor a tuco en la villa y al lado de Miriam está Mario. No se conocen pero sus historias están enhebradas por el mismo hilo. Una tarde, Mario se encerró en una casilla con sus amigos. Tenía una bolsa de pegamento en una mano, un revólver en la otra y la idea fija de jugar a la ruleta rusa.

Mario frunce la cara y se ve: todavía le retumba el balazo que mató al que estaba sentado al lado. Y acá es donde sus historias se tocan. Miriam vivía en la Villa 21.24, en Barracas, Mario, en la 1.11.14, en el Bajo Flores: las dos villas a las que el Arzobispo de Buenos y Cardenal Primado de la Argentina Mons. Jorge Bergoglio: hoy el Papa Francisco, fue a lavarle los pies a chicos adictos al paco.

Lo que siguió no fue un milagro ni una recuperación instantánea pero para ellos fue una bisagra: ahí donde el Estado no estaba, la Iglesia no se les acercaba con el sermón ni con la Biblia en la mano. Se acercaba a través de los “curas villeros”, seguidos de cerca por el nuevo Papa, metiéndose en las ranchadas, acompañándolos a internarse, enfrentando a los narcos y convenciendo a los adictos de que sí tenían una posibilidad.

Un jueves Santo, hace exactamente cinco años, Bergoglio vino a esta parroquia, en la Villa 21-24 y Zavaleta. Ese día lavó y besó los pies a 12 jóvenes que peleaban contra el paco –imitando el gesto de Jesús con sus apóstoles durante la Última Cena– e inauguró el Hogar Hurtado.

Los “curas villeros” hicieron el trabajo duro pero él estaba ahí. “Bergoglio dejó de mandar curas a otros lugares para traerlos a las villas. Nos conseguía los recursos para hacer los comedores y nos apoyó cuando salimos a denunciar que las villas son zonas liberadas donde las drogas están despenalizadas de hecho y el Estado no se mete. Nadie puede hablar de algo que no vive pero él podía porque tenía una relación directa con la gente de la villa”, declara el Padre Pepe.

Empezaron tres y ahora los “curas villeros” son más de 20. Saben que la recuperación no es rápida y que el paco está siempre listo para colarse en las grietas emocionales.

Uno de los jóvenes recuperado: Mario, pasó de pegarle un tiro a alguien y dejarlo en silla de ruedas a decir esto: “Yo estaba destrozado, lleno de forúnculos por el consumo y por comer de la calle y Bergoglio me besó los pies. Capaz suena exagerado pero sentí que no le daba asco, que me decía que había una posibilidad”.

Miriam –la única mujer de los elegidos en la villa 21– pasó de arrancarse los dedos con una botella rota revolviendo la basura a formar una familia. “La última vez que me vio yo estaba embarazada. Bergoglio me abrazó y me dijo: ‘Ya está”. Pero Miriam andaba triste: le faltaba reencontrarse con dos hijas a las que había abandonado por el paco. “Lo acompañé a la parada y él me dijo ‘paciencia Miriam, paciencia, vos sos una luchadora’. Tenía razón. Se va a poner contento cuando se entere que recuperé a mi familia”.

Fuente:

La Serpiente del Paraíso – 2º Parte


Durante siglos, los israelitas sintieron que su Dios era un excelente compañero de viaje y protector en los caminos. Pero cuando empezaron a instalarse en la tierra prometida, en Canaán, y a volverse sedentarios, las cosas empezaron a cambiar. Allí entraron en contacto con la población local, es decir, los cananeos, mucho más evolucionados y desarrollados que ellos. Ahora bien, los cananeos llevaban siglos instalados en la tierra, y por lo tanto eran completamente sedentarios, conocían muy bien la agricultura, y vivían de los frutos del campo, de las viñas y del producto de sus ganados. El dios de ellos se llamaba Baal y, por supuesto, era el Dios que les proporcionaba las lluvias, la cosecha y la fertilidad de los campos. La forma más común con que lo representaban era la de una serpiente, símbolo de la vida y de la inmortalidad. Baal tenía una compañera femenina, la diosa Asherá, diosa del amor y de la fecundidad.

Según las creencias cananeas, Baal y Asherá mantenían permanentes relaciones para asegurar la fecundidad de la tierra, de los rebaños y de los seres humanos. Por eso todas las fiestas religiosas cananeas estaban relacionadas con la cosecha. ¿Y cómo le rendían culto los cananeos a sus divinidades? Mediante la prostitución sagrada. En efecto, al ser un pueblo eminentemente agrícola, los cananeos pensaban que la fertilidad del campo y el éxito de la cosecha, su principal fuente de vida, dependían de la unión sexual de Baal con su esposa Asherá. Y que había que reproducir, aquí en la tierra, esas mismas relaciones, a fin de mantener la fecundidad. Para ello acondicionaban pequeñas habitaciones al lado del templo, y allí los cananeos actualizaban aquellas relaciones divinas, con prostitutas sagradas que estaban dedicadas a eso en los templos.

En un principio la religión cananea no significó ningún problema para los israelitas. Ellos tenían en claro que sólo Yahvé era su Dios, el que los había sacado de Egipto y los había acompañado a lo largo del desierto durante años, cuidándolos y protegiéndolos. Pero a medida que pasaban los años y se iban sedentarizando, los hebreos empezaron a dudar de que Yahvé les fuera útil. Este Dios, originario del desierto, ¿entendería de las lluvias, los trabajos del campo y la cría del ganado? Este Dios solitario, sin esposa ni experiencia en la fecundidad, ¿Podría ayudarlos a ellos ahora, en su nueva tarea de agricultores? ¿No sería preferible dejarlo y acudir a alguien con mayor experiencia en materia de cosechas, como eran Baal y su esposa?

Además, la religión cananea era muy sencilla y fácil de cumplir. Consistía exclusivamente en ceremonias rituales. No incluía ninguna exigencia moral, ni compromiso personal, ni conversión alguna, ni obligaba a practicar la justicia, el amor o el respeto a los demás. Bastaba con la prostitución sagrada, un rito mágico y supersticioso, para agradar a Dios y obtener la bendición de las cosechas. Semejante religión era más agradable que las duras exigencias de la Ley de Dios. Es fácil, pues, imaginar el serio peligro que la religión cananea comenzó a significar para los hebreos, herederos de la austera religión de Moisés.

Fue así como, poco a poco, si bien Yahvé siguió siendo el gran Dios nacional, a la hora de asegurar la fertilidad del suelo y la regularidad de las lluvias empezaron a volverse hacia la serpiente, símbolo de Baal. Comenzaron a visitar sus templos, a participar de sus ritos, y a introducirse furtivamente en las chozas de las prostitutas sagradas durante las grandes fiestas. El culto a las divinidades de la fertilidad fue, durante siglos, una permanente tentación para los israelitas. A veces con más fuerza, otras con menos, lo cierto es que Baal y Asherá terminaron seduciendo a los israelitas, que honraban a Yahvé, pero rendían culto apasionado a estos otros dioses.

Así estaban las cosas, cuando un escritor anónimo del siglo X decidió escribir un relato (nuestros actuales capítulos 2 y 3 del Génesis), para denunciar los peligros que estaba ocasionando la religión cananea entre sus hermanos israelitas. Según él, la sociedad toda (representada en Adán y Eva) debería estar viviendo en un Paraíso. Y sin embargo vivía en medio de injusticias, hambre, dolores, muerte. Y la causa de todos estos males no era otra que la serpiente, la religión cananea, que llevaba al pueblo a refugiarse en meros ritos exteriores y a olvidar las elevadas exigencias de la Ley de Dios. A buscar la protección de Dios y la felicidad no a través de una vida moral, justa, honesta, al servicio a sus hermanos, sino mediante meras prácticas fetichistas.

¿Y por qué dice el autor del Génesis que la serpiente lleva a “comer del árbol de la ciencia del bien y del mal”? En hebreo decir “el bien y el mal”, equivale a decir “todo”, “todas las cosas”. Y como una de las prácticas cananeas consistía en consultar a los adivinos y hechiceros para conocer las cosas futuras, algo inaudito para un buen israelita que sabía que el futuro del hombre está sólo en manos de Dios y no de un adivino, al pecado del Paraíso lo describe como el de pretender “conocer el bien y el mal”, es decir, todo el futuro del hombre. El autor del Génesis quiso referirse a los males que en su sociedad estaba ocasionando la religión cananea. No habla de un hecho sucedido en los orígenes de la humanidad, ni pretendía culpar a una pareja determinada por los males que existían en el mundo.

Si presenta este pecado como cometido en los orígenes, es para decirle a los lectores que ese pecado (el de seguir a la religión cananea) está en el origen, en la raíz, en la base de todos los otros males sociales. Y les advierte sobre las posibilidades futuras (las de construir un Paraíso), que se están perdiendo por su mal proceder. Con el transcurso de los siglos desapareció la religión cananea, y entonces la serpiente perdió su primitivo sentido y pasó a ser para la mentalidad judía un símbolo del mal, del adversario divino, del pecado. Cuando en el exilio de Babilonia, siglos más tarde, los israelitas conocieron la figura de Satanás o Diablo, lo identificaron con su antiguo símbolo del mal, la serpiente del Paraíso. Y por eso, novecientos años después del Génesis, el libro de la Sabiduría dice sin problemas: “Por envidia del Diablo entró la muerte en el mundo” (2, 24). Ésta es la primera vez que la serpiente del Paraíso, que en el Génesis representaba a la religión cananea, aparece identificada con el Diablo. Y desde entonces esta idea se popularizó entre nosotros.

El autor del Génesis supo encontrar una respuesta a los grandes males de su tiempo. Descubrió que la pobreza, las injusticias sociales, los problemas laborales, los dramas familiares, la vida misma del pueblo, podrían ser distintas si no anduviesen detrás de aquella serpiente. Denunció, así, la inexcusable responsabilidad de la gente frente a las miserias que se vivían. No era voluntad de Dios la tragedia que envolvía a la sociedad, sino que se debía a que los israelitas se habían volcado hacia la religión de los cananeos. Y peor aún, ellos no parecían percatarse ni ver la gravedad. La serpiente era una voz seductora que, sin que el pueblo se diera cuenta, lo llevaba a abandonar la Ley de Dios, perdiéndose en el marasmo de la magia y en una religiosidad meramente exterior y fetichista.
Hoy el Génesis nos invita a descubrir lo mismo. A hacer una lista de los males que nos rodean, y tomar conciencia de que también a nosotros, subrepticiamente, se nos está colando una serpiente, que con voz seductora habla a nuestro pueblo, a nuestra gente, a nuestros gobernantes, a nuestros dirigentes, para alejarnos de la Ley de Dios. Que nos lleva a construir una sociedad mezquina, de miseria, de opresión, de injusticias, de niños abandonados, de mujeres sometidas, de hombres sin trabajo, de corrupción social, insolidaria, mientras nos sentimos religiosos porque practicamos devociones y ritos exteriores. Descubrirla a tiempo es el gran desafío. Para desenmascararla, para no escucharla más. Para que por fin amanezca el Paraíso.

domingo, 24 de marzo de 2013

Jesús: rostro misericordioso de Dios vence el mal, reitera Francisco



Radio Vaticana, 24.03.2013, (RV).- (Con Audio) «¡Por favor no se dejen robar la esperanza que nos da Jesús!», alentó Francisco. «Esta asamblea litúrgica es preludio de la Pascua del Señor, a la que nos estamos preparando con la penitencia y las obras de caridad, desde el comienzo de Cuaresma», dijo hoy al comenzar la celebración del Domingo de Ramos, recordando que «Jesús entra a Jerusalén para dar cumplimiento al misterio de su muerte y resurrección». Tres temas estuvieron en el centro de la homilía el Papa: alegría - «un cristiano no puede ser jamás un ser triste: la alegría nace de haber encontrado a Jesús –, cruz - «es con la cruz que Dios ha vencido el mal», jóvenes - «desde hace 28 años el Domingo de Ramos es la Jornada de la Juventud. Ustedes jóvenes tienen una parte importante en la celebración de la fe». En sus intensas palabras, el Papa invitó también a acompañar «con fe y devoción a nuestro Salvador en su entrada a la ciudad santa, pidiendo la gracia de seguirlo hasta la cruz, para ser partícipes de su resurrección».

Francisco hizo hincapié en que «Jesús nos mira con la misericordia de Dios a todos nosotros, que mira nuestras enfermedades, nuestros pecados. Es grande el amor de Jesús. Y así entra a Jerusalén con este amor y nos mira a todos». Destacando la luz del amor de Jesús, la de su corazón, recordó que «Jesús es Dios, pero se abajó a caminar con nosotros. Es nuestro amigo, nuestro hermano. El que nos ilumina en el camino. Y así hoy lo recibimos.»

«Ésta es la primera palabra que les quisiera decir: ¡alegría!, pero nace por haber encontrado a una Persona: Jesús que está en medio de nosotros», enfatizó el Santo Padre, invitando a no desalentarse ante el mal, cuando «viene el enemigo, viene el diablo, disfrazado de ángel tantas veces e insidiosamente nos dice su palabra ¡No lo escuchen! ¡Sigamos a Jesús!»

«¡Y por favor no se dejen robar la esperanza! ¡No se dejen robar la esperanza! Aquella que nos da Jesús», exhortó Francisco, para luego poner de relieve que la que recibe a Jesús es gente humilde y sencilla, que tiene el sentido de ver en Jesús algo más: tiene ese sentido de la fe que dice: “éste es el Salvador”. Recordando lo que Benedicto XVI decía a los cardenales: Ustedes son príncipes, pero de un Rey crucificado. Ese es el trono de Jesús”. Jesús toma sobre sí, ¿por qué la Cruz? Porque toma sobre sí el pecado del mundo y lo lava con su misericordia.

Lamentando la sed de poder y de dinero que es fuente de tantos sufrimientos para la humanidad, Francisco recordó que el dinero nadie puede llevárselo consigo, debe dejarlo y añadió: «mi abuelita nos decía a los niños: el sudario no tiene bolsillos».

Antes de concluir su homilía se dirigió en particular a los jóvenes: «deben decir al mundo: “¡Es bueno seguir a Jesús; es bueno caminar con Jesús; es bueno el mensaje de Jesús; es bueno salir de sí mismos, de las periferias del mundo y de la existencia para llevar a Jesús! Tres palabras: alegría, cruz, jóvenes.

Después de la tradicional y solemne procesión con ramos de olivo y de palma, que caracteriza este día, en la Plaza de San Pedro iluminada por el sol, con la participación de más de doscientas mil personas, el Obispo de Roma presidió la Santa Misa y pronunció su homilía:

Texto completo de la homilía del Papa

Jesús entra en Jerusalén. La muchedumbre de los discípulos lo acompañan festivamente, se extienden los mantos ante él, se habla de los prodigios que ha hecho, se eleva un grito de alabanza: «¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en lo alto» (Lc 19,38).

Gentío, fiesta, alabanza, bendición, paz. Se respira un clima de alegría. Jesús ha despertado en el corazón tantas esperanzas, sobre todo entre la gente humilde, simple, pobre, olvidada, esa que no cuenta a los ojos del mundo. Él ha sabido comprender las miserias humanas, ha mostrado el rostro de misericordia de Dios, se ha inclinado para curar el cuerpo y el alma. Éste es Jesús. Éste es su corazón que nos mira a todos nosotros, que mira nuestras enfermedades, nuestros pecados. Es grande el amor de Jesús. Y así entra a Jerusalén con este amor y nos mira a todos .Y ahora entra en la Ciudad Santa.   Es una bella escena, llena de luz, la luz del amor de Jesús, la de su corazón de alegría, de fiesta.

Al comienzo de la Misa, también nosotros la hemos repetido. Hemos agitado nuestras palmas, nuestros ramos de olivo, y hemos cantado: «¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!» (Antífona); también nosotros hemos acogido al Señor; también nosotros hemos expresado la alegría de acompañarlo, de saber que nos es cercano, presente en nosotros y en medio de nosotros como un amigo, como un hermano, también como rey, es decir, como faro luminoso de nuestra vida. Jesús es Dios, pero se abajó a caminar con nosotros. Es nuestro amigo, nuestro hermano. El que nos ilumina en el camino. Y así hoy lo recibimos. Ésta es la primera palabra que les quisiera decir: ¡alegría!

No sean nunca hombres, mujeres tristes: un cristiano jamás puede serlo. Nunca se dejen dejéis vencer por el desánimo. Nuestra alegría no es algo que nace de tener tantas cosas, sino nace por haber encontrado a una Persona, Jesús, que está en medio de nosotros; de saber que, con él, nunca estamos solos, incluso en los momentos difíciles, aun cuando el camino de la vida tropieza con problemas y obstáculos que parecen insuperables..., y ¡hay tantos! Y en este momento viene el enemigo, viene el diablo, disfrazado de ángel tantas veces e insidiosamente nos dice su palabra ¡No lo escuchen! ¡Sigamos a Jesús!

Nosotros acompañamos, seguimos a Jesús, pero sobre todo sabemos que él nos acompaña y nos carga sobre sus hombros: en esto reside nuestra alegría, la esperanza que hemos de llevar en este mundo nuestro. Y por favor no se dejen robar la esperanza! ¡No se dejen robar la esperanza! Aquella que nos da Jesús.

Segunda palabra: ¿Por qué Jesús entra en Jerusalén? O, tal vez mejor, ¿cómo entra Jesús en Jerusalén? La multitud lo aclama como rey. Y él no se opone, no la hace callar (cf. Lc 19,39-40). Pero, ¿qué tipo de rey es Jesús? Mirémoslo: montado en un pollino, no tiene una corte que lo sigue, no está rodeado por un ejército, símbolo de fuerza. Quien lo acoge es gente humilde, sencilla, que tiene el sentido de ver en Jesús algo más: tiene ese sentido de la fe que dice: “éste es el Salvador”. Jesús no entra en la Ciudad Santa para recibir los honores reservados a los reyes de la tierra, a quien tiene poder, a quien domina; entra para ser azotado, insultado y ultrajado, como anuncia Isaías en la Primera Lectura (cf. Is 50,6); entra para recibir una corona de espinas, una caña, un manto de púrpura: su realeza será objeto de burla; entra para subir al Calvario cargando un madero.

Y, entonces, he aquí la segunda palabra: cruz. Jesús entra en Jerusalén para morir en la cruz. Y es precisamente aquí donde resplandece su ser rey según Dios: ¡su trono regio es el madero de la cruz!. Pienso en lo que Benedicto XVI decía a los cardenales: Ustedes son príncipes, pero de un Rey crucificado. Ese es el trono de Jesús”. Jesús toma sobre sí.... ¿Por qué la Cruz? Porque Jesús toma sobre sí el mal, la suciedad, el pecado del mundo, también el nuestro, y lo lava, lo lava con su sangre, con la misericordia, con el amor de Dios. Miremos a nuestro alrededor: ¡cuántas heridas inflige el mal a la humanidad! Guerras, violencias, conflictos económicos que se abaten sobre los más débiles, la sed de dinero, que luego nadie puede llevarse consigo, debe dejarlo. Mi abuelita nos decía a los niños: el sudario no tiene bolsillos ¡Amor al dinero, poder, corrupción, divisiones, crímenes contra la vida humana y contra la creación! Y también – cada uno de nosotros lo sabe y lo conoce - nuestros pecados personales: las faltas de amor y de respeto a Dios, al prójimo y a toda la creación. Jesús en la cruz siente todo el peso del mal, y con la fuerza del amor de Dios lo vence, lo derrota en su resurrección. Éste es el bien que Jesús nos hace a todos nosotros sobre el trono de la Cruz . La Cruz de Cristo, abrazada con amor, nunca conduce a la tristeza, sino a la alegría, a la alegría de ser salvados y de hacer un poquito de lo que hizo él ese día de su muerte.

Hoy están en esta plaza tantos jóvenes: desde hace 28 años, el Domingo de Ramos es la Jornada de la Juventud. Y esta es la tercera palabra: jóvenes. Queridos jóvenes, los he visto en la procesión, cuando entraban los imagino haciendo fiesta en torno a Jesús, agitando ramos de olivo; los imagino mientras aclaman su nombre y expresan la alegría de estar con él. Ustedes tienen una parte importante en la celebración de la fe. Nos traen la alegría de la fe y nos dicen que tenemos que vivir la fe con un corazón joven, siempre ¡un corazón joven incluso a los setenta, ochenta años! ¡Corazón joven! Con Cristo el corazón nunca envejece. Pero todos sabemos, y ustedes lo saben bien, que el Rey a quien seguimos y nos acompaña es un Rey muy especial: es un Rey que ama hasta la cruz y que nos enseña a servir, a amar. Y ustedes no se avergüenzan de su cruz. Más aún, la abrazan porque han comprendido que la verdadera alegría está en el don de sí mismo, en el don de sí mismos, de salir de sí mismos y que Dios ha triunfado sobre el mal precisamente con el amor. Llevan la cruz peregrina a través de todos los continentes, por las vías del mundo. La llevan respondiendo a la invitación de Jesús: «Vayan y hagan discípulos de todos los pueblos» (Mt 28,19), que es el tema de la Jornada Mundial de la Juventud de este año. La llevan para decir a todos que, en la cruz, Jesús ha derribado el muro de la enemistad, que separa a los hombres y a los pueblos, y ha traído la reconciliación y la paz. Queridos amigos, también yo me pongo en camino con ustedes, a partir de hoy, sobre las huellas del beato Juan Pablo II y Benedicto XVI. Ahora estamos ya cerca de la próxima etapa de esta gran peregrinación de la cruz de Cristo. Aguardo con alegría el próximo mes de julio, en Río de Janeiro. Les doy cita en aquella gran ciudad de Brasil. Prepárense bien, sobre todo espiritualmente en sus comunidades, para que este encuentro sea un signo de fe para el mundo entero. Los jóvenes deben decir al mundo: “¡Es bueno seguir a Jesús; es bueno caminar con Jesús; es bueno el mensaje de Jesús; es bueno salir de sí mismos, de las periferias del mundo y de la existencia para llevar a Jesús! Tres palabras: alegría, cruz, jóvenes

Vivamos la alegría de caminar con Jesús, de estar con él, llevando su cruz, con amor, con un espíritu siempre joven.

Pidamos la intercesión de la Virgen María. Ella nos enseña el gozo del encuentro con Cristo, el amor con el que debemos mirarlo al pie de la cruz, el entusiasmo del corazón joven con el que hemos de seguirlo en esta Semana Santa y durante toda nuestra vida. Amén.

viernes, 22 de marzo de 2013

Francisco cambió de sillón...


22 de marzo, 2013. (Romereports.com) El papa Francisco ha hecho ya algunos cambios dentro del Vaticano. A primera vista puede pasar desapercibido pero su tendencia a mostrarse más cercano a todos durante las audiencias ha hecho que algo cambie.

Como el uso de este sillón blanco en lugar del tradicional trono. Tan sólo ha usado el trono una vez durante el encuentro con los cardenales. Con los líderes religiosos y hoy, con el cuerpo diplomático, el papa Francisco ha utilizado el sencillo sillón tapizado en blanco que se usa durante las audiencias generales.

Además, no está sobre una tarima, sino a la misma altura de los demás. Durante el encuentro con líderes religiosos utilizó un sillón igual al que tenían los invitados.

Fuente:
www.romereports.com

miércoles, 20 de marzo de 2013

La historia del diariero que le vendía LA NACION al Papa

Los Gestos de Francisco



La elección del Papa Francisco ha sido sin duda uno de los eventos más importantes de los últimos años  y probablemente de lo que va de la segunda década de este nuevo milenio.

La presencia de poco menos de seis mil periodistas y la cobertura a través de Twitter han hecho de este Cónclave y elección papal, el evento religioso más cubierto en la historia de la humanidad. La llegada de cientos de miles de peregrinos para la ceremonia de inicio del pontificado, su presencia masiva en los primeros eventos del Papa y el reflejo y difusión de estos en las redes sociales, también han dejado números sin precedentes.

El Papa Francisco sin duda imprimirá su sello, como cada Papa, a través de sus acciones. Nos ha empezado a dejar entrever una serie de mensajes que van delineando lo que será la cara de la Iglesia de los inicios de la segunda década del tercer milenio.

Desde el primer instante de su pontificado el Papa Francisco comenzó a delinear su mensaje, que para quienes lo conocen no es ajeno a su propia forma de ser como Cardenal Bergoglio. Si bien es un sello nuevo para alguien que asume el Ministerio Petrino no lo es para él. Los Cardenales del Colegio Cardenalicio lo han elegido precisamente por eso y de acuerdo con lo que entienden que requiere la Iglesia de hoy y con su conciencia al momento del Cónclave. De ahí que se puede decir con toda certeza que es la Iglesia la que ante los nuevos retos elige a un Cardenal con un perfil adecuado a las circunstancias que enfrenta.

El Papa, desde su salida al balcón hasta la misa de inicio de su ministerio petrino, nos ha  llenado con ideas y momentos inéditos que vislumbran una Iglesia más cercana al Pueblo de Dios, más misericordiosa y austera, más humana y comprometida con la Verdad. Cada aparición pública la ha aprovechado el Papa para dejarnos este mensaje.

El día de la elección del Santo Padre

Los mil 200 millones de católicos esperábamos con ansias conocer al nuevo Papa, las referencias a los Papas anteriores eran inevitables, ¿cómo sería? la realidad superó cualquier especulación. Verlo fue quererlo, su sonrisa y su actitud conquistaron los corazones del mundo y su frase "os pido que vosotros receis para que el Señor me bendiga", inédita en el inicio de un pontificado, mostró la sencillez y humildad que le caracterizan

Misa con los Cardenales en la Capilla Sixtina

Al día siguiente, celebró una misa con todos los Cardenales en la Capilla Sixtina. Breve, conciso pero profundo, reflexionó sobre lo imperioso del "caminar, edificar y confesar, (...) Caminar siempre en presencia del Señor (...) Edificar la Iglesia (...) y confesar a Jesucristo", los problemas estarán allí, pero si confesamos a Cristo caminando con El y edificando su Iglesia habremos vencido. Una fórmula tan sencilla como compleja a la vez, reflejo inequívoco de su visión apostólica.

Audiencia con los Cardenales

La reflexión del Papa con los Cardenales giró en torno al Espíritu Santo como protagonista de "toda iniciativa y manifestación de fe (...) creador de todas las diferencias de la Iglesia". Pero al mismo tiempo que Cristo permite esas diferencias, es El quien guía a su esposa la Iglesia por medio de su Espíritu. El Papa deja claro que no son los hombres ni sus decisiones temporales lo importante sino dejar que el Espíritu Santo actúe a través de sus pastores pues "(...) da a la Iglesia el valor de perseverar y buscar nuevos métodos de evangelización"

Una vez más su visión apostólica queda de manifiesto y les dice a los Cardenales que a pesar de lo que pase "nunca nos dejemos vencer por el pesimismo", y comenta que siendo la mayoría de los Cardenales personas de edad avanzada, deben entender que "la vejez es la sede de la sabiduría de la vida" y les pide "ofrezcamos esa sabiduría a los jóvenes como el vino bueno que mejora con los años", con una impetuosa necesidad de impulsar el ejercicio del apostolado y la difusión del Evangelio.

Encuentro con los medios de comunicación

El Papa, agradecido con los medios por la cobertura de estos días, les recuerda algo que muchos olvidan por centrarse en lo aparatoso y fantástico de una elección papal "Cristo es el centro, no el Sucesor de Pedro", y girando sobre esta idea, recuerda a los medios de comunicación que "los acontecimientos de la historia requieren una lectura compleja que a veces puede incluir la dimensión de la fe" y por ello se torna esencial "conocer cada vez mejor la verdadera naturaleza de la Iglesia"

Así, el Sumo Pontífice recuerda a los medios su naturaleza evangelizadora: "Vuestro trabajo requiere estudio, sensibilidad y experiencia, pero implica atención especial a la Verdad, la bondad y la belleza", llamado esencial ante una cultura mediática hedonista que solamente busca lo que vende independientemente de los valores o antivalores que esto difunda.

Su sencillez llegó al extremo al contar la anécdota de la forma en que escogió su nombre: "Durante las elecciones, tenía al lado al arzobispo emérito de San Pablo, y también prefecto emérito de la Congregación para el clero, el cardenal Claudio Hummes: un gran amigo, un gran amigo. Cuando la cosa se ponía un poco peligrosa, él me confortaba. Y cuando los votos subieron a los dos tercios, hubo el acostumbrado aplauso, porque había sido elegido. Y él me abrazó, me besó, y me dijo: «No te olvides de los pobres». Y esta palabra ha entrado aquí: los pobres, los pobres. De inmediato, en relación con los pobres, he pensado en Francisco de Asís (...) Francisco es el hombre de la pobreza, el hombre de la paz, el hombre que ama y custodia la creación"

Y fue más allá para quienes se sienten príncipes y para quienes la ostentación y la sofisticación es connatural al Papa. Rompió esquemas cuando dijo "como quisiera una Iglesia pobre y para los pobres" El Papa se ha distinguido por marcar distancia respecto a los teólogos de la liberación, pero es claro que a la vez, le preocupan grandemente los pobres desde un punto de vista humanista, trascendente, integral y pleno, una vez más, desde una perspectiva apostólica.

Misa Dominical y Angelus

El lema del pontificado del Papa Francisco es "lo miró con misericordia y lo eligió", la misa dominical y el ángelus lo dedicó a hablar justamente de esa misericordia que el experimentó siendo un joven de 17 años y que fue justamente su llamado vocacional para entregarse a Dios y a la vida apostólica.

"Nosotros somos este pueblo que por una parte quiere oír a Jesús pero por otro lado nos gusta castigar y condenar a los otros" reprochó el Papa, ¿cómo podemos desear misericordia condenando a los demás? Y nos recordó que Cristo "ha venido para nosotros que nos reconocemos pecadores (...) El olvida, te abraza y te dice "tampoco te condeno"

Pero existe un problema, y es que nosotros, por vergüenza, por falta de fe, por visión corta no nos acercamos a Jesús, "el Señor nunca se cansa de perdonar, somos nosotros quienes nos cansamos de pedirle perdón" aseguró el Papa  y nos invitó a todos a dejar de juzgar y condenar "la misericordia cambia todo, cambia al mundo, un poco de misericordia hace que el mundo sea menos frío y más justo".

Con estas palabras, la visión de una Iglesia estilo "la Santa Inquisición" ha quedado superada, hoy la Iglesia es misericordia, es perdón, es comprensión, es Cristo mismo. Y una vez más el Papa Francisco rompe esquemas y nos invita a imitarlo.

Misa de inicio del ministerio Petrino

El Papa salió revestido con total sobriedad, de blanco con franjas negro y dorado, evitó la larga procesión de las ofrendas haciendo más sencillo y breve la misa. Su homilía breve también, estuvo llena de significado y trascendencia. Nos habla de cómo San José ejerció la custodia de María y Jesús "con humildad y silencio pero con presencia y fidelidad total aún cuando no comprende (...) sabe escuchar a Dios"

Nos invita a ser custodios como San José, custodios de los más próximos, de los amigos, de la familia y de la creación "cuando el hombre falla y no nos preocupamos por los hermanos y por la creación, el corazón se queda árido" afirma el Papa y por ello insiste en custodiar especialmente a los más frágiles, a los niños y a los ancianos.

También pide abrir el corazón con bondad y ternura que no es debilidad "San José es valiente y trabajador pero también tierno, que no es débil sino lo contrario, denota fortaleza y capacidad de compasión"

El Papa refrendó que Cristo es el centro de la vocación cristiana y que el Papa tiene poder, pero que "el verdadero poder es el servicio y el Papa para ejercer el poder debe entrar en ese servicio que tiene su culmen en la cruz (...) y como San José, el Papa debe abrir los brazos para custodiar al pueblo de Dios y acoger con afecto y ternura a la humanidad"

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martes, 19 de marzo de 2013

El nuevo “anillo del pescador” que usará el papa Francisco


Según un comunicado facilitado por el padre Lombardi, portavoz de la Santa Sede, monseñor Pasquale Macchi, el que fue secretario del papa Pablo VI, conservaba el molde en cera de un anillo hecho por el escultor italiano Enrico Manfrini para Pablo VI, que representa a Pedro con las llaves. Manfrini hizo diferentes medallas y otros objetos artísticos para Pablo VI.

El anillo que recibió hoy el papa Francisco en la Misa de inicio de su Pontificado no es de oro, sino de plata dorada.

El padre Lombardi recordó que el "anillo del pescador" se llama así porque San Pedro era efectivamente un pescador y Jesús lo convirtió en pescador de hombres.

“En el anillo se puede apreciar a San Pedro con sus llaves", las llaves del Reino de los Cielos que Jesucristo dio a Pedro, y a ningún otro apóstol”, dijo el portavoz vaticano.

Las llaves son un símbolo del ministerio especial, único que es el ministerio petrino, de un poder que pasa de Pontífice en Pontífice y que alude a las llaves que tenían los mayordomos o senescales en la dinastía de los reyes descendientes de David: cuando el rey se ausentaba, entregaba las llaves del tesoro, la armería, las puertas y las prisiones al mayordomo, con poder para abrir y cerrar.

El anillo nunca fue fundido en metal, y Pablo VI no lo utilizó nunca, porque llevaba siempre el anillo hecho en ocasión del Concilio Ecuménico Vaticano II.

Monseñor Macchi dejó este molde, junto a otros objetos, a monseñor Ettore Malnati, su colaborador durante mucho tiempo.

Monseñor Malnati mandó hacer del molde en cera un anillo de plata dorada, que fue propuesto al papa por el Maestro de Ceremonias, junto a otras posibilidades, gracias a la recomendación del cardenal Giovanni Battista Re, el papa eligió este anillo.

En cuanto al anillo cardenalicio que venía usando, será enviado a la catedral de Buenos Aires.

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Francisco sorprendió a los miles de fieles que aguardaban en vigilia en la Plaza de Mayo para seguir de cerca la misa de inicio del pontificado


A través de una llamada telefónica, el cantautor Carlos Seoane, que se encontraba a las 3.30 en el escenario montado a las puertas de la catedral primada de Buenos Aires, anunció: “Tenemos una llamada del Papa”.

Inmediatamente, la multitud enmudeció y escuchó el mensaje del pontífice, que llamó a los fieles cuidar a los más desprotegidos y a elevar oraciones por él, “que las necesita mucho”.

El pontífice pidió “un favor” a la multitud, congregada en la explanada y compuesta en mayoría por familias, jóvenes y adolescentes: Francisco instó a caminar juntos, a cuidar la vida, la familia, la naturaleza y evitar el odio y la envidia. “No le saquen el cuero a nadie; dialoguen, que entre ustedes se viva el deseo de cuidarse”, resumió.

Antes de interrumpir la comunicación, Francisco impartió la bendición apostólica sobre las miles de almas aglutinadas en el centro histórico porteño.

Palabras del Santo Padre a los fieles reunidos

"Queridos hijos: sé que están en la plaza, se que están rezando, gracias por las oraciones, las necesito mucho. Gracias por haberse reunido a rezar; es tan lindo rezar, porque es mirar hacia el cielo y saber que tenemos un Padre bueno que es Dios. Gracias por esto.

Les quiero pedir un favor: caminemos juntos todos, cuidémonos los unos a los otros. Cuídense entre ustedes, no se hagan daño, cuídense. Cuídense la vida, cuiden la familia, cuiden la naturaleza, cuiden a los niños, cuiden a los viejos. Que no haya odio, que no haya pelea, dejen de lado la envidia, no le saquen el cuero a nadie, dialoguen. Que entre ustedes, este deseo de cuidarse vaya creciendo en el corazón. Y acérquense a Dios. Dios es bueno, Dios siempre perdona, Dios comprende, no le tengan miedo, Dios es Padre, acérquense a Él.

Y que la Virgen los bendiga mucho, que ella como madre los cuide. Y por favor no se olviden de este obispo que está lejos pero que los quiere mucho. Recen por mí".

El origen de la llamada

El presbítero Alejandro Russo, rector de la catedral primada de Buenos Aires, reveló a AICA que el llamado fue pautado el lunes 18 a la mañana, luego de que el Papa se comunicara con su ex asesor.

“Me llamó al mediodía de ayer, y en medio de la conversación, me preguntó si quería que llame para hablar con los jóvenes reunidos en la Plaza”, relató el sacerdote. “¡Sí, me encantaría!”, le respondió.

“Me preguntó a qué hora llamar, y le dije que las 3.30 nuestras son las 7.30 suyas. Y a las 3.30 en punto estaba el Santo Padre al teléfono –añadió-. Ahí fue donde pudimos unir el teléfono al sistema de audio; habló a la multitud, y luego de la ovación, aplicó la bendición apostólica a los jóvenes congregados. Fue la primera bendición apostólica impartida sobre la Argentina”.

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lunes, 18 de marzo de 2013

Cristina le pidió al Papa su mediación por Malvinas


Ciudad del Vaticano (AICA).- La presidenta Cristina Fernández reveló en una conferencia de prensa luego del almuerzo que mantuvo con el papa Francisco que le pidió su intercesión ante el Reino Unido para que acate las resoluciones del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, que llaman a ambas naciones a dialogar por la soberanía de las Islas Malvinas.

Asimismo, la primera mandataria argentina reveló que, luego de los saludos protocolares y los regalos entre jefes de estado, abordaron en privado una agenda de temas que incluyó también la trata de personas, el trabajo esclavo y la unidad de los países de América Latina. Fue un encuentro de 40 minutos, a solas, y que definió como “fructífero e importante”

“Abordamos un tema muy sentido para los argentinos. Le solicité la intervención en la cuestión Malvinas”, expresó la presidenta en una conferencia de prensa en los apartamentos vaticanos, luego del almuerzo. Según dejó entrever, lo hizo “con una doble convicción”.

Cristina recordó la intervención del beato Juan Pablo II, a través del cardenal Antonio Samoré, para solucionar el conflicto que ambos países sostenían sobre la soberanía de los territorios y aguas situadas en el Canal de Beagle. También recordó que, en aquel momento, Chile y la Argentina eran gobernados por regímenes de facto.

“Ahora estamos ante una oportunidad histórica, diferente y mucho más favorable –expresó-. Hay gobiernos democráticos en Gran Bretaña y la Argentina, y más allá de la militarización que el Reino Unido está llevando en las Islas Malvinas, el nuestro es un país más que pacífico y pretendemos que se logre un diálogo entre las partes”.




La “Patria Grande” latinoamericana
La presidenta declaró ante la prensa que el papa Francisco le habló de la unidad de los pueblos latinoamericanos.

“Me habló de Latinoamérica y del rol que están cumpliendo los distintos gobernantes. Me dijo, exactamente, que era formidable el rol que estaban cumpliendo los gobernantes que trabajan por la Patria Grande, y explicó que utilizaba ese término porque era el mismo que utilizaban San Martín y Bolívar”, reveló.

La primera mandataria nacional dejó entrever que dialogaron acerca del trabajo esclavo y de la trata de personas, dos temas que el entonces cardenal Bergoglio tenía entre sus principales preocupaciones sociales.

Invitación a venir al país
La presidenta informó que invitó oficialmente al Pontífice, como jefe del Estado del Vaticano, a visitar el país, y reveló que Francisco “obviamente desea visitar la Argentina”.

“Me dice que tiene una agenda apretada –continuó-. Pero obviamente desea visitar la Argentina y va a mirar la agenda con sus colaboradores. Quedamos en que vamos a seguir trabajando por esa fecha”.

Hacia el final de su alocución, Cristina definió en tres palabras la impresión que se llevó del estado del papa Francisco: “Lo vi sereno, seguro y en paz. Lo vi también ocupado y preocupado por lo que va a ser la inmensa tarea de no sólo conducir el Estado del Vaticano, sino también cambiar las cosas que deben cambiar y las demandas que ha interpretado y que se han empezado a ver en gestos y se verán en políticas que oportunamente decida”.

La Presidenta sorprendida por un beso del Papa en la mejilla
El papa Francisco y la presidenta argentina Cristina Fernández mantuvieron un encuentro distendido y “cálido”, en el que intercambiaron regalos y la primera mandataria se manifestó sorprendida por el hecho de que el Papa le diera un beso en la mejilla.

“Por Dios es increíble esto, es increíble”, exclamó al ser saludada con afecto en la casa Santa Marta, del Vaticano, por el hasta el miércoles cardenal Jorge Mario Bergoglio.

Ante una referencia en broma del Papa sobre la edad de la jefa de Estado, Fernández de Kirchner replicó también con una chanza en doble sentido: "No es cierto, usted es un cuadro de la Iglesia".

Las imágenes televisivas mostraron a una Presidenta algo nerviosa, sobre todo cuando le tocó el brazo y se excusó: "Ay, no, no puedo tocarlo".

“Sí, puede tocar, puede...", respondió Francisco, quien luego la tomó brazo y le dio un beso en la mejilla.

"Nunca un Papa me había besado", expresó con sorpresa la mandataria argentina.

El pontífice argentino regaló a la Presidenta un libro con las conclusiones de la asamblea del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM); una copia de la placa que recuerda la visita que la Presidenta hizo a Benedicto XVI junto con su par chilena Michelle Bachelet, con motivo de los 30 años del acuerdo entre los dos países que evitó la guerra por el Canal Beagle, y una réplica del mosaico de la fundación de la basílica de San Pedro, en la época de Alejandro VI, además de una rosa blanca que representa a Santa Teresita, de la que Bergoglio es muy devoto.

En tanto, Fernández de Kirchner le obsequió un equipo de mate realizado por cooperativistas del programa Argentina Trabaja y un poncho de vicuña, hecho en Catamarca, para que “lo abrigue del frío de Roma”, dijo la mandataria.

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El Papa regala a la presidenta argentina libros sobre la Doctrina social de la Iglesia


18 de marzo, 2013. (Romereports.com).- La primera recepción del Papa a una delegación oficial fue a la Argentina, su país de origen. El nutrido grupo encabezado por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner saludó al Papa en la Casa de Santa Marta, el hogar provisional del papa Francisco. Fue una audiencia privada.  

Durante el encuentro la presidenta argentina regaló al Papa una bufanda y un juego de utensilios para preparar y tomar mate, un producto típico argentino. El Papa regaló a la presidenta un bajorrelieve con la imagen de la Basílica de San Pedro y algunos libros sobre la Doctrina social de la Iglesia.

Tras el intercambio de regalos el Papa y la presidenta argentina pudieron hablar a solas durante casi 20 minutos. El papa Francisco les invitó después a comer en la Casa de Santa Marta.

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El escudo oficial del Papa Francisco y su significado

El escudo del Papa Francisco será básicamente el que tenía cuando era arzobispo. Se caracteriza por su simplicidad. Sobre un fondo azul, preside el emblema de la compañía de Jesús, de la que procede el Santo Padre: un sol radiante con las letras IHS -monograma de Jesucristo- que lleva encima una cruz y debajo los tres clavos en negro. 

Más abajo, a la izquierda, se ve una estrella, que según la antigua tradición heráldica simboliza la Virgen María, Madre de Cristo y de la Iglesia. A la derecha, la flor de nardo, que indica a San José, patrón de la Iglesia universal. Poniendo en su escudo estos símbolos, el Papa ha querido expresar su devoción hacia la Virgen y San José.

El lema del Papa Francisco, “Miserando atque eligendo”, proviene de las homilías de San Beda el Venerable, quien, comentando el pasaje evangélico de la vocación de San Mateo, escribe: "Vidit ergo lesus publicanum et quia miserando atque eligendo vidit, ait illi Sequere me" (Jesús vió un publicano, y como lo miró con misericordia y lo eligió, le dijo: “Sígueme”). Así pues, se puede interpretar el sentido del lema como: “lo miró con misericordia y lo eligió”. Este pasaje posee una importancia especial para el Santo Padre, ya que fue precisamente en la fiesta de San Mateo del año 1953, cuando el joven Jorge Mario, que entonces tenía 17 años, experimentó de manera especial la presencia de Dios que lo llamaba a la vida religiosa.

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Cristina: "Nunca antes un papa me había besado"



En un encuentro oficial y distendido, la presidenta Cristina Kirchner comparte un almuerzo a solas con el papa Francisco en la residencia Santa Marta, lugar que habita el Santo Padre hasta que se reacondicione el albergue oficial destinado a los papas.

Antes de almorzar, la mandataria dialogó entre “15 y 20 minutos” con el flamante papa, quien en pocos días al frente de la Iglesia Católica generó el fervor de los fieles.

Según se pudo ver en imágenes difundidas por C5N, Bergoglio saludó cálidamente a la jefa del Estado, quien le regaló un equipo de mate. La mandataria también recibió obsequios del sumo pontífice.

La mandataria le presentó, además, al canciller Héctor Timerman, el embajador ante el Vaticano, Juan Pablo Cafiero, y el secretario de Comunicación Pública, Alfredo Soccimarro, entre otros.

En el breve encuentro antes del almuerzo, hubo risas, gestos cordiales y un beso. “¿Puedo tocar? -le sostuvo el brazo derecho- Nunca un papa me había besado”, le dijo Cristina a Bergoglio.

Según informó el vocero del Vaticano, Federico Lombardi, no habrá un comunicado de la Santa Sede sobre el almuerzo que comparten Francisco y la mandataria porque es una “visita informal”.

Tras el encuentro, la jefa del Estado se reunirá con la prensa, alrededor de las 13.30 locales en el hotel en que se aloja para conversar sobre la reunión con el ex arzobispo de Buenos Aires elegido Papa el 13 de marzo pasado.

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